Capítulo 10 por The Fox Lady
Capítulo 10 por The Fox Lady
Notas del autor:
Llevo dos capis avisando pero por si acaso... NC-17 Warning, Violencia y Gore!
Capitulo Diez
Capitulo Diez
Day Of Death
WARNING: NC-17, por violencia y gore. La cosa se pone muy espesa de aquí adelante. Me temo que el horror que impregna la historia de Hogwarths puede desconcertarlos,pero hay luz al final del túnel, lo prometo.
Harry se precipitó escaleras arriba, sintiendo una ira salvaje dominarlo: cualquiera que hiciera a Helga gritar y llorar así estaba muerto. Muerto. Pero su cólera le hizo entrar demasiado rápido, y tanto él como Richard, que había subido aún tembloroso detrás suyo frenaron, patinaron y perdieron pie al entrar a la biblioteca por la puerta trasera.
Patinaron porque había un charco de sangre inmenso, tan inmenso, que manchaba las paredes y el techo en tétrica profusión. La sangre goteaba y se extendía, rojo brillante bajo la luz temprana, y Helga, de rodillas con el vestido empapado, gritaba, y Salazar reía, un hacha doble en su mano, y Hughes se retorcía en el suelo, su costado abierto del pecho a la cadera, agonizando en una locura de dolor. Tenía hachazos marcándole la espalda y la nuca, dejando un sendero de sangre y tripas en sus convulsiones, y Gareth estaba tirado en la sangre inmóvil, su pecho abierto.
Richard se largó a gritar, sus manos ensangrentadas en la cara, y Harry, sin saber lo que hacía, se arrojó contra Salazar, y alzando la espada de Gryffindor, le cortó la mano que sostenía el hacha, haciendo que su risa se trocara en gritos, y retrocediera tropezando, patinando. Harry se dejó caer de rodillas junto a Hughes, que gritaba, y vio que Gareth estaba tan abierto que se veía el suelo al otro lado de su pecho: Hughes, los ojos nublados, no paraba de gritar y retorcerse, y harry sabía lo suficiente para saber que estaba más allá de toda ayuda posible, y sólo quería que dejara de sufrir, que dejara de gritar, que dejara de revolcarse como un pez en la arena. Llevó la mano a su cuello, y usó toda la fuerza que poseía. Le rugía la sangre en los oídos: sus ojos parecían ciegos, y de súbito se dio cuenta que los únicos que gritaban eran Richard, Salazar y Helga: Hughes estaba en silencio, un silencio espantoso.
Se volteó, y como una marea de furia se lanzó sobre Salazar. Pero entonces Helga se giró, los ojos desorbitados, y una llamarada negra e inmensa brotó de ella, magia terrible y asesina, y empujó a Salazar contra el ventanal de la biblioteca, rompiendo piedra y vidrio y plomo con su cuerpo.
- QUIERO TU MUERTE!- gritó Helga, su voz deformada y horrible.- MATASTE A MIS HIJOS Y TE MATARE A TI!-
La voz de Salazar también era horrible: parecía desgarrada, aterradora. Reía o lloraba? Harry no estaba seguro. - NO PUEDES! Con el veneno del áspid celta en las venas, soy inmortal, Helga!-
- MATASTE A TUS HIJOS, SALAZAR!- chilló Helga, y Harry vio como la llamarada negra se convertía en cadenas de espinas que se clavaban en la carne de Salazar, como si fueran a desmembrarlo.- MATASTE A GODRIC! MATASTE A ROWENA! Y DECIAS QUE ME AMABAS!-
La magia de Salazar estalló en respuesta, plateada y fría, cruel y atroz. Harry vio ambas magias restallar como dos mareas opuestas, y luego Helga se lanzó contra Salazar, aunque él hubiera querido detenerla, y aferrándole la cara con las manos, le hundió las uñas en la carne.
- Hughes es tu hijo. Era nuestro hijo!- susurró con voz quebrada.- Ellos se amaban… como Godric y tú!-
- Porqué crees que maté a ese par de incestuosos pervertidos?- dijo Salazar con voz cargada de salvaje regocijo. Harry se echó atrás, porque su cara era la cara de un demonio: pero entonces Helga dio un grito de agonía e ira y la llama negra estalló, lanzando a Salazar a una caída de decenas de metros al volar en pedazos el ventanal. Helga se quedó allí de pie, en el marco destrozado, su cuerpo temblando: y si Harry no se hubiera lanzado adelante y no la hubiera aferrado del vestido, habría caído detrás a su muerte al desmayarse.
Ese horrible día, Harry fue la única persona con vida en Hogwarths. Estaba solo: Draco, Hermione y Lawliet aún dormían, ignorantes del horror: Anteus estaba muerto, Helga y Richard drogados con todos los hechizos que conocía, delirando en sueños, y Gareth y Hughes muertos. Harry los envolvió en mantas, y los cargó con magia al patio, en donde al ver una vez más sus horribles heridas hizo que los soldados que acamapaban afuera cavasen sus tumbas y los enterrasen antes de que los viera Helga otra vez. Harry sollozó sobre los cuerpos, empapado de sangre, y besó la frente fría de Hughes, y lloró sobre el pecho abierto de Gareth, y el olor a sangre y a polvo y a carne muerta fue todo lo que le quedó de dos príncipes amados y asesinados, de su primer amor, de sus sonrisas y de un verano en que había sido uno de ellos. Harry lloró hasta que el pecho le ardió como fuego, y tropezándose volvió a la enfermería, para echarse a los pies de la cama de Draco y sollozar su horror, la manta metida en la boca para ahogar sus gritos, mientras desahogaba la histeria solo, sin nadie que lo consolara, por horas, en el silencio absoluto del castillo.
Cuando las lágrimas se acabaron cayó en un sopor sombrío y pesadillesco, en que veía al niño-Anteus, a Salazar riendo, a Hughes destrozado gritando… a Hermione volviéndose con una cabeza rubia colgando de la mano, que al girar no era Gareth, sino Draco… labios tumefactos, ojos vueltos hacia arriba, y la sangre chorreando, ahogándolo, llenándole el olfato de un hedor insoportable…no podía… respirar…
- HARRY!- la voz de Draco lo sacó de su pesadilla. Sólo entonces se dio cuenta que Hermione, Lawliet y Draco lo rodeaban, y él estaba vomitando en sueños sobre la alfombra, ahogándose. Le lavaron la cara, le dieron agua, y Draco lo sentó en la cama, los tres observando su rostro como si el horror hubiera dejado señales y cicatrices en él.
Les contó lo que había pasado. Les contó, sin voz, y hubiera querido llorar, pero ya no le quedaban lágrimas. Los tres lo oyeron horrorizados, y al final, sólo Hermione fue capaz de hablar, los nudillos blancos mientras entrelazaba las manos enfrente.
- No sé qué le hicieron las druidas celtas a Salazar, pero… ella adoran… la naturaleza salvaje y más brutal. Lo que le hicieron… no crearon nada que no estuviera allí, pero sus rituales con serpientes… supongo que le quitaron todo lo que le quedaba que lo hiciera humano aún.- suspiró Hermione, los ojos cansados y enrojecidos. Se había sentado, pero temblaba, y no era solo el horror: estaba muy débil tras toda la fuerza que había utilizado en el hechizo de Anteus. Parecía una viejecita, acurrucada en el hombro de Lawliet, que tenía una migraña atroz, por lo mismo, y se cubría los ojos con las manos para protegerlos de la luz.
- Vámonos.- dijo Harry, los ojos opacos, el rostro gris.- No debimos quedarnos. Debimos saber que no debíamos… qué hicimos? Yo no quería verlos morir! Tú no sabías cómo morirían? No podías avisarme? Porqué no me avisaste!?- exclamó echándose a llorar, sacudiendo a Hermione. Un brazo fuerte lo sujetó, y se encontró llorando histéricamente en el pecho de Draco, que de pronto parecía fuerte y seguro, y lo oprimió contra sí con todas sus fuerzas.
Era Draco, pero se sentía distinto. Era como si algo, alguien, hubiera llenado las venas de metal y elástico, algo poderoso, que hizo que Harry por primera vez sintiera que su frágil, aunque diestro amor, poseía una fuerza capaz de dominarlo, calmarlo, protegerlo. Levantó la cabeza y lo miró, y vio ojos grises suaves como nubes, y ojeras verdosas que no alcanzaban a dominar esa dulzura, y labios pálidos que le sonreían. Draco parecía haber ido al infierno y vuelto, pero se veía más fuerte que antes, como si hubiera recuperado algo que era suyo: y cuando Harry lo miró a los ojos, supo lo que era: una vez libre de Anteus, de sus cadenas y de su veneno, Draco era el Draco de esos veranos interminables en casa de Sirius y esos bailes de Navidad en Malfoy Manor. Era el Draco de toda su vida, devuelto a sus brazos, y bien sabía que el horror valía la pena, todo valía la pena, porque él había vuelto, y lo amaba. Lo había recuperado.
Las lágrimas se calmaron, y pudo enderezarse. Se había sentido avergonzado, pero ya no: Draco lo conocía demasiado bien, y Hermione y lawliet lo conocían ahora mucho mejor que la mayor parte de las personas que él había conocido en su vida. Lawliet parecía pensativo, inquieto: Hermione pálida, pero determinado. Pero cuando habló, Harry no se habría esperado en un millón de años lo que iba a decir.
- Ustedes traten de escapar con el giratiempo. Yo me iré esta noche, a buscar a Salazar.-
- QUÉ?-
- Se acabó. Las neuronas mudblood caducan. Estás loca, Granger?- dijo Draco con sequedad.
- Ustedes no tienen porqué quedarse. Pero como le dije a Lawliet… yo sí, y pienso cambiar esta historia.-
- No puedes cambiarla. Ellos ya murieron…- a Harry se le quebró la voz, pero se rehizo.- No te dejaremos quedarte atrás con ese loco! Cómo puedes pretender quedarte con él?-
- Porque lo amo.- dijo Hermione en voz completamente segura, pero un poco baja. Harry saltó sobre sus pies y la miró sin dar crédito a sus ojos, pero Hermione aguantó su mirada sin temor.
El rostro de Harry se volvió color ladrillo, y súbitamente toda cordura pareció abandonarlo. Harry recordó sólo años después gritos, y sus propias manos agitándose frente a su cara, la sensación del cabello de Hermione a puñados entre sus dedos, su voz ronca y enloquecida, Draco y Lawliet incapaces de sujetarlo hasta que Hermione logró levantar una mano para defenderse y gritar un hechizo poniéndole los dedos en la frente, que lo golpeó igual que un puñetazo. Recordó, ya en su vejez, los ojos de Hermione asustados bajo él, castaños y dilatados de miedo, y a Draco gritándole en su oreja, y cómo Lawliet, que se había colgado de su cintura, era arrastrado igual que un trineo por la fuerza y la ira diez veces superior de Harry. Pero eso lo recordó muchos años después. Ahora supo que había caído en una negra vorágine con olor a odio, a sangre y a desesperación, y cuando despertó, Hermione se había ido, y era de noche.
Había algo fresco, suave y bienhechor contra su mejilla. Era una mano que pacientemente le limpiaba el rostro con un pañito húmedo que olía a lavanda, y cuando abrió ojos cansados porque le martillaban las sienes, vio a Richard, sentado a su lado en la cama donde estaba tendido, con una jofaina al lado y los ojos igualmente rojos en un rostro ajado, pero tranquilo.
No importaba cuántos años pasaran: Richard seguiría siendo hermoso como un sueño, como una pintura gótica. Harry se sentó, mareado, y dijo lo primero que se le pasó por la cabeza.
- Dónde está Draco?-
- Fue con Lawliet a buscar a Hermione, después de los noqueó a los tres y se fue al Páramo de Lettin. Salazar la está esperando, parece, y ellos querían ver qué estaban haciendo los normandos.-
- QUÉ? Fueron solos?!-
- No. Llevaron unos soldados con ellos. Pero…- Richard se mordió los labios.- Si los derrotó a los tres, no sé… no sé bien de qué lado está…-
Harry se cubrió la cara con las palmas y hundió los dedos en su pelo.- Y Helga?-
- Está en la sala de mi madre desde el amanecer. Creo que pretende luchar la batalla final hoy, Harry.- dijo Richard con voz temblorosa. Harry se volvió para mirarlo, y se dio cuenta que, abrazándose a sí mismo en el lecho, Richard temblaba, temblaba físicamente, como un cachorrito en la lluvia.
- Tienes frío?-
- No.- Dijo Richard, cerrando los ojos.- Tengo miedo…-
Harry se quedó sin palabras al verlo llorar. No podía decirle que no llorara, porqué había perdido a dos hermanos y a una madre, además de saber que la mujer que había amado toda su vida estaba tan prohibida para él como si estuviera muerta. No podía decirle que no tuviera miedo, porque en esa vorágine de guerra había un ejército en la puerta que anhelaba matarlos y borra Hogwarths de la faz de la tierra y sólo quedaban él y Helga para enfrentarlos. No podía decirle que no temblara, porque en el silencio parecía que eran los únicos seres vivos en kilómetros a la redonda, y la magia nada más que un velo, una ilusión que se desvanecería al sol, y la noche afuera caía intensa y negra.
Sólo podía decirle que no estaba solo, que él estaba allí: y con una sensación de vergüenza indescriptible, Harry recordó que antes de perder el control les había dicho a Draco y a Hermione que huyeran de esos días malditos. Tras el miedo y la sangre sus promesas habían sido hechas de hilos de azúcar ante Salazar: había estado listo para huir aterrado, en pánico, como un niño, él, que le había jurado a Helga de rodillas que no la abandonaría, y ella había hablado de su valor y le había entregado la espada de Godric.
Qué habría hecho Godric? Harry le rezó en silencio, pensando el príncipe alegre y honesto y tan valiente que jamás había conocido el miedo, y que sin embargo había conocido tan de cerca la guerra, la derrota y el miedo. Le pidió ayuda, en un segundo, sabiendo que no había marcha atrás, pero que él sí tenía miedo, que él si temblaba, incluso cuando atrajo el rostro de Richard al suyo y besó sus párpados, antes de rodearlo con sus brazos.
Ámalos, le habría dicho Godric. Porque estás aquí.
En el centro del páramo, el bosque se había retorcido para formar una bóveda de ramas entrecruzadas, retorcidas como serpientes entrelazadas, cegando al cielo, pero no a la luna que se filtraba blanca. Fuegos fatuos ardían entre los árboles, con su hedor a azufre, palpitando en estallidos amarillos, azulados y verdosos, la ciénaga sembrada de nidos de cigüeñas que indiferentes al frío, parecían manchas de nieve en las copas. A través de los siglos el pantano había devorado a muchos animalitos, a las víctimas que los cigüeñas traían para alimentar a sus pequeños, y también los cadáveres de los soldados en una lejana batalla de Slytherin y Gryffindor contra los normandos: y todos esos huesos se habían alzado a una palabra de Salazar, creando un majestuoso trono blanco marfil, extendiendo un sendero en el barro y el agua para los que no podían caminar por ellos sin tocarlos, como él y las druidas que lo rodeaban, silenciosas como pájaros negros.
Hermione se adelantó, arrastrando la larga capa negra que usara para cubrirse, hechizada con un encantamiento espejismo para escapar de la persecución de Draco y Lawliet. Avanzó con cuidado, el libro vacío de Anteus bajo su brazo, el pelo desarreglado por su loca huida: y Salazar, que la esperaba desde hacía mucho rato, la miró con esos ojos apenas humanos, verdes y negros como el bosque en la oscuridad, y sonrió, blanco como el trono de viejos huesos.
- Mi valiente amante.- susurró, con un siseo de reptil.- Te han enviado a matarme, o a rogar?-
Era hermoso, pero a la vez repulsivo en su estatuaria, inhumana belleza, y Hermione tuvo que dominar un estremecimiento cuando la tocó. No parecía el sarcástico, ácido y ardiente mago que había conocido, pero algo había intuido antes. Las druidas habían arrancado la cáscara para mostrar el corazón herido y podrido, y al fin la locura se asomaba a esos ojos alucinados, para bailar en las sombras. Salazar sonreía, y Hermione sintió que le fallaban las piernas no de deseo, sino de una mezcla extraña de pánico y lujuria. Pero apretó los puños, y habló con voz serena.
- Me escapé para seguirte, mi señor.- dijo con voz tranquila.- Te he traído a Anteus, tras vaciarlo en Draco, como querías.-
Salazar la miró largo rato como un pájaro curioso observa un gusano en su lento avance. Luego hubo un parpadeo, y estaba junto a ella: y luego estaba atrás, demasiado rápido para que el ojo lo viese, demasiado veloz para preverlo. Le hundió una mano en el pelo y la echó atrás de un tirón contra su cuerpo, antes de cruzar el brazo y aferrarla del seno, cerrando los dedos de ambas manos con crueldad. Hermione gimió, pero no gritó.
- Esperas que crea que viniste sola a mí, sin miedo? No tienes miedo?-
- Tengo miedo.- gimió Hermione, tragándose las lágrimas.
- Me quieres hacer creer que me amas aún? Esperas que crea que después de matar a mis pervertidos hijos, vendrías por tu propia voluntad a mí?- gritó Salazar con súbita ferocidad.
- Te amo… tengo miedo, tengo mucho miedo, pero te amo!- gritó Hermione, y Salazar le echó la cara atrás, atrás del pelo, hasta que brotó la sangre y pudo mirarla a los ojos. Le clavó la vista y Hermione no parpadeó, aunque el dolor era agudo. Y entonces Salazar la soltó y prorrumpió en una carcajada.
Había leído amor, amor verdadero, mezclado con pánico, repulsión, vergüenza y abyección. Hermione traspasó todo eso en su mirada, y un perdón, algo que Salazar había visto una sola vez antes, y sintió algo extraño, algo vivo, algo cálido dentro de su carne muerta.
Eran como los ojos de Godric, mirándolo mientras se moría, y se moría amándolo. Salazar se estremeció.
- Está bien, amor… - dijo, dejándola caer al suelo.- Has caminado mucho. Ven. Vamos a la cama.-
Hermione lo siguió tropezando bajo los flashes de los fuegos fatuos. Los árboles habían hecho una cámara, bajo el cielo abierto, y habían levantado una plataforma que las druidas habían cubierto de hojas. Salazar le había echado encima unas pieles solas, y cuando sentó a Hermione sobre ella, y los árboles estrecharon sus ramas oscuras a una palabra suya, se hizo la oscuridad, y Hermione se echó a temblar.
Él se acercó silencioso como un serpiente, y le puso una mano en el cuello: el contraste entre el tacto de las pieles secas y frías y su carne tersa hizo que ella diera una violenta sacudida. Pero la voz de Salazar era aún más sedosa.
- Me amas a pesar de todo?-
- Sí, mi señor.- dijo Hermione con concienzuda firmeza.
- Me recuerdas a Godric.- susurró Salazar, desatándole el corsé.
- Por…-
- El me amó incluso mientras se le escapaba la vida bajo mi daga.- dijo Salazar con suavidad en su piel.- Y yo lo dejé morir, en mis brazos, y él dijo que me amaba con su último aliento.-
- Porqué lo mataste?- susurró Hermione, cuando la tendió en las pieles, y sintió el peso de Salazar a su lado, ahora más parecido al hombre que le había enseñado tanto de amor y tanto de oscuridad.
- Porque lo amaba.-
Hermione hizo un sonido, pero asintió.
- Porqué? Él quería volver a Helga y a Rowena. Quería que nos amáramos los cuatro, porque ellas nos amaban a nosotros, y nosotros a ellas.- Salazar se inclinó sobre su cuello.- Quería una gran, hermosa, pervertida familia feliz bajo el sol en Hogwarths.- con una risita amarga, le apartó el pelo, y la hizo sentarse, guiándola para su placer.- Quería compartir su amor, él, que amaba a todo el mundo y los alrededores.-
- per…?- Hermione no puso seguir hablando cuando Salazar le empujó la cabeza abajo.
- Pero yo no soy así. Yo no iba a compartirlo. Sabes lo que son los celos, Hermione?- susurró Salazar.- El amor duele. Y el odio también. Pero los celos duelen más que nada, y destrozan, porque amas y odias a la vez a la misma persona. Dios. Cómo lo odiaba… cómo lo odio… aún…-
