Capítulo 11 por The Fox Lady

Capítulo 11 por The Fox Lady

Notas del autor:

Penultimo capitulo!

Capítulo Once

Capítulo Once

The Sigh Before Dive.

Draco desmontó, furioso, arrojando las riendas al madero de los establos, en donde varios soldados de Helga y Hughes esperaban en silencio, nerviosos, oteando el horizonte con rostros sombríos. Evitó sus miradas: no deseaba hablar. Lawliet y él habían perseguido a Hermione por medio páramo, pero lo único que habían logrado divisar al fin eran los fuegos del campamento normando, cubriendo las colinas como estrellas de fuego. Lawliet tenía ojos de águila, y había calculado por lo bajo seis mil guerreros, posiblemente mil más: así que con el corazón pesado como nunca habían regresado al sombrío Hogwarths con sus dos mil quinientos soldados, su Helga destrozada, sus príncipes muertos. Lawliet lo siguió incluso escaleras arriba sin decir nada, envuelto en el manto que le regalase Rowena Ravenclaw: pero al sentir que se iba derecho a la biblioteca, Draco lo sujetó del brazo.

- Te vas a poner a leer ahora?-

Lawliet parecía muy distinto, los ojos cansados y levemente desenfocados. Por un momento pareció no entenderlo: pero Draco ya había aprendido que cuando Lawliet parecía más retardado era, en realidad, el que su cabecita estaba pensando a tal velocidad que le costaba prestar atención a lo que pasaba en el exterior de su cráneo.

- Voy a revisar… los libros de conjuros que Rowena me indicó.-

- Qué?-

- Antes de morir… te acuerdas que estuvo hablando conmigo? Ella me indicó un Camino, y por eso pude usar ese hechizo de alfombra voladora.-

- La alfombra…- Draco parpadeó.- Ni me acordaba. Fue cuando la recogiste del cielo, cuando iba cayendo tras su hechizo, verdad?-

- Sí. El Windus…- Lawliet suspiró.- No me ha vuelto salir. Supongo que fue el puro susto.- Draco asintió, y de pronto se inclinó, sujetándose el estómago. Lawliet lo sostuvo, y lo vio empezar a sudar, antes de apoyarse en la pared y resbalar con mucho cuidado hasta el suelo, en donde se quedó quieto, sobándose el estómago.- Qué te…? Es la magia, verdad?-

- No es nada.- Draco aspiró aire y luego lo hizo entrar a bocanadas.- Es… como si se me quisiera salir de la piel. Como si tuviera algo debajo… adentro de la panza…- expulsó el aire entre los dientes.- Es como antes, pero peor… no importa… pasará… pasará… antes pasaba…-

- Antes no habías absorbido la magia como para levantar Hogwarths y dejarlo caer.-

- Ése es el jodido problema.- dijo Draco con furia, los ojos enrojeciéndose por el dolor.-

- Se supone que ahora yo funciono como fuente de magia, pero en este momento soy una jodida batería sin tener a qué conectarme. Un montón de magia, pero si intento algo, acabaré dejando un cráter. Tiene que haber un mago capaz de usar mi magia, pero ésa sería Hermione, y ella prefiere estar jodiendo con ese psicópata que…-

- No que ése era el amado fundador de tu casa?-

Draco esbozó una mini sonrisa a pesar del dolor.- Bueno… será psicópata homicida, pendejicida, pero tiene estilo, buen pelo y se viste bien. Eso es tan Slyth…-

Richard estaba quieto, tendido como una muñeca rota en la cama: y Harry, a su lado, lo acariciaba sin detenerse, sin moverse más que para rodearlo con su brazo. Richard no lloraba, sólo respiraba hondo, y su largo pelo, que Harry había arreglado sobre su hombro caía en cascadas sobre la cama, descubriendo la frágil nuca. Harry lo besó allí, lo oprimió contra sí, y Richard se contrajo para pegar más su cuerpo al suyo, con un temblor.

- No tengas miedo. Todo saldrá bien.- dijo Harry, con la voz como un suspiro en su oído.- Vendrán días de sol. Años, siglos de sol. Millones de niños magos vendrán, y correrán por los pasillos, y empezarán sus viditas aquí, y la llamarán hogar. Habrán niños pequeños con sonrisas grandes, y mayores con gestos amables, y niñas preciosas y risueñas, y días de lluvia y chimeneas y olor a comida recién preparada y juegos en los pasillos… habrán pequeños romances y grandes amores, habrán amigos que duren una vida, habrá tanto conocimiento y sabiduría y mentecitas brillantes… y todos, todos sabrán quién fuiste tú, quién fue Gareth, Hughes, sus papás… Hogwarths nunca morirá, Richard.-

La voz de Richard era un susurro.- Me lo juras? No lo inventas para que me sienta mejor?-

- Te lo juro.-

- Entonces… ganaremos?-

- Sí. No sé cómo, pero sí, te lo prometo.-

Richard se volteó, su nariz quedando a pocos centímetros de la de Harry. Harry no se echó atrás, sus ojos verdes enormes y compasivos, sin dejar de acariciar el cabello suave, enfrentando los ojos húmedos de Richard. Él había entrelazado sus manos, sin atreverse a tocarlo, y bajó una vista, una lágrima en la comisura de sus labios, que temblaron.

- Dime, Richard.-

- Quiero…- la voz de Richard se ahogó.- Quiero besarte, pero no debo. No quiero hacer nada que tú… no podría arriesgarme a que te enojes… pero me muero por…- Richard cerró los ojos, la miseria haciendo que más lágrimas resbalasen, frescas y jugosas por sus mejillas. Harry entrecerró los ojos, y se enderezó en un codo, observando a Richard, que yacía quieto, mirándolo sin decir nada ahora, tan inmóvil.

- Richard.- susurró. La belleza de Richard era ultraterrena, pero era la tristeza, la agonía en sus ojos, lo que hacía esa belleza insoportable, indeclinable. Harry inclinó la cabeza, y Richard volvió el rostro, un jadeo en su garganta cuando Harry le besó lenta y deliberadamente la oreja.

- No… no quiero lástima… tú… Draco…-

- Cállate.- dijo Harry, sujetándole la cara para volverla hacia él. Richard temblaba, pero Harry parecía oscuro y determinado.

- Harry…-

- Déjame besarte, o me preguntaré toda la vida qué se siente, Richard.- dijo Harry con suavidad. Richard cerró los ojos, su cuerpo entregándose, rendido de dolor, cansancio y deseo frustrado, y Harry se apoderó de su boca, sintiendo un extraño mareo. El beso de Draco era una extensión de ambos, una mezcla de amor y risa e intensidad y furia que los convertía a ambos en uno solo, en un cuarto secreto en que sólo entraban los dos: pero Richard se entregó con un abandono que lo hacía palpitar de deseo, su cuerpo esclavo de un estremecimiento que sólo le permitía aferrarse a los hombros de Harry, mientras sentía sus labios quemantes, el empuje de su lengua en la tibia cavidad de su boca, en donde entraba sin pedir permiso, conquistaba sin aceptar oposición. Richard emitió un ruido salvaje, un grito ahogado de dolor y triunfo cuando el cuerpo de Harry cubrió el suyo, firme y fuerte, y sintió el roce, el peso de su cuerpo separándole las piernas sin contemplaciones para pegar todo su cuerpo a él. Se le iba la cabeza, no podía controlarse, y cuando la lengua de Harry bajó ardorosa y viva, jugando con su cuello, Richard sintió que podía sollozar de deseo insoportable, que el más mínimo empuje de las caderas de Harry lo llevaría a un placer que lo mataría. Y entonces, Harry se enderezó, los labios mojados, los ojos oscuros, de rodillas entre sus piernas.

- Ganaremos. Y te haré el amor antes de irme, lo juro.- dijo con seguridad.- Tenemos que ganar, Richard. Por Hogwarths.-

- Harry…- Richard palpitaba de dolor y necesidad, de placer y de amor, que latía no sólo en su pecho, sino en su vientre, en sus muslos que no podían estarse quietos. Harry volvió a inclinarse, pero esta vez con ambas manos entre esos muslos desesperados, y aferrándolo a través de la ropa lo tomó con firmeza y lo movió con determinación, con un ritmo dominante. Richard se arqueó atrás, despiadadamente hermoso, y fue con un rugido y un gemido agudo que estalló en los brazos de Harry, en un orgasmo que arrastró las telarañas del dolor, la inseguridad y el miedo en una sola ola blanca. Lo sintió besarlo: los sintió arroparlo. Y por primera vez en mucho tiempo, Richard supo que no estaba solo, mientras se deshacía en sueños cálidos.

- Qué haces solo acá?- preguntó Draco mucho rato después, tras encontrar a Harry en la habitación que habían compartido una vez, lavándose con el agua fría de la jofaina. Estaba de pie en una gran palangana de porcelana, el pelo mojado, y estaba desnudo, un trapo goteante en la mano mientras se frotaba el cuerpo. Draco disfrutó del espectáculo, cruzándose de brazos, y a pesar de todo el inmenso despelote en que estaban metidos, admiró la belleza de Harry desnudo y mojado a la luz de la luna. Si él parecía un tipo de ángel… un poco tuberculoso… Harry parecía un espléndido, joven potro salvaje, con sus músculos relucientes bajo la piel.

- Me baño. No quieres un baño?- Harry sonrió despacio.- Apestas a caballo, sabes?-

- No me vas a preguntar si encontré a Hermione?-

- Es bastante obvio que no.- dijo Harry, aunque no había amargura en su voz. Draco se instaló en un baúl a los pies de la cama, y observó a Harry inclinarse, limpiando la piel en la parte de atrás de sus piernas con el trapo, y lo conmovió su belleza, sintiendo algo revivir en su interior que casi había olvidado en ese torbellino de los últimos días.

Regreso a ti… y es volver a casa, mi casa.

Se quitó la ropa, con movimientos suaves y deliberados: y Harry lo miró de soslayo, mientras se enjugaba el pelo con ayuda de un jarrito, el agua haciendo charco a sus pies en la palangana.

Mi corazón te ve y revive, porque nunca late como cuando estamos cerca… cada vez más cerca…

Draco avanzó desnudo por completo, y con un suspiro puso los pies dentro de la palangana, estremeciéndose un poco al agua fría que le cubrió los dedos. Era muy pequeñita: quedaban vientre con vientre para no perder pie, pero Harry lo rodeó con sus brazos y le buscó la boca sin decir nada, besándolo con hambre, su cuerpo mojado y frío haciendo que Draco emitiese un gemido mientras un calor nuevo derrotaba ese frío en los dos.

- Ella estará bien… tenle fe… yo le tengo fe.- Susurró Harry, suavizando el ceño fruncido de Draco con un beso largo y húmedo.

- Bueno, es lo único que podemos tener, hoy por hoy.- dijo Draco en un suspiro frustrado.- Harry, mañana Helga piensa lanzarse contra esos normandos, y nos van a hacer pedazos…-

- Nos?- Harry sonrió en su oído, sin detener sus besos, aunque el abrazo de los dos tenía algo mucho más fraternal que erótico en ese momento, desnudos de pie en el charco que los reflejaba.- Draco Malfoy, que opina que si el mundo te da la espalda hay que cepillárselo, está preocupado por un pellejito que no es el delgadito suyo propio?-

- Me importa la continuidad del espacio tiempo, porque si pierde, nosotros habremos estudiado en un espacio temporal que no va a existir más, y eso, bueno… nos va a joder bien jodidos.-

- Ya.- Harry sonrió exasperantemente dulce.

- Oye, el que tú te hayas tomado tan en serio eso de honrar a tus ancestros es tu problema mental, no el mío…-

- Ya.-

- Córtala. No me metas tu recién adquirida obsesión con el mundo de Hello Kitty en la cabeza. No creo que uno se ponga más sabio por sufrir mucho… y no me compro esas revelaciones y epifanías que llegan de repente en estos casos. Problemas de techo saliendo a la luz y estrés, eso es todo.-

- Ya.-

- Helga te colocó alguna droga, seguro. Mañana nos agarran esos normandos y tú pareces como si fuera un picnic.-

- Ya no tengo miedo, eso es todo.-

Draco alzó las cejas, pero bajo la mirada de Harry su rostro se suavizó, y al final bajó la vista, la luna dándole de lleno a los afilados planos de su rostro.

- Tú sí, verdad?- susurró Harry.

- Un poco.- concedió Draco al fin. De repente sus ojos titilaron, y se aferró a Harry, que lo sostuvo, observando sus mejillas palidecer.

- Estás… estás transpirando, Draco…- Harry lo abrazó, su rostro con su pelo, sintiéndolo jadear.- Es la magia? Te duele?-

- Es… como tener una maldita anguila eléctrica en las tripas…- Draco sonrió con los dientes apretados.- Una con muy mal genio… una sin novio hace años… dame un momento, pasa rápido…-

- No tenías que hacerlo. No tenían…- a Draco le pareció increíble, pero había dolor por Anteus en la voz de Harry. Levantó la vista, con una ira extraña a que Harry sufriera, y susurró en su boca, la voz cargada de súbito deseo mientras su cuerpo aún vacilaba.

- Quién te crees que eres, Potter? Un maldito ángel?-

Harry le respondió el beso con la misma ardiente pasión, sus bocas inquietas y cargadas de esa electricidad que eran solo los dos. Todo había pasado tan rápido: aún mientras se besaban, aún allí abrazados, Draco pensaba que lo había conocido toda la vida y Harry pensaba que nunca lo había conocido hasta ahora, en que se fundían como uno solo, sus cuerpos desnudos familiares y a la vez fascinantes. Harry se apartó con una sonrisa, y tomando el jarrito a un costado, lo sumergió en un balde y lo derramó encima de Draco, que jadeó por el contacto frío, pero luego sonrió, el fuego en su vientre más que suficiente para mantenerlo tibio.

Con cuidado, Harry frotó el paño por todo el cuerpo de Draco, su cuello, su pecho, la nuca y los brazos, el duro y áspero jabón casero creando espesa espuma blanca que se deslizaba lentamente. La respiración de Draco se aceleró cuando Harry se arrodilló para deslizar el trapo por sus pantorrillas, sus muslos, sus rodillas, y levantó la vista en esa posición, sus ojos verdes como pozos sombríos a la luz de la luna.

Draco echó la cabeza atrás y se mordió los labios mientras Harry enjabonaba con pura perversidad su miembro, haciéndolo palpita y agitarse bajo sus manos lentas y resbalosas. Había cerrado los ojos, y cuando Harry se levantó sin detener sus caricias, los dos se abrazaron con cuerpos llenos de jabón, sus pieles deslizándose desnudas y ardientes.

- Harry.- jadeó Draco.- No puedo…-

Harry asintió, y con un gesto rápido alzó el balde completo de agua y lo volcó sobre ambos en un resonante splash que rebasó la palangana y mojó el suelo. Pero no les importaba: empapados y limpios, la piel helada pero el vientre como dos brasas, los dos cayeron mojados sobre la cama para rodar y luchar por dominarse, dejando marcas de agua en las sábanas. Cuando al fin Draco logró quedar encima para frotar sus caderas contra la entrepierna de Harry, haciéndolo arquearse en el lecho, se apoyó en las manos e insistió en la fricción, los ojos cerrados, inhalando el pecho mojado de Harry.

- Para… voy…- la voz de Harry sonó ronca.- Draco, espera…-

- Ni de broma.- la voz de Draco era más firme, pero jadeaba.

- Espera… quiero…-

- Después.-

- No, es…-

- Joder, DESPUÉS, Potter.-

-…me voy… a acostar… con Richard… cuando todo… acabe…- jadeó Harry. Draco se congeló, pero antes de que emitiera el coro de maldiciones e insultos que Harry sabía se estaba formando en la cabeza rubia, Harry lo volteó y se sentó en la cama, tomándole la cara, el pelo goteando dejando rastros como de lágrimas en sus mejillas.

- Si es una broma para que pare, te voy a patear.-

- No es broma.-

- Entonces te voy a matar!-

- Richard está al borde del suicidio. Y si… cuando Helga…- Harry suspiró, sus ojos cargándose de dolor ante la idea de la dorada princesa que buscaba la muerte.-… se matará, Draco. Déjame darle algo por lo que sobrevivir, déjame ayudar a…-

- NO. Punto. No pienso!-

- Draco, si Richard se suicida, no habrá Hogwarths!-

- Pues usaremos uniformes putos en Beauxbatons, y se acabó!-

- Ni creas que voy a usar pantalones ajustados blancos de lycra, son putísimos!-

- Mmn. Yo pienso que a Beau Delacour se le ven lindos.-

- Draco, has estado de nuevo visitando a ese francés puto?-

- No me hagas una escena de celos cuando vas a acostarte con el aviso de L'Oreal de Ravenclaw! – A Draco le volvió la rabia.- Eres tan… tan… qué te crees propiedad del mundo? Y salvar a Hogwarths con el culito? Es para que quede en los libros de historia!-

- Me lo vas a impedir?-

- Podría si quisiera?- Draco enarcó las cejas.

- Sí.-

- Haz lo que quieras.- Draco se tendió enojado.- Préstaselo a todos los normandos, si quieres. A mí me importa un pepino.-

- Quiero a Richard, Draco.-

- No me lo refriegues por la cara, por favor!-

- Pero te amo a ti.-

- Sí, ya veo, Roxanne.- Draco lo miró con irritación, y maldijo a la luna por hacerlo tan hermoso, tan real, tan… bueno. Deslizó una mano por su espalda, y Harry lo miró a los ojos antes de apoyarse en un codo y besarlo.

- Draco…- susurró, su mano yendo a la caliente masculinidad del Malfoy, cruzándose con la de Draco que fue a la de Harry, los dos tironeándose y acariciándose con dedos aún húmedo, hasta que roce se hizo insoportable, y sus besos jadeantes y hambrientos, las piernas enlazándose como ramas en un estanque, mecidas por el viento.- Te amo…-

-… te detesto…-

- Sí, ya…- Harry sonrió, y levantó la vista, para quedarse sorprendido.- Oye, soy yo, o hay luces en el aire?-

Draco levantó la vista, aunque apenas podía enfocar.- Chispas del color de la magia? Estoy soltando magia?-

- Estás… irradiando magia…- jadeó Harry, su sonrisa ampliándose.- Probamos un hechizo?-

- Ahora?- gimió Draco, cuyo miembro palpitaba enloquecido.

- … Rain Charm…- susurró Harry, y Draco gritó y estalló en sus brazos. Harry no había pretendido nada más que el agua que habían vertido se alzara y lloviera sobre ellos, pero cuando vio la lluvia golpeando salvaje los ventanales, poderosa como una cascada, rió, aunque el ruido de la lluvia le taladró el cerebro al venirse contra los muslos mojados de Draco, cayendo en un suspiro.

Nice…

Llovió toda la noche.

Llovió como un maremoto, hasta que los campos estuvieron llenos de charcos: pero el amanecer fue claro y sol iluminó los campos como un reflector, la luz haciendo que el aire fuera claro como el cristal.

Cuando el sol iluminó las almenas de Hogwarths, Helga estaba allí, con un vestido negro que flameaba en el viento, y una pechera de armadura bañada en oro reluciente, una gran lanza en su mano. Y cuando apuntó con ella al Páramo de Lettin y a los normandos, los soldados de Hogwarths gritaron, dispuestos a seguirla a la guerra, aunque ése fuera el día de su muerte.

- Pónganse armaduras.- dijo Lawliet, despertándolos al entrar sin tocar a la habitación de Harry, vestido con una túnica de malla sobre botas de metal y guanteletes, que lo hacían ver más frágil aún. Se sentó en el marco de la ventana y la abrió, dejando entrar el aire fresco.- Helga nos espera. Hoy es el final.-