Capítulo 12 por The Fox Lady
Capítulo 12 por The Fox Lady
Notas del autor:
El comienzo del fin...
Capítulo Doce
Capítulo Doce
GOLD AND BLACK
- Qué estuviste haciendo toda la noche?-
- Hechizando flechas.-
- Hablo en serio, Lawliet.-
- Yo * siempre* hablo en serio.- dijo Lawliet, con una remarcable cara de palo mientras los tres bajaban la escalera de piedra que conducía al patio de Hogwarths. Los soldados estaban reunidos allí en docenas, armándose, preparándose, en un ominoso silencio: parecían dispuestos a la muerte, pero sin ver ninguna otra posibilidad que morir y perder con honor. Muchos eran veteranos de Camelot, y otros jóvenes que habían encontrado en Hogwarths un hogar: y estaban listos para morir defendiéndolo.
Pero se veían tan dereminados y desolados a la vez.
Aún no amanecía. El hoirizonte había empalidecido, pero no había sol aún. Lawliet les dio una palmada y se fue a buscar la fina yegua baya que era su montura, y Harry lo envidió: de alguna parte Lawliet había sacado lo que parecía una túnica de malla hasta el suelo, y con guanteletes y botas de metal se veía muy cómodo, mientras que él y Draco, con armadura completa, estaba sumamente incómodos.
- Esto va a ser una masacre.- susurró Draco para sí, pero Harry lo miró, y sus ojos verdes relucieron.
- Y tu fe, Draco?-
- La dejé con la tuya. A mí todo me grita que agarre a Lawliet, active el giratiempo y salgamos de aquí de una patada.-
Harry sonrió, ampliamente.- Nada te evita hacerlo… -
- No seas… no me hinches pelotas cuando tengo una guadaña en la mano, imbécil.- dijo Draco con exasperación. Había tomado la guadaña de Gareth, con un suspiro: Harry no tenía la menor idea de armas largas, pero Draco lo había hecho sin decir nada. Era adecuado que la guadaña de Slytherin combatiese junto a la espada de Gryffindor, después de todo: pero Harry no se habría opuesto de todos modos. Era después de todo, un arma poderosa, y parecía un desperdicio dejarla allí, cuando enfrentaban una batalla.
- por?-
- para que no te parta al medio?-
- Necesitas una guadaña para eso?- dijo Harry con una sonrisa nueva y perversa y saltó los últimos escalones. Draco se quedó con la boca abierta y luego lo siguió con un juramento, para verlo montar en un brioso semental negro, sosteniendo a una hermosa yegua plata de la rienda para él.
Más atrás, Lawliet montaba en una yegua broncínea que Richard sostenía. Los dos llevaban malla: Lawliet llevaba el arco y el carcaj de Rowena, aunque había cargado las flechas de Gareth, y Richard se había colgado al hombro la lanza de Rowena y había colgado del arzón de su montura el hacha de Hughes, aunque parecía demasiado pesada para que el estudioso la levantara, qué hablar de luchar con ella. Sin embargo, Richard parecía lleno de decisión y energía, y dispuesto a la guerra que tanto lo había aterrado.
- Lawliet, tienes…- Harry se calló al ver a Helga aparecer en la almena con el primer rayo de sol.
Las puertas del balcón tras ella reflejaron el sol naciente como un reflector: era puro oro en su pelo, en la armadura dorada y negra que llevaba, en su estandarte, en las cintas de oro que colgaban de su capa negra. Harry sintió que nunca había visto algo tan hermoso, y que la belleza podía ser terrible, como la inmensa ola de un maremoto: cuando el sol le dio de llena, y Helga levantó sus blancos brazos cubiertos a medias por los guanteletes, incluso Draco, inundado de magia en su interior, sintió la oleada del poder de Helga.
Algunos débiles gritos de "Hufflepuff!" la saludaron, y Helga bajó la vista, ojos negros como relucientes hematitas. Pero cuando levantó la lanza con el estandarte y una ornada H apuntó a los normandos, al norte, mientras Hogwarths era iluminado por el sol y trazaba largas líneas de sombra como una flecha y gritó:
- HOOOOGWAAAAARTHSSS!-
I won't suffer, be broken
Get tired, or wasted
Surrender to nothing
Lawliet fue el primero en corearlo en un grito agudo y salvaje. Un momento después, empcionados sin saber porqué, Harry y Draco, y los soldados, gritaban ese nombre con rabia y con alivio, con amor y odio, y voluntad en la voz, gritando aún mientras montaban y las puertas se abrían para la batalla. Richard levantó su lanza y saludó, su voz inesperadamente penetrante. Cuando los caballos atravesaron las puertas en una marea, Harry y Draco se hallaron galopando a los flancos de Helga, con Richard y Lawliet más atrás. El ruido de la cabalgata era ensordecedor: las armaduras entrechocaban, los caballos piafaban, y sin embargo, a pesar del polvo de y lo incómodo de la armadura, Harry sintió una extraña euforia siguiendo la dorada melena de Helga rumbo a la batalla, banjo un cielo apenas azul, bajo un sol del amanecer, de muy temprano a la mañana: sonaba un cuerno en alguna parte, o algo más agudo, un címbalo: y mientras galopaban con el sol poderoso a la derecha, Harry se encontró gritando como un poseso, blandiendo la espada de Gryffindor, la vocecita de Andy haciéndole coro.
I'll give up what I
Started
And stop this
From end to beginning
Draco no gritaba: iba muy serio, los ojos entrecerrados, en una expresión concentrada. Harry le hubiera preguntado qué pasaba, pero no lo habría oído: menos cuando el ejército entero, excepto Helga, dieron un respingo.
En lo alto de las colinas que dominaban el páramo de Ettin, los normandos habían aparecido, casi rodeándolos, como afiladas espinas en una verha inmensa. Los soldados se cerraron junto a Helga, tratando de protegerla: pero aún a esa distancia, podían ver que la diferencia numérica era grotesca. Cientos contra miles: un hombre contra diez. Y sin embargo, cuando los normandos gritaron golpeando sus escudos, buscando aterrarlos, Harry vio a Helga alzar su estandarte y gritar:
- SIN MIEDO! HOGWARTHS! SIN MIEDO!-
A new day is coming
And I am finally free
Sus soldados gritaron la consigna,y en lo que parecía demasiado poco tiempo, los normandos les cayeron encima.
Eran enormes. Eran tantos. Parecía que todo se había llenado de pelo de caballo y sangre y acero duro de repente: Harry se volteó, la espada de Gryffindor más bien una palanca afilada que un cuchillo al desmontar a los normandos, y vio a Draco revoleando a la guadaña, que brillaba con el color de la magia. Para su sorpresa su espada también brillaba, con un tono anaranjado: y la vio cortar acero como si fuera mantequilla, dejándolo un poco desconcertado al cortar por la mitad a un hombre que sólo pretendía desmontar.
Runaway, Runaway
I'll attack
Runaway, Runaway
Go chase yourself
Pero no había tiempo para preocuparse por el gore. La batalla lo empujaba contra Helga, y la vio quieta, los ojos cerrados en el mismísimo centro de la batalla, las manos entrelazadas como si rezara, y sintió la magia bañarlo en oleadas. Era ella la que había encantado no una ni diez armas, sino todas, cientos, con su poderosa magia. Tenían armas que superaban en mucho a los normandos ahora: pero, pensó Harry con desesperación, las armas son sólo tan fuertes como el brazo que las maneja, y ya estoy cansado, estoy cansado…
Runaway, Runaway
Now I'll attack
I'll attack, I'll attack
Por el rabillo del ojo vio a Lawliet tomar el arco de Gareth y saltando del caballo como un tonto, encaramarse a una roca desde donde podía ver todo, pero en donde era muy fácil derribarlo. Le gritó, pero Lawliet no hizo ningún caso, disparando en torpe sucesión unas tres docenas de flechas con penacho azul: no hirió más que a dos hombres, y cuando se le acabaron las flechas, tiró el arco, se sacó la enorme capa azul que llevaba y la tomó en las manos con un gesto que a Harry le recordó estúpidamente a un torero.
- Lawliet, PONTE A CUBIERTO!- Bramó, tratando de llegar hasta él. Pero Lawliet sólo sonrió, y se puso a dirigir una imaginaria orquesta.
Harry abrió la boca para bramarle que estaba completamente loco, que había finalmente comprobado que no se elevaba sólo porque su cabeza estaba llena de aire y no helio, cuando los soldados frente a él se transformaron en una pupa sangrienta.
kill off this thinking
It's starting to sink in
I'm losing control now
Las flechas de Lawliet se habían reunido, y volaban como un espantoso enjambre de muerte. Lawliet las dirigía, y caían en una ducha atroz que destrozaba, para luego elevarse como pájaros y volver. Una y otra vez. Una y otra vez. Lawliet sonreía de oreja a oreja, y Harry vio con shock que envuelto en la gran capa azul de Rowena, parecía ingrávido, y las flechas y golpes que le diriguían parecían resbalar…
- Te dije que había encantado las flechas, soy como el ajo con el arco!- gritó Lawliet haciendo una pirueta ridícula.
- Y era tan obvio… acaba de inventar los misiles teledirigidos…- Draco pasó como rayo a su lado, la guadaña trazando un arco luminoso.- Felicítalo después, Potter! Muévete!-
Por un momento, pareció que tenían la ventaja.
Por un momento, los normandos retrocedieron.
Runaway, Runaway
I'll attack
Runaway, Runaway
Y entonces, en medio de la batalla, Draco sintió como si una mano helada le hubiera apretado el corazón, y vio un grupo de mujeres vestidas de blanco, con los jóvenes pechos desnudos, espesas trenzas de oro al viento, hoces de oro. Alzaron la mano, y Helga cayó de su caballo como si la hubieran golpeado con un mangual. Otra hizo un gesto, y Lawliet voló varios metros de golpe y cayó entre la maraña de caballos, sin volver a levantarse, sus flechas al fin enterrándose en el suelo. Harry sintió la espada recuperar su peso en sus manos, y de súbito, todas las armas les quemaron las manos, los caballos se encabritaron y se hallaron en el suelo. Draco a su lado intentaba mantenerse de pie y le fallaban las piernas: pegado a él, la espada en la mano, Helga colgando de su otro brazo, harry apretó los dientes sintiendo el sabor de la sangre, sabiendo que lo único que le restaba era vender cara su vida, y aunque sabía que no soportaría ver morir a Draco y a Helga, tendría que soportarlo sólo por momentos…
Flechas… flechas cortas, para acabarlos sin siquiera tocarlos, sin piedad, sin orgullo… Harry cerró los ojos.
- NO!- gritó una voz, y Harry vio a Richard lanzarse adelante, y alzar los brazos con la lanza. Su frágil figura pareció volverse de piedra, y las flechas se volvieron agua, cayendo encima suyo, empapándolos como lágrimas.
Richard tenía la mano tendida y miró a Harry. Harry se lanzó adelante, la espada enhiesta, listo para morir con el heredero de Ravenclaw, porque no iba a dejarlo solo: pero las druidas se lanzaron primero, y cayeron sobre Richard como cisnes blancos mortales, sus hoces trabajando en el cuerpo esbelto del muchacho. Harry gritó y gritó, tratando de llegar, y vio saltar la sangre, pero entonces…
Go chase yourself
Runaway, Runaway
Now I'll attack
I'll attack, I'll attack
Se hizo de noche. Eran las nueve de la mañana y era de noche de súbito, sin luna, sin estrellas. Sólo una inmensa llamarada violeta y verde inundó el campo como fuego del infierno, y Harry vio a esa luz mortecina a un grupo de jinetes oscuros acercarse a caballo desde la landa, mientras lo que parecían pájaros negros pero eran mujeres vestidas de negro caían sobre las druidas de blanco y se trenzaban en una pelea feroz.
- Salazar.- susurró Helga a su lado: había despertado. Juntó las manos, y sus armas volvieron a brillar feroces: y Harry supo con una sensación mareante, enloquecedora, que Salazar y las druidas oscuras habían venido en su ayuda y que aún podían ganar. Y con una esperanza inmensa y un alivio que lo hizo exclamar su nombre, vio a Hermione desmontar y abrirse paso entre la batalla, sin detenerse aunque flechas o espadas la pasaran rozando.
- DRACO!- gritó ella, y Draco espoleó su caballo, que saltó derribando unos normandos, lo hizo agacharse y la atrapó de la cintura para levantarla a su montura. Cruzada sobre el arzón, Hermione dejó que Draco la sostuviera y alzó las manos de inmediato en un grito ininteligible.
Harry levantó la vista, y aunque no dejaba de luchar sin parar, vio el cielo negro llenarse de estrellas.
No eran estrellas. Eran doradas, ígneas.
Runaway, Runaway
I'll attack
Runaway, Runaway
Los meteoros de Melf de Hermione cayeron como una maldición desde el cielo: cuando aplastaban a un normando, no dejaban nada para enterrar. Era in inmenso manto de fuego, e iluminados por esas llamas, los tres se hallaron reunidos en medio de la refriega, Draco brillando por la magia que pasaba por sus venas y que Hermione utilizaba para ampliar el hechizo de forma imposible, Harry defendiéndolos con una espada rápida y letal, y los gritos de muerte y de guerra rodeándolos.
- LAWLIET?!- gritó Hermione, sus ojos ansiosos aún mientras tocaba ese instrumento de fuego y muerte. Y en respuesta a su grito, tras unos segundos angustioso, vieron levantarse a un pájaro azul, una sombra envuelta en una capa desgarrada, que flotó, se elevó, y cayó a su lado: Lawliet, magullado pero sonriente, con Richard en brazos, los dos heridos, pero vivos.
- Perdí mis flechitas… y tanto que me costó hacerlas…-
- Estás vivo!- Harry exclamó feliz, deteniéndose un segundo para apretarlo.- Creí que…-
- Y Ravenclaw también sobrevivirá. Joy. Perdóname que por él no baile…- Draco bufó a su costado, y aunque estaba cubierto de sangre, agotado y exhausto, Harry rió al oír su tono divertido.
- Bailas de alegría por Lawliet?-
- Dos pasos de tap es todo lo que conseguirás, Potter.-
Go chase yourself
Runaway, Runaway
- Tranquilo. Tengo intenciones se ser El Niño Que Vivió.-
- Yo prefiero ser El Niño Que Vivió Y Se Jodió Al Resto, pero entiendo tu idea.-
Los normandos se reagruparon, y a través del un claro entre los que se retiraban vieron una imagen que hizo que el aliento de Harry se quedara en su garganta. Rodeado por las druidas oscuras, que manchadas de sangre sobre sus ropas negras parecían pájaros monstruosos, un Salazar Slytherin alto y terrible con el cabello blanco flotando mientras envuelto en ropas manchadas y una capa negra hecha jirones avanzaba contra los normandos imparable. Una espada larga y fina en su mano y una daga en la otra, Salazar realizaba la esgrima más hermosa y espantosa que hubiera visto, atacando como ataca una carnicero: y era tan hábil, tan increíble, que su paso no se demoraba ni perdía elegancia mientras avanzaba con las druidas, que remataban a los heridos a su paso como carroñeros.
- HELGA!- gritó Salazar. Helga se volvió, y a Harry se le paró el corazón: porque el rostro de Helga se puso blanco como el de un espectro, y un odio atroz inundó sus ojos negros, relucientes.
Los normandos reatacaron, sus jinetes liderando la carga. Los hombres de Salazar se lanzaron adelante y las dos fuerzas chocaron como lobos salvajes, la magia destellando feroz: Harry y los suyos quedaron fuera del flujo principal, y la caballería los empujó afuera, a pesar de todos los esfuerzos de Harry por alcanzar a Helga.
Helga había tomado una espada que apenas podía levantar, pero que brilló en sus manos, y se lanzó contra Salazar.
- Helga, no!- susurró Harry, desesperado.
- Perdona la intromisión… te interesa si te llevo?- digo Lawliet, que a su lado se bajaba cuantos normandos podía con una daga no más grande que una garrita y su varita. Tenía un corte en la cara, pero se veía bien, aunque el chichón era tan enorme en su cabeza que se destacaba a través de la maraña de pelo.
Harry por toda respuesta de aferró a Lawliet, y le sorprendió la ligereza, la fuerza con que un simple salto lo lanzaba en vuelo. Se sentía como si poderosas alas lo llevaran: y Lawliet lo dejó caer como una piedra justo en el momento en que Salazar rechazaba a una Helga asesina con un revés que la envió al suelo, para cruzar su espada con la de Salazar Slytherin.
- NO! DÉJALA!- gritó Harry, y su espada brilló roja al contacto de la larga espada de Salazar. Él lo empujó, pero no cayó: y Harry sintió un miedo a atroz al ver que tan desprovistos de vida, y sin embargo qué tan terriblemente lúcidos parecían sus ojos fosforescentes. Sus espadas golpearon y se cruzaron: la magia liberaba chispas, relámpagos verdes y violetas, y sus cabellos se erizaron, sus mantos se agitaron en una nube de magia…
- Harry! Basta! Nos están…- Draco perdió la voz cuando se giró y cubrió a Hermione son su cuerpo de un espadazo que le abrió la espalda. Harry gritó y Salazar aprovechó su distracción para atacar: el espadazo lo dejó sin aire, en el suelo, retorciéndose, aunque por suerte su armadura había aguantado
Los normandos estaban ganando, a pesar de la muerte de casi todas sus druidas. Draco y los demás estaban encerrados en un círculo cada vez mas pequeños, y las hachas de los normandos parecían listas para golpear, el sol reluciendo en sus filos sucios de sangre y crueles…
Now I'll attack
I'll attack, I'll attack
Y entonces, una voz.
Salazar dijo algo, y Harry se volvió, para verlo mirando fijamente. Helga estaba en el centro de la locura, quieta e inmóvil, de rodillas. Tenía sangre en la boca, pero susurraba, y pronto, como si realizara un enorme esfuerzo, se llevó las manos al pecho y se arqueó.
Y algo como un sol naciente iluminó poderoso e implacable, cegándolos a todos. Cuando Harry pudo volver a mirar deslumbrado, vio a Helga sonreír, más que de pie, flotando. En sus manos, un pequeño sol de cristal dorado emitía más luz de lo que creyó posible, y para su shock, a los guerreros, normandos o sajones, a los que el resplandeciente globo de luz atrapaba, los deshacía en fragmentos brillantes: un grito, un salpicón rojo, y luego nada, mientras el círculo crecía y crecía. Se quedó mesmerizado, viendo la belleza de Helga allí, flotando dorada y hermosa, con lo que intuía vagamente debía ser su inmensa magia extraída de su cuerpo, en una lenta y hermosa explosión…
- HARRY! ATRÁS!- gritó Hermione, y la vio saltar hacia delante, vio a Draco tropezar, y a Lawliet, y a Richard. Y no supo nada más cuando la luz dorada lo envolvió, sintiendo que se deshacía… que se iba en paz…
Your promises
I promise you
La mano de Draco en la suya, flotaba en la luz, rindiéndose. Y entonces un haz de plata los envolvió, desconocido y frío, separándolo del calor. Harry hubiera querido gritar, de volver a ese olvido dorado: pero como un chorro de agua fría, la plata lo sostuvo, lechosa, y de pronto, cuando abrió los ojos, atardecía, y estaba tendido en un campo de batalla solitario, en donde no habían esqueletos, sólo armas y armaduras abandonadas entre el pasto.
Draco estaba enderezándose a su lado: Lawliet, tropezando, ayudaba a Hermione y a Richard a incorporarse. Y un poco más allá, caída, estaba…
- HELGA!- gritó Harry, echando a correr. Cayó más que se arrodilló a su lado: Helga estaba despierta, mirando el cielo, y su cabello había perdido su oro para ser completamente blanco.
-… Harry…- susurró Helga.
- Helga, aguanta, no…- gimió Harry, sus ojos dilatados al ver qué tan blanca estaba.-… no te vayas…-
- Háblame de Hogwarths, Harry…-
Harry rompió a llorar, oprimiendo a una Helga que se dormía contra su pecho. La luna los bañó mientras rodeado por Draco y Lawliet, una Hermione con el vestido desgarrado y un Richard que lloraba, sosteniendo a Helga por el otro lado, Harry habló sobre un lugar de paz para los niños, un castillo que nunca volvería a mancharse de sangre, en donde las risas retumbarían como campanas y se dormiría en paz. Helga cerró los ojos y se durmió, helada y suave, y a Harry se le ahogó la voz.
Una sombra cayó sobre ellos. Y levantaron la vista anonadados para encontrarse en ese fantasmal campo de batalla a Salazar Slytherin, su espada en la mano, y el odio en su rostro, envuelto en llamas de magia.
- Dénmela.- dijo con suavidad.
- No.- dijo Harry, alzándose con Helga moribunda en los brazos.- No. Ella dio su vida para darle paz a Inglaterra y tú sólo le traerás más odio y violencia. Tú deberías haber muerto ahora!- exclamó lleno de rabia.
- Pero no he muerto. Y no hay ninguno entre ustedes que pueda derrotarme. Dámela, Harry. Yo levantaré Inglaterra otra vez.-
- No.-
- Hogwarths será el centro de la magia, un castillo de poder y leyenda.-
- No, asesino!-
- No pueden luchar contra mí. Ni siquiera juntos son tan fuertes.- dijo Salazar, y sonrió cuando Hermione se separó del grupo y fue hasta él.- Tú lo sabes, verdad?-
- Lo sé.-
- Y aún me amas?-
- Te amo con todo mi corazón.- dijo Hermione con voz firme. Draco y Harry la miraron con una mezcla de incredulidad y espanto: pero entonces Hermione dio un paso, besó a Salazar en los labios suavemente, y cuando se echó atrás, algo brillaba en su mano.
Pequeña y reluciente a la luz de la luna y a las llamas de la magia, la daga de Slytherin, la daga maldita que una vez casi le había costado la vida a Harry a manos de un poseído Draco.
La daga que te ayuda a matar a quien amas.
Salazar comprendió y sus ojos se dilataron en el mismo momento en que una Hermione cuya magia se había multiplicado por cien alzaba la daga con una sonrisa.
- Te amo. Ahora muere, Slytherin!-
