-Tu corazón me pertenece…-le espetó celosa encajando las uñas en el pecho ajeno como si quisiera sacarle el órgano latiente- es sólo mío…

-¡Ay! Ok, ok, ya entendí…-se quejó el español al sentir las uñas en el pecho. Le besó la frente. Entonces cayó en cuenta en que todo le había salido al revés- Oh no, ¡¿qué dirán mis compañeros si ven que me dejaste así?!

-Dirán que eres un dios con suerte-respondió ella con una sonrisa burlona

De pronto escucharon unos fuertes golpes en la puerta.

-¡Señor Fernández! ¿Se encuentra ahí?-preguntó uno de sus subordinados- ¡El señor Cortés lo está buscando! ¡Es urgente!

Las naciones se separaron de golpe y el alma se le fue a los pies al español al ver que toda su ropa estaba rasgada.

-Joder-murmuró levantándose de lo que quedó de la cama para comenzar a recoger los trozos de ropa-¿y ahora que me voy a poner?

Entonces vio como la chica le extendía lo que parecía ser una túnica. El ojiverde agradeció el gesto y se acercó para besarla. La morena respondió el beso no sin antes morderle el labio inferior para hacerlo sangrar, se había vuelto una adicta a su sangre. Antonio se separó para ponerse la túnica y salir de la habitación.

Corrió a su habitación donde se cambió rápidamente y justo cuando terminó, entró Cortés con una mirada seria y con una carta en la mano.

-¡Capitán!-exclamó sorprendido terminando de anudarse los zapatos- ¿Qué ocurre?

-Diego Velázquez es un capullo-murmuró molesto- Debemos partir a Villa Rica cuanto antes

-¡¿Qué?! ¡¿Por qué?!-preguntó el castaño muy confundido

-El desgraciado envió a Pánfilo de Narváez a arrestarme y asesinarme-contestó el hombre-Tenemos que evitar que venga aquí, es hora de partir

Y antes de que la nación pudiera decir algo, Cortés lo tomó del brazo y salieron corriendo del templo, el hombre ya tenía preparado al ejército y estaban listos para partir.

-Pe-pero…-se quejó Antonio cuando subió al caballo- ¿Quién se quedará a cuidar la ciudad?

-No te preocupes-respondió Cortés haciendo una señal a sus hombres para que comenzaran a avanzar a una de las salidas de la ciudad- Pedro de Alvarado se quedará a cuidar que no pase nada…

-Oh ok…-murmuró el español volteando para ver el templo. Su mirada se cruzó con la de Citlalli la cual estaba de pie en lo alto de las escaleras viéndolo partir.

Hernán Cortés miró a la nación y se dio cuenta de que miraba con tristeza a la chica como si le doliera separarse de ella.

-Ánimo, no tardaremos nada en volver-le comentó dándole una fuerte palmada en la espalda al ojiverde- Pronto la verás de nuevo.

Las lágrimas se acumularon de golpe en los ojos de España al sentir la palmada en la espalda. Se mordió la mano para no gritar de dolor, aun le dolían los rasguños que tenía en la espalda.

Les tomó varios días llegar hasta la costa, hasta que finalmente llegaron a la playa donde vieron el ejercito de Narváez.

-Son muchos-comentó uno de los soldados- No podremos con ellos

-Claro que si, usaremos el factor sorpresa-dijo Antonio sonriendo y comenzó a dividir al ejército para que atacaran por diferentes puntos.

El ataque fue rápido y certero. Cuando Narváez se dio cuenta del ataque trató de reaccionar, pero era tarde.

Un grito de júbilo se alzó entre los españoles cuando Narváez se rindió, sin embargo, la alegría les duró poco ya que un mensajero proveniente de Tenochtitlán informó a Cortés sobre una rebelión en la ciudad, mediante la cual tenían emboscados a todos los hombres que se habían quedado.

-Oh no-anunció Cortés- ¡Debemos volver a la ciudad! ¡Rápido!

-¿Qué pasó?-le preguntó Antonio al mensajero mientras emprendían la retirada. El mensajero estaba pálido y parecía asustado.

El mensajero le describió a grandes rasgos que todo había comenzado por la celebración en honor a Huitzilopochtli. Que los mexicas habían pedido permiso al capitán Pedro de Alvarado, quien otorgó el permiso correspondiente para llevar a cabo la fiesta de Tóxcatl, la cual era un extenso ritual en donde se hacía una estatua de Huitzilopochtli; sacerdotes, capitanes, así como jóvenes guerreros bailaban y cantaban desarmados. Alvarado mandó cerrar las salidas, los pasos y las entradas al patio sagrado. Entonces comenzó la masacre.

Se dieron prisa para regresar a la capital, pero aun así, tardaron varios días. Antonio no podía dormir por la noche, estaba muy preocupado por Citlalli, no se perdonaría que algo le hubiera pasado en su ausencia.

Un par de días después llegaron a la ciudad. Entraron por uno de los puentes, se sentía el ambiente muy tenso. Arribaron al templo donde se había llevado a cabo la masacre y la imagen del patio quedaría para siempre en sus memorias: todo estaba sembrado de cabezas, brazos, tripas y cuerpos de hombres muertos.

-No puede ser-murmuró Cortés y comenzó a gritarle a Pedro de Alvarado- ¡Te dejo a cargo solo por un par de días y mira lo que pasa! ¡Eres un…!

Pero Antonio no los escuchaba, cabalgó rápidamente hasta el Templo Mayor, sabía que ella estaría ahí esperándolo pero cuando sus miradas se cruzaron, sus ojos no mostraban cariño, ni siquiera deseo. El tono escarlata de sus ojos solo demostraba dolor y rencor.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Gracias por leer y no olviden comentar