Capítulo 5 por The Fox Lady

Capítulo 5 por The Fox Lady

Nessum Dorma

Days Of The Future Present

Capitulo 5

Nessum Dorma.

La fascinante Torre de Ossian, que Salazar había remozado y transformado en su vigilante hogar en la costa irlandesa era sólo alcanzable subiendo por una empinada escalera tallada en la piedra, piedra filosa y blanca como dientes que relucía como una veta contra el oscuro cielo y mar. Hermione los precedía, seguida por Rowena, y tras ella iban Draco y Harry, Richard, Gareth y Hugh con Lawliet cerrando la marcha. A Harry le hubiera gustado ver la expresión de Draco, pero tanto él como Rowena y Richard se habían echado encima sus capuchas, bien cerradas contra el viento, e ignoraban a los demás. En cambio Gareth y Hugh, con el rostro desnudo al viento marino, trepaban hablando entre ellos, y Harry, al volverse para mirarlos, resbaló en un escalón gastado y se cortó la piel de la mano al tratar de agarrarse de un reborde, que era afilado como cuchillos.

Si me caigo, acabo como fetuccini con salsa de tomate.

- Harry!- Richard lo puso en pie y Gareth y Hughes lo rodearon, protegiéndolo del viento. La mano le sangraba a chorros: se había cortado hasta el hueso. Sintiéndose como un idiota, se la envolvió en la capa, aún mientras Richard, Gareth y Hughes peleaban por verla, tratar de curarla.

- Está bien, puedo hacerlo…- gruñó, tratando de subir la escalera sin tropezar. Gareth lo sujetó del brazo, y Harry se volvió para repetirle que podía solo, pero vio una angustia extraña en el rostro de Gareth, una angustia que se repetía en el rostro de Richard, y supo qué era: él también, e incluso quizá Lawliet, tenían una mal presentimiento. Los únicos que parecían serenos era Hughes, silbando para sí, y Rowena, callada y majestuosa como un río de muchos meandros con su capa flotando a su alrededor y la capucha sombreándole la cara hasta los labios.

Harry se dejó llevar por Gareth, sorprendido ante el dolor en su rostro. Cuando al fin llegaron arriba tenía las piernas acalambradas y le dolía todo el cuerpo, y se quedó un momento allí, jadeando, observando a Gareth que parecpia tan descansado como si no hubiera hecho nada en particular, pero que tenía esa terrible sombra en los ojos.

- Gareth… qué pasa?- susurró, su mano buena rozando su brazo. Gareth lo miró a los ojos, y Harry vio, con sorpresa, el desnudo dolor en ellos, la vergüenza, las sombras que ni siquiera el luminoso sol del amor Hughes era capaz de convertir en pesadillas fugaces olvidadas en la mañana. Con un suspiro, Gareth bajó la vista y oprimió su brazo, y Harry supo que lo había consolado, de cierta forma. Pero que el miedo que su padre le provocaba, mezclado con esa ira, era parte de lo que hacía a Gareth tan… Gareth: que esa timidez, esa incertidumbre, esa tristeza suave y ese desprecio por sí mismo, Salazar los había clavado como una espada en lo más hondo de un niño, y que Gareth, incluso anciano, nunca podría arrancarse ese dolor.

Claro que según historia de Hogwarths, nunca llegaría a ser anciano.

Harry sintió un dolor espantoso en el pecho, súbito y violento como un balde de agua helada en la cara, al darse cuenta que Gareth moriría, y que si él se quedaba un poco más, lo vería morir. Todo en él se rebelaba a la idea de que el sedoso cabello claro, esos ojos verdes y profundos, esa alma apasionada, tormentosa, tímida y fatalista a la vez se desvanecería en un momento: y hubiera querido poder aferrar el reloj con ambas manos, y detenerlo, apretando la arena en sus manos aunque corriera dorada y letal. Gareth… moriría. Que esa piel tibia, se secaría, y sería polvo, y luego nada más quince letras en Hogwarths a History: Gareth Slytherin.

- Estoy bien. Eres tú el que parece que va a llorar.- dijo Gareth en un susurro mientras continuaba caminando, llevándolo del brazo. - Tienes miedo?-

- No…- susurró, sintiendo que le ardían los ojos. Pero sí lo tenía, aunque no de lo que Gareth pensaba: y si Gareth se preguntó porqué Harry lo aferró con tanta fuerza, con tanta ferocidad durante el resto del camino, no dijo nada. Pero lo agradeció.

Hermione abrió la puertas de la Torre con un gesto de su mano, la pesada madera enchapada abriéndose sin hacer un ruido. Adentro el fuego rugía en la gran chimenea al centro de la torre, forrada en verde bronce, que parecía danzar a la luz de las llamas cambiantes: poco más allá, una mesa en forma de medialuna cubría una parte de la sala y cómodas butacas completaban en círculo, formando círculos más pequeños y concéntricos. Las llamas lanzaban chispas que parecían flotar como luciérnagas sobre el piso de mármol negro, reluciente como agua, y Salazar los esperaba allí, cómodamente vestido con una túnica ligera y calzas gruesas de gamuza, todo de un negro intenso: los tonos gris, verde claro y verde pantano eran para Gareth, porque Salazar prefería colores más vistosos e intensos.

No era la sala de un castillo o un lugar que esperase un trono. Era un lugar cómodo, orlados de escaleras que como fantásticas serpientes trazaban elegantes arcos hacia el cielo, madera y piedra mezclándose con sutileza.

Morgana no estaba: una muestra de la sutileza de Salazar. Y tenía la túnica abierta sobre una camisa de batista traslúcida, el cabello descuidadamente suelto como un velo: eso ya no era tan sutil.

- Rowena.- dijo, poniéndose de pie para recibirla como si nadie más importase. No dijo nada más, pero una calidez inundó la estancia, y no podía ser sólo la tibieza del fuego tras el viento cortante afuera. Cuando Anteus y Draco cerraron las puertas, parecieron dejar la tormenta atrás, y Harry se sintió invitado a una fiesta muy extraña, en la que se hablaba de guerra y se miraba con pasión en los ojos.

Rowena dejó caer su capa, y por un momento Harry no pudo descifrar su expresión, en uan mezcla de fatalidad, horror, amor y desolación: pero un momento luego su rostro perfecto de ícono ruso, de doncella bizantina, se cubrió de la voluntad de Ravenclaw como un águila vuela al sol para desvanecerse, y avanzó, extendiendo una mano, que Salazar besó… en un beso lento, lento, LENTO, leeeeeentoooo. Luego levantó la vista, sin soltar a Rowena, y dijo con su barítono sedoso:

- Sean todos bienvenidos a mi hogar. Espero que todos se encuentren cómodamente alojados, y la más mínima inquietud, por favor, trasmítanmela de inmediato. Por ahora, nos ocuparemos de que recuperen el calor y las fuerzas: mañana por la tarde hablaremos de guerra, pero hasta entonces, descansen esta noche en paz.- agregó con voz profunda. Harry asintió, y vio que Lawliet ya se estaba quedando dormido, poniéndose horizontal en una silla: pero gareth habló, su voz levemente vibrante, o quizá temblorosa.

- Los barcos normandos están tomando el sur, desde Gales. No tenemos tiempo que perder, o mamá Helga…-

- Gareth.- dijo Salazar, y hubo un retintín despreciativo en su voz.- Dije que descasaremos. Sé perfectamente lo que sucede, y que tenemos tiempo. Y si crees que dejaría que algo amenazara a Helga, yo…-

- Tú eres nuestra peor amenaza.- dijo Rowena con voz suave. Salazar la miró, como súbitamente herido, y bajando la vista susurró:

- No me conoces si piensas eso.-

- Efectivamente.- dijo Rowena con característica habilidad Ravenclaw para los retruécanos hirientes.- Resultó que no te conocía.-

Salazar la miró, y calló. Se veía tan hermoso como un joven príncipe regañado injustamente, con la marea de pelo rubio sobre los hombros y su esbelto cuerpo levemente encorvado: pero habían una arruguitas junto a sus ojos que desmentían la imagen. Había una sonrisa a segundos de brotar, en el parpadeo de sus pestañas…

- Hermione.- dijo Salazar con voz tranquila.- Porqué no le indicas a todos sus habitaciones y te aseguras que estén cómodos? Yo llevaré a Rowena a la suya.- agregó con un retintín en la voz. Hermione asintió, y guiando al grupo, incluido un remolón Lawliet, los guió con dos grandes candelabros flotando a sus costados, escaleras arriba.

- Lindo lugar tienen acá.- dijo Lawliet con calor al ver a Hermione abrir las puertas de un gran dormitorio con tapices de batallas en las paredes, con ventanales y cortinajes de pesados gobelinos. Harry supuso que era una habitación fría, porque las colgaduras eran todas gruesas como alfombras: pero luego se dio cuenta que daban privacidad, porque no habían camas, sino sólo cojines cubiertos de pieles y mantas.

Lawliet ya se había tendido de bruces en uno de los grandes cojines y probaba los gruesos colchones de pluma cubriéndose hasta las orejas ya, su tristeza del barco aparentemente olvidada. Gareth se encogió de hombros y dejó su morral en uan esquina, para empezar a sacar tranquilamente su camisón grueso. Hermione, a los que seguían Draco y Anteus, se quedaron de pie allí, silencioso, hasta que Richard se sentó en un cojín y habló con diplomacia.

- Gracias, Miss Granger. Estpy seguro que estaremos muy cómodos aquí.-

- Alguno de ustedes necesita algo?- preguntó Hermione.

- Yo no, pero Harry necesita un blow job de Draco, si están tan amables.- dijo Lawliet con tranquilidad, quitándose los pantalones bajo la manta con poca discreción. A las miradas, se echó el pelo atrás.- Qué? Es la verdad… es sólo para no empiecen con pasítos nocturnos que no dejen dormir…-

- LAWLIET.- dijo Harry, con auténticos colmillos de lobo.- CÁLLATE.-

- Bueno.- dijo Lawliet, y tapándose, se durmió de inmediato. Harry se volvió fucsia a Hermione, pero mientras Draco parecía igualmente asesino, Hermione tenía un tic en la mejilla de cuando estaba por estallar de risa. Perra.

- Al fin y al cabo, Lawliet tiene razón. Les sugiero que descansen.- dijo Hermione, aún con ese tic.- Mañana será un día largo.- agregó, antes de voltear y salir con una reverencia. Harry se quedó mirándola, pero Draco se cruzó de brazos en vez de irse.

- Un día cínico, diría yo más bien. Diez a uno que Rowena acaba en la cama de Salazar, la que estaba suplicando por sexo era tu mamá, Richard.-

Harry se hubiera indignado,pero Richard siguió trenzándose el pelo plácidamente.- La idea de la vida sexual de mi madre es tan no asunto mío que el que a ti te preocupe es absurdo. De hecho, como sé que en verdad no te interesa y lo que quieres es incordiarme, lo interesante es porqué, a no ser que sea por mis noches con Harry.-

Harry abrió la boca y la cerró: habían sido noches leyendo la historia de Godric, pero Draco no tenía porqué saberlo, y le estaba bien empleado verlo colocarse rojo de rabia. Era conmovedor, si no hubiera sido tan divertido.

- Me olvidaste rápido, no?- siseó al fin, volteándose a Harry.

- Draco…-

- No importa. Quédate con el chico listo. A ver si la inteligencia la sirve para aguantarte despierto toda la noche…-

-… bueno, conozco pociones, y hay un libro druida ilustrado…- sugirió la voz del Ravenclaw.

- CÁLLATE, RICHARD!- ladraron Gareth y Hughes. Richard se ofendió y con un "hphm" se metió a sus mantas y desapareció. Y Harry se encontró frente a un Draco que hacía morritos como si de nuevo tuvieran nueve años y Harry se hubiera comido el último pastel de mora hecho por tío Sev. Le hubiera echado los brazos al cuello si Anteus no se hubiera cruzado entre los dos en ese momento.

- Por la puta… no te llamaba Hermione? No tenías que ir a limpiarle la spatas con la lengua o a calentarle la cama o alguna otra idiotez?!-

- Seguramente Hermione compartirá tu cama hoy, Draco, como ha hecho ya varias veces.- dijo Anteus con suavidad. Harry sintió que las cejas le llegaban a la nuca.

- WHAAATS?-

- Anteus, CIERRA EL HOYO DE LA TORTA!-

- Y ahora le gustan las mujeres?- le preguntó Hughes a Gareth, que sentados en uan esquina podrían haber comprado popcorn, de haber existido.

- Bueno, a mí me gustan…- Gareth parpadeó cuando Hughes empezó a brillar color oro.- Pero te quiero a ti, maldita sea… cálmate!-

- Hn.-

- Te estás acostando con Hermione?- susurró Harry, como si ahora fuera gran secreto.

- Sólo si estoy muy aburrido…-

- Tú te aburres mogollón, joder!-

- Harry…- Draco se agarró la cabeza a dos manos.- Suficiente. Suficiente! Mi cuarto está allí frente al pasillo. Si quieres hablar conmigo sin público, vas. Si no quieres, no vas. Pero mejor decídete luego, porque me está agarrando una neuralgia…-

Harry miró a Draco con exasperación, y luego, sonrió, lenta, levemente, y agarrando su bolso, lo siguió.

Richard se quedó mirándolos ir, los ojos abiertos, aunque aparentaba dormir.

- Está ella contigo?-

Salazar se volteó, de pie en el balcón que comunicaba sus habitaciones con la de Hermione. Vestido sólo con una bata de lana blanca, que rielaba a la luz de la luna muriente, se veía hermoso y etéreo, como un sabio Endimyon. Pero había un brillo en sus mejillas, y un gesto viril y satisfecho que Hermione conocía de maravilla, aún cuando habló con despreocupación.

- Sí. Te vas a poner a gritar?-

- No.-

- No te importo lo suficiente?-

- No es eso.-

Salazar se volvió, curioso, y tomó la cara de Hermione en su mano, fuerte y suave a la vez.- Entonces? Estoy con una mujer que amé una vez, sólo por esta noche. Y no te importa?-

- Sé lo que es amar el pasado. Pero mi único y verdadero amor eres tú, Salazar, y lo serás hasta el final. Por eso, esta noche no significa nada.-

- Eres extraña, Hermione Granger.-

- No soy extraña. Soy tuya, y todo lo tuyo es diferente.-

Salazar observó a Hermione , aún vestida de pies a cabeza, con una extraña fascinación, el borde de una emoción en sus ojos. Luego parpadeó, y miró al mar rugiente.

- No deberías amar así.-

- No puedo evitarlo. No quiero evitarlo.-

- Si Rowena es mi pasado, estás diciendo que tú eres mi futuro? Qué te hace estar tan segura, Hermione?- susurró Salazar, volviéndose a ella. Y Hermione se acercó, lo besó tibiamente, y habló en sus labios:

- Que te amo, igual.- dijo Hermione con voz profunda. Salazar se quedó mirándola un momento, un leve shock oculto por muchos otros pensamientos en sus ojos de plata: luego, se volteó, dejando a Hermione sola en el balcón, a merced de los elementos, que hicieron a su capa y a su pelo dar latigazos.

- Te caíste y te cortaste como un boquiabierto? Eres tan patético, Potter.- dijo Draco, los dos sentados en la cama mientras le vendaba la mano a Harry tras lavarla y limpiarla. Harry tenía una gran tolerancia al dolor y aguantó pacientemente que le hurgara la herida hasta dejarla limpia: pero cuando Draco la vendó apretadamente, asegurándose de juntar los bordes de la herida para que cerrara bien, hizo un gesto de dolor.

- Lo siento.- susurró Draco, y suavemente besó la palma lastimada. Harry sonrió, y le acarició el pelo.

- Es raro pensar que éste es tu cuarto y yo no lo conozco.- susurró.- Tras tantos años compartiendo hasta nursery…- dijo bromeando. Pero el rostro de Draco era serio, e incluso un poco agostado, y habló muy de prisa, muy bajo.

- Hermione tiene planes para cambiar la historia y salvarlos a todos. No sé más. Pero confío en ella, y ella no confía en Anteus ni en Salazar, y quiere que yo absorba todo el poder de Anteus y lo use para ella… no estoy seguro de qué pretende, pero confío…- la voz de Draco se volvió urgente.- Harry, te diré todo, pero por favor, puedes quedarte conmigo esta noche? No soporto más… sin ti.- susurró, y dobló la cabeza para apoyarla en el regazo de Harry, con un sollozo de amor y alivio. Harry hundió sus dedos en el familiar pelo rubio, y rió, y respiró, una risa que también estaba cuajada de alegría de lágrimas, y le tiró el pelo para alzarlo y besarlo, los dos cayendo abrazados vestidos al lecho de Draco, sus besos risueños e intensos y aliviados como el que encuentra agua en el desierto, pero no sólo la bebe, sino que se baña en ella, se sumergue, bucea, nada, chapotea riendo, celebra ese encuentro ansiado con palabras inconexas y sonrisas imborrables. Harry sintió que cuando volviera a su tiempo, la sensación de volver a casa no podría compararse a hundir el rostro en las clavículas de Draco e inspirar: Draco supo que abía estado entumido de frío por dentro desde su último beso, y que ahora, tendido bajo Harry, la piel ardiente del moreno como edredón, al fin dejaba de tener frío. No hubo brutalidad, ni apuro esta vez; todo ocurrió tan lento y lleno de disfrute como habían soñado, y en vez de devorarse hasta encontrar sus corazones se fundieron, deshaciéndose como humo en la luz, como tinta en el agua, hasta que abrazados en posiciones que eran naturales y cómodas para los dos como dos viejos amantes ambos se aferraron y arquearon en un espasmo de pura alegría. Se envolvieron en sus brazos, y rieron, y en esas ondasconcéntricas de placer no había cansancio, ni misterios, mientras se besaban y amaban y adoraban cada centímetro del otro, las manos largas y elegantes de Draco hundidas en la carne musculosa y firme de las nalgas de Harry mientras lo presionaba contra sí, intentando que lo penetrase más: los fuertes hombros de Harry arqueados y tensos mientras los brazos de Draco colgaban por encima, agitándose a cada movimiento de sus caderas, la cabeza de Draco echada atrás, bamboleándose en sobredosis de placer. Pasaron del placer al sueño unidos, abrazados, y la luna había desaparecido cuando Harry se despertó a sentir a Draco levantarse de pronto.

- Qué pasa…?- balbuceó, completamente ido. Pero Draco avanzó hasta la puerta y la abrió, y Harry vio por sobre su hombro a una Hermione sentada en el suelo, frente a su cuarto, despeinada, y que tenía regueros de lágrimas en las mejillas.

- Hermione.- dijo Draco, y sin una palabra le tomó la mano y la aventó sus brazos, alzándola. Hermione sollozó en su hombro, pero cuando Draco entró con ella de regreso a la habitación y cerró la puerta de una patada, miró a Harry expectante.

Harry abrió las sábanas con urgencia. Draco la depositó allí, y mientras le quitaba el complicado vestido y los escarpines, Hermione sollozó en el pecho de Harry, que hundió los dedos en el esponjoso pelo castaño y susurró con intensa ternura.

- No llores… todo estará bien. No sufras por ese hijo de puta, no lo merece… Hermy…-

- No me digas Hermy, Potter… y está bien, tengo que sufrir, tengo que sufrir mucho…-

- No digas eso… ya sé que te lo mereces pero…-

- Tu madre que me lo merezco, cómo te atreves…-

- Cállense. Ya. Dormir.- dijo Draco telegráficamente arrojando el vestido al suelo y trepando de nuevo a la cama. Y Harry le sonrió, y tras un beso por sobre los rizos castaños, los tres durmieron, Hermione atrapada entre dos corazones que latían cálidamente..

Hermione se levantó, reluctante a dejar el lecho tibio que compartía con el relajado Harry y el hermoso Draco, una lecho tibio y blanco que olía a la pasión y al amor de los dos: pero, aunque se sentía extrañamente enternecida y temblorosa, se vistió y salió, el cabello desarreglado, en el mismo amanecer, aunque sólo había dormido unas horas. Aún así, se sentía fresca y descansada, quizá por la protección de esos brazos que amantes y amigos, no la juzgaban, sólo la amaban a su manera…

Entró a la biblioteca, en donde sereunirían a hablar de guerra, aunque algo le decía que no sería hasta muchas, muchas horas después. La Torre dormía, y en el absoluto silencio, la bibliotecaera un lugar encantado, los vidrios levemente tintados de verde filtrando un maravilloso amanecer rosa y oro tras la tormenta . la luz trazaba rayos visibles y hermosos, iluminando el caoba de las mesas delicadamente…

… un susurro a su espalda.

Hermione invocó un escudo mágico, pero eso no la protegió de una patada experta y brutal de Lawliet, que ágil como un gato le barrió los pies, la atontó de un golpe en la cara y la envolvió en una alfombra, para luego agarrarle el cuello y mandarla a la inconsciencia antes de que pudiera decir nada.

Cuando despertó por segunda vez en una hora, estaba sentada en una silla, envuelta en un hermoso tapiz en tiras de irrompible seda, atada desde los tobillos hasta el cuello, y con una varilla que Hermione adivinó era peral sabio metida en el escote para prevenir que pudiera lanzar ni un Lumus, ni ningún tipo de magia en absoluto.

Lawliet, tendido en la mesa del frente, las manos sosteniendo el mentón, los codos en la mesa y una pierna doblada balanceándose atrás de forma no diferente a un gato que observa a unos ratoncitos comiendo queso, esperando que sean perfectas milanesas bien rellenitas antes de saltar, la miró, con los ojos brillantes y una daga larga en la mano.

- Lawliet…?- musitó Hermione, desconcertada, y sintiendo que su cara era una papa.

- Hermy. Aprovechemos que todos están haciendo zetitas para tener una conversación, tú y yo. Dime, qué es lo que pretendes hacer para cambiar la historia? Y no me digas que no. Es el sueño perdido de todos los que leen mucho y acaban siendo escritores. Te frustra tanto el final de la historia que escribes finales alternativos. Tú pretendes llevarlo al nivel de cambiar una historia real, verdad?-

Hermione echó la cabeza atrás, porque las ataduras la ahogaban.- Lawliet… me duele…-

Lawliet se mordió el labio inferior.- No es lo que esperaba. Habla, Hermy, o te arruino el pelo.-

- Me lo vas a cortar? Ésa es tu tortura?- balbuceó Hermione, sintiendo que le daba risa.

- No. Se te va a poner blanco. Crucio.-