DAYS OF THE FUTURE PRESENT
DAYS OF THE FUTURE PRESENT
(Interlude)
FROM YESTERDAY
El sol se reflejaba en el mar como en un espejo y Selene, el largo cabello flotando espeso en el viento, cerró los ojos, como si esperara que se volcaran secretos mágicos en sus oídos. La aritmancista estaba muy delgada y muy pálida, tras una operación mágica muy delicada que casi le había costado la vida, agotada y deshecha por la conjunción de magia temporal, pero aunque por ahora estaba a dieta estricta de pociones preparadas por su atento padre, no era su cuerpo el que preocupaba más a su familia. Era su mente: Selene había caído en una mudez y una depresión silente y espantosa, durmiendo largas horas, apenas capaz de ordenar sus pensamientos para hablar en un hilo de voz sobre lo ocurrido. Toda la familia estaba buscando datos, realizando conjuros, intentando alguna magia ignota para poder salvar a Harry y a Draco: pero Selene, como un pálido fantasma, aguardaba junto al mar, en donde su madre la vigilaba, rogando que el viento marino en la antigua casa norteña de Paloma Negra trajese algo de vida a su única hijita.
- Profesora Sinistra? Somos nosotros. Vinimos a ver a Selene.- dijo una voz, y Mariah Sinistra, que cuidaba en silencio de su hija, las dos arropadas en un chal, sentadas en la playa, se levantó al ver entre los retorcidos árboles costeros a tres jóvenes. Con una sonrisa, los reconoció: todos amigos de la familia. El silencioso Elroy Greypole, la callada Seraphine Stanish, y el burlón Lancelot Paige, todos niños de buena familia que habían pasado los cumpleaños y los veranos en Paloma Negra, bajo su tutela. Mariah había visto a su hijita crecer con ellos, y conocía sus estrellas como a ellos mismos: Spica, Betelgeuse, Antares.
- Len, vinieros tus amiguitos a verte…- susurró Mariah como si Selene tuviera siete años en vez de dieciocho y sus amiguitos hubieran venido a comer tarta de zarzamora.- … te dejaré un ratito con ellos, les haré té.- dijo dulcemente, besándole el pelo y dejándola allí, envolviéndose en su chal oscuro al cruzarse con los chicos.
- Sigue igual?- dijo el burlón, sarcástico actual Head Boy de Ravenclaw, Lancelot, ahora muy serio y preocupado.
- Sí. Anímenla si pueden.- dijo Mariah, pasando tras acariciarle la cara a Elroy, que había iniciado ya su carrera diplomática y llevaba traje, y a Sera, la Head Girl de Slytherin. Los dejó, y los tres se acercaron a la quieta Selene, que abrigada a pesar de la brisa tibia parecía una viejecita raquítica…
- Hola, Seli.- dijo Lancelot, arrodillándose a su lado y tocándole el cabello escapado de la manta que la envolvía.- Vinimos a verte… como estás? Tu papá nos contó algo… estábamos muy preocupados por ti.-
- Lance?- Selene miró al chico menor como si recién lo viese.- Hola… no te preocupes, estoy bien.- dijo bajando la vista, observando a Lancelot tomarle las manos como si no reconociera las suyas propias.
- Todos han preguntado por tí en Hogwarths, y por…- la voz de Sera se apagó: no hablaba nunca, y cuando hablaba normalmente se metía la pata en la boca. Aparentemente ésta era una de las ocasiones, porque Elroy y Lancelot la miraron de golpe y los ojos de Selene se llenaron de lágrimas.
- Seli…-
- Ellos se quedaron atrás. No sé que hicieron pero me mandaron sola… no sé si están vivos o no, o qué les pasó…- Selene hundió las manos en su pelo, temblando, el rostro oculto en los brazos.- Son mis niños, y si algo les pasa… los abandoné allá, en peligro!-
- Selene!- exclamó Elroy con firmeza.- Si no te venías te hubieras muerto. Fue sólo la habilidad de tu padre y el doctor Prewett lo que te salvó… tenías una peritonitis atroz! Tú no abandonaste a nadie, ellos te enviaron!-
Era un largo discurso para el habitualmente callado Elroy, que no sabía lo que era usar un expletivo, menos un signo de exclamación. Selene se volvió hacia él, como si recién lo reconociera.
- Elroy?- susurró Selene, mirándolo con ojos muy oscuros. Ida estaba su risa y su rápido ingenio, su temperamento ardiente, su lengua afilada: parecía una niña, herida y asustada, que sólo podía dormir aferrada a su madre. Y lo era.
- Selene, soy yo.- Elroy se inclinó, preocupado, e hizo un gesto como si fuera a tocarle el hombro, pero retrajo la mano antes.- Es… mejor que te dejemos descansar. Vendremos a verte pronto.-
- Tienes que animarte, todos te extrañan, tienes que acabar tu tesis… venga, Seli, ánimo!- pidió Lancelot, apretándole las manos. Selene los miró uno a uno, y se levantó de pronto de un salto, aunque su paso era inseguro.
- Pero ustedes… son imbéciles o qué?- dijo con un hilo de voz.- Harry y Draco, Lawliet y H-Hermione están allá atrapados en el pasado, y si no encontramos como traerlos no podrán volver, no a menos de siete años desde ahora… crees que voy a permitir que ellos pierdan sus juventudes… si no sus vidas por mí? Crees que están a salvo? No son unas vacaciones, están metidos en una maldita guerra! Y si les pasa algo,yo… es mi Harry! Mi Draco! Son mis niños!- gritó, lágrimas brotando de sus ojos. Sera parecía sin palabras: Lancelot parecía avergonzado, pero Elroy habló.
- No son tus niños. Son bastante grandes, y ellos te metieron en este lío, no tú a ellos. El que seas su babysitter hace años no te hace su mamá. Deberías dejarle el rescate a los adultos, y en vez de victimizarte…- agregó, su voz cada vez más rígida y seca. Normalmente, ante cualquier aspereza de Elroy, Selene se echaba a llorar. Por días.
Hoy, le dio la espalda y se metió en casa, pasó junto a una muy sorprendida Mariah Sinistra, y se metió a la biblioteca de su padre, para proceder a devastarla en tres pilas: una de libros sobre Hogwarths y la batalla normanda, otro sobre magia temporal y protectora, y un tercero sobre druidas.
Parece que le hizo muy bien la visita, pensó Mariah, saludando a los chicos que pasaban junto a la ventana en su camino de regreso. Nada como los amiguitos de la infancia…
DAYS OF THE FUTURE PRESENT
Capítulo Uno:
BURDEN OF THE PAST
Injured with pain and sadness, the you that cannot be healedShoulder the burden of the past that cannot be erased; don't throw away your will to liveYour hand that I held...
El sol entraba casi horizontal, blanco y frío, mueriente aunque apenas era media tarde: el sol caía muy temprano entre las colinas de la Orcadas, mirando a los lejos por sobre el mar a Inglaterra, la salvaje tierra de Erin verde y sombría bajo nieve blanca y cristalina. La torre de Salazar Slytherin se alzaba como un faro, desafiando los elementos y los páramos sombríos, plagados de pantanos helados alrdedor, cuya negra agua reflejaba el blanco sol de invierno como algo insondable: pero salazar la había construido para ser confortable, y la enorme chimenea central rugía todo el día, trayendo un calor lapón a la esbelta torre, cuya sillería era tan perfecta que ni un solo chiflón de aire frío podía penetrar la piedra negra y reluciente.
Draco tenía una habitación que miraba hacia el este, en donde Inglaterra aguardaba como una sombra oscura. El acantilado y la Torre eran tan altos que podía ver por sobre los arrecifes de Inglaterra, y observar la verde extensión de las Orcadas, y más allá, los lagos. En los días de primavera, como alfileres en el cielo, podías ver el reflejo de las luces de Hogwarths en las nubes bajas.
Pero era invierno, y a pesar de la rugiente chimenea, Draco, que ocupaba la habitación que debería haber sido de Gareth Slytherin, tendido en una cama con edredón, colgaduras y baldaquino negro pizarra, parecía tan muerto y tan helado como la escarcha que se aferraba tenazmente a la ventana de vidrio veneciano.
- No se supone que ibas a enseñarme esgrima?-dijo una voz tranquila. A los pies de la cama, los brazos cruzados, Hermione Granger lo observaba, con sus ojos oscuros brillantes. El largo pelo rizado e indócil estaba alisado y sujeto con un elegante pasador de perlas en la nuca: el vestido, de terciopelo y gasa negra, roja y oro tenía gemas cosidas y parecía invaluable. Nada era suficiente para Hermione, aparentemente: Salazar la había cubierto de joyas, la había vestido como a una reina, le había entregado las llaves de la Torre, le había abierto las puertas de su biblioteca, su estudio de pociones y su alacena de ingredientes. Hermione pasaba los días estudiando, o practicando pacientemente con Anteus, que actuaba como un confiable sirviente: pero Draco era quien había sido elegido por Salazar para enseñarle esgrima tras verlo practicar, y Hermione se tomaba las promesas muy en serio.
- Lo prometiste.- insistió ella.
- No. Ya aprendí mi lección, bruja. Caigo en tus trampas una sola vez.- dijo Draco enderezándose en los codos, allí en la cama en donde había pasado toda la mañana y casi toda la tarde tendido, mirando la ventana sin verla.
- Eres tan llorón, Malfoy.- dijo Hermione poniéndose las manos en la cintura.- Después de todo lo que hiciste sufrir a Potter…-
- No me menciones a Harry.- dijo Draco sentándose de golpe para mirarla a la cara. Su rostro estaba tenso, pálido, delgado, peligroso. Hermione movió la cabeza.
- Y qué me vas a hacer, Malfoy? Golpearme?-
Draco aferró el hombro de Hermione y con tirón brutal la derribó en la cama, se montó encima y le sujetó las muñecas con una mano y el cuello con la otra.
- Debería.- dijo Draco, la mano apretada en la tráquea de Hermione.- Usaste mi promesa de honor, mi promesa de casa para obligarme a venirme contigo y Salazar! Me.. me…-
- Sólo te ordené que besaras a Andy. Nada más.-
- Hija de puta mudblood! Sabías que bastaba un beso para que cayera de nuevo en su hechizo! Sabías que tendría que venirme con ustedes!- gritó Draco, pálido de rabia. Hermione no dijo nada, sólo lo miró a los ojos.
- Tengo yo la culpa que tu amor por Harry no sea capaz de romper el hechizo?- dijo al fin. Draco se soltó las muñecas y le dio una bofetada, antes de apretar la mano en su cuello, los ojos enloquecidos.
- No lo soporto! No soporto más! Tengo que verlo! Maldita seas, tengo que verlo, tengo que… tengo que…-
- Puedes golpearme y ponerte todo lo histérico que quieras, Malfoy, pero a no ser que Salazar se aburra de ti y te mate o al fin aprendas lo que te traje a aprender, no saldrás a ninguna parte.-
- Haré que me mate, entonces, pero me las pagarás antes!. - rugió Draco, y de un tirón desgarró el corsé del vestido, antes de inclinar la cabeza hacia Hermione y susurrar en su cara, sin soltarle el cuello.- Te violaré hasta cansarme y luego le diré a Slytherin que somos amantes. Qué tal se verá una víbora con cuernos?-
- Salazar es mi verdadero y único amor, Draco. Si crees que con tu… diminuta cosita y tu lamentable experiencia puedes hacerme algo que signifique más que un bostezo, adelante, despiértame cuando termines.- dijo Hermione con sencilla brutalidad, poniendo las manos tras la cabeza. Draco la miró con intenso odio un momento, antes de abrir el vestido hasta debajo de un tirón, aferrarle un seno con tanta fuerza que se hinchó entre sus dedos, y hundirse en el cálido y húmedo nido entre sus muslos de un tirón castigador, brutal. Pero Hermione no se quejó: colocó una mano sobre la mano que lastimaba su seno, y separando los muslos rodeó las caderas de Draco, tomándole la cara y besándolo con suavidad, casi con ternura, tan suave y tibia como era por dentro.
Draco se desmadejó sobre ella, y rodeó su torso, hundiendo el rostro en su cuello y sollozando cuando con uno, dos empujes, estalló lenta, casi imperceptiblemente. Hermione le besó el cabello y lo rodeó con sus brazos, meciéndolo, hasta cubrirlos a ambos con el edredón.
- No tengas miedo. Te prometo que todo saldrá bien. Tienes que confiar en mí, Draco. Volverás a ver a Harry… volverán a estar juntos… pero tienes que confiar en mí, por favor.-
- … Harry…- sollozó Draco, la nostalgia y el amor en sus voz destrozada casi insoportable.- No puedo más… Harry…-
- Ten fe en mí, Draco.- susurró Hermione, su frente contra la suya, aunque sus ojos se había humedecido.- Confía en mí, y te prometo… te prometo que no te fallaré. Y cada vez que dudes, déjame consolarte. Podemos estar juntos, no crees? Como dos hermanos.- agregó, sonriendo y besándole los ojos.
- No que sea muy fraternal lo que acabo de hacer…- Draco se frotó los ojos, cansado y desolado.- Hermano? Y de una mudblood?!-
- … cállete, Draco, y ponte los malditos pantalones para que practiquemos esgrima. Tengo que aprender.- dijo Hermione, levantándose y arreglando su vestido con un experto Reparo!.- A no ser que esa haya sido toda tu stamina, porque si es así, me daría vergüenza devolverte a Harry, es demasiado patético…-
- Te voy a partir por la mitad la próxima vez!-
- Después de esta miseria, crees que considero siquiera una segunda vez?!- Hermione huyó, riendo. Y Draco, sintiendo que por primera vez en mucho tiempo volvía a sentir una esperanza, tomó su espada y la siguió.
Espérame, Harry. Confiaré en esta yegua loca, por ahora, y luego te recuperaré, aunque tenga que trastornar el mundo.
Harry esperaba en silencio, sentado en la almena de Hogwarths, los fuegos nocturnos perforando hilos de luz en la noche espesa y negra. Esa especie de primavera había sido una ilusión: el invierno había vuelto con una venganza, y la nieve decoraba los alrededores en una manto de silencio, los arces despojados de sus colores, las nuevas hojitas muertas y quemadas por el viento apenas surgir.
Como nosotros. Nuestro amor apenas alcanzó a nacer y…
- Harry! Te vas a helar, entra de inmediato.- dijo Gareth, que le echó encima una manta de lana y lo atrajo hacia sí, llevándolo casi en vilo de regreso al castillo.- Richard te ha buscado por todas partes, dijo que era hora de tu lección de Astronomía con la maestra, ya sabes cómo se pone cuando uno se atrasa…-
- Hughes no te transformará en ardilla otra vez si te ve conmigo?-
- Sólo fue un malentendido. Hughes tiene más magia de la que puede controlar, y como nos vio desnudos y abrazados, bueno…-
- Me estabas prestando ropa!- Harry sonrió, aunque sus ojos eran tristes.
- Ehm…- Gareth tuvo la decencia de sonrojarse.- Bueno, más o menos.-
- Y Lawliet?-
- Con mamá, atendiendo a los heridos del último raid.- Gareth pareció buscar las palabras.- Él… no parece muy presuroso de volver a su casa, no?-
- No.- dijo Harry, moviendo la cabeza en el cálido abrazo de Gareth.- No, es que confía en mí. Le prometí que hallaría la forma de regresarnos, y voy a cumplirmy palabra a él aunque sea lo último que haga.-
- Bienvenido.- dijo Richard, una sonrisa atemperando su usual formalidad. Harry, que había dejado a Gareth en las cocinas con Hughes, y se había marchado discretamente, se acomodó en el impecable estudio de Rowena Ravenclaw, sentándose en una mesa baja. Por supuesto, nunca lo hubiese hecho de estar la propietaria presente.
- Y la maestra?-
- Le duele un poco la cabeza. Estuvo estudiando algo anoche con la diadema, así que no verá a nadie hoy. Pero me basta para explicarte la lección de hoy sobre los ángulos planetarios, si te parece bien.- dijo Richard amablemente. Había un algo casi femenino en su apabullante belleza, pero también algo masculino en el fascinante descuido con que se envolvía en flojas túnicas flotantes una sobre la otra en todos los tonos de azul y bronce del espectro, o se ponía el cabello tras la oreja al trabajar, en donde formaba a veces extrañas cintas jacintinas. Harry se encogió de hombros, como siempre que se enfrentaba a una lección con Richard, las cuales eran más difíciles no porque Richard no fuera un excelente maestro, mucho más gentil que su madre, ni porque Harry fuera lento de entendederas: era simplemente que era difícil poner atención en mapas trazados a lápiz cuando tienes al lado tuyo, e inclinado, para más señas, a un tipo que podría hacer que Brad Pitt sollozara y que Nureyev se pegara un tiro.
-… y esas son las propiedades de la luna. Todos los planetas poseen estos símbolos, estas afinidades, y estos poderes. Según la leyenda, un grupo de princesas vírgenes una vez custodiaron sus poderes y se reencarnaran algún día: pero hasta entonces, sólo los Star mages pueden usar algunas de las habilidades, así como las de los signos del Zodiaco, que tenían guerreros especializados en la época griega antigua.-
- Me interesan sólo las propiedades de la luna. Ya te dije que ví a la madre de Selene envolverla y llevársela en su magia, y era luz de luna lo que la envolvía. Lo que quiero saber es si con eso podría llevarme a alguien, aún contra su voluntad, a salvo.-
Richard lo estudió por entre sus largas pestañas.- Si te llevas a Gareth, mi dulce Hughes te encontrará donde quiera que te escondas, y será para transformarte en cerdo y trincharte.-
- Sabes que no es a Gareth.- Harry sonrió.- Quién te dice que no es a ti?-
Richard se echó el larguísimo cabello atrás.- Sí. Seguro. Te olvidas que se supone que soy un poquitín inteligente. Y sé que es por el muchacho llamado Draco que…-
- No quiero hablar de él, Richard.- dijo Harry, levantándose de golpe para avivar el fuego. Richard se quedó observándolo un momento, antes de ir a arrodillarse a su lado, en donde un encuclillado Harry observaba al fuego devorar un nuevo tronco.
- Perdona. Supongo que acabo de demostrar que no soy ni un poquito inteligente. Harry, pienso que es un plan muy complicado para funcionar, pero si quieres intentarlo, te ayudaré. Y podemos preparar otras alternativas… sólo no te apresures, porque la prisa es pésima consejera.-
- No soy un tipo paciente, Richard.- dijo Harry con un suspiro, pasándose una mano por la cara.
- No.- dijo Richard sonriendo, y ayudándolo a levantarse.- Pero está bien. Eres tan Gryffindor, que veces pienso…-
- Qué?-
Richard movió la cabeza, dejándolo para volver a sus libros.- Nada! Nada! No te digo.-
- Mami, sálvame!-
Richard se volvió desconcertado y pegó un grito que se oyó hasta en Irlanda. Harry balanceaba un incunable invaluable, iluminado por monjes muy aburridos durante el siglo VII, por dos dedos frente al fuego.
- NO! El manuscrito de Balckfriears no! Harry, no te atrevas, PONLO EN LA MESA!-
- Mami! Se me tuesta el sobredorado! Mami, mami!- Harry hizo al incunable enrrollado bailar en su mano.- Qué ibas a decir sobre Gryffindor?-
- Que eres un sádico bastardo inculto y bruto igual que Godric y Gabrielle, ESO IBA A DECIR!-
- Sí?- Harry se llevó la otra mano al mentón.- Creo que voya estornudar…-
- HARRY! NO! Ibaa decir que…- Richard cayó de rodillas.- … que si Gabrielle ya ha tenido hijos en alguna parte, quizá seas su descendiente… AHORA DEVUÉLVEMELO!-
Harry le arrojó el libro y Richard abrazó el incunable y empezó a mecerlo.
- Y qué si vuelve y me tiene contigo?-
Richard le echó una mirada evil, su incunable bien abrazado.- Tú no eres hijo mío, bárbaro, bestia!-
- Y si Godric anduvo loqueando por ahí y soy el bastardo de Gryffindor?-
- Godric no loqueaba… ése es Salazar.- Richard se levantó, aún limpiando el incunable de infinitesimales cenizas con la manga.- Godric solamente amaba a mi mamá, mi tía Helga y a Salazar, eso era todo, no sé cómo tuvo a Gabrielle si nunca se acostaba con nadie más, estaba loco por Salazar, era…- Richard calló de golpe, y miró a Harry, que estaba boquiabierto junto al fuego. Con los reflejos de un gato soltó el libro, se arrojó sobre lamesa, tomó la varita y apuntó, su voz aguda:
- Memory…!-
- NO!- Harry saltó, agarró la varita, la retorció doblándole la mano, la arrojó a una esquina y sujetándole las muñecas lo derribó de bruces al suelo, quedándose encima para sujetarle los brazos con los muslos.- ME TRATASTE DE BORRAR LA MEMORIA! TRATASTE DE LOBOTOMIZARME, ESO TE PUEDE DEJAR CON PAÑALES DE POR VIDA!-
- No puedes saber… eso! Yo si siquiera debería saberlo!-
- Ya sé, te metiste en el pensadero de tu mamá!-
- No! Encontré el diario de Godric en la "G" cuando clasificaba la biblioteca, no le he contado a nadie, no debería haberlo contado, me distraje!-
- ME TRATASTE DE BORRAR LA MEMORIA!-
- … ya sé… lo siento…- Richard agitó la cabeza para poder apartarse la marea de pelo y mirarlo de reojo, pero no funcionó.- Y me estás aplastando!-
- Quién me dice que si te suelto no volverás a intentarlo?!- Harry bajó la voz.- Oye, de veras los cuatro dormían juntos? Y nosotros haciendo guerra entre las casas… podríamos haber hecho orgías, ya que estábamos… y tu mamá que se ve tan decente…-
- Sal de encima mío… por favor?-
- No hasta que se me ocurra como evitar que me lances memories charm cada vez que puedas.-
- Si prometes no contarle a nadie que tengo el diario… lo prometo…-
- No confío en los Ravenclaws. Son unos mentirosos aprovechadores peores que un abogado yanqui con hambre.-
- Cómo te atreves? Nunca he roto mi palabra!-
- Apuesto que eso significa que nunca se la has dado a nadie.- sonrió Harry.
- Me insultas! Y me está doliendo, pesas como un caballo, y encima tienes algo duro que se me está clavando en…- Richard se calló y se sonrojó, mientras Harry se ponía de pie de un salto y recogía las dos varitas, por si acaso.
- Ni un poquito inteligente, eh?- suspiró al fin Richard, cruzándose de brazos.
- Nope. Pero dejémoslo en ingenuidad: lo poco inteligente fue hacer que me levantara…- Harry le arrojó la varita.- Confío en tu palabra, pajarito. Pero llévame el diario de Godric a mi habitación cuando estén todos dormidos, o le diré a Helga que ya entendí a qué se refería con eso de amar sin barreras.-
- Harry!-
- Nos vemos, Richard.- Harry cerró la puerta tras suyo, y sonrió, aunque ahora había melancolía en su sonrisa. Richard era dulce y divertido, y tan hermoso. Pero cuando caía la noche tan temprano, y hacía frío, se despertaba solo a medianoche, y volvía a los libros, porque no podía dormir con el aroma de Draco pegado el el cerebro.
Te llevaré conmigo en cuanto domine ese hechizo, con o sin el re-maldito-libro. Y me tiene sin cuidado si te gusta o no.
