Cuando la bóveda celeste cambió de azul oscuro a azul cielo, comenzaron los preparativos.
Desde muy temprano los guerreros de la tribu Anasazi se habían preparado para atacar el barco inglés, sin embargo no habían contemplado que cierta chica enamorada iba a arruinar su plan.
Ella se había despertado por el ruido que hacían los guerreros mientras se preparaban.
-¿Qué sucede gran jefe?-le preguntó la chica somnolienta
-Atacaremos a los extraños, los eliminaremos-dijo tranquilamente- ¡No quedará ninguno vivo!-los guerreros celebraron esas palabras levantando sus armas.
"No quedará ninguno vivo"
Esas palabras llenaron de miedo a Mar, ella no quería que le pasara nada al chico con ojos de jade…
Mientras los guardias seguían preparándose, ella salió de la tribu corriendo lo más rápido que podía hacía la montaña flotante.
El barco estaba en calma, era obvio que los ingleses no tenían ni idea de lo que iba a pasarles. Mar se acercó temerosa al barco pero tomando valor, comenzó a escalar la cuerda que se encontraba atada al ancla.
Una vez que estuvo en la cubierta, abrió la puerta hacia los camarotes y comenzó a asomarse en cada una de las ventanas que se encontraban en las puertas de los camarotes, buscando a su amado.
-Oh… ¿dónde estás?-se preguntó molesta y asustada al no encontrarlo
Estaba a punto de darse por vencida hasta que un rayo de luna se coló por una de las ventanas superiores iluminando una de las puertas del fondo. America Nativa lo tomó como una señal así que corrió a esa puerta y se asomó por la ventana para descubrir a Inglaterra profundamente dormido.
El corazón de la americana comenzó a latir con fuerza al verlo. Abrió la puerta procurando hacer el menor ruido posible y entró a la habitación.
No pudo evitar sonreír al verlo de cerca, su cabello rubio suavemente iluminado por la luna y su rostro mostraba una tranquilidad que le daba paz. Miró sus curiosas cejas, quería tocarlas pero temía que él se fuera a molestar.
Estuvo meditando un par de segundos hasta que alargó la mano y acarició tímidamente una de sus cejas. El inglés dio un respingo sin despertarse y una sonrisa se formó en sus labios demostrando que le gustaba. Fue entonces cuando ella miró sus labios que ahora sonreían y un deseo por besarlo creció en su interior.
Arthur, ajeno a lo que sentía la chica, dormía plácidamente sin tener la más remota idea de lo que iba a suceder a continuación.
America Nativa respiró profundamente, debía apurarse, estaba a punto de amanecer, debía ser ahora o nunca…
Se inclinó hacia el inglés y respiró el suave aroma que emanaba de él, era un aroma que la volvía loca, era tan diferente a los que había percibido antes. Su corazón latía con violencia mientras la distancia entre ambos labios se reducía.
Entre más se acercaba, ambos alientos se mezclaban, embriagándola aun más, estaba enamorada, perdida y totalmente enamorada. Cerró los ojos esperando el contacto de esos labios que de pronto se habían convertido en su obsesión.
El primer contacto fue tímido mientras los labios de ella se acoplaban al de su amado durmiente, una vez que ella pasó el primer susto y al ver que él no despertaba, se acercó más y comenzó a besarlo tiernamente.
El inglés despertó por la repentina falta de oxígeno, al abrir sus ojos, lo primero que vio fue una castaña cabellera sujeta por una mano morena, después logró distinguir el rostro moreno de la chica.
Shockeado por un momento en lo que su cerebro trataba de despertar y entender lo que pasaba, America Nativa rodeó su cuello tímidamente esperando que él no la rechazara.
Una vez que el inglés entendió lo que había pasado, se apresuró a responder el beso, incorporándose lentamente. La tomó por la cintura sentándola en su regazo sin dejar de besarla.
Mar estaba tan feliz que sentía que había llegado al paraíso, al ver que su amado no la había rechazado, lo abrazó sumamente contenta.
Arthur no podía creer lo que había pasado, estaba besando a la chica con los ojos color océano. Temía que eso fuera un sueño y que pronto despertaría, pero sí era un sueño, mínimo le sacaría provecho.
Deslizó una mano a la nuca de la chica para profundizar el beso, ella tuvo miedo al principio pero le encantaba como la besaba así que rápidamente aprendió el ritmo y le devolvió el beso de la misma manera.
El inglés estaba encantado, la chica aprendía rápido. El corazón de ambos latía al mismo ritmo, ambos se habían acoplado muy bien, parecían hechos el uno para el otro. Un ligero rubor apareció en las mejillas de America Nativa cuando Inglaterra comenzó a besar su cuello.
Ella comenzó a jadear, no recordaba que era lo que la había llevado hasta ahí, no recordaba ni su nombre. Al escucharla jadear, el rubio no pudo aguantar y se movió acostándola sobre su cama y colocándose sobre ella. Ambos se miraban embelesados, el verde y el azul se combinaban de manera perfecta.
Ambos sonrieron a la par dispuestos a llegar a más cuando de pronto, una roca atravesó la ventana del camarote y ambos se quedaron estáticos… un ataque…
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