EPILOGO por The Fox Lady
EPILOGO por The Fox Lady
Notas del autor:
El fin de la historia... pero no el fin de los personajes. Proxima actualizacion; viaje al Oriente, y un amor para Lawliet!
Epilogo
EPILOGO
Stories & History
- Harry! Nos mandaron a descansar!-
- Tú estás descansando. El que está haciendo todo el trabajo soy yo.- dijo Harry desde debajo de la colcha en la cama de Selene, los dos acostados cómodamente, a solas en el cuarto. Draco, cuya frente se había perlado de sudor, miró al bulto que se movía encima de su cadera intentando ponerse serio, pero sin poder evitar un suspiro cuando la lengua de Harry continuó con sus caricias, perversamente lentas, tras liberarlo apenas del pantalón de pijama.
- Tienes que aguantarte.- dijo la voz bajo la colcha.- Si manchas la cama, Seli te hará pedazos.-
- Pues no estás ayudando precisamente!-
- No? Quieres que pare?-
- Hazlo y te mato!-
- No hay como darte en el gusto, Malfoy.- dijo Harry con una larga lamida que hizo que Draco se estremeciera de pies a cabeza y casi rechinara los dientes tratando de aguantarse. Tenía una mano agarrada de la almohada y la otra del escorpión de peluche de Seli, y la mandíbula fina apretada con todas sus fuerzas: pero aún así emitió un gruñido en la garganta completamente animal cuando Harry lo envolvió con toda la boca y abriéndola todo lo posible, empezó a darle golpecitos con la lengua, haciéndolo moverse dentro de su boca libremente.
Draco atrajo la almohada y el peluche y se cubrió la cara con ellos, agarrándose a ambos por su vida, mientras sus piernas temblaban espasmódicamente, sus caderas moviéndose contra su voluntad cuando Harry lo dejó escapar de su boca y empezó a lamerlo rápida y juguetonamente, mientras su mano masajeaba casi con violencia sus testículos inflamados. Draco parecía estar clavando las uñas desesperadamente en la almohada, a la que ya se le veía el relleno, pero cuando Harry deslizó la lengua e inesperadamente empezó a trazar espirales entre sus nalgas, doblándole las piernas para obligarle a enseñarle su vulnerable ano, Draco empezó a gritar en un murmullo sordo contra la almohada en su boca, y gotas de semen salpicaron su vientre cuando Harry deslizó un dedo travieso dentro duyo y empezó a moverlo fuerte y pícaramente, haciéndolo casi revolcarse en la cama, su miembro enrojecido golpeándose mientras se movía a lado y lado incontrolablemente.
Harry le abrió las piernas, transpirando por el esfuerzo de controlar sus movimientos enloquecidos, y aferró el miembro en ambas manos para finalmente metérselo en la boca y succionar violentamente. Draco se arqueó como un resorte y luego se sentó en la cama, agarrándose de él, atrapándolo efectivamente en sus piernas y su cuerpo, y sus caderas rebotaron violentamente, obligándolo a tragar el abundante chorro de semen ardiente, casi asfixiándolo, mientras emitía un sonido ronco contra la almohada. Luego cayó en la cama, despatarrado como la víctima de un infarto, aún abrazado al escorpión de peluche contra su cara, y su pecho subió y bajó en grandes bocanadas de aire, su vientre joven abultándose en cada inspiración.
- Estás bien? Casi me dejaste sordo…- Harry se frotó las orejas que Draco le apretara con los muslos sin compasión, y se limpió los labios, aún con gotas de semen.- Draco…?-
Draco lo miró cuando le quitó el escorpión, que estaba lleno de marcas de dientes. El rubio malfoy lo miró largamente, los ojos grandes, en una mirada que parecía mezclar placer y amor, pero antes de que Harry pudiera enternecerse, Draco se levantó de golpe y empezó a patearlo por toda la cama hecho una furia, aunque se caía con frecuencia.
- IMBÉCIL IDIOTA, casi me muero, eres un BASTARDO, te voy a MATAR!-
- Pero si no hice nada que tú no… DEJA DE PATEARME!-
- Arregla la maldita almohada y el peluche, o Seli nos castrará y los usará para jugar badminton!-
- Pero si lo disfrustaste!-
- Qué parte de " no en la cama de Seli" no entendiste?-
- La parte en la que te ponías santurrón!-*THUD*- Mi culitooo, me botaste de la cama!-
- Eso es no es nada comparado con cómo te voy a dejar el culo cuando tengamos tiempo!-
- Es una promesa?-
- Potter, eres un maldito puto adicto al sexo, sabías?-
- Tiene sentido… me crié contigo!-
- Podrían al menos pegar un aviso en la puerta? No necesito que hagan el full monty, puedo vivir sin ver sus cositas saltarinas!- ladró Seli de la puerta, a los que los dos se sujetaron sus partes interesantes y se cubrieron como pudieron, uno con el escorpión de peluche y el otro con la almohada destrozada.
- ( coro) Pues golpea la PUERTA!-
- Es mi cuarto, lo único que voy a golpear es a ustedes DOS!- Selene, de pie junto a la cama, se quedó mirando a los dos chicos que estaban de pie en la cama tratando de taparse, antes de vociferar.- Y MÉTANSE en la cama, no puede ser que le esté hablando a sus salchichitas!-
- bah. Di peppperoni, que sea…-
- CÁLLENSE!-
- Selene está con los niños.- dijo Mariah, impertérrita ente la gritadera en el segundo piso, que había sonrojado a Elroy intensamente, le había puesto a Sera la cara de estarse comiendo un limón putrefacto y tenía a Phebe Monroe y a Neville Longbottom a punto de orinar la alfombra como cachorritos de tanto aguantar la risa.- Severus está atendiendo al joven Lloyd, pero Hermione está en la habitación de invitados: venga conmigo, señor Longbottom.-
Neville siguió la curvilínea figura de la ex profesora de Astronomía de Hogwarths, intentando no desconcentrarse, por los anticuados, pero bien cuidados pasillos de Paloma Negra, y siendo el alma sutil que era, no dejó de notar que Mariah había alojado a Hermione y a Lawliet en los cuartos de invitados, no en el ala de la servidumbre, en donde la costumbre alojaba normalmente a extranjeros y mudblood, sobre todo si eran extranjeros provenientes de antiguas colonias.
Mariah dejó al sensitivo Head Boy frente a la puerta de caoba del cuarto principal, y Neville golpeó la puerte delicadamente, antes de girar el pomo y entrar. El cuarto era lo que cabía esperarse de la aristocracia escocesa a la que Snape pertenecía: en el ala más tradicional de la casa ( era una gran cosa ver en la cocina un tuesta pan del siglo XV que aún funcionaba encima del microondas) aunque era de madera y piedra con techo muy alto, tenía una gran chimenea que abarcaba casi toda una pared llena de brasas, una cama en la que podrías tener sexo con un caballo sin destaparte, y una banqueta de terciopelo frente a la ventana de esas anticuadas que se hunden y que sugieren el deseo de entrar en estado larvario tan pronto te sientas. Las ventanas estaban cubiertas por ventanas y gobelinos encima para bloquear el viento frío y el desolado paisaje de los páramos, los bordados imitando en cambio un campo de florecillas blancas: pero el calor y la belleza de la estancia no parecían animar a Hermione, que sentada en una esquina de la cama abrazándose las rodillas, el cabello mojado, parecía muy joven, el ajustado vestido de Seli dando la ilusión de que era más regordeta de lo que realmente era.
- Me alegro tanto que estés a salvo.- dijo Neville, entrecerrando los suaves ojos pardos, cruzando la habitación a zancadas para atraer la abnqueta y tomarle las manos. Hermione lo miró por un momento como si no lo reconociera, y luego se secó los ojos húmedos, antes de saludarlo con poca animación.
- Estás bien? La decana me dijo que te habían dado pociones… ya que vi que estás bien, si quieres te dejo dormir.- dijo Neville, un poco asustado. Los ojos de Hermione parecían vacios y desprovistos de vida: y algo en su postura era traumático, herido. Además de algunos moretones aparentes y los ojos hinchados de sueño, Hermione no aparentaba ningún otro daño: pero claro, Snape y sus posiones podían volver a darle forma a alguien que hubiera quedado en estado de gel tras una golpiza. Qué había sucedido?
Hermione asintió, aunque Neville estaba bastante seguro que no sabía de qué le hablaba. El vestido debía de serle muy incómodo, y aunque el escote le quedaba demasiado grande no había hecho ningún gesto para cubrirse, a pesar de que su sostén se veía casi completo: pero Neville, que siempre había opinado que Hermione era muy hermosa, se sentó junto a ella en la cama y la rodeó con el brazo, acaricuándole el pelo húmedo e indócil.
- No quieres contarme qué ha pasado? Estuve muy preocupado por ti, y por los chicos. No te hicieron nada malo, verdad?- Hermione movió la cabeza, y lentamente, sus ojos se inundaron de lágrimas, antes de cubrirse la cara. - No llores… dime que pasó. No sé si puedo ayudar, pero al menos puedo escucharte.-
- No tienes que hacerlo.- dijo Hermione con voz quebrada.- No tienes porqué preocuparte de la mudblood si no estamos en el colegio. Aquí no tienes porqué ser el Head Boy buen chico que te gusta ser.- agregó ásperamente. Neville no se ofendió ni reaccionó: era claro que el hecho que Hermnione pareciera algo que trajo el gato invalidaba buena de parte de su acidez, al menos para él.
- Pero lo hago.- dijo suavemente. Hermione lo miró, y tuvo la impresión que lo veía por primera vez: un minuto luego lloraba sin consuelo, lloraba desesperadamente, y Neville la meció asustado y conmovido, al ver sus sollozos volverse catárticos gemidos, llantos imposibles de contener. Ella temblaba, y Neville, que nunca la había visto llorar, pero que con cinco hermanas sabía perfectamente diferenciar entre la histeria, la melancolía y la rabia, reconoció el llanto que sólo había oído una vez, y era el de su madre cuando creyó a su padre perdido en la última batalla contra Voldemort.
Hermione no lloraba como una niña, sino como una mujer, y su cuerpo acunado contra el suyo tenía el abandono y la textura del de una mujer: no habían falsas timideces ni sensualidad alguna, no había nada de jovencita. Hermione sollozaba, y cuando Neville habló con susurros, ella respondió en palabras apenas ininteligibles, palabras que no tenían sentido y que sin embargo expresaban una verdad simple y espantosa: Hermione había amado, y había matado al objeto de su amor.
Neville se heló al sentir la verdad en esas palabras imposibles: pero cuando ella levantó los ojos y lo miró, sus manos actuaron solas, apretándola contra sí, mientras ella hablaba en un torrente incontenible, hablaba de una época que no existía ya, de gente muerta hacía tanto tiempo, y de leyendas…
Hermione habló de una batalla, del poder de una princesa de oro inolvidable: habló de druidas oscuras, de normandos crueles, de un príncipe de ojos azules cuya fuerza había despertado en medio de la sangre: pero cuando habló de un hombre que se envolvía en las sombras como vestimenta, y cuya locura había finalmente madurado como un fruto negro y venenoso, la voz se hizo clara y cortante, fría y ardiente a la vez, como el beso del hielo. Su voz parecía traer a la vida como una magia macabra a ese hombre, con la claridad de aquellos que aman; y Neville creyó ver los ojos de la serpiente, la cabellera libre y pálida como mantequilla, la mano poderosa y la magia que restallaba como látigo…
- Calla.- dijo, un miedo irrazonable en su cerebro: las palabras de Hermione eran tan exactas, tan íntimas, que casi podía sentir el restallar de la magia, casi podía sentir la muerte con pasos del color de los hechizos retumbando tras él.- Hermione… no puede ser… es una pesadilla… cállate.-
- Yo lo amaba con todo mi corazón…- gimió ella.- Él era todo lo que había soñado… todo lo que había imaginado en mis sueños… vuelto real.-
- Hermione…-
- No lo comprendes? No era sólo lo que soñaba en mis ensueños… él era también lo que había soñado en mis pesadillas! Yo lo amaba, Neville, y lo maté!-
- Estás histérica! Cálmate!- gritó Neville, sacudiéndola, viendo sus pupilas titilar temblorosas, los estremecimientos de los músculos de Hermione bajo sus manos ya no un temblor, sino la contracción alterna de la verdadera histeria, la respiración superficial y veloz.- Hermione! Basta!- exclamó, abrazándola contra sí, escuchándola llorar sin lágrimas en gemidos que partían el corazón.
- Te amo. Ahora muere, Slytherin!- había gritado con voz ronca, y cargó adelante, con toda su ira, toda su furia, toda su voluntad. Su magia había destellado y quemado en un arco lila y verde, tan intensa que no se podía mirarla directamente: Draco, herido y atontado por el poderoso flash de la magia de Helga se habíe enderezado con un quejido, sostenido por Harry, cuando todo el poder del grimorio que había absorbido se multiplicaba por la maldición de la daga, fluyendo de él en un torrente tan potente que ya no era ni verde Slytherin, ni negro grimorio, ni la plateada magia de los Malfoy, ni la anaranjada de Hermione: era magia pura, lila y verde, salpicando como un río, y su potencia envolvió a Hermione, alzándola del suero, imbuyéndola, la carne como papel que se satura de agua, hasta que sus cabellos se alzaron flameantes y su cuerpo brilló con la luz pálida y antinatural de la verdadera magia, antesde que el nombre existiera. Lawliet grito algo débilmente, y Harry, asustado, la llamó, desesperado por protegerla, aterrorizado más allá del límite por la sangre y la pérdida: pero Draco asintió, y cerró los ojos mientras la magia que fluía de él parecia destrozarlo con miles de agujas, pero se aferró a su consciencia, sabiendo que a pesar de la guerra, la muerte y el horror, Hermione había planeado esto para cambiar la historia desde el momento en que comprendió la maldición de la daga y que con la tenacidad de una leona con sus cachorros cada acción, cada pensamiento y cada petición que había hecho la había hecho llegar a este momento. Hermione se había propuesto cambiar la historia, con una ambición indoblegable, y era ahora que su voluntad de acero realizaba el algoritmo simple en su genialidad: su gran debilidad, su amor por Slytherin, que él mismo había alimentado, era ahora su fuerza y su verdugo, y no había vuelta atrás.
- Mi propio hechizo…- la voz de Salazar, gutural, era sin embargo aún la suya, a pesar de que la magia negra y el poder de las druidas oscuras lo habían vuelto casi irreconocible: temible como es un dragón, un dragolich aterra mucho más; y Salazar era eso, la antinatural respuesta de lo inhumano a lo que una vez había sido terrible, pero hermoso…- Mi propia aprendiz, mi propia arma… aprendiste mucho más que magia y amor de mí, viajera.-
Hermione no respondió, lanzándose adelante con una agilidad y una fuerza que un maestro de DADA hubiera envidiado. Harry maldijo, sabiendo que esa destreza no era sino una expresión del hechizo, que tomaba lo que fuera necesario para matar a su oponente, pero Harry sabía que el cuerpo de Hermione, ya en los límites por la magia que canalizaba, no estaba acostumbrado a ningún tipo de esfuerzo físico, y que moverse de esa forma tenía que estarla destrozando por dentro.
- No1- gritó Harry, aunque sabía que era fútil: el hechizo no se detenía una vez comezado, como lo había visto ya en Draco y en Rod Lagrisser, a no ser que el objetivo muriese o el usuario de la daga cayera inconsciente o se la arrancaran de la mano, y Hermione no parecía capaz, sin decir dispuesta, de escuchar a nadie. La magia negra de Salazar y la lila y verde se trenzaron en combate, y Harry vio incrédulo a Hermione combatir de igual a igual con Salazar Slytherin, una daga pequeña como la garra de un gato contra la espada de Slytherin, afilada y enorme como los colmillos de una pantera…
- La va a matar.- jadeó Draco a su lado, empujándolo. Tras el flash de Helga, empezaban a ver mejor, aún deslumbrados: el páramo de Ettin, que había sido dura tierra accidentada, era ahora una extensión de polvo finísimo color de oro, que en ese gris mediodía parecía reflejar las luces de la magia. Excepto algunas armaduras aquí y allá, armas abandonadas y rotas, nada sugería que hacía menos de una hora todo el páramo estaba cubierto con la batalla más grande de su era, con casi un millón de guerreros luchando por o para Inglaterra: pero ahora, gracias a Helga, todo era recuerdo y…
- HELGA!- gritó Harry, soltando a Draco, que cayó como una masa, girándose como loco.- HELGA?!-
- Una hechicera loca a la vez, por favor…- jadeó Draco exasperadamente desde el suelo.- Potter! Enfócate!- al ver que Harry se preparaba para ir de carrera a buscar enloquecido a la princesa de Hufflepuff, le hizo una zancadilla, igualando su pratfall.- POTTER! Salva a Hermione!-
- Que quieres que yo qué?- Harry escupió arena que había tragado en su caída.- Quieres que me ponga entre la tierra y un meteorito y evite que se peguen? Quién te has creído que soy?! Bruce Willis?!-
- Bah. Elijah Wood lo hizo, y con menos efectos.-
- Pero sin Aerosmith.-
- POTTER! Salazar va a hacer de Hermione quesito de coctel si no te mueves! Y de una forma nueva, no de la que lo ha estado…-
- Por el amor de Dios, disgusting Slytherin, cállate! Asqueroso!-
- Y ahora se pone finito… Potter, muévete!-
- No!-
- Que me voy a desmayar, y si me desmayo Hermy se queda con menos magia!-
- Y qué quieres que haga?!-
- Distráelo!-!
- No me vengas con la falda y el hula hula!- Harry se levantó sin embargo, y tomó ciegamente la espada más cercana, que resultó estar partida por la mitad.- Y Lawliet?-
- No importa!-
Harry se acercó con poca confianza al duelo de Hermione y Salazar, ambos cubiertos de sangre por diferentes cortes, el vestido de Hermione desgarrado, el rostro de Salazar siniestro mientras sonreía, incluso mientras ella lograba herirlo. Meteoros de Melf llameantes, grandes como bolas de fuego, intentaban alcanzar a Salazar: pero como la vaharada del mismo ártico, el poder helado de Slytherin las desvanecía con un siseo que llenó el páramo de vapor.
- Hermione, apártate!-gritó él,corriendo para colocarse entre ambos, tratando de apartar a la joven poseída por la daga: pero ella lo ignoró, y cuando los dos golpearon a Salazar a la vez él rió, y los aferró por las muñecas.
- Niños sombras, la muerte es igual en todas las eras… han venido tan lejos en el tiempo sólo para morir?- dijo en un siseo.- Estaban dispuestos a morir por Helga, pero morirán por mí…- exclam{o, y Harry gritó, porque algo como electricidad le corrió por el cuerpo, el dolor inmediato y atroz. Cuando cayó no sabía dónde estaba el cielo o el suelo: cayó, temblando y gimiendo, y vio con espanto que la espada en su mano se había derretido…
Un insulto en chino? Cantonés?Japonés? Harry no lo sabía bien, pero madeado y viendo en diagonal vio a Lawliet caer del cielo como un pájaro, aferrando a salazar con brazos y piernas como un monito, envuelto en el manto de Rowena como alas, que hizo una bolsa y envolvió la cabeza de Salazar.
- Ya llegué, me extrañaron?- dijo alegremente, aunque Salazar luchaba por soltarse.-Harry, tu espadita está ahí mismo… Draco está sentado encima!-
Harry tuvo que contener una maldición, mientras el atontado Draco se giraba en el suelo, sacaba la espada de Gryffindor de debajo suyo, enterrada en la arena, e inesperada y extempóreamente soltaba la risa.
- Esto es tan metafóricamente sabroso…-
- Ahora!- gritó Lawliet, a pesar de que Harry y Hermione habían caído lejos, los dos atontados por la electricidad: pero los relámpagos de Salazar no parecían alterar a Lawliet, que aunque tenía el pelo erizado, seguía agarrado a él como un diminuto jockey a un potro.- Ahora, ataquen!-
Y Harry no supo si fue Hermione o él quien comprendió antes, acuchillando el aire desesperadamente en el mismo momento en que Lawliet usaba su viejo hechizo de teleportación. La espada de Godric Gryffindor en la mano de Harry no penetró a Salazar, sino que Salazar mismo apareció en el sitio en donde la espada estaba, los ojos dilatados, llevándose la mano al pecho: y en ese momento Hermione se lanzó adelante y saltó a los brazos de Salazar como una amante, la daga sujeta a dos manos, para enterrarla profundamente justo entre sus clavículas, de donde la sangre saltó a chorros, bañándole la cara.
Llamas negras envolvieron a Salazar, Hermione y Lawliet: la misma tierra pareció gritar, abriéndose con un crujido como unas fauces oscuras. Salazar dio un grito que no tenía nada de humano, cuando la tierra salvaje y oscura de las druidas que le habían dado poder hacía tan poco demandó su derecho: y entre alaridos, la tierra lo devoró envuelto en fuego como alquitrán, demasiado lento para evitarles la espantosa visión del descenso de salazar a los infiernos…
… Salazar, una vez un muchacho rubio que sonreía en un cuadro que habia amado y sido amado con tal liberalidad, ahora nada más que una sombra que gritaba arañando el aire mientras la sangre lo abandonaba a chorros humeantes…
…Y en algún lugar, una niña seria de ojos azules y un muchacho de ojos dorados sonrieron y tendieron la mano, porque aunque esperaban, no esperaban en vano, porque una entendía todo y otro perdonaba todo, aún aguardando a la que confiaba siempre…
En medio del espanto y del horror, Harry cerró los ojos y rogó porque algo de ese joven rubio que había amado con tanta ferocidad pudiera elevarse libre, aunque sólo fuera una pizca de su alma: que Gareth y Hughes perdonasen, que Helga volara entre esas lágrimas doradas suyas y pudieran abrazarse, si de veras el amor era suficiente…
- HERMIONE! LAWLIET!- gritó en desesperación: las llamas los habían envuelto a ellos también y descendían en la grieta, aún aferrados a Slytherin, aparentemente inconscientes o en shock. Con los brazos tendidos se arrojó al borde, aún oyendo a Draco gritarle, tirando la espada a un lado, siseando cuando el fuego negro le quemó la manos, y logró aferrar un puñado del vestido de Hermione, que aún seguía abrazada a Salazar.
- Déjame! Déjame irme con él!- gritó Hermione entre lágrimas, la cara manchada de sangre, absoluta locura en sus ojos. Lawliet estaba caído sobre la cabeza de Salazar, meciéndose inconsciente en las llamas, los brazos flotando inertes: Harry volvió a gritar, sin poder alcanzarlos, el pánico destrozándolo…
- HERMIONE! NO PUEDES… ES LAWLIET! SALVA A LAWLIET!- gritó desesperado, sus manos ampollándose, resbalando hacia la grieta con ellos, que ya envolvía por completo las piernas de Salazar en una vorágine negra. La tierra en que Harry estaba de pie cedía como una marea, amenazando con enviarlo al hoyo con ellos, sus pies hundiéndose: pero hubieradado otro paso, si Draco de pornto no hubiera saltado y lo hubiera agarrado de la espalda.
- NO, LOCO!-
- HERMIONEE! LAWLIEET!- chilló Harry histérico.- No, por favor, NO!-
- Harry…- Draco habló de pronto con voz temblorosa. Y Harry se volteó, sólo para sentir que se mareaba de horror.
La magia del grimorio que como cadenas fluía del cuerpo de Draco, iba hasta el agujero y hasta Hermione y Salazar… y empezaba a tirar a Draco hacia la grieta también. Draco cayó sentado, agarrándose del borde, y Harry, sintiendo que le huía la cordura, se aferró a él gritando, intentando sujetarlo, dispuesto a irse con ellos a los infiernos antes de quedarse solo…
Una sombra: un pájaro azul se elevó de la grieta como un grajo veloz. Harry sintió que le corrían las lágrimas de alivio al ver a Lawliet envuelto en el manto, pálido y ensangrentado, pero vivo, flotar con las alas de Ravenclaw antes de caer a su lado, y aferrarlos a ambos, aunque tenía tantas posibilidades con su cuerpo de flaquito de detener el arrastre como de parar un tren con las manos.
- Corta la cadena de magia, la espada de Gryffindor es capaz!- gritó Lawliet, señalándole el arma a su lado. Harry la tomó, enloquecido, pero Draco extendió una mano furioso.
- Ni se te ocurra! No la voy a dejar morir así!-
- Ella quiere morir, Draco, no dejaré que tú mueras también!- chilló Harry, alzando la espada. Draco le tiró arena en los ojos y Harry tuvo que echarse atrás para no partirle la cabeza, maldiciendo abundantemente: pero entonces Draco clavó los pies en la arena, hundiéndose hasta las rodillas, y tensó las cadenas de magia, intentando tirar de Hermione…
- Venga! Mudblood! No te vas a morir por ese viejo, complejo de Electra, chupapatas, necrófila, descriteriada nerd de mierda! SAL DE AHÍ O VOY POR TI, MALDITA DRAMA QUEEN!-
Lawliet se abrazó a Draco, reteniéndolo, y Harry, aún llorando arena, los maldijo y se colgó de ellos, rodeándolos con sus brazos, sus músculos tensándose. Hermione y Salazar habían desaparecido: sólo las cadenas y algunas llamas emergían de la grieta, que empezaba a cerrarse, tirando de Draco inexorablemente.
- PERRA IMBÉCIL, SAL DE UNA PUTA VEZ, QUE ESTO NO ES EL REMAKE DE BLACK LAGOON!- gritó Draco
- HERMIONE!- chilló Lawliet.
El más leve de los tirones a la cadenas: Harry estaba espantado al ver que estaban bañadas con la sangre de Draco, pero las aferró enloquecido con las manos y tiró con todas sus fuerzas, una fuerza brutal que no sabía que tenía. Y aferrada a las cadenas, cubierta de sangre y arena, jadeante y sollozante, pero determinada, Hermione emrguió tosiendo de la grieta para caer en sus brazos, los cuatro rodando y abrazándose vaga y desesperadamente, incapaces de hablar por un momento, sólo de llorar de espanto y de alivio mezclados, hasta que las lágrimas se secaron, y un tembloroso Draco rodeó a la mujer con la que compartía la mitad de su magia y respiró, su frente en la suya.
- Volveremos a casa juntos, mudblood maquiavélica…- susurró Draco con una dulzura que Harry no le conocía.- Volvemos juntos, y dejaremos que todos revienten de celos por que ahora eres nuestra mascotita…-
- Te has creído que soy un conejito?- sollozó Hermione.
- Casi nos matas por cambiar dos putos párrafos en un putísimo libro de historia, si se me antoja que te pongas una tanga y orejas lo haces, y con la cara llena de risa!-
- Cómo te salvaste del golpe de rayo de Salazar, yo casi me frío…- Harry se volvió a Lawliet que intentaba mirarse el flequillo, ya que su pelo entre la arena y la magia parecía, como el de Hermione, la caricatura del punk.- Hermione estaba llena del equivalente mágico de una farmacia de anfetas, pero tú… creímos que estabas a punto browster!-
Lawliet se frotó la nariz.- evoqué papel plástico de ese para envolver sandwiches. Siempre me guardo las sobras de mi comidita, así que me sé la evocación de memoria… de hecho, me muero de hambre…-
Harry abrazó al ridículo petisito mago legal con una risa ahogada, sintiendo el alivio inundarlos, aún mientras empezaba a anochecer. La grieta había desaparecido: pero se quedaron allí, habalndo en voz baja, contentos sólo de estar vivos y enteros, hasta que cerca del anochecer, vieron una procesión de antorchas acercarse, y Harry se levantó, tropezando, al ver a la cabeza a Richard, herido pero sereno, cargando, muy frágil y muy inmóvil en sus brazos bajo la luna, a la moribunda Helga…
- Yo me encargo.-la voz masculina tomó por sorpresa por un minuto a Neville, que sin reconocerla se apartó, reaccionando sin chistar al dominio masculino de esa voz: pero eran sólo Draco y Harry, Draco con la estúpida batita de seda lila de Selina y Harry con un pantalón de pijama de Snape que le quedaba como carpa.
Neville vio con desconcierto como los dos orgullosos, pagados de sí mismos y egocéntricos herederos más codiciados del mundo mágico, que usualmente no le habrían prestado atención a un mudblood sollozante excepto para asesinarlo si estorbaba su conversación, abrazar y mecer contra sus cuerpos a la histérica joven, con ese murmullo calmante pero ininteligible que solo sirve con los niños, los amados y la gente que es tan cercana a ti que sñolo necesita tu voz y tu olor para calmarse. Los sollozos de Hermione se calmaron, y Neville la vio incrédulo aferrada al cuello de Harry, los ojos vacíos, calmándose con suaves hipos, hasta que Draco se acostó a su lado rodeándola con el brazo, y Harry salió al pasillo, casi arrastrándolo del brazo.
- Qué le pasó? Qué están…?- los ojos de Neville se entrecerraron, y el hijo de dos Aurores legendarios se enderezó, aunque más bajo y más delicado que Harry, y lo miró a los ojos fijamente.- La lastimaron, Harry?-
- Sí. Pero no nosotros. Créeme que si hubiera podido evitarle este dolor, lo hubiera hecho.- dijo Harry cor firmeza. Neville lo miró, y le creyó a esos honestos ojos verdes, aún si se daba cuenta que no sabía más que fragmentos de lo que parecía una oscura historia.- Nosotros la cuidaremos de ahora en adelante, Neville. Quédate tranquilo.- agregó, con un suspiro. Neville sopesó sus palabras, y luego, con el buen sentido que lo caracterizaba, habló con suavidad.
- Puedo ayudar?-
- Más tarde, cuando volvamos al colegio, te lo agradeceríamos mucho.- sonrió Harry. Neville pareció ponderar por un momento en decir algo más, en preguntar, en pedir: pero se quedó un mimento observando el rostro cansado de Harry, los ojos cargados de una experiencia, de dolor y pérdida, pero también de fe y fuerza, y sobre todo recuerdos, que no tenía hacía no tanto. Asintió, y simplemente le puso una mano en el hombro.
- Les traje todos los apuntes. Los veré en Hogwarths, okay?-
- *sigh* okay.-
