Capítulo 4 por The Fox Lady
Capítulo 4 por The Fox Lady
DAYS OF THE FUTURE PRESENT
DAYS OF THE FUTURE PRESENT
Capítulo Cuatro: Night & Day
- Harry viene en camino.- dijo Hermione sin preámbulo, entrando a la habitación en donde Draco escribía, agradecido por la porfía de la McGonaglla de enseñarles a manejar plumas y tinteros. Anteus estaba sentado en el alfeizar de la ventana, tan tranquilo e inconspicuo como un gato, y Draco se había acostumbrado poco a poco a pensar en él como en un objeto, una parte de la decoración, dominando lentamente el hechizo. El deseo no moría, pero sí la ternura: y Hermione, entre ensayo de esgrima y práctica de combate, noches de compañía y peleas, le había asegurado que el hechizo era susceptible de ser roto, con suficiente voluntad, o suficiente desapego.
Draco, que era incapaz de dejar la mitad de un chocolate para el día siguiente, había optado por el desapego.
No levantó la vista, pero se quedó muy quieto, antes de observar de reojo a Hermione.- Solo?-
- No, por supuesto. Vienen a hablar con Salazar: están tratando de hacer una alianza al fin, antes de que los normandos lleguen a Hogwarths. Ya se han tomado media Escocia, permíteme que te lo recuerde.-
- Ocurrió esa alianza, en la historia?-
- Nope.-
- Y porqué no me sorprende? Le dijiste a Salazar?-
- No le temo a cambiar un poco la historia. Además, como siempre me hiciste notar, los detalles históricos sólo le interesaban a mocosas feas que sublimaban su poca popularidad creyéndose parte de esos escarceos históricos masturbatorios.-
Draco apoyó el mentón en las manos.- Era malo contigo, verdad?-
- Ajá.-
- Espérate que volvamos. Te va a parecer gloria esa época, comparado con cómo te voy a tratar cuando tenga las manos libres.-
El mar estaba tormentoso, y las olas, en la diminuta embarcación se sentían enormes, como si vadearan montañas y valles, a veces en lo alto, observando la inmensidad gris pizarra y las manchas negras y verdes de Irlanda e Inglaterra: una llovizna fría perlaba todo, desde el largo cabello de Richard en una coleta flotante hasta la pesada capa que había pertenecido a Godric que Helga le regalase a Harry: aunque un poco larga, la roja lana de cachemira era intensamente cálida, maravillosamente suave. Rowena se había retirado a la pequeña cámara del velero, y Lawliet, perchado en popa, se abrazaba las rodillas y parecía dormitar envuelto en metros de lana negra. Gareth y Hughes estaban en la proa, bromeando y manejando el timón, pero Harry se esforzaba en no mostrar su alarma: el velero se balanceaba y removía inquieto, y cada restallar de una ola bañaba la cubierta en espuma, cada vez más picado según caía la noche.
- Llegaremos después de medianoche, con esta luna.- dijo Richard acercándose a él. No había vuelto a mencionar al cuadro ni a Gabrielle, y Harry, confuso y tenso, lo había preferido así: además que estaba un poquito mareado. Nunca había navegado en su vida, y la inmensidad sin luces asustaba. Estaba muy bien estar en Hogwarths calentito y a la luz de las velas, como estaba acostumbrado, pero otra cosa era estar solo en el medio del mar, súbitamente consciente que no existía radar, aviones de rescate o nada por el estilo, y se sentía… pequeño. Quizá por primera vez, lejos de Hogwarths, sentía lo inmensa y cruel que era esa época, a la que estaba tan desadaptado como un gatito para el jurásico: y el deseo de volver a casa se hizo enorme, ahogante en su garganta.
Pero no sin Draco.
Se arrodilló junto a Lawliet, que había desaparecido en las capas negras que usaba, abrochadas delante y detrás como una extraña saya, atada a la cintura. Parecía un perchero, pero a Harry le daba ternura.- Estás bien?-
Lawliet asintió, pero Harry notó que no lo miraba. Se dejó caer a su lado, protegidos del viento y la lluvia por una tabla diagonal en la popa, y se oprimió contra él, sorprendido cuando no dijo nada.
- Seguro que estás bien?-
- Tengo hambre.- dijo Lawliet en voz baja. Luego, en un susurro:- No me gusta el mar.-
- Porqué no dijiste nada?-
Lawliet calló. Harry buscó en el bolsillo de su capa y sacó una galleta de miel que Helga le entregase, envuelta en pergamino, por si le daba hambre, cuando le regaló la capa.
- No está fresca, pero si la quieres…-
Lawliet la aceptó y la mordisqueó con fruición, para continuar en silencio. Harry lo miró un poco curioso, y luego añadió:
- Porqué no te gusta el mar? No creciste en Shangai? Y Shangai es puerto, no?-
- Crecí en Hong Kong.- y de pronto la aspereza en la voz del Lawliet Lloyd que conociera en los pasillos de Hogwarths reapareció, para susurrar con acidez.- Y si tú no entiendes lo que es crecer en Hong Kong cuando eres mitad oriental, en la calle, es porque eres un ignorante imbécil.-
Harry se sobresaltó cuando Lawliet se levantó de golpe y se fue abajo, a los camarotes, con pasos rápidos y hábiles. Harry se quedó allí desconcertado, y un poco espantado. En las calles? Lawliet había crecido en las calles? Pero su tío no era el Ministro no sé cuántos? Había pensado que esa flacura y la escasa estatura tenían que ver con su herencia asiática: nunca que podía ser… podía ser desnutrición?
No era ayer que se preguntaba porqué no sabían nada de Lawliet? Pues era quizá porque no era agradable de contar…
- Harry, mira, ya se ve Irlanda.- llamó Gareth: los tres hijos de los fundadores se habían reunido a proa, observando una masa negra que, en los intermitentes rayos de una luna lejísima, pequeña y amarilla, plateaba unos acantilados blancos y brutales como las mandíbulas de un monstruo marino, inmensas y altísimas. Cuando Harry se acercó a ellos, el velero dio un bandazo, y tropezó, acabando en los fuertes brazos de Hughes: d elo contrario, habría volado por encima de la barandilla.
- Qué…?- exclamó Gareth, colgando del timón, y entonces Richard se adelantó, y habló en un idioma diferente, lleno de chirridos y gemidos.
Harry oyó a Hughes maldecir, y vio, en la escasa luz, a seres que brillaban por el agua izarse a bordo con brazos muy largos y oscuros, con enormes ojos brillantes y afilados colmillos desnudos. Gareth lo empujó atrás y cogió su cimitarra, mientras Hughes abría los brazos y una luz brillante y dorada como el sol inundaba de pronto el velero: pero aunque la luz pareció asustarlos, Harry casi deseó que Hughes no hubiera invocado luz. Eran unos seres horribles, que si eran sirenas, los que las habían reportado antes estaban drogados: seres de cabellos lisos y oscuros colos petróleo, piel verdosa, cara de pescado y cuerpo cargado de escamas, aletas y espolones, no era como para ponerse a mirar si tenían senos.
- Son selkies, no ataquen.- dijo Richard, antes de inclinarse en la borda y seguir hablando con los seres marinos.
- Qué dicen?-
- Kiiiis, niiik, neeeek.-
- Richard!-
Richard se giró con una sonrisa, tras haber apoyado la frente en la del selkie frente a él, que llevaba una anticuada diadema de hueso.- Dice que los normando has lanzados barcos cruzando el estrecho, para que nos ataquen desde el sur.-
- Qué?- Gareth se llevó las manos a la cara.- Ahora sí estamos jodidos.-
- Cálmate.- dijo Hughes con suavidad.- Richard, pregúntales cuántod barcos vieron pasar, y si estamos a salvo cruzando ahora.-
Richard asintió mientras el espantoso ser seguía hablando, y luego se volteó.- Dice que han pasado cuatro torrenteras y que ahora viene dando vuelta otra en las Orcadas, es la mitad de su flota. No tenemos tiempo, si nos ven, nos hunden!- movió la cabeza.- Y dice que apagues la luz, que le cuesta concentrarse mirándonos, porque le parecemos demasiado feos.-
Hughes bufó, apagando su Lumos personal con un resoplido de risa.- Y entonces qué hacemos?-
- Dice que si alguno de nosotros puede provocar viento, ellos se encargan que no encallemos.- dijo Richard con un gesto.- Yo puedo invocar un poco, pero la experta en vendavales es mi mamá. Harry, podrías ir a buscarla? Nosotros aseguraremos el barco entretanto.-
- Okay.- Harry se dejó caer por la escalera clavada que servía de descenso, y bajo la luz de una lámpara bailarina tocó la puerta del camarote.
- Entra, Harry.- dijo la voz de Rowena. Para la sorpresa de Harry, Lawliet estaba con ella, sentado en silencio, observando un pergamino y una larga daga, levemente curvada, sobre la cama. Harry, como siempre, se quedó un poco sin aliento al enfrentarse con la Dama Rowena: aunque con el cabello suelto se veía más
joven, la espesa cabellera castaño ámbar libre sobre un chal gris y el grueso vestido azul de viaje menos elegante que su ropa usual, era hermosa, y perfecta en cada gesto con su nariz aguileña y sus labios finos, pero era una belleza para observar, para admirar, no para tocar. Rowena tenía la belleza de un cuadro, de una pintura: y en su misma perfección, había algo que sabías que no era para ti, sino para otros, mejores y más elevados. Y Harry, como siempre se sintió un niño, un idiota, un ignorante al mirar esos ojos azules que parecían saber todo, adivinar todo, leer todo, así como Helga siempre parecía entender todo.
- Richard… vinieron los selkies y…- a Harry siempre se le complicaba exponer sus ideas y acababa balbuceando, incapaz de ordenar sus ideas.- Necesitan viento… hay barcos…-
- Subiré.- dijo Rowena, como si en vez de escucharlo pudiera leer su mente.- Quédense acá, es más seguro.- dijo con su voz clara de clarinete, y envolviéndose más en el chal subió a la cubierta tormentosa. Harry se quedó allí, con Lawliet, que parecía triste, tenso, inquieto. Y mirándolo, también se dio cuenta que había llorado. Eran tan malas sus memorias?
- Lawliet…-
Richard entró en las habitaciones de su madre , fue directo al estatinto y tomó una larga varita de roble.- Harry, esto se va a mover, quédense acá y sujétense. Vamos a llegar en tres horas en vez de las seis, pero se va a bambolear un poco, no creo que puedan dormir… te dejo el libro? Puedes leer entretanto… está en mi bolso, ahí en el pasillo.- dijo rápidamente, antes de volver a salir. Harry, al que le hubiear gustado ir a mirar el poder de Rowena desatado, no las tenía todas consigo respecto a su capacidad para agarrarse, y no quería acabar como el idiota que se cae al agua, así que asintió y mientras miraba a Richard trepar escaleras arriba en calzas mojadas por el agua, buscó en su bolso y sacó el libro de Godric, que estaba envuelto en hule, por si acaso.
Lawliet se había tendido en la cama y aparentaba dormir, dándole la espalda. Harry se tendió a su lado, y mientras le parecía sentir el viento afuera huracanarse y a las olas golpeando más fuerte, siguió leyendo en donde había quedado.
Ni Richard ni él habían estado ansiosos por leer la caída de Camelot: las páginas anteriores habían sido como un bello cuento de hadas. Godric había decsubierto la amistad con Salazar, el listo y ambicioso paje: había descubierto el amor, con la alegre y cariñosa Helga, adoptada por la mismísima Elaine Du Lac, y con la altanera y estudiosa Rowena, la protegida de Merlín. Pero la tragedia había destrozado Camelot, y fue de un reino en guerra y en cenizas que tras la muerte de Arthur, la partida de Guinevere y Lancelot a Joyous Garde, que huyeron al norte, acosados por los romanos. Y fue allí que construyeron un reino nuevo, sin reyes, sólo los cuatro nobles, un reino que siempre sería justo porque estarían los cuatro juntos para siempre. El guerrero, el estratega, el juez y el visionario: los cuatro transformaron a Hogwarths en un fénix que nació de la caída de Camelot, y Harry sonrió emocionado al leer las simples palabras de Godric: " derrotamos a los normandos al norte y a los romanos al este. Por fin somos libres. Por la Diosa, estoy reventado, sólo quiero dormir"
Leyó sobre su amor por Rowena y por Helga: leyó cómo las amaba a ambas, e incapaz de elegir, había preferido renunciar a ambas. Leyó sobre su forzado exilio mientras rechazaba una avanzada celta en la costa y cómo había tenido una hija con una druida celta ( "Te mandamos a frenar la avnazada celta y regresas con una hija? A ti se te confunden un poquito las cosas, no?!" había comentado Rowena, mientras Helga, siendo Helga, le hacía arruruues a la beba). Leyó sobre cómo, él y Salazar habían ido a pacificar una revuelta escocesa, y en los páramos de Lettin, Salazar le había confesado su amor y él le había correspondido.
Eh?
Harry volvió a leer el párrafo " … y nos quedamos juntos toda la noche. No creo que nunca en mi vida vuelva a ser amado así…"
Se cerró la boca con la mano. Seguramente había leído mal. Richard había mencionado un romance Salazar/ Godric, pero no se esperaba… esto. Definitivamente no.
Habría amado Godric a Salazar así? Habría sido como él y Draco, un amor insoportable, imparable, de dos personas que se conocen hasta la médula de los huesos y un día no soportan más y se funden en un abrazo?
Se habrían amado con esa mezcla de deseo, risa y llanto con la que se habían amado ellos?
…nunca en mi vida, amado así.
No, definitivamente. Harry apretó los labios, y siguió leyendo.
Salazar y Godric se habían amado durante esa larga campaña, intensamente. Godic hablaba de días luchando y de noches amándose, de guardias nocturnas, los dos densudos en una almena con las espadas a mano, pero más ocupados en el descubrimiento del otro hasta que rayara el alba. Hablaba de besos húmedos en amaneceres cargados de rocío sobre campos de batalla, y de triunfos, y de todo lo que el amor y la guerra poseían.
Y luego hablaba de regresar a Hogwarths, adonde la dulce Helga y la sutil Rowena esperaban.
"… porque sé las dos lo aman a él tanto como a mí, si no más… a mí me conocen y a pesar de todo me aman, pero a él lo aman porque lo conocen y nadie más puede decir eso de Salazar… excepto yo."
" Sé que él las ama tanto como yo…"
Harry se quedó helado al darse cuenta que el diario acababa allí. Ésas eran las últimas palabras de Godric Gryffindor, y eran palabras de amor. Se volteó para decirle algo a Lawliet, dándose cuenta que el barco avanzaba a toda velocidad y que le dolía la cabeza por el esfuerzo de leer con el barco en movimiento: las mesas, la misma cama, vibraba.
- Lawliet, sabes…- Harry se calló al ver a Lawliet tendido de costado, no dormido como esperaba, sino que abrazando sus rodillas, temblando. Traspasado de preocupación, se enderezó, preguntándose si tenía una pesadilla, pero entonces notó que temblaba.
Estaba llorando.
- Lawliet…- susurró, y sin saber qué hacer, lo abrazó estrechamente, besándole el pelo. Lawliet se volteó de golpe y le echó los brazos del cuello, sollozando muy bajo, tratando de tragarse las lágrimas como un niño, y Harry habló, temeroso de decir nada malo.
- La… pasaste mal en las calles? Te hicieron algo malo… pasaste hambre, estabas… solo?-
Lawliet se secó los ojos, respirando hondo.- No me hagas caso… es que desde entonces no me subía a un barco, y… es tan igual que me dio miedo.-
- En un barco?-
- A los niños de los muelles nos llevaban de a dos o tres en los balleneros, para que limpiáramos, preparáramos la comida y… otras cosas.- dijo Lawliet, respirando hondo.- Nos daban comida, por lo menos… pero cuando llovía mucho y no habían viajes, quedábamos en la calle, y no había comida, y hacía frío.- susurró, el rostro hundido en el hombro de Harry. Harry, sin saber lo que hacía, apretó los párpados, y también los brazos en torno al torso frágil de Lawliet, casi con demasiada fuerza, sintiendo una ira imparable dedicada a nadie en particular, y también desolación, y un ansia feroz de proteger al frágil Ravenclaw que estaba quieto en sus brazos, como esa vez, de regreso al pasado sólo por amor a él…
- Qué edad tenías cuando te encontró tu tío?-
- No me encontraron a mí. Encontraron a un compañero, y él me llevó a su casa… fue su familia la que encontró a mis parientes. Si no, me habría quedado en Clow… pero mi tío insistió en tenerme en Hogwarths.- dijo Lawliet, la voz cargada de un suave rencor.
- Quieres decir que tu tío te obligó… tú no querías venir?-
- No… pero está bien. Tú has sido mi primer amigo.- susurró Lawliet con un suspiro. Harry se enderezó para mirarlo a los ojos, el pálido rostro de Lawliet con esos rasgos finos y afilados sombreados por las ojeras y esos ojos oscuros, y sintió un impulso de ternura que sólo Draco podía provocarle. Apoyó la frente en su pecho, y Lawliet lo rodeó con sus brazos, estrecha y extrañemente cálido.
El barco dio un bandazo y encalló de golpe, derribándolos al suelo. Lawliet cayó encima suyo, y Harry dejó escapar un uff, y encima de los dos cayó una silla, y luego, tras balancearse, la mesa.
- Aw…- Harry se levantó a trompicones al darse cuenta que se habían detenido, y apartó los muebles derribados para ayudar a enderezarse s Lawliet, que se secó la cara y sonrió, frotándose un codo lastimado.
- Llegamos?-
- Llegaron. Aunque quizá no se morían de ganas, los dos encerrados acá abajo. Qué le estabas haciendo a Lawliet, Potter?- dijo Draco, que abrió la puerta del camarote de un tirón. Harry se quedó desconcertado al verlo allí,
- Nada que yo no quisiera.- dijo Lawliet con una sonrisa de oreja a oreja.- Harry quería saber cómo es que me vine…-
- A Inglaterra! Draco!- gritó Harry corriendo tras él cuando el Malfoy dio un portazo y partió a la cubierta sin escuchar más. Pero cuando salió Draco ya había trepado arriba, y cuando salió, vio que Hermione y Anteus también estaban allí, de pie en la playa, muy blanca a la luz de la luna. El temporal había pasado, y aparentemente el vendaval que Rowena invocara los había lanzado como cohetes, porque el velero descansaba al menos a cien metros de la orilla.
Draco saltó del barco a la playa con la ligereza de una pantera alada, y tras él saltaron Hughes y Gareth, Richard como un pájaro, y finalmente Rowena, que caminó por el aire como una invisible escalera de caracol. Harry se dejó caer detrás, y sintió a Lawliet seguirlo, pero sólo tenía ojos para Draco, que vestido con jubón y calzas de cuero negro y una pesada capa opaca verde oscuro de espadachín parecía mucho mayor; Hermione también, con un espectacular vestido encorsetado color violeta bordado en oro, y Anteus, con una túnica flotante gris y verde.
Harry se tuvo que contener para no ir, tomara Anteus bajo el brazo y sumerguirlo en el mar a ver si era cierto que el agua salada deshacía los pergaminos.
- Salazar Slytherin nos envió a guiarlos a la Torre de Ossian para el parlamento.- dijo Hermione, mirando a Rowena con una sonrisa.- Nos siguen, por favor?-
