Capítulo 6 por The Fox Lady
Capítulo 6 por The Fox Lady
Notas del autor:
No completamente happy con el resultado, pero ya esta bastante largo. Posibles ediciones luego. Sugerencias?
Days of The Future Present
Days of The Future Present 6
(The end is the beginning is the end, you know)
Where Eagles Fly.
Ni Hermione ni Lawliet se reunieron con los demás en la gran sala de la fogata en donde Salazar los recibiera la noche anterior, pero sí los demás: Draco y Harry tranquilos y serenos, sentados uno junto al otro sin tocarse, pero extrañamente coordinados en sus palabras y gestos: Gareth y Hughes a sus costados, tensos y ansioso, y un ojeroso Richard, cuyo rostro estaba pálido y algo demacrado. Salazar apareció con Rowena del brazo, la que se veía muy decidida y concentrada, aunque había un leve " díganme algo si se atreven" en su bello rostro.
La fogata rugía suavemente, alfombrada de brasas doradas. El día era frío y azul, y todos agradecieron el fuego al acomodarse en las sillas acolchadas con terciopelo. Salazar encendió un pomo de ámbar, que quedó esparciendo un suave aroma en el centro de la mesa, su llamita reflejándose en la madera vidriada: hubo un silencio mientras se miraban, y finalmente habló Salazar con voz tranquila.
- Estamos aquí para planear cómo sacar a esos malditos normandos de Inglaterra. Richard me cuenta que, a través de los selkies, se ha enterado que muchos barcos están llevando guerreros al sur, para atacar Hogwarths por la espalda. Por otra parte, la avanzada del norte ha rodeado Stohengue y se preparan a lanzarse adelante: Hughes sospecha que la batalla será en el páramo de Lettin, y yo estoy de acuerdo. Es el lugar natural para una batalla.
Los normandos nos superan veinte a uno y encima tienen a esas druidas norteñas. Tenemos mucha magia, es cierto, pero eso no basta: necesitamos un plan, y unir nuestras fuerzas, ya de por sí exiguas. Helga tiene unos mil quinientos guerreros: yo tengo tres mil. Los normandos tienen más o menos diez mil al norte y están pasando unos cinco mil al sur. Propongo que dejen a Morgana y a las druidas celtas acabar con las norteñas: eso nos evitará perder magia innecesariamente.-
- Porqué ella no está aquí?- preguntó Hughes calmadamente.
- Y qué va a pedir a cambio? Dudo que trabaje por nada.- agregó Gareth, suspicaz.- Si quiere instalar su magia celta de la muerte en Inglaterra, está servida, porque no lo…-
- Morgana no pedirá eso como recompensa.-
- Qué va a pedir?-
- Eso…- Salazar esbozó una sonrisa leve.- Lo arreglaremos entre ella y yo.-
Rowena miró de costado a Salazar con una gesto que indicaba que desconocía esa parte del arreglo, y que la verdad le costaba creer lo que Salazar estaba implicando: Hughes intercambió una mirada desconcertada con harry, mientras Draco movía la cabeza con descaro.
- Es imposible… qué la tiene de oro o qué? Tiene forma de espiral? O tiene una lengua de treinta centí…-
- No confío en eso. Quiero saber exactamente qué quiere Morgana, o no hay trato.- dijo Gareth con sequedad no exenta de desprecio. Salazar se echó atrás en la silla, mirando fijamente a Gareth, cruzándose de brazos y echándose el pelo rubio atrás con descuido.
- ya que me haces ser gráfico, yo quería tener deferencia a Rowena y a los jóvenes…- Salazar sonrió, con una llama verde bailoteando maliciosamente en sus ojos grises.- Morgana quiere que le sirva de semental. A ella y a sus cincuenta y siete druidas. Por una semana, antes de la batalla. Si quieres me puedes ayudar, eres mi hijo después de todo, no creo que se pongan demasiado quisquillosas… aunque no sé si tienes experiencia, me imagino que con Hughes normalmente estás abajo…-
- Salazar.- dijo Rowena con voz como un látigo, mientras Gareth se ponía fucsia feroz.- Cállate. No nos interesa…-
- Gareth preguntó, yo quería evitarte los detalles… pero mi corazón es tuyo, Rowena.- dijo Salazar con disciplencia, quitándose una pelusa de la túnica.
- Seguro.- Rowena extendió sus pergaminos con los dedos engarfiados como garras de pájaro, aunque su rostro estaba sereno.
- Me sacrificaré. Una frotada, y pensaré en Inglaterra.- Salazar adquirió una actitud de mártir. Los demás hicieron diferentes mohines, excepto Harry, que miró a Salazar de frente.
- No teme que le hagan algo? Pueden ser amigas suyas pero a mí me dan miedo.-
Salazar pareció sorprendido, y luego su mirada se suavizó.- Muchas, aunque no Morgana, conocieron a mi Dama Guinevere y me conocen de esa época, no dejarán que las otras me hagan daño, ya que la misma Reina del Verano me bendijo… pero gracias, por la preocupación, Harry.-
Harry bajó la vista, un poco sonrojado ante la mirada intensamente dulce, casi nostálgica de Salazar.
- Si contamos con el apoyo de esas mujeres, habremos neutralizado una parte del peligro, la parte más… irritante… pero no la más peligrosa. Los normandos aún nos superan ampliamente.- dijo Richard extendiendo un mapa.- Y si logran realizar ese movimiento de tijera y envolvernos en el centro pasando esos barcos por el estrecho, estaremos fritos.-
- No lo lograrán.- dijo Rowena serenamente.
- Pero…-
- Antes de reunirnos con Helga, nos encargaremos de que no pasen más barcos al sur. Los selkies le dijeron a Richard que el grueso de la flota intentará pasar esta noche, y lo evitaremos.-
El rostro de Salazar mostró inquietud al volverse a Rowena.- Qué planeas hacer…?-
- Como tú me has enseñado muy bien, Salazar.- dijo la dama de Ravenclaw levantándose, y dando por terminado el tema.- el único estratega seguro es que el hace su estrategia solo.-
Hubo un silencio. Harry miró a Draco, que estaba distraído jugando con una pluma, y luego a Richard, que parecía extrañamente asustado.
- Aunque frenemos los barcos aún tenemos que preocuparnos por las fuerzas en el norte, y aún nos superarán. La pregunta es qué haremos si nos presentan batalla: Hogwarths no está diseñado para el asedio.- dijo Gareth con firmeza.
- Eso es, querido hijo mío cobardica, porque a nosotros cuatro jamás se nos hubiera ocurrido la palabra asedio, preferíamos salir a pelear en vez de encerrarnos en casita.- Salazar usaba su voz de miel, y a Gareth volvieron a salirle los colores a la cara, pero esta vez de rabia.
- No empeñaré la vida de mis hombres en una batalla inútil, padre.- siseó Gareth.
- Tú te refieres a Harry y Hughes?- parpadeó Salazar.
Gareth le tiró la copa de plata de la que bebía por la cabeza, salpicando los mapas. Salazar saltó sobre sus pies, y Gareth desenvainó su espada, intentando agarrarlo a través de la mesa, mientras Richard, Harry y Hughes se las veían y se las deseaban para sujetar al furioso heredero de Slytherin.
- Gareth, SIÉNTATE!- ladró Rowena. Gareth se quedó quieto, y soltándose de un tirón, abandonó la habitación, seguido por Hughes. Salazar se volvió a Rowena, pero ella le puso un dedo en la cara.- Tu también te callas. Richard, exactamente de cuánta magia negra eres capaz?-
- Nivel ocho, último círculo.- dijo Richard en voz baja.
- Qué hay de tu gente, Salazar?-
- Hermione está ya bordeando el ocho.-
Rowena miró a Salazar con las cejas alzadas.- Cómo le embutiste tanta magia?-
Salazar sonrió. Rowena hizo un gesto de náusea absoluta.
- Si contamos con ustedes dos, más los de ese par de temperamentales allá… y Helga, que supera el diez, deberíamos poder barrer con ellos.-
- Y tú estás seguro que Helga, o Hughes, o Gareth aceptarán usar magia negra?-
Salazar cruzó ambos brazos sobre su cabeza y los cruzó encima de su coronilla.- Es eso o barren con nosotros. No se puede hacer tortillas sin romper huevos.-
- Van a ser los tuyos los que acabarán rotos si Helga se entera de tu trato con Morgana. Y no la obligaré a usar magia negra, no si no quiere.- agregó Rowena con seriedad.- Además que Hughes tiene bastante magia, tiene también los mismo escrúpulos.-
- Si se trata de matar o morir…-
- Salazar, ya sabemos que para tí los escrúpulos es algo que le pasa a otra gente.- Rowena se cruzó de brazos.- Pero si todo sale bien, podrán tener una guerra normal, sin recurrir a la Alta Magia. Eso es algo que siempre se paga.-
- Depende del precio que estés dispuesto a pagar.- Salazar se hamacó en la silla.- a veces lo vale.-
- No entiendo de qué hablan. Si tenemos la oportunidad de luchar, no deberíamos luchar con todo lo que tengamos?- dijo Draco con firmeza.
- Te voy a adoptar, sabes.- dijo Salazar con una sonrisa cariñosa.
- Como ejemplo, Draco… podríamos usar toda nuestra magia para crear un tornado de fuego, nivel 18, que quemara todos los campos de batalla en diez kilómetros, matando a todos los normandos, no?- dijo Rowena.
- Claro.-
- No. La magia resultante no sólo mataría a los lanzadores, sino que quemaría la tierra en medio metro de profundidad, y el residuo mágico dejaría los campos inservibles por cincuenta años. O sea, puedes ganar tu tierra, y luego sentarte en ella a morirte de hambre.- Richard asintió enfáticamente.- Comprendes?-
- Bah. Pero ganaste.- bufó Draco, mientras Harry movía la cabeza.
- Entonces qué haremos?-
- Atacaremos los barcos cuando pasen el estrecho. Luego, de regreso a Hogwarths… y para bien o para mal, enfrentaremos la última batalla.- dijo Rowena levantándose, y mirando al mar, que rielaba azul en la distancia. Sus ojos proféticos brillaron.- Pero sé, Mr. Potter, que Inglaterra no morirá este año. Y que seguirá adelante, tan fuerte y tan viva como siempre ha sido.- agregó, volviéndose a Harry, observándolo a los ojos.- Lo veo en su mirada: Hogwarths perdura. Y es por eso que no temo, ni dudo. Si Hogwarths e Inglaterra sobreviven, entonces no hay nada que pueda ir mal. Ni ningún sacrificio que no valga la pena. –
Harry se quedó azorado, un poco atemorizado. Siempre se le había hecho mareante mirar a los ojos de Rowena, que eran como las profundidades del mar: pero ahora se le ocurrió que también era como el cielo del verano, profundo y quieto, y un poco solitario, un poco triste.
Eran los ojos de una mujer entristecida, pero decidida, y con algo como resignación, y miedo, y amor en la mirada. Harry se quedó mirándola, y entonces se volvió a Richard, que tenía los ojos bajos, y parecía torturado por una duda demasiado terrible para ponerla en palabras. Cuando se puso de pie y salió, Harry se levantó para ir tras él, para encontrarse cogido del brazo por Draco.
- Adónde te crees que vas?-
- Él… me necesita, Draco.-
- Te necesito yo también!- siseó Draco cuando Harry se volvió a la puerta por donde Richard había salido tan atribulado.
- Nos seas pendejo!-
- Yo sabía que él te gustaba!-
- Pero por… el jodido amor de Dios, tú tienes las orejas puestas cuando hablamos?!- Harry se volteó a Draco.- Estamos en guerra: me vas a decir de una jodida vez qué mierda es lo que planean tú y Hermione?-
- Bueno…-
- Eso.- dijo una voz en la puerta.- te lo puedo explicar yo.- dijo Lawliet, sosteniendo una daga de la punta, apoyado en el umbral. Salazar y Rowena lo miraron, y el rostro de Rowena se suavizó al ver a su estudiante.
- Ven, Lawliet.- dijo Rowena con voz suave, y tomándolo de la mano se lo llevó a una esquina, junto a un ventanal. Allí se recogió la falda y se encuclilló para ponerse frente a su rostro, hablando con una suave familiaridad que no le habían visto ni con Richard, ni con nadie. Mientras hablaba, le acarició el pelo al muchacho, y con una suavidad femenina muy diferente a su estatuaria actitud usual, le tomó la cara y le besó la frente, antes de entregarle unos pergaminos enrrollados muy pequeños.
Luego se levantó, y los dejó, para sorpresivamente tomar a Salazar del brazo y arrastrarlo escaleras arriba.
Draco se volteó a Harry.- dime que entendiste eso. Lawliet, qué dijiste sobre Hermione? Dónde estaban?- giró la cabeza como un latigazo de pronto.- Estaban teniendo sexo?!-
- No.- Lawliet se guardó los pergaminos en el jubón, sin mirarlos.- Pero me temo que está un poco irritada conmigo. Mejor van a verla… está en tu habitación, Harry. Ah, y Anteus está con ella.-
Hermione se despertó de golpe, oyendo voces alteradas, inquietas, angustiadas. Sentía el olor de Harry muy cerca, muy suave: sintió sus brazos, que la sostenían, mientras oía a Draco discutir con Anteus.
- Que la encontraste así?! Y esperas que te crea?!-
- Me creas o no, fue Lawliet Lloyd quien la lastimó.-
- No seas…-
Ahogo. Un truco tan sencillo, y tan espantosamente atroz cuando los pulmones se te queman en una súplica muda. Hermione sintió que se le reventaban los pulmones cuando Lawliet, sus ojos oscuros tan fijos en los suyos, le apretó el cuello con una facilidad siniestra, su mano inesperadamente grande y capaz de sujetar efectivamente su mandíbula. El ahogo, y el pánico.
Lawliet la había torturado, en absoluta tranquilidad.
Si crees que voy a seguir jugando un juego que arriesga la vida de Harry y Draco, estás loca.
- Es… verdad.- susurró Hermione, casi sin voz. Harry, que la sostenía en brazos sentado en la cama, la miró desconcertado.
- Era… no tenía la daga de Slytherin?-
- No. Tenía la daga de Ravenclaw, pero que yo sepa no está hechizada.- dijo Hermione en un susurro.- Me amenazó con cortarme el cuello si no le explicaba exactamente… qué pretendía contigo, Draco.-
- Y le dijiste que mi sex appeal era demasiado?-
Hermione calló, frotándose el cuello.- Le dije la verdad…-
- Me va a escuchar!- dijo Harry, saltando sobre sus pies.- Está loco, cómo pudo…!?-
- Harry…- empezó Draco.- No crees que puede habérselo pedido Rowena, o que quizá…-
- No me interesa!- gritó Harry saliendo hecho un bólido. Draco miró a Hermione, que se frotaba el cuello con el rostro cansado y gris.
- Ánimo, Hermy. Vivirás para conspirar otro día. Mañana, después de todo, es otro día.-
Hermione apoyó la frente en el pecho de Draco, mientras Anteus los miraba.- Yo siempre preferí la de " éste es el comienzo de una bella amistad…"-
Harry buscaba a Lawliet en un paroxismo de irritación y desconcierto ( Lawliet, lastimar a alguien? Pero si normalmente era un peluche comelón! Y lastimar a Hermione? En el nombre de Dios, porqué?!) cuando escuchó un sollozo. Se quedó quieto en el pasillo, sobresaltado, preguntándose con qué nueva locura se enfrentaba, si éste no sería uno de los ya clásicos numeritos de Hughes y Gareth, que no podían no tenerse las manos encima por más de unas horas ( y cuando lo seduje se sonrojaba! Quién lo ha visto y quién lo ve!, había pensado Harry una vez que los pescó haciendo una posición tan acrobática como dos mangostas en celo en la biblioteca) pero era un sollozo, no un gemido.
Con la súbita sensación de que podía ser Lawliet ( el Lawliet que supuestamente buscaba enojado, y que ahora buscaba traspasado de ternura… Harry sabía que cuando fuera padre iba a ser un mamón de marca mayor) siguió el ruido, tenso y asustado, inquieto por la desolación de ese sollozo.
Pero al que encontró fue a un deshecho Richard, que sollozaba bajito con el rostro en el brazos, sentado en un rincón de una salita, abrazándose las rodillas como un niño aterrado, un montón de pergaminos con flechas, cuadrados y triángulos rodeándolo, el rostro hundido en los brazos, su largo pelo como una serpiente trazando un arco de tinta en los pergaminos pálidos y perlados. Harry se quedó allí quieto un segundo, y sabiendo que no podía no intervenir, porque le partía el corazón, se dejó caer de rodillas junto a Richard, que lloraba como si tuviera el corazón partido.
- Richard… qué pasa? No llores…-
- … - murmullos ininteligibles. Una negación, una súplica triste y desesperada. Harry lo abrazó, sintiendo que sus lágrimas le mojaban la camisa, el pánico oscuro y terrible inundándolo: Lawliet actuando como un loco, Gareth descontrolado, Salazar entregándose a las druidas, Rowena tan funeraria, Hermione herida, y ahora Richard sollozando a gritos? Estaban todos perdiendo la razón? O era la falta de Helga, el sol tibio, como la locura hace que los hombres encerrados en cabañas bajo el hielo del invierno enloquezcan y se ataquen unos a otros?
Harry no alcanzó a terminar el pensamiento cuando sintió a Richard echarle los brazos al cuello y unos labios calientes, húmedos y enrojecidos se apretaron contra los suyos, su boca bebiendo su saliva con hambre, sus besos intensos y desesperados. Oprimiéndole la cabeza contra su hombro Harry apartó el rostro, odiándose y a la vez incapaz de mentir, con un suspiro.
- No, Richard no…-
- Harry… por favor…-
- No. Tú quieres a Gabrielle y yo a Draco, recuerdas?-
- Harry… no me dejes solo tú también… si me eliges a mí, nunca, nunca te dejaré…-
- Sólo soy tu sustituto de Gabrielle…- Harry inspiró profundo cuando los brazos de Richard, en su cintura, lo oprimieron contra él, casi haciéndole perder su postura allí arrodillado, un obvio deseo de fundirse con él dominando al normalmente tan sereno Ravenclaw. Harry intentó apartarse, pero Richard siguió besándolo con algo parecido a la desesperación, algo semejante a la locura. Harry al fin tuvo que empujarlo con todas sus fuerzas para que soltara su boca, cuando sus muslos rodearon los suyos y algo inconfundible se frotó contra su intimidad, despertándolo de un tirón… Richard, que olía a jacintos y cuyo cabello era suave como la seda, tan largo que se le enredaba en las manos al apartarlo, cuya piel era color crema y sus manos suaves de estadista…
- NO, RICHARD!- gritó Harry, y al echarse atrás, sin querer, usó demasiada fuerza y lo empujó al suelo, en donde Richard cayó de costado, el cabello cubriéndole la cara. Los dos se quedaron mirando un momento, Harry jadeante y acongojado, Richard pálido e inmóvil.
Richard se levantó de golpe, el rostro oculto. Hubo un silencio, y Harry habló, la voz temblorosa.
- Richard… de veras que lo siento… no pretendía empujarte así… perdóname, yo…-
- No eres un sustituto de Gabrielle.- dijo Richard con voz firme y terminante.- Eres como ella, pero eres tú mismo, y te amo por lo que te pareces y por lo que difieres de ella. Pero no tenía ningún derecho a forzarme en ti. Te pido… mil perdones. Te juro que por lo que me resta de vida, no volverá a pasar algo así.-
- Richard…- Harry movió la cabeza, y se acercó para intentar tocarlo, entristecido.- Richard, lo siento…-
- Vete. Por favor. No quiero que me veas así.-
- Dime porqué llorabas.-
Richard suspiró.- Porque presiento la soledad…-
La noche los encontró a todos haciendo preparativos para la partida: Draco ayudó a una adolorida Hermione a empacar sus cosas, y mientras Anteus preparaba los bolsitos, le extendió aloe en las marcas del cuello.
- Te hizo algo más?-
- Te refieres a si me metió mano? No, Draco.- Hermione hizo un mohín.- Vas a vengar mi virginal espanto?-
- Nooo.-
- Está bastante obsesionado con que nadie lastima a Harry, sabes. Es un poco sospechoso…-
- Lo voy a partir al medio.-
Hermione rió, levemente.- Sólo quería saber que planéabamos… digamos que no se paró en barras para sacármelo. Hasta me echó un Crucio.-
- Dolió?-
- Obvio.-
- Le dijiste todo?-
- Casi. Le dije lo que planea Salazar.-
- Que sería…?-
- Que yo use la máxima magia negra contigo de fuente, para no perder a Anteus… una vez que yo sepa magia suficiente y tú hayas almacenado suficiente, puede sacrificarnos para acabar con los normandos, sin despeinarse, y lo más importante, sin que Helga ni Rowena se arriesguen.- dijo Hermione secamente.
- Y tú… sabías eso todo el tiempo?-
- Tú crees que soy estúpida?-
- Y vas a hacer lo que él quiere?! Eso nos matará a los dos!-
- Me las arreglaré para que sigamos vivos. Tú, sigue estudiando magia nomás.-
- Pero creí que él te quería…-
-… ni la mitad de lo que quiere a Rowena y a Helga, obviamente.-
- Pero tú lo amas!-
Hermione sonrió, de pronto, y miró a Draco a los ojos.- Con todo mi corazón.-
- Te voy a degollar. Cómo has podido lastimar a Hermione?!- la voz de Harry se hizo un siseo cuando encontró a Lawliet empacando sus libros, envolviéndose en una gran capa de lona blanca.- Qué creíste que hacías?-
- No me molestes, Harry.- dijo Lawliet con algo de la aspereza del día que se conocieron.- Tengo mucho que hacer, y esto pinta mal.-
- Como sea, si la vuelves a tocar, te parto el hocico.-
- Ya sé lo que quería saber. Y se supone que la búsqueda del conocimiento es una virtud.- dijo Lawliet mirándolo por sobre el hombro mientras pasaba una cuerda por una bolsa de tela y la convertía en una mochila con dos lazos.- No permitiré que sus planes te lastimen.-
- No digas que lo hiciste por mí, Lawliet, no quiero que…-
- Harry.- dijo Lawliet con voz tranquila, emprendiendo el descenso de la empinada escalera de la Torre, para sair afuera, en donde los demás se reunían a la caída de la noche.- Cállate.-
La noche era oscura, con una promesa de viento en el aire opaco. No había luna, y el estrecho parecía oscuro como boca de lobo mientras observaban en la empinada, afilada bajada de piedra, tomados de la mano para no caer en las súbitas ráfagas de viento salado, marino y cortante, el mar inmenso ante sus ojos como un manto de seda negra que se movía, sedoso y peligroso. Harry, que aún sentía el dolor en su mano, avanzó pegado a la espalda del grácil Gareth, Draco tras suyo con Hermione de la mano, Lawliet lejos de ellos, al final, con Richard. Harry hubiera querido decir algo, decir cualquier cosa que alivianara una sensación de funesta premonición que lo inundaba: pero allí esperaba el velero para llevarlos a Hogwarths.
Hogwarths… casa, pensó Harry. Hogwarths, y Helga, dorada y suave con los brazos abiertos para él. Si hubiera amado a una mujer en su vida, Harry la hubiera amado a ella.
Draco, como si oyera sus pensamientos, bufó, haciéndolo reír. Y en ese momento sintió a Gareth decir algo, a Hughes inspirar, y vio, cruzando el estrecho, la bandada de bancas naves normandas que los selkies habían pronosticado. No eran docenas ni centenas: eran cientos. Harry sintió que podía atravesar el estrecho caminando, de barco a barco, tantos eran, inmensos, con cabezas de dragón en las proas y alas en las bordas, orgullosos e imparables a la luz de las estrellas. Hermione alzó la mano cuando Salazar extendió los brazos, y una ola de meteoros de melf que llameaban y otra de flechas de plata que quemaban y venían de ninguna parte cayeron sobre las naves, incendiándolas: pero un viento extraño apagó las llamas, y vieron en cada bajel a una druida, su pecho desnudo al viento, que los miraban con desafío.
- Dios mío, no podemos dejarlos pasar…- susurró Hughes, y alzó los brazos, su magia dorada llenando la noche; pero alguien se les adelantó. Rowena trepó a lo alto del risco ágil como un ave, y entonces la oyeron cantar, una decisión terrible en sus ojos.
Harry supo que algo iba muy mal, y que había sido el último en darse cuenta. Rowena iba a…
Rowena cantó, su voz superando al viento y a la batalla, una canción muy distinta a la canción que usó para sacarlos de un era a otra: era una canción de violencia, de dominación, una orden que no admitía réplica, una llamarada azul que quemaba el cerebro y destruía la voluntad como papel en las olas. Rowena, en lo alto de la Torre, extendió los brazos, su capa flameando salvaje, y Harry se preguntó si estaba viendo bien o si necesitaba lentes porque la capa de seda azul de pronto era enorme, era inmensa, medía metros y metros, decenas de metros, y luego no era una capa, eran alas frágiles e inmensas que prendidas de la espalda de Rowena la hicieron elevarse como un águila azul por sobre el mar, por sobre los barcos, ingrávida y fuerte a la vez. Rowena giró en al aire, el cabello suelto azotándole la cara, y Harry oyó a Salazar gritar, suplicar, rogar: vio el espantoso horror mezclado con resignación en el rostro de Richard, el rostro de alguien demasiado inteligente para no sospechar.
Harry supo que algo andaba terriblemente mal, y entonces Rowena alzó los brazos, y el mundo pareció estallar en magia brutal cuando el agua del mar se deshizo en lluvia: una lluvia que voló hacia arriba, hacia el cielo, en lluvia torrencial que bañó a Rowena, convirtiendo todo el cielo sobre ellos en un gigantesco río azul perlado que cubría el cielo, dejándolos en un extraño mundo bajo el mar. Los barcos quedaron depositados en el fondo de los fiordos, en el lecho del canal, y los normando gritaron aterrados, los druidas intentaron sentir la tierra y tratar de salvarse: pero el lecho del mar es más mar que tierra, y no respondió.
- ROWENA!- gritó Salazar, por sobre el distante fragor de ese mar en el cielo. Rowena bajó la vista, y entonces, bajó los brazos.
Y el mar cayó como una lluvia feroz cayó sobre los barcos varados, sin darles una oportunidad, el agua inundando y matando a los normandos como hormigas en un barco de papel. El mar descendió, y el oleaje se alzó inmenso y letal, para luego calmarse, y lentamente,volverse azul y diáfano, miles de pedazos de madera y velas flotando, los que habían sido orgullosas y esbeltas naves hacía tan poco.
Sobre el mar, un pájaro azul vaciló, y empezó a caer como herido de muerte. Salazar volvió a gritar, y entonces Lawliet, sin un momento de vacilación, se elevó por el aire envuelto en un pedazo de velamen, y aferró en sus brazos a la mujer desfellecida, regresando casi en caída libre al arrecife, en donde se arrodilló y Salazar se dejó caer a su lado, sosteniendo a la mujer en sus brazos.
- Qué has hecho.- susurró, las lágrimas cegándolo.- Rowena, qué has hecho, amor mío!-
- Nos ha salvado.- dijo Harry, la voz muy baja. Richard, a su lado, se cubrió la cara con las manos, pero Lawliet le hizo sitio muy respetuosamente junto a su madre agónica. Rowena extendió una mano, y susurró una bendición en latín para Richard: y luego hundió los dedos en el cabello de Salazar, y lo atrajo para un último beso, para luego yacer, como dormida, como un pajarito caído, súbitamente pequeña y vulnerable, en los brazos de Slytherin, que la meció mientras lloraba a gritos.
Salazar?
Rowena.
Inglaterra azul y verde, azul puro sobre verde vivo, inmensa y libre, nuestra patria…
Con un águila muerta en los brazos la sierpe vuelve al nido
En silencio y en la noche que se llena de gemidos
El tiempo se detiene: el llanto se desborda
Pero ella consuela al traidor que solloza.
Y cuando amanece, Rowena descansa en piedra eterna
Mientras Salazar duerme al fin y sólo Helga recuerda.
Cuando amanece, Helga se viste de negro ahora y para siempre
Porque el hurón guarda luto por los que pierde.
Y convoca a los guerreros con una canción de muerte
No es venganza, ni ira: es sólo la ley del más fuerte.
Y se prepara la batalla y se planea el combate
Y se derraman los hechizos y se despiden los amantes
Porque la guerra se decide en un momento de gloria
De muerte, de leyenda, de magia, de victoria
Pero ella sabe que el amor no renace ni vuelve
Del oscuro valle en que Rowena duerme
Y que ella caminará mañana,
Una vez su magia como vela consumida
En un nuevo amanecer de magia y de vida
Que libere las tierras que ellos amaban.
