onfession and Oaths por The Fox Lady

Confession and Oaths por The Fox Lady

Notas del autor:

Se viene el Warning NC-17 por horror y gore... mis disculpas... yo sabia que me iban a matar... tenganme fe, por favor ;)

Capitulo Ocho

Capitulo Ocho

Confessions and Oaths

- No te dejaré hacerlo.-

- Córrete, Potter.-

- No me importa quedarme aquí toda la vida! No te dejaré arriesgarte!-

- Harry…- Hermione lo miró por sobre el hombro mientras ella y Lawliet trazaban las runas.- Haré lo mejor que pueda, pero es su decisión. No puedo garantizar nada.-

- Ves? Ella tiene razón! Te vas a convertir el cerebro en puré!-

- No importa. No quiero que me ames sólo por mi cerebro.- dijo Draco con un floreo mientras se quitaba la camisa y se ponía una delgada túnica de gasa blanca, traslúcida, ya dibujada con las marcas que debía tatuar en su piel.- Hermy, me vas a tatuar más debajo de la cintura? Si me quedo sin pantalones voy a parecer una Pussycat Doll.-

- Puedes quedarte así.- dijo Hermione con una sonrisa.- Aunque pareces una pantalla de lámpara…-

Lawliet rió para sí, trazando una runa con una floritura, y los demás le echaron una mirada envenenada. Se habían reunido en la misma sala que Rowena utilizara, en la base de la Torre de Astronomía, para trazar nuevas runas en el pentagrama, según los diseños de Hermione. Había algo extraño, unido, en la forma en que como uno solo trabajaban, trazando los complicados dibujos, preparando largas velas violáceas, las más poderosas: Hermione se había puesto un manto de Salazar que le quedaba grande, pero cuyos dibujos espiralados aumentarían su magia, aunque tenía que subírselo a cada rato porque con su corte bajo exhibía más escote que ninguna estrella de cine: y Draco se había bañado ritualmente, untado de aceite virgen el pecho y el cuello, puesto las muñequeras de plata reglamentarias y ajustado la túnica de gasa, todo esto mientras Harry gritaba, suplicaba, amenazaba y rogaba detrás suyo, a lo que respondía como si Harry estuviera cantándole algo de Britney Spears.

- Pueden acabar muertos los tres!-

- Los dos: los libros no mueren. Créeme, si se pudiera acabar con el Mío Cid, alguien ya lo habría hecho.-

- DRACO!-

- Lalalalalala, no escucho.-

- Hermione…- Harry se volvió en una súplica, pero Hermione encogió los hombros levantándose el pelo en un improptu moño. Luego bajó los brazos, y se le cayó la túnica.

Era una gran cosa que Harry amara tanto a Draco que no se le olvidara lo que estaba hablando aún en esas circunstancias, mientras Hermione se arreglaba la túnica con una mano, sujetaba la varita con la otra y buscaba una tercera mano vagamente para taparse mientras.- Hermione, no puedes seguir adelante con esto, maldita sea, se van a matar, y no lo permitiré!.-

- Si sigues gritando, te mando afuera.- dijo Hermione con sequedad.- Si no quieres ayudar, puedes esperar en el pasillo!-

- No seas estúpida! Los pararé aunque…- Harry se cortó en su irritada furia cuando Draco se giró, lo tomó de las muñecas y lo besó apasionadamente, su lengua penetrando su boca con decisión para enredarse en la suya en un gesto posesivo, tan desafiante como un duelo, tan brutal como un ataque. Harry tropezó, trastabilló cuando Draco lo empujó tomándolo de la cintura, su lengua dominada por el asalto de otra que la aplastaba contra su paladar en una dura y violadora exploración de la carne sedosa bajo la suya, de una succión que le hizo doler el labio inferior mientras una mano fuerte oprimía con fuerza castigadora su pezón entre dos dedos…

… y Harry se dio contra la puerta cuando Draco lo empujó fuera de la sala, lo soltó, y cerró la puerta.

- MALFOOOOOY! TE VOY A MATAAAAAR!-

- Que se supone que están haciendo qué?- Gareth, que podía controlarse aún con Hughes tocándole el cuello como si fuera un pastel de mazapán y él estuviera a dieta, escuchó la perorata de un Harry furioso y sudoroso cuando el viajero del tiempo entró en su habitación a patadas, interrumpiéndolos en la mitad de lo usual y tan enojado que no sólo no se disculpó sino que no le importó al trasero de quién le hablaba. Media hora luego, con los pantalones correctamente puestos y la ropa decentemente abrochada, (y Hughes suspiraba cada diez minutos), pero lo escucharon, y cuando acabó su historia, Gareth tenía las finas cejas fruncidas y el mentón en las manos unidas apretadamente.

- Es muy riesgoso. Mi padre tiene a Anteus desde antes que yo naciera: se ha tomado años en meterle toda esa magia. Lo más probable es que…- la voz de Gareth bajó.- Eso si consideramos que tu amiga, por muy lista que sea, es capaz de lanzar los hechizos necesarios. Si falla, lo mejor sería que no les pasara nada, porque si se les suelta la magia de Anteus, digamos…-

-… digamos que le dejaría el trabajo hecho a los normandos, porque Hogwarths acabará siendo el " lago Hogwarths" cuando se llene el cráter.- dijo Hughes apoyado en los codos, balaceando un pie negligentemente.

- Podríamos poner a Anteus en medio del ejército normando, y correr realmente rápido.-

- Harry…-

- Sí, ya sé, eso es inventar el terrorismo diez siglos antes.- Harry suspiró.- Además que me imagino que semejante explosión de magia hará que todo lo que queden sean bacterias con cuatro ojos y diez corridas de colmillos por la radiación.-

- Ah?-

- Nada.

- Hablaré con ellos, si puedo.- dijo Gareth levantándose.

- Voy contigo. Esa niña y el niño de pelito oscuro tienen un buen pencazo de magia. Si deciden hacer algo, lo más probable es que te barran.- dijo Hughes sin mucha compasión a su novio.

- Gracias, Hughes, por la confianza.-

- Es que tu única forma de pararlos sería usar tu espada, y no me gusta cuando le pegan a las mujeres. Aunque se lo busquen.- Hughes se metió por la cabeza una sobretúnica preciosa, color crema con bordados de oro viejo. – Y si no podemos pararlos, pues nos uniremos a ellos. Yo debería poder contener la explosión, por lo menos…-

- Gareth?- la voz de Helga los sobresaltó a los tres: la suponían acostada y llena de adormidera hacía mucho. La hermosa mujer tenía los ojos hinchados, pero el rostro sereno, y parecía tranquila aún con el mismo vestido arrugado que llevara al funeral y el cabello suelto.

- Sí, mamá?- Gareth se apresuró a ir a su lado y tomarle la mano. Helga le llegaba al hombro, pero algo en la amplitud de sus faldas y su espeso cabello la hacía verse grande, un poco majestuosa. Helga lo miró a los ojos con algo como miedo en ellos.

- Donde está tu padre?-

Harry le echó una mirada a Hughes. El impresentable no le dijo nada?

Gareth, que se ponía rojo por nada, parecía un adorno de navidad.- Él… fue a reunirse con las druidas celtas para planear los movimientos… para mañana…-

- Va a pasar la noche allá, supongo.- dijo Hughes con sequedad. Helga no acusó el golpe: sólo los miró pacientemente, y Harry sintió un deseo insoportable de ir y abrazarla.

- Entonces nosotros deberíamos planear nuestros propios movimientos.- dijo ella con suavidad.- Nos reunimos en la sala de Hufflepuff.-

- Pero…- la voz de Harry se cortó al ver la mirada quieta y sin brillo de Helga. Ella no necesitaba más problemas, no ahora.

- Hermione está tratando de vaciar a Anteus en Draco.- dijo Gareth sin respirar. Helga los miró, y Harry hubiera jurado que había un brillo metálico en su mirada.

- Pues tendremos que desearle la mejor de las suertes, no?-

- Pero… Helga…-

- Vengan conmigo. No hay tiempo que perder.-

- Si alguna vez intentas postularte para Primer Ministro, Draco, tienes mi voto. Me gusta como convences a la gente.- dijo Hermione, poniéndose en el centro del círculo, los brazos alzados para que no se le cayera la túnica, la varita en la izquierda, un mechón de pelo de Anteus en la otra, que se había desnudado y con sólo una pieza de tela bordada atada a las caderas aguardaba pacientemente, su rostro sereno. Draco sonrió, aunque su cara traicionaba su decisión de hacer lo que se proponía o morir intentándolo.

- Me pregunto qué tienes que ver tú en todo esto. No es un poco raro que aceptes participar en esto, aunque haya una posibilidad de que acabes browster?- dijo Lawliet, corrigiendo una runa a los pies de Anteus, sin mirarlo. Anteus lo miró con sus ojos claros muy abiertos.

- Salazar me ligó a Hermione, y tengo que obedecerla.-

- Te ligó para que se acostumbrara a la magia, pero no seas cínico, seguro que una orden de él te domina más.-

- Él no me ha ordenado nada, excepto no morir aún.-

Lawliet sonrió de un modo distinto. Draco, que lo miraba, se sobresaltó: a diferencia de Harry, seguía pensando en Lawliet como el hijo ilegítimo de una enciclopedia de magia con un oso panda de peluche sin neuronas. No había conocido esa extraña ferocidad en sus ojos, esa aura de amenaza quieta y silenciosa como una ola gigante en la distancia: no se escucha el fragor, hasta se ve bonita de lejos, pero sabes que cuando llegue, arrasará con todo. Y viene, viene.

- Y queremos que sigas siendo un librito obediente, no?-

- No sé que pretendes, Lawliet Lloyd.- dijo Anteus con frialdad.- No quiero hacerle daño a Draco, tampoco.-

- Corta ya. Tú no tienes ningún sentimiento por Draco. Eres un libro con una agenda maligna, eres peor que Tierna es La Noche de Scott Fitzgerald: un libro malo, malo, muy malo. Uy qué malo. Asì que cuando esto acabe, me aseguraré que acabes en una biblioteca pública en un pueblo analfabeto, con forro de plástico y tarjeta en el traste.-

- Eso si no me evaporo cuando Hermione me vacíe. Podría perfectamente acabar convertido en polvo.- dijo Anteus con suavidad, cerrándose un grillete en la muñeca. Le lanzó el otro a Draco, que lo miró con cierta frialdad: pero Draco se lo puso sin hacerle caso.- Veo que ya no te importo, Draco.- agregó con más suavidad.

- Ni un pepino. El constante baboseamiento mata el amor, Hermione tenía razón, era cosa de acostumbrarme. Por eso todos los romances que involucran pociones amorosas o hechizos acaban como las pelotas.- Draco se ordenó el pelo: era un Malfoy, si moría moriría bien peinado, al menos.

- No temes que el constante baboseamiento con Harry arruine su romance?- dijo Lawliet.

- No. Compartimos chupete, estoy acostumbrado a su baba.- dijo Draco poco románticamente, con una sonrisa.- Y no creas que no me doy cuenta cómo miras a Harry, Lloyd!-

Lawliet sonrió.- Ni se me ha pasado por la cabeza.- agregó con un brillo perverso en los ojos.- Oye, Hermy… porqué mandaste a Harry afuera? Lo estabas irritando a propósito, yo te vi…-

- Porque es un hechizo sexual.- dijo Hermione con voz tranquila.- Y seguramente a Harry no le gustaría verlo.-

Lawliet levantó las cejas. Anteus pareció extrañamente avergonzado. Pero Draco, que no se hubiera azorado ni aunque se le hubieran caído los pantalones en una audiencia real, se limitó a colocarse en la mitad del pentagrama, flexionar los brazos por detrás de la cabeza, y bostezar.

- Estoy listo. Tú dale no más, mudblood.-

Lawliet se enderezó, una larga daga en su mano. Tenía un halcón y un águila entrelazadas, y una banda hermosísima de bronce trabajado como una cinta que protegía la mano. Era fina, no más pesada que un cuchillo de caza, y más delicada que la daga de Slytherin: pero Draco agradeció la finura de la hoja, cuando Lawliet se le cortó la piel en la espalda y Hermione empezó a cantar suavemente.

- Harry, estás distraído.-

- Me preocupa Draco.- dijo Harry en voz baja. Helga, aparentemente serena, había desplegado los grandes mapas en la sala de Rowena, y un Richard que no lo miraba a los ojos, un Gareth serio y un Hugh que era el único tranquilo atendían a la voz de la fundadora. Helga, a pesar de las opiniones tradicionales de Gareth, decidió que atacarían, no se prepararían para un asedio. Un asedio habría sido fácil de sostener casi indefinidamente, pero a Helga le preocupaba Inglaterra, no sólo Hogwarths y su vida, y tras el monstruoso picotazo que el águila de Ravenclaw le había dado a los normandos, nunca tendrían una oportunidad mejor de derrotar los inmensos ejércitos del norte. Gareth y Hughes se miraron a los ojos, y Richard, que sostenía un diseño de los páramos de Lettin, pensaba lo mismo: Helga iba a buscar la muerte, y ellos irían con ella a una última batalla, a matar o a morir. Pero ninguno se atrevió a decir nada: cuando la dulce mujer de piel como duraznos frescos y ojos enrojecidos habló de sangre, de muerte, de campos de guerra y de destrucción, ellos callaron, porque quien hablaba era la que había sido su madre, y Helga sólo odiaba cuando no quedaba absolutamente nada que amar.

- Aún nos doblan en número.- dijo Gareth, al fin suavemente.- Y tienen a esas druidas que pueden anular nuestra magia. Si vamos con todo el ejército y perdemos, será definitivo.-

- Quiero que sea definitivo. Nuestra victoria definitiva.- dijo Helga con calor, pero entonces Richard extendió su delgada mano sobre el mapa.

- El páramo de Lettin nos dará ventaja, porque es un buen campo de batalla, con rocas y árboles para protegernos. Pero aún así, será la última batalla.- agregó con voz suave.- No sé si mi madre lo hubiera aprobado.-

- Seguro que no, pero después de lo que hizo, no puede decirme nada.- dijo Helga con una sonrisa nueva y amarga. Se volvió a Hughes, su cuello muy fino ahora que se había levantado el cabello.- Tú también tienes reservas, Hughes? Y tú, Harry?-

Hughes se encogió de hombros con un rostro serio poco característico en él.- Como tú prefieras, mami. Pero creo que es una apuesta demasiado alta, porque si perdemos mañana, Inglaterra está condenada, y yo…- Hughes suspiró y miró a Gareth.-… pues no me apetece morir en este minuto. No cuando mi amor nace, mami.-

Helga lo miró enternecida, y le acarició los rizos, antes de volverse a Harry.- Me imagino que tú querrás volver con los tuyos mañana al amanecer, si el conjuro de Hermione Granger sale bien. Le pediré a Salazar que los ayude, y Richard…-

- Tengo un giratiempo. No es exacto, pero es mejor que el conjuro.- dijo Richard en un susurro, mirando a Harry con ojos doloridos. Pero Harry se cruzó de brazos, y se volvió a Helga con los ojos brillantes.

- No me voy. Dije que me quedaría contigo, y no te voy a abandonar ahora. Por quién me tomas?-

- Harry…-

- Vamos a patear esos normandos. Tú déjanos a nosotros nomás.- Harry sonrió, y Helga pareció suavizarse, recuperar su brillo, sus ojos fijos en los rebeldes ojos verdes. Se inclinó, y le besó la frente: y cuando se enderezó, Gareth y Hughes, como si esas simples palabras les hubieran devuelto un poco de fe.

- Gracias, Harry.- dijo Helga suavemente.

- Pero tú no tienes que pelear.- dijo Richard ansiosamente, atropellándose.- Tú no tienes nada que ver, y quizá si actúas eso rebote en la constante espacial del tiempo, y no debes… no debes ponerte en peligro, yo los haré volver mañana mismo!- exclamó, rodeando la mesa para colocarse frente a Harry.

- Entonces Lawliet tenía razón.- dijo Harry serenamente.- Desde cuánto tenías cómo enviarme de regreso al futuro, y no quisiste hacerlo, Richard?-

Richard enmudeció. Helga se llevó una mano a los labios. Pero Harry dio otro paso, y aferró a Richard de las muñecas.- Porqué, Richard? Rowena te dijo que yo iba a morir… y aún así, preferiste dejarme aquí? –

- Yo...-

- Richard, respóndeme, porqué?-

- Suéltame!- Richard tiró de sus brazos, intentando liberarse, pero no pudo: Harry era más fuerte que él, y estaba enojado.

- Quieres decir que todas esas noches leyendo juntos tú sabías que podías enviarme a casa y… Richard!-

Richard luchó, débilmente, pero Harry los giró a ambos con un esfuerzo de sus brazos fuertes y lo empujó contra los mapas, en donde su cabello se desparramó cubriéndolo.

- Harry…-

- Basta.- Helga se metió entre ambos, y detuvo al irritado Harry con una mano en su pecho: el rostro de Harry se suavizó de inmediato.- No debe haber odio cuando hay errores por amor, Harry.-

- Amor…?- susurró Harry, sus ojos mirando a Richard por sobre su hombro.- Odio? Cómo se te ocurre que voy a odiarlo… solo… solo…-

- Tienes miedo?- dijo Gareth suavemente.

- No. Pero temo por los que amo.- dijo Harry despacio, y se le llenaron los ojos de lágrimas al mirar a la hermosa y frágil Helga, allí triste, junto a mapas de guerra. Helga lo abrazó, y Harry bajó la cabeza sobre sus senos, respirando hondo el aroma de miel y vainilla de la fundadora: pero entonces Richard huyó una vez más como un pájaro asustado, desasiéndose de Hughes y Gareth, y los dejó solos.

- Quédate con nosotros.- susurró Gareth inesperadamente, abrazándolo por detrás, su rostro en el cabello salvaje de Harry, que había sido su primer amante. Y Harry, el rostro hundido en la piel suave de Helga sonrió, y asintió.

- Lucharás de mi lado?- susurró Helga a su vez.

Harry volvió a asentir.

- Entonces tengo algo que te pertenece.- dijo la fundadora, desasiéndose despacio, dejándolo en los brazos de Gareth. Fue hasta un armario, lo abrió, y descolgó algo de un gancho. Harry se quedó sin aliento al ver que se trataba de una magnífica espada que sí, había visto alguna vez en dibujos, y también en tapices, y en pinturas. Era imposible confundirla: con la guarda en forma de cruz con gemas rojas en los extremos, un trabajo de oro en el centro y la hoja larga, pesada y recta, la espada de Godric Gryffindor relumbró a la luz, el metal puro y limpio como recién forjado, la gema en el centro de la empuñaduta, un topacio dorado, destellando un momento cuando Helga la alzó con ambas mano y le tendió el pomo. Harry se quedó boquiabierto, sintiendo que se le nublaban los ojos, borrando el intrincado diseño de elegantes rombos de oro sobre esmalte rojo que decoraban el puño.

- No… yo no puedo…- susurró sin voz.

- Tómala. Godric hubiera estado orgulloso de llamarte su hijo, Harry.- dijo Helga con dulzura.- Y no me hubiera perdonado que su espada se quedara inmóvil mientras luchamos la última batalla de Hogwarths.-

- Pero… Gabrielle…-

- Ella está lejos. Tú estás aquí. Y ella tiene la suya propia, así como sus propias batallas. Pero tú eres valiente y honesto, Harry, y si vas a luchar con nosotros, mereces que todo el mundo sepa eso.- dijo Gareth, oprimiéndole el hombro. Harry se sonrojó y se apoyó en él, que lo abrazó, antes de tomar la espada. Era pesada, pero también fuerte y fácil de empuñar: y cuando Harry hizo una finta, el acero pareció vibrar, y Harry supo que todas las espadas que había empuñado antes no eran sino juguetes comparada con esta. Era un arma, un arma para matar: pero de alguna forma no era sombría, ni peligrosa: parecía hacer que verter sangre fuera tan natural como las margaritas en los campos. Y se sentía como una extensión de su mano.

- Tiene un núcleo mágico.- dijo Hughes enseñándole cómo el topacio amarillo parecía lleno de luz.- Es un rayo de sol. Puedes hacer magia con ella como su fuera una varita, aún mientras combates.-

- Cómo… cómo se llama?- preguntó Harry, parpadeando. Helga, que parecía tan llena de luz como el topacio, se apoyó en su hombro y le enseñó, escrito en un borde de la hoja:

Asahnne

- Era el nombre que Guinevere quería ponerle a la hija que no tuvo, una princesa del país del verano. Arthur le dijo una vez a Godric que la habría casado con él.- dijo Helga dulcemente. Harry asintió, aunque lo recordaba del diario de Godric. – Ahora es tuya.-

- Helga…- dijo Harry, sintiendo que lo invadía una voluntad, una fe que no conocía. Gareth asintió y le besó la frente.

- Está amaneciendo. Vamos a ver a tus amigos.-

- Déjenme un momento con Harry, Hughes.- dijo Helga dulcemente. Y cuando los dos hijos de Hogwarths salieron, Harry se volvió a Helga, que le tomó la cara en las manos y lo miró a los ojos.

- Si tienes miedo…-

- No tengo miedo.-

- Aún puedes irte.-

- No. No podría vivir sabiendo…-

- Te libero de tu promesa, Harry.-

- No.-

- Es muy probable que vayamos a morir, pero quiero que pidas a Richard el giratiempo, y si algo malo sucede, tomes a los tuyos y los saques de aquí. Porque en el mejor de los casos ganaremos, y en el peor perderemos, pero no me hago ilusión sobre si moriremos, aún con Salazar y las druidas de nuestro lado.-

- Ven conmigo. No quiero que mueras. No lo soporto.- dijo Harry, sus ojos súbitamente intensos.- Helga, por favor…-

- No.- fue un suspiro. Harry la abrazó contra sí, y se dejó llevar por lo que el respeto siempre le había prohibido. Pero Helga era tan pequeña y tan frágil en sus brazos, y le besó los párpados, las mejillas, los labios, como a algo que sabes que no es más que un sueño y se desvanecerá a la luz.

- Harry…no…-

- Godric te amaba tanto. Dijo que era el sol de verano cuando duermes la siesta en el campo, y es verdad.- susurró Harry.- No puedo dejarte morir! Él no lo permitiría!-

Helga inhaló su pecho, respirando hondo, y cuando levantó ojos relucientes como piedras de río, oscuros y brillantes, Harry se quedó sin aliento.

- No moriré. No si te vas y me recuerdas.- dijo dulcemente. Harry sintió que se le quebraba la voz, y tomándole la cara, la besó. Sus labios eran llenos y tibios y húmedos y sabían a un día de verano: y cuando la soltó al fin, Helga suspiró, y fue como una noche entera de sueño en almohadones cálidos, en los brazos de quien amabas.

- Gracias por…- sus susurro lo dijo: le había devuelto a Godric por un segundo. Y cuando lo soltó era una reina otra vez, que era valiente y hermosa y tan viva. – Ve, Harry, tus amigos te esperan. Vamos a luchar, en cuanto el sol dé el mediodía. Hasta entonces, descansa, mi amor.-

Harry la dejó con el corazón apretado, sintiendo que su cuerpo latía. Pero con la espada en la mano, supo que no podía irse: estaba atado por promesas y amores tan poderosos como las cadenas de la magia que ataban a Draco.

Y sin embargo, ya no tenía miedo, ni dudas. Sólo sentía fe, y valor, y amor, tanto amor.