Capítulo 3 por The Fox Lady

Capítulo 3 por The Fox Lady

DAYS OF THE FUTURE PRESENT

DAYS OF THE FUTURE PRESENT

Capitulo 3: Light and Dark

(NC-17 warning)

- Draco.- dijo Harry sin voz en la mitad de la pelea. Draco le dio la espalda y siguió luchando: y fue la misma batalla la que los empujó juntos, pegando los hombros, protegiéndose el uno al otro con feroz lealtad, repartiendo magia y espadas con la habilidad de una época en que lo habían aprendido como se aprende un juego. Ahora era muerte: pero no tenían miedo ni shock estando juntos. Eran uno solo, que combatía con fiereza, fuerza, hasta un poco de humor: y sin importar qué tan horrible fuera la batalla real, estaban juntos, y nada podría separarlos.

Morgana le clavó los dientes en la cara a la druida normanda y le cortó el cuello con un movimiento de su cuchillo, bañándose con su sangre en un chorro caliente antes de empujar el cadáver al agua infecta del foso. El miedo atenazó a los normandos al ver la bestialidad de la druida celta, y huyeron desesperados, para encontrarse con el muro prismático que Hermione, que los deshizo en cenizas: y cuando Hughes se concentró, el castillo pareció retemblar, y su magia cayó como una lluvia de flechas de oro que se desvanecieron luego, no sin matar o herir a sus enemigos imparablemente.

Habían ganado. Hermione descendió flotando en una Caída de Pluma con Anteus de la mano, y Morgana se adelantó, aún goteando, para hablar con los hijos de los fundadores: pero Harry se volteó a Draco, que inesperadamente le tapó la boca y se lo llevó a rastras a un recodo del patio, metiéndolo de un empujón a un pequeño patio adyacente, abierto al cielo, que debía haber servido de caballeriza o leñera, aún cubierto de astillas.

- Draco… estás bien, yo -

- Cállate.- dijo Draco, besándolo con ferocidad, sus manos bajando a las calzas bajo la armadura de cota de malla, abriéndola a tirones de la tela rígida, tocándolo como si reclamase algo suyo. Harry quiso protestar, quiso luchar, gritar su rabia, su abandono, sus preguntas y su furia: quiso volcar su dolor, pero los dedos insistentes de Draco lo traían a la vida, y aunque lo aferró de los hombros e intentó hablar, Draco lo ignoró para seguir con la deliciosa fricción.

- Te estás acostando con Richard, ahora? Pero si es que eres más mortal que cólera… -

- Tú te acuestas con Andy!-

- Sólo cuando estoy muy aburrido, y por Dios, no tuvimos esta conversación ya?- dijo Draco con una chispa en los ojos.- No podemos seguir después?-

- Suéltame!-

- No pienso!- dijo Draco con súbita ira, y de un tirón lo empujó contra un terraplén de piedra.- Quédate quieto!-

- No! Déjame! Draco…!- Harry ahogó un grito cuando Draco se arrodilló dolorosamente sobre sus piernas y lo tomó en su boca con violencia, succionando con hambre, apretándolo con los dientes como un perro cuando intentó soltarse, intentó tirarle el pelo, trató de derribarlo. Harry se retorció en la mezcla de dolor y placer, y emitió un sollozo, cubriéndose la cara mientras Draco continuaba su succión, violenta y brutal, luego lenta y sibarita, después amante y apasionada.

- Déjame… no! No quiero! No más… juegos! Suéltame de una vez, tú no me quieres! Draco, déjame… no te burles más… no me uses… Draco, por favor, no!-

Draco no respondió, sino que tragó profundo en su garganta tomándolo hasta el fondo, haciendo que los gritos de Harry se volvieran un gemido de absoluta rendición y vergüenza, mientras Draco lo masturbaba con la garganta, su lengua insistiendo en la base de su miembro, manteniendo sus piernas tan abiertas como era posible, entregado como una presa indefensa. Harry se arqueó, y manoteó ciegamente, luchando por última vez, pero entonces sintió a Draco penetrarlo con los dedos violentamente, y se vino en un chorro salvaje que Draco devoró sin parpadear mientras Harry sollozaba derrotado y pulsante.

- Es para que no me olvides… no me olvides entretanto. Eres mío, Harry Potter.- susurró Draco, los labios goteantes.- Te amo, y te amaré siempre…-

- Draco.- sollozó Harry, y los dos se abrazaron como niños asustados en una tormenta.

- Te amo… te amo… por favor tómame… Harry, te necesito, por favor por favor oh por favor!-

Draco también lloró su amor y su agonía, y ocultos en un rincón de ese oscuro castillo se hicieron el amor con prisa, con pasión y salvajismo, sabiendo que sólo tenían segundo para amarse, sus armaduras chocando molestas, sin tiempo para prepararse ni evitar el dolor. Pero estaban tan desesperados el uno por el otro que Draco lo urgió que lo penetrara ahí, de rodillas, aunque la sangre brotó como el jugo de una fruta mordida, y se aferraron con tanta violencia hasta cortarse el aire y desgarrarse la piel a mordiscos. Estaban tan inundados de pasión que aunque el dolor pareció partir en dos a Harry cuando Draco los volteó y lo penetró hasta el fondo que Harry siguió agitando sus caderas con violencia, de rodillas en el suelo como un loco, sin importarles como se veían o qué tan brutal era su acoplamiento, mientrasse hundían los dedos aferrándose hasta hacerse sangre. Y cuando al fin el semen les corrió por los muslos como un río de leche hirviente y el orgasmo los retorció como hierro al fuego, oyeron a los demás llamándolos, y Harry fue el primero en arreglarse con manos que temblaban e irse sin mirar atrás, mientras aún sus cuerpos temblaban de pies a cabeza.

- Estás cubierto de moretones.- dijo Richard esa noche cuando se reunieron en la habitación de Harry frente al fuego. Helga los había cubierto de poción de aloe y Harry, envuelto sólo en una bata tras sus atenciones estaba repantingado frente a las llamas como si tuviera frío.

Rowena y Helga estaban encerradas hablando con Gareth, que al parecer había recibido algún tipo de propuesta de Hermione y Morgana. Les habían salvado la vida, quizá: pero Harry dudaba que las fundadoras fueran a perdonar a Salazar, y menos aún, él prefería no luchar del lado de un monstruo como Morgana.

- Estoy bien, Richard.- susurró Harry. Era mentira: le dolía todo el cuerpo, de un modo que le costó identificar al comienzo, algo que se parecía al comienzo de una gripe, y luego pensó que había sido el brutal amor con Draco: pero era diferente. Era el dolor de la negación, del alcohólico sin su copa o del drogadicto sin su jeringa; era la falta de Draco. Se había acostumbrado al dolor de extrañarlo, y ahora éste volvía con una venganza.

Draco, y el dolor, juntos: ambos regresaban, con una venganza. Harry se encontró hundiendo los dedos en sus sienes, apretando los ojos con fuerza para controlarse mientras todo su cuerpo parecía palpitar, en una sola palabra de dolor y necesidad. Se sentía… mareado…

- Harry!- exclamó Richard, y se arrodilló junto a la silla en la que Harry estaba hundido. Harry lo miró, y sintió el mareo calmarse, aún mientras una rabia interna lo atenazaba. Porqué no había conocido a Richard antes, de alguna forma? Gareth lo había inundado de ternura, pero Richard era algo… fascinante. Era tan bello, tan inteligente y de tan nobles sentimientos, que era digno de una pasión inacabable: y aún así, no podía dejar de pensar en el bocón, kitsh y delgado Draco.

Bueno, pensó con algo de histeria, en cierta forma sí lo conocí antes… como diez siglos antes…

- Si prefieres descansar, te ayudo a acostarte. Quizá sería mejor que duermas, te llevaste un gran duelo en la batalla, eres un espadachín increíble.- dijo Richard, mirándolo a los ojos con esos ojos de águila suyos.- Me hubiera gustado llegar a tu lado para tratar de ayudar, pero…- Richard suspiró.- No tengo el poder de Hughes ni la habilidad de Gareth y Gabrielle con las armas, yo sólo soy…-

- Tú eres el que sabe para qué están peleando.- dijo Harry con una sonrisa.- Tiene que haber uno al menos, los cabeza-calientes como nosotros salimos m{as baratos por docena.-

Richard se sonrojó, y Harry se preguntó vagamente cómo podían ser leyenda diez siglos después, si tanto el bello Richard como el silencioso Gareth eran tan modestos como unas colegialas.- No, es decir… trato de ser un buen apoyo, pero ya ves, a la primera me capturan… nunca he tenido la destreza de los chicos, cuando era pequeño mamá me dejaba encerrado estudiando mientras los demás jugaban, y cuando al fin podía salir, siempre eran más rápidos, más fuertes y más ágiles… yo era…-

- Tú eres el más bello de los cuatro, Richard.- dijo Harry moviendo la cabeza.- Eres…-

- No, e sporque no has visto un retrato de Gabrielle.- dijo Richard sonriendo.- Ella sí que es… es la mujer más hermosa de la tierra, más hermosa incluso que mamá Helga, es… mira, ven conmigo y déjame que te la muestre.-

Harry agradeció la distracción y siguió a Richard, los dos en bata, por los pasillos del castillo que ambos conocían tan bien. Al dar vuelta el recoveco que conducía a la Torre Gryffindor, Harry notó un panel entre los puertas que él siempre había conocido vacío, y Richard, que llevaba su varita con un suave lumos color ámbar, le hizo un gesto que se acercara.

Un gran retrato cuadrado, el marco decorado con hilo de oro tejido con infinita paciencia, mostraba al padre y a la hija, Gabrielle y Godric. Contraviniendo las estatuarias reglas de la época, la pintura parecía haberlos atrapado en pleno movimiento: Godric de perfil, un poco de espaldas, mostrando unos hombros anchos cubiertos con una armadura oscura decorada con aplicaciones de cobre y oro, la cabeza descubierta, una sonrisa impenitente en un rostro masculino y elegante, de frente alta y abovedada, el cabello salvaje y casi negro, los ojos como dos topacios, el cuello fuerte y musculoso, un brazo poderoso envolviendo a su hija.

Harry, que miraba a Godric, notó que Helga había dicho la verdad: Godric se parecía a él, levemente, en la forma de la frente, el nacimiento del pelo, la nariz, pero ahí acababa el parecido. Y entonces miró a Gabrielle, la desaparecida, y casi ahogó un grito.

De la pintura había aparecido su rostro. O al menos uno tan parecido a él, en forma femenina, que podría haber sido una gemela: el cabello era castaño oscuro, el rostro levemente más suave, pero ahí acababan las diferencias. Mismos ojos grandes y sombríos, misma sonrisa traviesa, mismas mejillas suaves y aterciopeladas, misma expresión, misma inclinación del rostro. No era sólo lo físico: en el gesto de esa hermosa muchacha en la pintura, Harry se miró a un espejo, un desafío levemente malcriado, levemente salvaje, en la expresión de esa chica que con el cabello ondeando aferraba el fuerte brazo de su padre y parecía decir, sí, conquistaremos el mundo.

Harry se halló repitiendo la expresión como si el espejo fuera él, y entonces notó que Richard, a su lado, lo miraba tan cerca, tan cerca que sentía el calor de su cuerpo. El hermosísimo heredero Ravenclaw parecía palpitar mirándolo, los ojos dilatados, una clara, obvia ilusión en sus ojos. Y Harry dio un paso atrás, sintiendo por primera vez que había un algo peligroso en la capacidad de atención de Richard, la misma que la hacía el cerebro más ágil de Hogwarths, porque era la misma atención que le da un águila al ternerito que se va a comer: una atención letal, imposible de deflectar.

- Richard… no.- susurró Harry, su mano extendida, pero Richard la tomó, y la llevó a su rostro que ardía.

- Estuviste con él hoy, verdad?- susurró Richard.- Te lastimó.-

- No… no es…- la voz de Harry tembló.- Richard, Draco es mi vida, hemos… crecido juntos.-

- Como yo y Gabrielle, y mira dónde estamos.- dijo Richard con impecable lógica. Harry se sentía hipnotizado por esos ojos azul y ámbar, pero parpadeó, y retirando su mano de la de Richard, dio media vuelta.

- No… creo que pueda leer hoy. Leeremos mañana. Yo… necesito acostarme.- agregó, caminando de prisa a su cuarto, casi huyendo. Estaba en la puerta cuando Richard susurró:

- Buenas noches, Harry.-

Su voz era suave y desolada. Harry se volvió para mirar al joven esbelto, con su larga cabellera negra como un velo alejarse, y estuvo a punto de decir algo, cuando un brazo lo jaló dentro del dormitorio, y se halló tendido de bruces en la cama, con alguien encaramándose encima suyo. El desconocido sopló las velas, hizo un truco hábil con los edredones, y Harry se encontró tapado hasta las orejas, hundido entre suaves colchones, con la espalda tibia de alguien en camisa pegada contra su nariz y una melena negra despeinada invadiendo su almohada.

- LAWLIET?- barbotó, sentándose de golpe, los ojos acostumbrándose a la luz de la luna.- Pero qué haces en mi cama? Qué crees que estás haciendo? No podías sólo… pedirme que me acostara? Pretendes dormir aquí?-

Un ojo muy claro se asomó entre las sábanas y el cabello.

- Duérmete, Potter. Hablas mucho.-

Harry se quedó mirando con las cejas efectivamente metidas en el pelo a Lawliet acomodarse con ruiditos de contento hasta quedar en posición fetal, el trasero cómodamente instalado en el regazo de Harry, los brazos bien metidos en las almohadas, y la cabeza hundida hasta que el pelo parecía emerguer como un geiser negro: luego, se quedó quieto, y su respiración acompasada le dijo a Harry que Lawliet se había dormido con todo descaro, envuelto en un camisón que debía de ser de Hughes, ya que se le arrastraba por lo menos por un metro y se le caía de los hombros. Harry parpadeó, desconcertado como siempre por el absurdo, impredecible Lawliet Lloyd: luego, con un suspiro, porque estaba muy cansado decidió que estaba muy cansado para entender las cosas que eran inextricables, y se dejó caer con un poof en la almohada, tapándose, y preguntándose si el concierto de gruñiditos, quejidos, ronquidos y ronroneos que Lawliet emitía dormido le impediría dormir. Estaba dormido antes de acabar el pensamiento, el rostro contra la espalda del ravenclaw: y durmió sin sueños, sin ninguna inquietud, durmió como un muerto envuelto en una aroma que se parecía un poco al talco y otro poco al índigo, y cuando despertó, el sol entraba por la ventana a chorros blancos de mediodía y Lawliet seguía en la misma posición, emitiendo calidez con una sonrisa perdida en sus sueños.

Cómo había sabido lo que necesitaba Harry la noche anterior, si ni él mismo lo había sabido? Cómo lo había salvado?

Harry sintió un impulso de ternura, y le acarició el espeso cabello, apartándolo de su rostro. Los lisos negros de Richard eran como pesada seda: el cabello de Lawliet en cambio era plumoso, ligero, levemente indócil, permanentemente ondeado, vivo.

Lawliet se frotó en su mano, y luego frotó todo su cuerpo contra el suyo en el mismo movimiento, volteándose de golpe y rodeándolo con sus brazos con el abandono de un gato. Harry pensó vagamente que Lawliet debía de ser todo vértebras, porque dormido ondulaba como una bailarina del vientre: pero seguía dormido, y cuando bostezó, Harry se encontró pensando que con la boca entreabierta y los ojos cerrados, Lawliet era lindo, a pesar de su sempiterna palidez y sus ojeras. Y había vuelto de su mundo, de su tiempo, de su vida, sólo por él.

Sintió un poco de remordimiento al drse cuenta que nunca le habían preguntado mucho a Lawliet sobre sí mismo: no sabía si extrañaba a alguien, si amaba o era amado, si en realidad tenía porqué volver. Lawliet lo sabía todo sobre ellos, y ellos nada sobre él: a pesar de su aspecto de no ocultar secreto alguna, Lawliet estaba, en verdad, confitado de misterios.

Ellos sólo le habían preguntado sobre magia. Hermione claramente quería estar allí: Draco quería estar allí. Ël quería estar donde estuviera Draco.

Y Lawliet?

Sintiendo un afecto avasallador, Harry le tocó la frente, los pómulos marcados en donde años de privaciones habían marcado ángulos imposibles, y sintió una oleada de culpa al verlo abrir los ojos, y mirarlo un momento confuso, hasta asustado.

- Lawliet, soy yo, Harry.- dijo con voz suave, el corazón golpeándole al ver miedo en los ojos de Lawliet, una expresión que jamás había visto en el despreocupado, sabio Ravenclaw. Pero la expresión pasó, y Lawliet asintió, y luego bostezó, volviendo a hundirse en la cama y desapareciendo, dándole la espalda.

- Oye… dije buenos días… no te estará esperando Rowena? Y s epuede saber porqué te viniste a meter a mi cama?- dijo Harry buscándolo, un poco infructosamente porque Lawliet era pequeño y se hundía más y más en la cama.

- No seas malo. Quería dormir contigo.- dijo Lawliet con un bostezo.- déjame dormir… calentito…-

- Tengo que ir a averiguar a qué resolución llegaron, si hay una posibilidad de que nos reunamos, yo…-

- Helga se niega a ver a Salazar, pero Rowena irá con Morgana y los chicos a hablar con él. Parece que los normandos tomaron Glastonbury y eso es malo: la única que se sigue negando a tratar con Salazar es Helga ahora porque Inglaterra se está yendo derecho a la mierda.-

- Tengo que ir a ver a Draco!- dijo Harry sentándose de golpe.

- No.-

- Porqué corno no?!- Lawliet se había hundido tanto que Harry sentía que discutía con un edredón parlante.

- Helga quiere que te quedes. Después de cómo volviste del castillo de Uther, no quiere que nos arriesguemos. De hecho, puso a Richard a hacer otro giratiempo porque nos quiere fuera de aquí más que rápido.-

- Crees que van a perder?-

Lawliet asomó unos ojos exasperados de la colcha.- Potter, tú tomaste historia? Si hubieran ganado los normandos, pues estaríamos hablando alemán, zopenco!-

- Entonces, si van a ganar, qué tiene de malo?!- Harry .agitó los brazos.- No me iré sin Draco, está decidido!-

- Te recuerdo que el único que salió vivo de esto fue Richard?!- Harry puso una expresión tan desvalida que Lawliet se sentó, se rascó la cabeza, y al fin bajó los pies de la cama, para enderezarse, con el enorme camisón dándole varias vueltas.- Está bien, está bien, está bien. Vamos a pedirle a Helga que nos deje ir a ver a Draco y a Hermione y al libro ése. Pero tú hablas con ella.-

- Lawliet…- dijo Harry, mientras recogía sus calzas del suelo.- porqué viniste anoche a mi cama? La verdad.-

- Tenía esperanzas de acostarme contigo.- dijo Lawliet bostezando.- Pero me dio sueño. Tu cama es muy rica.- agregó con desparpajo, echándose el ruedo del camisón como una toga al cuello y haciendo una salida. Harry se quedó mirándlo irse boquiabierto, porque nunca podías saber cuando Lawliet hablaba en serio.