Capítulo 13 por The Fox Lady

Capítulo 13 por The Fox Lady

Notas del autor:

Penultimo capitulo!

CAPÍTULO TRECE

CAPÍTULO TRECE

IN THE MOONLIGHT

Los soldados habían acampado alrededor del vacío campo de batalla, armando tiendas y caballerizas improvisadas. No era que no pudieran llegar a Hogwarths, que estaba a menos de dos horas a caballo del páramo: pero no había tiempo, porque Helga se moría, y nadie quería que muriese en medio del regreso. Richard había alzado con magia una gran tienda azul y oro, y en un lecho invocado con sus poderes la habían acostado, dormida a medias, despierta a medias, con todos los cuidados y toda la dulzura con que se acuesta a un niño enfermo. Se veía muy pequeña en la gran cama, los rizos extendidos en la almohada, su rostro sonrosado y soñoliento, a pesar de que la muerte había marcado ojeras y pómulos hundidos en su rostro, como si ya empezara a robar la vida de la dorada princesa-reina de Hogwarths.

Harry y Richard flanqueaban la gran cama, Harry aún con todas las marcas de su batalla con Salazar, Richard mareado por toda la magia que había utilizado, sosteniendo las manos de la última fundadora. Helga vagaba entre el sueño y la consciencia, a veces sonriéndoles, a veces hablando entre sueños con personas que no estaban allí.

Harry, aunque temblaba de cansancio, no se alejó de ella ni un momento tras acomodar a Draco inconsciente, a Lawliet dormido con un hechizo para calmar su espantosa histeria y a Hermione exhausta cuidándolos en otra tienda: con la espada de Gryffindor al costado y con sólo manos y cara lavados, parecía un guerrero mucho mayor que sus dieciseís años, sus ojos verdes llenos de dolor, triunfo y tristeza a la vez.

La esfera dorada que Helga había sacado de su pecho parecía ahora simple cristal, trabajado en una joya que había sido oro brillante y ahora no era más que traslúcido, opalescente perla. Sostenida contra su corazón, Richard lo había identificado como su propia alma encerrando su magia, magia que había vertido y quemado en segundos para devastar el campo de batalla. El inmenso poder de Helga, que podría haber durado siglos, se había perdido en un solo segundo enceguecedor: y ahora apenas quedaba el suficiente para darle unas horas más de vida, apenas un hilo de oro en el cristal.

Helga se moría, y Hogwarths e Inglaterra renacían. Sin la amenaza de los normandos y sus terribles druidas, Inglaterra sería libre para prosperar y crecer. Y renacer.

- Richard…-

- Mamá Helga…- la voz de Richard se ahogó: no había solllozado, pero incontables lágrimas habían resbalado en silencio, tiñendo su túnica azul vivo de azul oscuro en el pecho. Sin embargo, había un punto de fuerza, una nueva serenidad aún en medio de su desolación que conmovió a Harry, porque se veía tan valiente, y tan frágil, y tan decidido, y tan triste. Se quedaba solo, pero trataba de que la muerte de Helga fuera serena, de despedirla sin histeria, sin desesperación.

Richard le tomó la mano y la puso contra su mejilla, dulce y suave. Harry y él tuvieron que inclinarse para oír a Helga, que habló muy bajo.

- No estarás siempre solo… tienes que tener un hijo…- susurró Helga, su voz tenue.- Vendrá una princesa de tierras lejanas, un hija de Gabrielle. Y ella y tu hijo darán a luz al sol y a la luna, un rey que trabajará en silencio y paz y un rey brillante que irá al este y volverá en gloria para recrear una nueva Inglaterra. Vendrá la hija de la princesa de Gryffindor, y se llamará Leonora, por el león de Gryffindor. Y ese prínicipe brillante y viajero que vivirá por siempre, tendrá tu nombre… y el corazón de un león.- susurró Helga. Harry observó fascinado como sus ojos negros se decoloraban como vaciándose, hasta volverse del oro de las profecías.- Y Gabrielle vendrá, Richard… al menos una vez más, la verás… mi niña guerrera volverá a casa…-

- Mamá Helga…-

- Dile que la amé siempre, siempre, y que sólo quiero que sea feliz… yo sólo quiero que tú seas feliz… lo serás…-

- Aguanta.- susurró Harry, y él sí, estaba a punto de sollozar.- Helga, por favor, tiene que haber un modo! Y si te diéramos más magia?! Si tratáramos de devolverte lo que perdiste?-

- Ni un grimorio tiene tanta magia como tenía ella.- susurró Richard, mientras Helga parecía perderse entre sueños otra vez.- y aunque lo encontrásemos, cuando reemplazas la magia de alguien, hay reacciones muy violentas… piensa que tu amigo, al que le metieron magia despersonalizada la ha pasado tan mal, pero a Helga no le queda nada de magia para soportar…-

Harry movió la cabeza.- Tú ya habías pensado todas las posibilidades, verdad?-

Richard asintió tristemente. Entonces los ojos de Helga se volvieron a abrir, y miró a Harry, con intenso amor y devoción en su mirada. Enlazó una mano y lo acarició con menos fuerza que un gatito: luego lo atrajo, para susurrar en su oído:

- Ella los está llamando… esta noche, tienen que irse…-

- Pero…- Harry cerró los ojos y dos lágrimas cayeron hasta la mano de Helga.-…no, no quiero…-

- Harry.- susurró Helga dulcemente.- He luchado para que todos los hijos de Hogwarths tengan un futuro… una vida feliz. Y tú eres un hijo de Hogwarths… y mi favorito.- agregó con dulzura.- Ve, mi amor…-

Harry oprimió sus manos, e inclinando la cabeza, la besó: entonces el último rayo de sol de la tarde se fue, y con él se fue el alma de la princesa dorada, que tan amada había sido, y que había entregado tanto amor y tanta magia. Cayó la noche, y los dos se quedaron en silencio junto al lecho, en la oscuridad, mientras un cuerpo tan pequeño se enfriaba. Se quedaron quietos, y cuando salió la luna se abrazaron y besaron junto al lecho, para arrodillarse en el suelo cuajado de tapices y mecerse como niños perdidos en la tormenta. Harry tironeó las ropas de Richard, y no parecía irrespetuoso, o fuera de lugar amarse junto al cuerpo de Helga. Era como si ella sonriese, como si bendijera su amor, ella, cuyo símbolo había sido el amor infinito.

Harry desnudó a Richard, y lo miró largamente tendido en el tapiz oscuro, su cuerpo blanco, casi iridiscente, a la luz de la luna, el cabello suelto en larguísimos hilos de negrura que reflejaban la luz como agua. Richard era hermoso, tan inconcebiblemente hermoso que era casi irreal: y cuando Harry le besó el vientre y el rubor inundó sus mejillas mojadas de lágrimas, Harry sintió que su belleza era tal que dolía. Dolía ver su esbelto torso arquearse cuando deslizó sus manos y jugó con los pezones enhiestos y pequeños: dolía cuando separó las piernas para él,como un arco de alabastro, dolía ver su miembro esbelto y rebelde, sonrosado y palpitante. Harry lo amó con todas sus fuerzas, con toda su ternura, con toda la pasión que le llama que ardía en ellos cuando Richard se balanceó sobre Harry, atrás y adelante, su cabello siguiéndolo cuando echó la cabeza atrás y dejó que Harry se hundiese en el palpitante, virgen orificio entre sus nalgas con un gemido de rendición y deleite, la llama que quemaba cuando los dedos de Harry fueron terriblemente expertos manipulando su carne erguida, sus labios implacables en los suyos, era una llama que parecía quemar el dolor, la ira, la sangre, las muertes, en una llama brillante y limpia que les devolvía la paz. Richard se revolcó incontrolablemente en el suelo bajo sus manos, incapaz de hablar, ni de pensar, mientras Harry no detenía sus caderas, no detenía sus besos, derramándose sobre él sin compasión hasta que Richard, ahogado en ternura, entregado por completo a Harry dentro de su carne, extendido como un sacrificio en sus brazos sollozó libremente, sin voz, sin palabras, sin pensamientos. Era sólo un ser amado hasta su mismo límite, inundado de amor hasta que su piel parecía estallar por dentro, y en los brazos de Harry Richard conoció el amor verdadero, un amor que no podía asir y que nunca sería suyo, excepto en este momento, este segundo.

Él sería suyo para siempre, siempre. Mientras los besos de Harry lo marcaban, y Richard abría ojos azules como zafiros refulgentes para mirarlo, fue capaz de sonreír al apasionado niño del futuro que amaría siempre. Observó su cabello negro leonado, sus ojos verdes facetados: y se preguntó en que mundo viviría Harry, si sería feliz. Harry conocería su final, pero el nunca podría saber más: y hubiera cambiado todo lo que había aprendido, toda la sabiduría de Ravenclaw, para saber si sería feliz.

- Te amo…- susurró, y no cerró los ojos en el beso, queriendo capturar cada visión que pudiera para atesorarla, cada segundo de la magia de Harry. Cuál era su magia, qué era lo que todos aquellos que estaban lastimados lo mirasen con la misma ansia en los brazos? Era como un buen fuego en una noche de frío, un bebida caliente, una manta de lana, un vaso de agua para la sed. Era algo dulce, en lo que podías perderte: una fuerza cuya voluntad no se podía dominar ni romper, una capacidad de amar que era física y espiritual a la vez, porque Harry amaba tanto. Harry era como el Godric que Helga había descrito, pero también como ella para Richard, alguien que amaba sin distinciones, sin preguntas, sin siquiera un momento egoísta en que exigiera el amor que entregaba, de regreso.

Por eso Harry era amado perdida, locamente. Richard le tomó la cara entre las manos cuando el placer se suavizó, y besó sus ojos color esmeralda, inspiró su aroma, y habló entrelazando sus dedos con los suyos.

- Es la hora…-

La luna estaba redonda, amarilla, inmensa sobre ellos. El campo de batalla relucía, cubierto de armaduras vacías como otras tantas estrellas, silencioso y quieto, la stiendas un mundo aparte aunque sólo estaban a unos metros, meciéndose en la brisa. Richard los siguió, pero permaneció en el tibio círculo de luz de la última fogata del campamento, mientras los viajeros se adentraban en la noche.

Estaba tan lleno de estrellas como Harry no recordaba haber visto nunca. Se reflejaban en el lago y en la landa, y era como flotar en el cielo oscuro cuando dejabas la luz del campamento y avanzabas hacia las sombras, en un vacío inmenso que no existía desde hacía siglos. Eso era, en verdad, una noche: no las sombras punteadas por luces de nuestro siglo, sino la inmensa marea de oscuridad devorándote con sólo una luna como punto de referencia, y mil estrellas.

- Están listos?- preguntó Richard en un susurro. Unos grillos cantaron no muy lejos, y luego enmudecieron.

Harry se quedó quieto en el campo de batalla. Draco cargaba a Lawliet, que aún no podía pisar, y estaba mudo de enojo, con una Hermione silenciosa pero tranquila a su lado. Los tres se colocaron formando un triángulo, mientras Harry tomaba el giratiempo y lo alzaba, listo para darle la vuelta.

Richard no dijo nada, a unos pasos, abrazándose a sí mismo en un manto azul oscuro. No hubieron promesas, ni adioses, ni recuerdos de último minuto. Era una partida final, una separación eterna, y no habían palabras, sólo miradas que pudieran expresar su amor y su dolor.

Sentían que habían vivido una vida juntos, y una parte de Harry sólo anhelaba quedarse, quedarse junto al doliente Richard. Pero sentía también el dolor de Hermione y de Lawliet, sentía el amor de Draco a su lado, y estaba atado por ellos sin una queja, a seguirlos adonde fueran.

" Richard… estarás bien?"

" Estaré"

"Richard…"

" Yo soy Ravenclaw ahora, Harry. Soy Hogwarths. Ya no soy el que espera y adivina. Gracias a ti, ahora sé: no pienso ni creo, sino sé, con seguridad, que el amor existe…"

"Adiós…"

" Nunca digas adiós… nunca, nunca. Mientras exista la memoria, esa palabra no existe…"

Draco le apretó la mano con fuerza, y Harry cerró los ojos, la añoranza del pasado y del futuro inundándolo de tristeza: pero Draco estaba allí, y ellos eran uno solo, siempre lo habían sido, siempre lo serían, sin importa cuándo, ni donde.

La luna iluminó el campo como un reflector, y Harry le dio la vuelta al giratiempo, sin dejar de mirar a Richard a los ojos, que les sonrió, y entonó una o dos palabras, una ola de magia suave que pareció empujarlos hacia el cielo. El mundo se volvió color de luna, y Harry se quedó mirando con ojos arrasados esa inolvidable sonrisa hasta que se desvaneció, y de la mano, con Lawliet entre ellos, flotaron en la luz de la luna.

No estaban seguros a qué año llegarían, pero sería después de su partida. Estarían juntos, pensó Harry. Y cuando al fin Richard se desvaneció Harry sintió un deseo incontenible de ver a su madre, a su padre, a sus amigos. Como si hubiera estado contenida por un hechizo, de pronto el pasado, su vida volvió a él como un oleaje: y tuvo que apretar los dientes porque le escocían los ojos y sentía una nostalgia ciega y tremenda del Hogwarths que conocía, de su familia, de…

… Seli?

Fue como si el viento cambiase de dirección, como si hubieran caído de aguas mansas a un remolino, una corriente salvaje. Los cuatro gritaron, y Harry aferró a Lawliet con todas sus fuerzas cuando la luz de luna se hizo lechosa y salvaje y los arrastró como barcos de papel en una tormenta. Apretaron sus cuerpos en un abrazo desesperado, sabiendo que algo iba mal: pero entonces la corriente tuvo aroma, e identidad, y voz, y Harry alzó la cabeza sin atreverse a creer, cuando un ruido de succión y un tirón feroz los sacó del río del tiempo como se saca un róbalo enorme del agua, y cayeron como sacos de cinco metros de altura, estrellándose en un suelo embaldosado, para ver a alguien correr a ellos gritando.

Era Selene.

Hermione estaba inconsciente por el golpe: pero él y Draco tropezaron, se arrastraron y se lanzaron a los brazos de la sollozante maga que era su hermana mayor en tantas formas. Draco y él la cubrieron de besos, espantados al verla tan flaca, tan pálida, sentir su pulso latiendo como un pajarito agonizante: pero Selene lloraba de felicidad, y apretó sus cabezas contra su pecho, sin dejar de besarlos.

- Seli, Seli, qué año es? Qué año es?- suplicó Draco, viendo su agotamiento, sus mejillas hundidas. Parecía que ni diez años de sufrimiento podían haber convertido a la hermosa y saludable Selene Snape en ese fantasma, pero cuando Seli habló, Harry sintió que el alivio lo mareaba.

- Yo volví cuatro días después de que nos fuimos…. Y han pasado quince… no he dejado de llamarlos y de rezarle a la luna… sabía que tenían que volver… no he dejado ni un minuto de…- a Selene se le ahogó la voz y se los comió a besos, los dos conmovidos y enternecidos por el amor que Seli les tenía. Entonces oyeron voces, y pasos, y se dieron cuenta que estaban en el salón de la luna de Paloma Negra, el hogar de Severus Snape y Mariah Sinistra, en Escocia, y que eran ellos los que los observaban desde la puerta con el rostro bañado de alivio.

Harry recordó en borrones luego cómo Snape los revisó, los acostó, los llenó de poción, cómo Mariah les trajo comida, escaneó sus magias, comentó que Draco estaba hecho un tanque, los acomodó en los cuartos de invitados, cómo Selene insistió en quedarse con ellos, aunque era obvio que estaba aún mas allá de estar exhausta. Recordó haber visto a Snape vendándole la cabeza a Hermione, y a la Sinistra inclinada sobre el piececito de Lawliet, cantando en latín.

Pero sobre todo recordaba el inmenso alivio, la inmensa paz de dormir sin miedo con su mano en la de Draco, con Selene cerca. Estaban a salvo.

Draco se despertó solo, en plena noche. Selene dormía a su lado por encima de las ropas, abrazándolo, y tenía el otro brazo extendido al costado hacia una depresión en su gran cama con dosel de tela estrellada que, supuso, debía de haber sido Harry.

Draco onduló, se retorció, se deslizó e imitando a un gusano de tierra se sumergió y salió varias veces de entre las ropas, antes de estirar un pie desnudo afuera de la cama tratando de no despertar a Selene, pisó una zapatilla de levantarse y dio un patinazo espectacular, sin contar que al rebotar en la cama con la cara Selene, con admirable puntería para alguien dormido, estiró el brazo y lo sujetó firmemente del pelo, su mano tensa como una prensa de acero.

- Seli… que me ahogo…- suplicó, lagrimitas en los ojos mientras luchaba por respirar, la cara hundida en el edredón d eplumas de ganso forrado en algodón egipcio de siete mil hilos que papá le comprase a su hijita adorada y que seguro no pensaba verla usarlo de arma letal.

- Métete a la cama, o te corto una pelota y la doy a Phoebe Monroe cuando es gata animaga para que juegue.-

- * ay* Seli… Selita…-

- Harry está siendo baboseado por sus padres, que vinieron a verlo. Tu mami ya vino, pero como es más buenita que tía Lily, te dejó dormir.-

- Y mi papá?-

- Que mamón que eres. Tu papi está en St Mungus. Digamos que tuvo una pequeña diferencia de opinión con mi papi, pero ya le pusieron la cara donde la tenía.-

Draco, acomodado en los codos, volvió a culebrear dentro de la cama.- Oye… te operaron al fin? La pasaste my mal?-

- …- Selene guardó silencio tanto rato que Draco pensó que se había dormido, pero de pronto la morena se giró, lo agarró de un tobillo y del cogote como a un gatito y lo hizo una bola, que pudiera rodear cómodamente con los brazos. Una vez hecho eso, le llenó el pelo de besos sin decir nada, y luego se acomodó alrededor suyo como una madre culebra.

- Seli… te quiero.-

- Yo a ti.-

- Estoy con Harry.-

- No te estoy invitando a nada, puto engreído!-

- Sólo te estaba contando! No me pegues, estoy convaleciente!-

- Si, convaleciente de haberte dado hasta por las orejas con los fundadores, seguro!-

- Me confundes con el morocho… ése sí que es puto…- Draco se abrazó a Selene con brazos y piernas, y hundió el rostro en su cuello.- No te molesta que estemos juntos?-

- No, mientras no me hagan ver nada muy pervertido.-

- Claaaro, hazte la santita.-

- Soy virgen, permíteme que te lo recuerde. Y no es que me haga la dama, es que es cruel que cuenten dinero delante de los pobres.-

- Pero mi pobrecita Seli… te invitamos cuando quieras…-

- Yo los cuidé cuando eran enanos, no sería muy perverso?-

- Demi Moore no piensa eso.-

- Me rehúso a que me comparen con esa mierda.- Harry, bostezando, y con las manos de Lily marcadas en ambas mejillas, se quitó la ropa y se metió en la cama en calzoncillos en tiempo récord.- Porqué alguien no me adopta? Mi mamá es una loca psicótica… no sé para qué mi papá se molestó tanto en matar a Voldemort si bastaba con presentarle a mami para que el pobre bastardo pidiera asilo en la China…-

- Si le hubiéramos echado a tu madre encima, Amnesty nos habría caído a nosotros.-

- Hmn.-

- Seli dice que está feliz que estemos juntos, siempre y cuando no le demos exhibiciones.- telegrafió Draco al otro costado de la joven, que no había abierto los ojos en ningún momento.

- Me alegro. Me pregunto qué van a opinar mis papás cuando sepan. Seguro que mamá me saca la muela del juicio a patadas y me ahorro el dentimago.-

- No seas llorica.- dijo Draco mientras Selene se reía, la cara en la almohada.

- Espérate a ver la cara de tu madre.-

- A ver, Seli, haznos un " tía Lily".-

- No, estoy durmiendo, y ustedes se callan. Tienen que descansar, y Dios sabe que yo quiero descansar. Así que quédense quietitos como buenos protozoos que son y me dejan dormir.-

- No te preocupes, Harry.- dijo Draco en un susurro.- Esperamos que se duerma, y hacemos cositas.-

- Eso.- dijo Harry, probando los resortes de la cama.- Total, alguien tiene que estrenar esta pobre cam…SELI!-

Los dos muchachos dieron un chillido de gato escaldado: Selene había metido sus dos manecitas de astrónoma, tan delicadas, en cada calzoncillo respectivo y los había agarrado firme, aunque no cruelmente, de sus… eh… partes nobles.

- Seli… Selita… no me… ay…-

- DUÉRMANSE. Y si alguno de ustedes intenta algo en la noche, le clavo las uñas, y no me he hecho manicure en dos semanas.- gruñó Selene. La noche pasó sin incidentes, excepto uno o dos manotazos de Selene en momentos clave que provocaron quejidos y exclamaciones de " Eso se llama oxigenación, YEGUA!", lo que era respondido con otro manotazo y unos sollocitos.

- MI HIJO! DÉJENME VER A MI HIJO!- los gritos histéricos de Lucius Malfoy los despertaron cuando ya era bien entrada la mañana, y Draco se vistió apresuradamente mientras Harry se ponía una floja bata de Selene y la joven bostezaba y volvía a hacerse un panqueque con las mantas. El heredero Malfoy bajó la escalera apenas antes de ser envuelto en los brazos de su padre, que se saltó tres escalones y casi le sacó la cabeza en un abrazo que habría hecho llorar de envidia a Kramen vs Kramer, y tras una gran cantidad de sonidos ininteligibles que sonaban a sirenio, Lucius Malfoy al fin soltó a su hijo, los ojos como dos enormes lagunas llorosas que titilaban mientras valientemente intentaba aguantar más lágrimas y su hijo, colgado como un koala de la túnica Armani de su padre moqueaba sin verguenzas. Narcissa, que opinaba que semejantes muestras de histeria estaban por debajo de su dignidad, pero eran muy divertidas, esperó tranquilamente a que los hombres de su familia se calmaran antes de besar a su hijo sucintamente, y luego cruzarse de brazos.

- Espero que tú y Harry tengan una buena explicación para estas improptu vacaciones.-

Draco intentó esconderse tras Harry, pero él ya se había escondido tras Selene, que había bajado envuelta en una sábana y bostezaba tan grande que era indecente, porque podía vérsele toda la garganta.

- Nosotros tenemos una explicación, aunque es malísima.- dijo una voz y levantaron la vista para ver, tras Selene, a Hermione, muy incómoda en un vestido de Selene que le faltaba tela en las caderas y le sobraba en el pecho, y Lawliet, que cojeaba, pero que parecía tan cómodo como una almeja en unos jeans rosados y un sweater lila con petunias que Selene no usaba desde los trece.

Hubo un silencio, y entonces Harry habló, mirando a su madre a los ojos:

- No creer que primero alguien debería alegrarse un poco de verlos a ellos dos también?-

- Por supuesto! Yo me alegro, pobrecitos!- dijo Narcissa con toda compostura. Ella tenía un maravilloso y esquivo gen que sólo se da en las clases altas, (y que tomaba dos reyes, diez duques y decisiete generaciones aristocráticas para depurar) que la incapacitaba para ponerse roja: Lily, Lucius y James se habían puesto rojos, pero Narcissa besó sin incomodarse a una Hermione tensa y a un Lawliet que se le colgó con entusiasmo.

- Ellos pueden dar explicaciones luego, están heridos y en tratamiento.- dijo Snape, muy raro con un moño, un sweater y zapatillas.- Selene, ven y ayúdame. Por aquí, muchachos.- dijo guiándolos a su salita de pociones personal, que a diferencia de Hogwarts, estaba en el una soleada esquina de la casa.- Ustedes no.- dijo volteando la nariz a Harry y a Draco.- Ustedes están enteros así que erfectamente se pueden quedar acá a darle explicaciones a sus padres y a mi mujer.-

- MNH!- los dos chicos exhibieron inmediatamente un nudillo despellejado y un codo moreteado, pero Snape no les hizo ningún caso, y cuando se voltearon a la asamblea, se sintieron pequeñitos ante los cinco adultos, que se habían cruzado de brazos, y esperaban.

- Y bien!?- dijo Lily, los ojos verdes chispeando peligrosamente.

Seis horas luego, una cantidad de café como para mantener despierta una ballena blanca hasta el próximo período glacial y una tonelada de galletitas, más tres tazas diferentes lanzadas por Lily a su hijo ( Mariah le había puesto la cuarta de plástico), los cuatro padres más tía Mariah devoraban la sorpresa, observándolos con los ojos tan abiertos como cuando era al revés y ellos contaban cuentos a sus pequeños.

- Bueno, no hay duda que es mi hijo, enamorándose del tipo menos aconsejable.- dijo Narcissa, las piernas cruzadas elegantemente, jugando con sus perlas.

- Querida?!- Lucius se volvió a su esposa con la mano en el corazón.- Qué insinúas?-

- Han tenido una suerte tan obscena que por la ley de las probabilidades, ahora mismo debería caerles encima una thestral embarazada.- dijo James limpiando sus lentes empañados.- Sólo puedo decir que estoy feliz de que, imposiblemente, estén a salvo y en casa.-

- Y que están castigados hasta que yo me muera!- exclamó Lily.

- Pero porqué? Por volver?- lloró Harry.

- No me contestes!-

- Pero mami!-

- Yo también estoy castigado?- Draco le puso ojos a su padre, pero Narcissa le metió su manguito en la boca a su marido y observó a su hijo con frialdad.

- No, a no ser que te patines los exámenes la próxima semana. Si es así, estarás todo el verano en casa estudiando. Cállate Lucius. Recuerda, el atizador aún está en mi mesita de noche.-

James ignoró el comentario último con un esfuerzo y se volvió a los muchachos, que habían asumido la actitud del póster de Pelotón a la mención de los exámenes.

- Lo siento, Harry, Draco… sé que les parece una crueldad, pero si fracasan en sus exámenes estarán arruinando cualquier chance de entrar a la Universidad de Inverness, así que a pesar de todo, ahora necesitamos que se concentren en sus estudios. Tenemos todo el verano para analizar lo que pasó, y quizá les haga bien dejar decantar esto antes de analizarlo.-

- Eso mismo.- dijo Mariah. -Además, los recuerdos temporales tienden a ser evanescentes: es una muestra más de la sabiduría de la psique humanas. Alégrense de no tener más cicatrices de las que tienen, pero ahora están de vuelta, y es esta vida la que importa. Así que vuelvan a la cama: les daré cena, y el lunes pueden regresar a Hogwarths. -

- Tenemos que…?- empezó Harry, a lo que Mariah alzó una delicada y arqueada ceja y los dos trotaron escaleras arriba sin siquiera despedirse, mientras Lily y Narcissa intercambiaban una mirada y se prometían aprender a depilarse las cejas a lo Bette Davis, como las que usaba Mariah, a la primera ocasión.