-Kill her-dijo y la tripulación se acercó a la chica que se encogió en el suelo.

-¡No, Wait!-gritó el inglés tomando el arma levantándose temblando de pies a cabeza- I… I will do it…

-Good…-dijo el hombre satisfecho cruzándose de brazos

-Pero con una condición, regresen al barco-dijo Arthur- No quiero público…

La tripulación comenzó a quejarse y a reclamar una forma de comprobar si realmente la había eliminado. Él miró al capitán con sufrimiento en sus ojos.

-Entiendo… es algo duro…-comentó y miró a la chica- Quiero la bala y su pulsera cubiertos con su sangre.

La nación tragó saliva y asintió bajando la mirada. La tripulación regresó al barco.

Una vez que se aseguró de que no se había quedado nadie, su mirada se volvió a la chica. Apretó la pistola con fuerza y caminó hacia ella.

-Arthur… -murmuró Mar débilmente cuando él levantó el arma apuntándole. Su dedo se dirigió al gatillo- Arthur…

La mirada azul se unió a la verde una vez más cuando de pronto, se oyó el solitario disparo, porque así quedaría escrito en los libros de historia… Inglaterra eliminó a América Nativa…

Pero… la historia puede equivocarse…

La bala se incrustó en la tierra a un lado de la americana. El europeo tenía poco tiempo, desenterró la bala y le quitó la pulsera a la chica. Sacó una daga para hacerse un corte en el brazo y cubrir la bala y la pulsera con su propia sangre cuando de pronto se escuchó un ruido que hizo que ambos se asustaran, pero no era un inglés, era un nativo.

-¡Cahamo!-exclamó America Nativa al verlo

El británico agradeció que el otro no estuviera armado y se le ocurrió una idea, tomó a la chica en brazos.

-Mar…-murmuró mientras las lágrimas se acumulaban en sus ojos, ambos se unieron en un dulce beso expresando y sellando su amor por última vez-I love you.

-Arthur…-murmuró poniendo su mano en su mejilla cuando él la puso en los brazos del nativo.

El ojiverde quitó su mano de su mejilla y la besó dejando en ella una cadena plateada antes de empujar al indígena para que se la llevara.

Sus miradas se unieron por última vez, deteniendo el tiempo como si fuera la primera antes de que la nación saliera corriendo hacia el barco llorando mientras cubría la bala y la pulsera con su propia sangre. Ambos sabían que nunca se volverían a ver…

El tiempo pasó, Mar se estableció en la última tribu que había sobrevivido a los ataques, según supo, la extraña montaña flotante regresó al océano el mismo día que ella se separó de Arthur.

Habían pasado algunos meses cuando se dio cuenta de que algo raro ocurría en su cuerpo, cada mañana tenía unas nauseas horribles y si vientre se notaba algo hinchado. Asustada se dirigió al curandero de la tribu el cual hizo algunos ritos alrededor de ella.

-Querida Mar… tú tienes un ser creciendo dentro de ti… -dijo el curandero acariciando levemente el abultado vientre. America Nativa se asustó, no sabía que hacer pero sentía un gran cariño por ese pequeño ser.

Los meses continuaron pasando hasta que una noche, ella despertó a toda la tribu por un dolor inexplicable. Los nativos la rodearon y la ayudaron como podían hasta que finalmente, dio a luz a un pequeño niño.

-¡Su piel!-exclamaron algunos alarmados ya que su piel era clara y brillante al igual que su cabello rubio como el sol- ¡Su cabello!

Mar abrazaba a su pequeño hijo con ternura y adoración, era igual a Arthur excepto por el curioso mechón que se elevaba hacia el cielo y que había heredado de la americana al igual que sus brillantes ojos azules.

-¿Y cómo lo llamarás? –Le preguntó la anciana de la tribu- recuerda que su nombre definirá su destino.

America Nativa pensó por un momento antes de decir- Se llamará Willohomini que significa esperanza…

Los días pasaban y la salud de la ojiazul comenzaba a debilitarse.

El último día que vio a su madre, ella estaba acostada en el suelo dentro de su tipi. El pequeño rubio tenía la apariencia de un niño de 2 años y estaba jugando con una cadena plateada que traía alrededor del cuello. Ella acariciaba débilmente los cabellos rubios de su pequeño imaginando que eran los cabellos de su amado.

-Ese collar me lo dio Arthur, pequeño Willmini-le dijo débilmente.

-Ar…thur…-murmuró el ojiazul mordiendo la cadena cuando notó que su madre se ponía muy pálida- ¿Mamí? ¿Qué sudede?

-Creo que es tiempo de que te diga adiós, mi pequeño –dijo acariciando su mejilla cuando de pronto una lágrima recorrió la mejilla del pequeño- Tengo que irme…

-¿Pod qué? –preguntó el ojiazul llorando al ver como palidecía cada vez más

-No lo sé… pero está bien, gracias por alegrar mi vida, mi cielo…-le secó las lagrimas con sus dedos- No llores pequeño, deberías estar feliz, estás vivo y la vida es maravillosa… nunca pierdas la esperanza…

America Nativa cerró los ojos con una sonrisa y de pronto, desapareció…

-Mamá… -las lagrimas corrían por las mejillas del pequeño- No te vayas… regresa…

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