Arthur se levantó y se asomó por la ventana para agacharse justo a tiempo evitando que una piedra lo golpeara
-¿What is happening?-exclamó el inglés sorprendido.
Mar se levantó y recordó lo que debía haberle dicho. Le tomó la mano y lo miró preocupada.
-Así que era esto lo que querías decirme…-dijo el rubio entendiéndolo todo. Le sonrió y la sentó en la cama-Quédate aquí…
La ojiazul entendió el mensaje y asintió. Él sonrió y le dio un rápido beso antes de tomar su pistola y su espada para salir del camarote.
-Muy bien, vayan a sus puestos, quiero los cañones listos-le ordenó a la tripulación- ¡Cualquiera que esté holgazaneando lo lanzaré por la borda!
Los marineros se movían de un lado al otro disparando a los nativos y tratando de no ser alcanzados por las flechas.
Mar caminaba preocupada de un lado al otro mirando por la ventana. Se sentía culpable por no estar ahí afuera con los suyos, pero ella no podía dejar a su amado.
Arthur junto con otros hombres, bajó del barco, dispuestos a contraatacar.
Los nativos repelieron el ataque con sus lanzas pero aunque tenían la ventaja numérica de su lado, sus armas de piedra y madera no podían competir contra las espadas de metal. Uno a uno, caían al suelo.
América Nativa volvió a sentirse débil, cada muerte le afectaba más y más.
La batalla tan rápido como inició, así terminó.
-Bloody hell…-dijo el capitán regresando al barco cargando a uno de sus compañeros heridos-debemos eliminarlos… a todos…
-Señor, ¿No nos ahorraríamos muchas muertes si los obligamos a huir al este?-preguntó Arthur tratando de encontrar una manera de salvar la vida de su amada.
-Es posible que alguna tribu pacífica pueda sobrevivir siempre y cuando no se metan con nosotros-dijo el mayor entrando a su camarote.
El resto del día, los tripulantes que habían salido ilesos de la batalla, se dedicaron a curar a los heridos y a enterrar a los muertos.
-Descanso-anunció el capitán en la tarde.
Todos, agotados, se dirigieron a las bodegas para tomar su porción de comida y dirigirse a sus camarotes para comer.
El ojiverde esperó a que el resto de los tripulantes hubieran regresado a sus aposentos para acercarse al capitán.
-¿Señor, le puedo pedir un favor?-preguntó- ¿Me podría dar doble ración? ¡Sólo por hoy! Puede descontarme la de mañana si es necesario.
Como buen caballero debía darle alimento a la dama que lo esperaba en su camarote, aun que eso significara que iba a morir de hambre al día siguiente.
-Of course, Arthur-dijo el capitán con una leve sonrisa- Como el segundo al mando, puedes pedir la comida que desees ¿ok?
-Thanks, sir-dijo el inglés contento y llevando dos platos con comida, caminó a su camarote. Al entrar encontró a la chica profundamente dormida. Sonrió y dejó los platillos en una pequeña mesa.
Se acercó a ella, se veía tan dulce y pacífica. Le acarició el cabello y se inclinó para besarla disfrutando de la ironía de la situación. Ahora era él quien la despertaba con un beso.
Ella despertó con una sonrisa y se levantó de la cama.
-Mira, traje comida-le dijo señalando los platos que se encontraban sobre la mesa.
La chica lo ignoró y comenzó a observarlo con detenimiento buscando alguna clase de herida. Le abrió la camisa para buscar, le recorrió las mangas mirando sus brazos y le recorrió el borde de los pantalones, checando sus piernas.
-¡¿What are you doing?!-preguntó el ojiverde sorprendido.
El inglés se sentía acalorado por tal chequeo, los colores se le habían subido al rostro mientras observaba como la morena revoloteaba a su alrededor buscando algo.
Cuando ella se dio cuenta de que el rubio estaba ileso, saltó sobre él abrazándolo y besando su cabeza, totalmente aliviada.
-¿Uh?-estaba muy confundido hasta que ella le sonrió ampliamente- Creo que estabas preocupada por mi… estoy bien, no te preocupes-la abrazó.
Ella tenía sus piernas enredadas en su cintura y lo sujetaba del cuello. Él la sujetaba de los muslos para que no se fuera a caer.
Con cada mirada que se daban, parecía que sus corazones latían al mismo ritmo, se sentían tan conectados con solo mirarse. Ambos se inclinaron para besarse con dulzura al principio para luego pasar a un beso más profundo.
Sus labios se acoplaban a la perfección, sus lenguas seguían el mismo ritmo. Mar acariciaba el cabello de Arthur, enredando sus dedos en él mientras el inglés le acariciaba la espalda suavemente.
De pronto America Nativa se sintió débil, cortó el beso dejando caer la cabeza sobre su hombro.
-¿Are you ok? –preguntó asustado. Ella desenredó sus piernas y se sentó en la cama antes de mirar la comida-oh I see… -El inglés le dio su plato de comida y ambos comieron en silencio.
Él la observaba con aflicción y angustia. Se veía muy pálida y triste.
Todas las batallas estaban acabando con ella.
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