*Maldito

**Idiota

***Maldito infeliz

****Muerte... muerte... muerte...

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Entraron al templo donde se encontraron con Moctezuma y con Citlalli. Cortés le exigió al monarca que calmara a su pueblo. Mientras el Huey Tlatoani trataba de calmar a sus subordinados en el balcón del templo, Antonio trataba de calmar al Imperio Azteca, la cual se notaba débil y pálida.

-¡¿Cómo pudiste?! ¡Tlatelchiuali!*-le gritó furiosa soltándole una fuerte cachetada

Los soldados españoles se acercaron a la morena con intención de someterla pero España les ordenó retirarse

-No debí irme, esto es un mal entendido -dijo el ojiverde- discúlpame

-Tus disculpas no van a revivir a todos mis habitantes-le espetó furiosa-¡Xoxotl!**

Fue entonces cuando se escuchó un grito y varios golpes en las paredes

-¿Qué pasa?-preguntó Antonio justo en el momento en que una flecha atravesó al monarca. Citlalli corrió para sujetar a Moctezuma el cual estaba muy herido.

-Estamos perdiendo el control-le murmuró Cortés al ojiverde para mirar a los otros gobernantes que tenían como prisioneros- Mátenlos, ya no son de utilidad.

-¡Espera!-exclamó España pero fue tarde, el ejército español se movilizó para asesinar a los presentes. Citlalli vio horrorizada como los soldados asesinaban a los gobernantes de las diferentes tribus y se asustó

-¡Tlatelchiuali iknoli!***-le espetó a la nación y tomando al herido Huey Tlatoani, comenzó a correr a la salida

-Yo voy por ella-dijo el castaño corriendo tras la chica

-¡Aléjate de mí, hombre anguila!-exclamó cuando de pronto notó que Moctezuma había dejado de respirar. Se detuvo con lágrimas en sus ojos. Dejó el cuerpo de su abatido líder frente a un altar a Huitzilopochtli.

Antonio se detuvo detrás de ella mientras se escuchaba una revuelta en el exterior del templo. Se sentía mal por lo que había pasado.

-Citlalli… yo… lo siento en ver…-comenzó pero la chica le pateó rápidamente las piernas para tirarlo. España, que no se esperaba ese ataque, cayó al suelo, golpeándose los codos-¡Ay!

Imperio Azteca sacó su cuchillo de obsidiana y se lanzó sobre el español clavándoselo en un costado. El europeo la empujó y con cuidado sacó el cuchillo de su costado. La sangre relucía en el filo de éste.

Escucharon pasos que se acercaban, la morena se levantó y huyó.

-¡Señor Antonio!-exclamaron los soldados levantándolo- ¿Se encuentra bien?

-Si-dijo la nación llevando una mano a su costado mientras sus subordinados lo llevaban con Cortés para que lo curaran.

Esto solo fue el inicio de los combates entre mexicas y españoles, los europeos y sus aliados indígenas estaban cercados en el templo casi sin alimentos, por lo que decidieron huir al punto de la medianoche del 30 de junio de 1520.

Los españoles salieron del palacio marchando en silencio, sin embargo escucharon el sonido de un tambor, una anciana los había visto. Estaban perdidos. En menos de lo que se dieron cuenta, se encontraron rodeados por miles guerreros. En cuestión de minutos la laguna que rodeaba a Tenochtitlan hirvió de canoas repletas de nativos armados de lanzas y flechas, en tanto desde las azoteas miles de guerreros atacaban la retaguardia. Estaban en el infierno.

Los aztecas rápidamente diezmaron a los españoles y a sus aliados indígenas. Cada muerte era una dolorosa punzada en el cuerpo. Antonio trató de huir cuando la vio de pie entre todo el mar de gente que huía.

-Eztli… Eztli… Eztli…****-repetía ella como un grito de guerra. El ojiverde sacó su espada pero eran tantas las muertes que no tenía suficiente fuerza. Imperio Azteca atacó a España sin piedad, le cortó el brazo derecho y la mejilla izquierda.

El europeo trató de defenderse logrando desviar una estocada que se dirigía a su pecho y otra que se dirigió a su cuello pero no logró evitar otra estocada en el abdomen. Antonio escupió sangre y el suelo se tambaleó bajo sus pies.

-Te mataré, hombre anguila-dijo ella pateándolo con fuerza, haciendo que quedara tendido a la mitad de uno de los puentes. El español miró a su alrededor, sus hombres caían, otros trataron de huir a nado pero debido a que algunos llevaban mucho oro, se ahogaron.

La codicia estaba cobrando la vida de sus subordinados rápidamente pero él no moriría por ello. Dejó caer la bolsa de oro que llevaba en la mano y se levantó con dificultad empuñando su espada

-Ven por mí-dijo débilmente. La ojiroja se asombró de que aun tuviera fuerzas para enfrentarla, ese hombre era único, lástima que iba a morir. Imperio Azteca se lanzó hacia él. Antonio logró esquivar el primer ataque y le cortó el brazo. Citlalli no se tentó el corazón y le lanzó una rápida patada que el castaño resistió para rápidamente tomarla de la pierna y lanzarla contra un par de indígenas que iban a atacarlo.

Un rápido vistazo hizo que España se diera cuenta que se había quedado solo, los pocos sobrevivientes habían logrado llegar al otro lado y huían hacia Tlaxcala.

-Perdí…-dijo levemente y su mirada se topó con la escarlata. Antes de que ella pudiera atacarlo, el español saltó al agua, nadando hacia la orilla esquivando las flechas que los aztecas comenzaron a lanzarle.

Una vez que llegó a la orilla, Pedro de Alvarado lo sacó y lo ayudó a escapar ya que estaba muy herido, al borde de perder el conocimiento por la sangre que había perdido.

España estaba devastado, herido y sin esperanza, al mirar atrás solo pudo recordar el rencor en los ojos de la mujer que amaba, pero regresaría.

Un doloroso llanto rompió el silencio antes de que él perdiera el conocimiento.

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