El español salió de la habitación
-Carriedo, tu herida pinta mal-le comentó Cortés-hay que darle una lección.
-Pero estoy bien- comentó llevando la mano a su cuello- no es nada…
-No no Carriedo-respondió el hombre negando con la cabeza- si un nativo se rebela contra nosotros, otros también lo harán, hay que detener esto ahora. Una vez aclarado eso, ¿la castigarás tú o lo haré yo?
-Vaya, no lo había pensado-comentó la nación-¿Cómo la castigaremos?
-Tú sabes cómo lo hacemos-le contestó con una sonrisa maliciosa
Un escalofrío recorrió la espalda del español cuando entendió a que se refería
-Si tanto te cuesta, lo haré yo-dijo Cortés al ver el horror en el rostro ajeno
-¡No!-exclamó fulminando a su capitán con la mirada- No se atreva a tocarla
-Bien-le respondió el hombre de mala gana antes de marcharse
España suspiró antes de abrir la puerta. Al entrar encontró a la morena dormida. Era tan hermosa que le quitaba el aliento. Tomó la bandeja vacía del desayuno de la chica y la sacó de la habitación. El templo estaba vacío, los guardias no estaban
El europeo cerró la puerta con llave antes de acostarse suavemente en la cama al lado de ella. Con una mano temblorosa, le acarició el cabello. Ella despertó y alejó la mano del español de un manotazo.
-Aléjate de mi, hombre anguila-lo amenazó antes de lanzarle una patada
-Lo siento-murmuró sujetando su pierna y comenzó a acariciarle la cadera. Imperio Azteca rápidamente entendió las intenciones del extraño y empezó a patearlo con fuerza. El europeo comenzó a manosearla y a despojarla de su ropa.
-¡Sobre mi cadáver!-exclamó moviendo las muñecas frenéticamente para liberarse
-Tengo que castigarte y eso es lo que haré-le espetó molesto protegiéndose de las patadas. Le sujetó los talones como pudo y se inclinó sobre ella para besarla. Citlalli estaba furiosa así que le mordió con fuerza el labio inferior al ojiverde
-¡Agh! ¡Joder!-exclamó sintiendo como la sangre resbalaba por su mentón
Los ojos de la chica brillaron al ver la sangre, lamiendo débilmente la poca que quedó en sus dientes. ¿Quién lo diría? Ese hombre tenía un sabor increíble
-Eres el alimento de los dioses…-murmuró la morena como en trance
-¡¿Qué soy qué?!-preguntó cuando de pronto, palideció. La ojiroja había incrustado el cuchillo que él le había dado para que desayunara en la cerradura del candado que evitaba que ella pudiera liberar sus muñecas de la cadena-¡NO!
Con un fuerte golpe en la cabecera, un click hizo que el alma se le fuera a los pies. La distracción fue suficiente para que ella le diera una fuerte patada en el estómago arrojándolo contra la pared. Un dolor pulsante invadió su espalda.
Ella se lanzó sobre él llevando ambas manos al cuello ajeno. Lo mataría ahí y ahora. El español comenzaba a asfixiarse y a pesar del dolor, su instinto de supervivencia fue mayor, así que luchó y le mordió la mano.
-¡Agh! ¡Xoxotl*!-exclamó ella lamiendo la sangre ajena en su mano. Sujetó al ojiverde de las muñecas estrellándolo contra el suelo y se sentó sobre su pecho.
-¡No dejaré que me mat…!-no terminó la frase porque la chica estaba lamiendo su labio inferior y su mentón. Se estremecía por semejante acto y no pudo evitar que su cuerpo reaccionara. La azteca sonrió al sentir la reacción del otro sobre todo al escuchar los violentos latidos del corazón ajeno. Era un sonido embriagante.
En un arrebato de locura, mordió el cuello del castaño con fuerza. El grito de dolor no se hizo esperar y eso era música para sus oídos. Ese hombre era tan adictivo. El español se retorcía de dolor en el suelo mientras ella succionaba su sangre. Como pudo, la empujó alejándola de él. Una vez libre no dudó en correr hacia la puerta. Pero la morena no dejaría que él huyera tan fácil.
Con agilidad, Citlalli se puso de pie y se abalanzó sobre él sujetándolo por la cintura. España cayó estrepitosamente y se arrastró pecho tierra hacia la puerta. De pronto sintió como ella rasgó su pantalón y lo despojó de los zapatos. Estaba sudando adrenalina ya que, en el fondo, amaba cómo era ella.
Le soltó una patada con fuerza en el estómago lanzándola contra la pared más cercana. Al ver sobre su hombro, se dio cuenta de que ella estaba más enloquecida que nunca. Esa mirada diabólica lo hizo temblar de miedo.
Se levantó y corrió hasta la puerta. En cuanto tocó la perilla pensó que todo había acabado, pero de repente sintió cono ella lo jalaba de los tobillos con fuerza. El castaño cayó de bruces, desorientado, mientras lo jalaba hacia la cama. Al ver hacia donde se dirigía, España comenzó a gritar enterrando las uñas en el suelo de piedra pero no sirvió, ella lo sujetó de la camisa y lo lanzó contra la cabecera.
La cabeza del español chocó contra ésta haciendo que se quedara quiero, al borde del desmayo. La morena sonrió, Antonio era suyo. Subió a la cama y comenzó a besarlo y a morderlo con frenesí. El desorientado castaño respondía como podía. Tanto desenfreno hizo que la temperatura aumentara haciendo que se acercaran más y más hasta que se volvieron uno. La habitación se llenó de jadeos y gemidos. La cama recibía fuertes sacudidas mientras Citlalli rasgaba la camisa del europeo dejando marcas en la espalda ajena cada vez más profundas hasta que ambos llegaron al clímax.
La habitación estaba destruida, había sangre y jirones de ropa por doquier, marcas de uñas en el suelo, la cabecera estaba rota y los dos responsables estaban abrazados en lo que quedó de la cama. Estaban exhaustos y heridos.
-¿Vas a regresar a tu imperio algún día?-preguntó ella muy cómoda en sus brazos
-Quizás-murmuró él-debo comprobar que mi marido austriaco esté bien
-Tu corazón me pertenece…-le espetó celosa encajando las uñas en su pecho como si quisiera sacarle el órgano latiente- es sólo mío…
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*Xoxotl= Idiota
Gracias por leer, no olviden comentar, espero que les haya gustado...
