Se escondió entre las ramas lo mejor que pudo cuando de pronto, aparecieron los hombres más extraños que ella jamás había visto. Su piel clara brillaba con el sol, traían extrañas armaduras y extrañas varas en sus manos. -Separémonos, debemos encontrar el oro-ordenó el capitán y el grupo de hombres se separó en pequeños tríos, sólo uno quedó debajo del árbol. Su cabello rubio brilló por los rayos de sol que lo bañaban, Mar sintió algo muy raro, era una sensación nueva que parecía ser inspirada por ese hombre. Arthur tuvo una sensación conocida pero imposible. ¿Cómo era posible que sintiera que estaba en compañía de alguien como él? No, eso no era posible. Negó con la cabeza y comenzó a caminar hacia el oeste en busca de oro cuando de pronto escuchó un sonido, al voltear, pudo ver a lo lejos una sombra que bajaba de un árbol y corría en dirección contraria, hacia las montañas -¡Hey! ¡Stop! –gritó y comenzó la persecución. El pasto se movía debajo de sus pies descalzos mientras su respiración se volvía rápida y entrecortada, no podía creer que ese hombre extraño la había escuchado, ahora no le quedaba más remedio que correr hasta llegar a la tribu de los Anasazi. Sus piernas empezaron a arder, no corría así desde que tuvo que perseguir al wine bastard por 5 ciudades, sin embargo no se detuvo, la adrenalina era demasiada, así que tomando vuelo, saltó y se abalanzó sobre la mujer acorralándola contra el suelo. Mar cayó al suelo, raspando sus rodillas y sus manos para evitar golpearse la cara mientras el inglés la inmovilizaba contra el suelo. -Who are you?!-exclamó Arthur pegando sus muñecas contra el suelo mientras rodeaba su cadera con sus rodillas. America Nativa sollozaba con los ojos cerrados y la cara contra el pasto. El inglés empezaba a desesperarse, debía saber quién era ella, debía saber por qué sentía que ella era como él, así que jalándola con fuerza de la muñeca izquierda, la hizo rodar en el suelo para que se encontraran cara a cara. Y entonces… pasó. Un destello azul se fundió con el destello verde de los ojos del británico. Dos miradas se encontraron y el tiempo se detuvo. El inglés estaba totalmente atónito, ese azul tan intenso… era cómo si el océano hubiese sido encerrado en esos ojos perfectos. Su respiración se aceleró al igual que las pulsaciones de su corazón. No era la primera vez que veía a alguien con los ojos azules, después de todo, también había personas de ojos azules en donde vivía, pero nunca había visto unos ojos tan parecidos al agua de los mares que tanto le gustaba contemplar. Ambos se miraron sin hablar hasta que la chica cerró los ojos y trató de escapar. -Wait… -pidió el inglés soltando sus muñecas- Open your eyes… Él quería ver sus ojos de nuevo, pero la chica murmuró cosas sin sentido mientras luchaba por liberarse del hombre que estaba sentado sobre su abdomen. Claro, ella no podía entenderlo. Mar no entendía una palabra de lo que decía el extraño, ella no quería morir pero al parecer no tenía salvación. Su vida paso frente a sus ojos cuando de pronto, dejó de sentir el peso del desconocido en su vientre y sus muñecas fueron liberadas. La chica abrió los ojos y se sentó mirando confundida al rubio. Arthur se sentó frente a ella mirando sus increíbles ojos azules tratando de pensar cómo arreglar la situación. La chica miraba al rubio, era tan raro, su piel blanca, sus dorados cabellos y sus ojos verdes como el jade… ¿Por qué se sentía tan rara al lado de él? De pronto un estruendo hizo que ambos se levantaran asustados.
