Dark Dawn por The Fox Lady

Dark Dawn por The Fox Lady

Notas del autor:

Continua el Warning por Gore... ya vamos.

Draco esperaba, los brazos abiertos, la sangre goteando lentamente de las mangas de gase de la túnica ahora roja

Capitulo Nueve

The Dark Dawn.

WARNING: NC-17, por violencia y gore. La cosa se pone muy espesa de aquí adelante. Me temo que el horror que impregna la historia de Hogwarths puede desconcertarlos,pero hay luz al final del túnel, lo prometo.

- Joder.- Draco apretaba las manos, las uñas hundidas en la carne. Lawliet había trazado cada uno de los dibujos en la túnica de gasa con el cuchillo en su piel, y aunque al comienzo había escocido, ahora su cuerpo entero parecía arder, mientras la sangre teñía la túnica de rojo. Eran cortes poco profundos, pero dolían una enormidad en su piel ya sensible, aunque la daga de Ravenclaw fuera tan fina.- No puedes apurarte?-

- Cállate si no quieres que te haga una carita smile.-

- Vete a la mierda, Lloyd.- Draco bajó la vista y se forzó a no contraer el estómago, que palpitaba mientras Lawliet, de rodillas ante él, trazaba con la daga las figuras en su vientre, líneas y estrellas y puntos y rosas y runas. Estaba allí quieto, su cabello negro plumoso casi contra su vientre, su brazo rodeándole el muslo para mantenerlo quieto, y Draco sintió una palpitación curiosa al darse cuenta exactamente qué parecían, con Lawliet de rodillas a sus pies, el rostro pegado a su ombligo mientras estudiaba los diseños.

- No tienes muchos músculos, tensa lo que puedas, la piel se me mueve…- dijo Lawliet arruinando el efecto. Draco se erizó como un gato ofendido.

- Soy delgado! No pretendo ser una masa de músculos, qué pretendes decirme que tengo panza?-

- Bueno, no tienes los músculos de Harry…- Lawliet se frotó el mentón con la manga, lo que hacía un efecto desagradable porque tenía la mano y el puño rojos de sangre.

- Y cuándo tuviste tiempo para estudiarle los músculos a Harry, se puede saber?-

- Estuviste fuera todo el invierno… así que…-

- Lawliet!- exclamó Hermione molesta desde donde preparaba su hechizo.- No lo molestes más!-

Lawliet volvió a su tarea con una sonrisa que le hacía a Draco querer sacarle los ojos con un sacacorchos. Era tan… insoportable. Cuando al fin le talló una gran medialuna en la espalda, Draco no puedo evitar un gemido, y sintió su mano sosteniéndolo, aún mientras la otra terminaba el arco con el cuchillo de la casa del conocimiento.

- Perdona.- susurró Lawliet. Draco simplemente asintió. Pero cuando levantó la vista y vio a Hermione lista, con Anteus desnudo a su lado, sintió una oleada d emiedo, la primera.

El recuerdo… Anteus en su cuerpo, no como Andy, sino como algo inhumano que … penetraba…

No se dijo con firmeza. Lo hago por Harry, para que salgamos de aquí… puedo. Tengo que poder. Yo sé que puedo…

Draco esperaba, los brazos abiertos, la sangre goteando lentamente de las mangas de gase de la túnica ahora roja. Estaba de pie en el centro del pentagrama, el cuerpo paliptando por las heridas que Lawliet había trazado con destreza como dibujos en su cuerpo, y de espaldas a él, Anteus, más bajo y aún más delgado, aguardaba con el pecho desnudo, una tela de lana negra atada a la cintura, el pelo rizado y esponjoso suelto.

- No tengas miedo.- le susurró a Draco.- No dejaré que nada te suceda.-

Las voces parecían resonar con eco en la gran cámara de piedra oscura. Debía tener luz por unas altas troneras en una pared cuando atardecía: pero ahora, en plena noche, sólo algunos candelabros y cirios bajos relucían en el piso brillante y lleno de runas, algunas engravadas en la piedra, otras trazadas con cera y tiza por ellos. Draco miró por sobre el sobre el hombro a Hermione, que caminaba por el borde del cpirculo revisando las runas, arrastrando el manto de invocador de Salazar, violeta y verde, su rostro concentrado y serio, y a Lawliet, tendido de costado en una mesa rinconera, el mentón en la mano, que los miraba con la daga de Ravenclaw en la mano aún, manchada con la sangre de Draco.

- Como si fuera a confiar en tu palabra, Andy.-dijo Draco con burla.

- Nunca he querido hacerte daño.-

- Cállate de una vez.-

Anteus obedeció, aunque Draco notó que las manos que alzó a una palabra de Hermione temblaban un poco, y cuando se tomaron de las manos, espalda a espalda, por encima de la cabeza, Draco sintió que ses temblor se traspasaba a las suyas, la túnica tibia de sangre aplastada entre ambos.

Porqué tiemblas? Acaso temblaste para violarme y meterme tu amgia dentro, atrapándome en esta época? Acaso tiemblas cuando Salazar te ordena algo? Mentiroso… libro mentiroso…

Hermione se aclaró la voz, y extendió las manos hacia arriba, respirando hondo. Cuando empezó a cantar, Draco supo que debía de haberla ensayado mil veces en su cabeza, porque la pronunciación del latín era perfecta, y la voz resonaba, más mágica que musical. Las acústicas de la sala hicieron resonar las palabras, agudas y temibles, y Draco sintió un mareo, pero no se movió. Cerro los ojos para controlarse, y entonces lo inundó una visión.

Campos azules. Campos de flores azules. El cielo celeste y oro, la brisa moviendo las flores azules brillantes como gotas de agua. Un aroma ácido y suave.

Qué era eso?

Y entonces metal y dolor. Draco se tensó, y cuando sintió una sensación hirviente, gimió, y al mismo tiempo sintió un temblor de risa cuando se dio cuenta que lo que había visto era una campo de flores de lino, y luego cómo cortaban y hervían las fibras. Estaba compartiendo las memorias de un libro, de cómo se hacía el papel.

Pero entonces lo inundó una visión diferente, y el mareo de agudizó, haciénolo snetir que veía con tres ojos: una veía a Hermione cantando, chispas de magia en sus manos volviéndose más espesas como fuegos artificiales, otro veía un mar de lino blanco siendo puesto a secar en hojas y se movía en el viento con ellas, y otro…

Una mujer que gritaba, y presión, y luego frío, y la sensación de estar tendido en el polvo. Una mujer que daba a luz un niño muerto y lo abandonaba en un campo, en una huida de guerra.

Una mujer hermosa y dulce, de largos cabellos negros, que levantaba en sus brazos al niño muerto, y lo tendía en su pecho pleno, lo besaba, los acariciaba. Y el niño lloraba, vivo, a la luz de una antorchas.

La mujer llevaba un torque de plata al cuello: una druida. Olía a manzanas verdes y a flores, y cuando reía, sus ojos claros destellaban y parecía demasiado bella para soportarlo. Y a su lado, un muchacho joven y delicado, con ojos como veneno, que la miraba con adoración: Salazar, su cabello rubio en una trenza, su gesto suave, tiñéndose de celos.

Vio la daga demasiado tarde, y el niño Anteus murió a la puerta de Guinevere, a las manos de Mordred y los suyos. Y cuando Guinevere fue condenada a muerte, Salazar decidió hacer lo imposible para salvarla, y atando el cadáver del niño dos veces muerto a un dolmen de piedra, invocó los espíritus claro y oscuros, y fundió el poder de una oleada de magia salvaje, negra y brutal, violando el cuerpo de un niño que había sido amado por el mismo espíritu de la tierra. Su libro de magia desapareció en su interior, y Anteus, oscuro y esclavo, se unió a la sombra de un Salazar que furioso por la injusticia cometida en su reina, combatió del lado de Mordred contra Arturo, contra el mismo Godric que amaba tanto.

Draco sintió la agonía como propia, el dolor: pero entonces se dio cuenta al abrir los ojos que Hermione, que lo miraba de frente, sangraba por la boca, la nariz y los ojos, y que sobre él pendía un juego de cadenas arqueadas como serpientes, moviéndose ligeramente, listas para atacar. Finas como cintas, se movían en un baile amenazante, como si Hermione amaestrara a un grupo de cobras: eran inmensas y aterradoras, y cuando se acercaron, Draco tuvo que luchar por la oleada de un pánico atroz, como si volviera a ver…

… el niño en la roca, lleno de cortes dibujados, y cintas de tinta saltando del libro y metiéndose en el cuerpo, como gusanos en carne muerta… hirviendo…

No, por favor, hubiera suplicado, pero se tragó el miedo y apretó las mandíbulas. A la mierda. Lo hago por Harry. Y los Malfoy no suplicamos, aunque sea el último par de Guccis de Londres.

Dos brazos finos lo sostuvieron, y sintió a Anteus, tras él, abrazándolo ahora, sujetándolo como una cruz, y sintió su aliento, su jadeo…

…el niño muerto, que había vivido tan poco tiempo en el cielo de Guinevere…

Lo siento, le habría gustado decir. No ha sido tu culpa. Te perdono.

Draco cerró los ojos y las cadenas se abatieron sobre él como flechas. No gritó, porque el dolor era demasiado intenso para gritar. Las cadenas buscaron sus heridas y las inundaron como tinta hirviente: buscaron todos sus orificios, derramándose adentro como un violación obscena, ahogándolo en calor y dolor y asfixia. Pero Draco aguantó, y abrió los ojos para ver aún en medio de su agonía a Hermione que aún cantaba, pero parecía a punto de desmayarse. Le corría sangre por las piernas, y vacilaba un poco, pero lo miraba a los ojos con la misma fijeza, la misma testarudez, la misma rabia.

Podemos. Tenemos que poder. Saldremos todos juntos, de aquí, de la mano.

Aguanta.

Aguanta! Si tú aguantas, yo aguanto!

Draco apretó los dientes, y pensó en Harry, y no parpadeó incluso cuando sintió a Anteus completando el hechizo, bajándole un poco los jeans atrás, rodeándolo con sus brazos, y luego la presión ardiente y seca en su recto, penetrándolo centímetro a centímetro, la magia inundándolos como un mar. Draco se giró entonces, soltándose de Andy, y lo arrojó al suelo, para subirse encima suyo y empalarse él mismo en el miembro de Andy, dominándolo.

No más víctimas. Ésta es mi magia, y yo la tomo a mi manera, porque quiero, por Harry.

Se movió arriba y abajo, notando con alivio que las cadenas parecía al fin acabarse, terminando de vaciarse en su cuerpo, las heridas escociéndole y luego cerrándose cada vez que una cadena acababa de hundirse en sui carne. Andy se echó atrás, y se arqueó en sus brazos, y Draco se inclinó sobre él y lo besó, porque acababa de comprender algo.

Sólo la magia salvaje había mantenido vivo a ese niñomuerto fundido con un libro. Cuando se fuera, volverían a ser un niño y un libro. Un niño muerto y un libro vacío.

Andy le estaba entregando la única vida que conocía, y Draco supo que no era sólo por las órdenes que obedecía a ciegas. Alguna vez, Andy lo había amado, o al menos se había sentido amado por él, algo que no conocía.

…Te perdono…

…gracias…

…vete en paz… seguro que los druidas te esperan y aún te aman, si Guinevere te bendijo alguna vez… vete a la tierra de los manzanos en flor y el sol…

… Ve… siempre te recordaré…

Anteus se arqueó en un grito, y Draco sintió esa tinta, no semen, dentro suyo, cerrando el hechizo de atroz magia con Andy vaciándose al fin. Hubo un flash enceguecedor, y Draco se halló tendido de espaldas en el suelo, apenas con fuerzas para levantar los párpados. El cuerpo le hormigueaba como si se quemara vivo: el dolor lo hizo sentarse, y vomitar, furiosamente, hasta que vomitó sangre. Apoyado en más voluntad que cualquier otra cosa, se volvió, arrastrándose las manos, y vio a Hermione, inconsciente o muerta, tendida en un charco de sangre en el piso, y sobre ella, Lawliet con el rostro transpirado, la magia brillando en sus manos mientras cerraba el hechizo.

Draco levantó la vista, y vio, sobre ellos, una oleada salvaje.

No era nada que hubiera podido imaginar por las descripciones en los libros. Parecía un tornado gelatinoso, tornasolado, con chispas y relámpagos. Entonces entendió porqué el color de la magia era el verde y el violeta: porque en los dos extremos del espectro, cuando el rojo y el lila se unen, hay un color entre ellos, un color invisible al ojo humano, como si los arcoiris fueran en verdad círculos y su parte oculta fuera la magia… el color de la magia…

El tornado giraba sobre él a una velocidad espantosa, y entonces cambió, convirtiéndose en una marejada que se aprecipitaba contra ellos, un alud espantoso que los ahogaría. Draco gritó, arrastrándose hacia Lawliet y Hermione, tratando de cubrirlos con su maltrecho cuerpo, los tres aferrándose mientras Lawliet entonaba un hechizo protector… pero la magia se iba en hilos deshilachados por ese alud…

Las puertas saltaron abiertas y Draco vio con incredulidad a Gareth, Hughes y Harry saltar adentro de la habitación, Harry con una espada desenvainada, Hughes con las manos tendidas. Draco hubiera gritado, pero Harry se dejó caer encima de ellos, y Draco tuvo la visión surreal, tendido entre sus piernas, de Harry alzando una espada enorme que chispeaba en rojo y cortar la oleada como si fuera tela, deflectándola a sus costados, mientras Hughes abría los brazos frente a ellos y el techo de piedra se deshacía como arena, enviando la magia directo al cielo.

Cuando todo paró, Draco no estaba seguro si se había tomado una hora o un segundo. Sólo supo que Harry bajó la vista y lo miró, y abrió la boca para insultarlo, y Draco se desmayó.

- Dime lo que les hizo la oleada salvaje.- dijo Harry luego, con voz tenue, mientras Richard terminaba de revisar a los tres brujos inconscientes.- No me importa lo que medigas, podrían estar muertos, no me asustaré… dímelo… Draco es chica? Hermione tiene colita de cerdo? Lawliet tiene una papa de gladiolo en la cabeza?-

- Parece que los salvaron antes de que los agarrara la oleada, están bien... sorprendentemente bien.- dijo Richard en voz baja, volviendo a cubrir a Draco, el último que examinase. Harry, en una silla cercana , tenía las piernas recogidas y sostenía la espada de Gryffindor como un talismán contra su pecho, aún con el rostro horrorizado del moemnto en que levantaron a Draco que parecía exangue, a Hermione empapada de sangre corriéndole por todo el cuerpo y a Lawliet convulsionándose por el exceso de magia que había ejecutado cuando Hermione colapsó.

Y el libro de magia en blanco y el niño de siete años muerto que había encontrado a los costados de Draco, seco y casi momificado: era todo lo que quedaba de Anteus. Había existido un alma allí, o sólo…?

- Necesitan descansar, pero no tenemos tiempo, la batalla empezará hoy.- dijo Richard con voz calmada.-Si confías en mí, puede irte delante con el giratiempo, y yo los enviaré tras de ti.-

- No.-

- No confías en mí?- Richard se mordió los labios tan pronto lo hubo dicho. Harry lo miró, mientras dejaba la espada y se sentaba en la cama de Draco, en donde el pálido Malfoy reposaba en una inconsciencia profunda, inmóvil. Sus heridas se habían curado, dejando la piel como nueva, lisa y brillante, y el amanecer se reflejaba en la espalda impoluta: pero la túnica había estado empapada de sangre y sudor, y su palidez le dijo que había perdido mucha sangre.

- No me has dado un montón de motivos para hacerlo, y yo ya sabía que los Ravvies eran una manga de truchos…- Harry sonrió, a pesar de todo.- Pero la verdad, sí confío en ti, Richard, aunque no sé porqué.- acabó, descubriendo a Draco y tomando una jofaina y un trapo limpio, hizo un hechizo para evocar agua caliente, y empezó a pasarle el paño en una especie de baño, atendiéndolo.

Richard hizo un sonido y le dio la espalda: era claro que estaba llorando. Harry hubiera ido a abrazarlo, pero temía un malentendido, y se concentró en Draco, que parecía responder lentamente a sus atenciones, su cuerpo desnudo abandonándose en las manos de Harry como si lo conociera aún en sueños. Harry le besó la frente, y entonces Draco levantó un brazo, en la frontera entre el sueño y la vigilia y lo atrajo a su boca para un beso torpe, apasionado y muy mojado.

- …stúpido… no soy… hijo… besa como… Dios manda…-

- No mas besos. Cuando estés mejor, te patearé hasta cansarme… estás seguro que estás bien? Te duele?-

- …mmm…. Como si me hubiera… acostado… con… Mickey Rourke…-

- Tanto duele?-

- Mnn…- Draco parpadeó, pero se quedó de costado, como si estuviera absolutamente exhausto. Harry volvió a besarlo, sólo un movimiento de lengua de Draco permitiéndole saber que aún estaba despierto, pero de inmediato cerró los ojos, y volvió a un sueño profundo como un pozo. Harry se enderezó, y bostezó, preparándose para ir a acostarse un rato y dormir antes de la batalla: pero entonces vio a Richard dar una mirada por el ventanal de la enfermería, y luego bajar a toda carrera. Harry lo siguió.

- Qué…?- musitó en lo alto de la escalera. Por un minuto no reconoció a Salazar, más delgado que nunca y envuelto en su capa de pies a cabeza, pálido como un espectro, trastabilló en la entrada, y sólo los reflejos de Richard evitaron que se abriera la frente contra el piso. - Qué le…las druidas lo dejaron para la historia, no?-

- Ayúdame…- suplicó Richard, que no se podía al alto y fuerte Slytherin. Pero Salazar se soltó de él, y los miró, sombrío deshecho, los ojos inyectados de sangre, y Harry sintió miedo. Salazar había sido malvado, sarcástico, tramposo y mentiroso ante él, pero siempre había visto en sus ojos el brillo de la inteligencia, de la astucia, y del humor. Y no sabía qué oscuro ritual habían hecho esas druidas celtas con él, pero lo que lo miraba ahora parecía locura.

- Lord Slytherin…?-

- Fuera de mi camino, bastardo…- susurró Salazar mirando a Richard, su voz aguda y extraña, un siseo de serpiente en su voz. Se desprendió del manto, y harry vio con horror que estaba cubierto de mordeduras de serpiente: las venas en su cuello parecían verdosas.- Nunca te dijo tu madre quién era tu padre, Richard? Nunca te lo explicó?-

Richard se irguió, tenso.- No… no él… porqué hablar de eso ahora…?- añadió, suavizándose, intentando sostener a Salazar. Pero Salazar sólo rió, seco y sin humor, y susurró con voz casi venenosa, una voz como uñas en una pizarra.

- Mi amada Rowena no podía soportar que hubiera tenido a Gareth con una druida celta… así que fue y en una rabieta se acostó con Godric. No sabía sporqué se fue Gabrielle? Es porque ella sabía que era tu hermana y no podía soportar que trataras de tenerla todo el tiempo! Se fue porque las asqueabas con tus intentos, Richard!-

Richard retrocedió, blanco como si lo hubieran golpeado. Y con una risotada maléfica, Salazar subió la escalera, llamando a Gareth a voces.

- Ya es hora que se sepa la verdad… toda la verdad sobre nosotros! Helga! GAAARETH! -

Richard tropezó y se golpeó al apoyarse contra la pared. Parecía mareado, y Harry lo arrastró a su salita, sosteniéndolo contra sí aún cuando se echó a llorar, acabando los dos arrodillados en la alfombra. Richard sólo jadeaba, los ojos dilatados, y Harry se hubiera quedado allí, meciéndolo, cuando escuchó golpes, y de pronto un grito ronco, espantoso, y sobre todo la risa de Salazar y una voz que le tomó un rato reconocer: Helga, dando alaridos.