La caída

Cuando los españoles cortaron el suministro de agua a la ciudad, iniciaron las batallas. Citlalli no había podido asistir a todas las batallas por miedo a que en su ausencia alguien se atreviera a lastimar a Meztli. Con cada batalla que perdía ante los españoles, ella se sentía más y más débil.

El castaño sabía que pronto la ciudad dejaría de ofrecer resistencia y entonces podría apoderarse de ella, sin embargo la última ofensiva externa de las fuerzas leales a los mexicas provenía de los malinalcas, matlatzincas y cohuixcas. Cortés envió fuerzas para detener su avance.

-La ciudad está debilitada-anunció el conquistador sobre su caballo- ¡Adelante!

Se dirigió hacia la ciudad seguido por Antonio y por el ejército, sin embargo no contaban con que los aztecas los estaban esperando comenzando con otra batalla

España buscaba al Imperio Azteca por todos lados pero no la vio en la escaramuza y se preocupó. La batalla fue feroz, Tenochtitlán no se iba a rendir nunca. Un grito llamó su atención, al voltear notó que Cortés había sido capturado por los nativos.

El ojiverde bajó del caballo y lo liberó con ayuda de otro español. El capitán ordenó la retirada. La nación trató de escapar pero los nativos le lanzaron una soga en la cintura, trató de seguir cuando otra cuerda atrapó uno de sus pies.

-¡Carriedo!-exclamaron varios españoles y regresaron a liberarlo pero también fueron capturados. Los llevaron al templo, ahí fue donde se encontró con la ojiroja.

-Citlalli-la saludó el español atado de brazos y piernas junto con sus otros aliados

La morena sonrió al tenerlo ahí, hincado a sus pies. Miró a su pueblo y les ordenó que sacrificaran al resto de los hombres a Xipé Totec. Antonio pidió que lo sacrificaran con los suyos, pero la chica tenía otros planes para él.

-No dejaré que nadie más desperdicie tu sangre-dijo ella sacando su cuchillo de obsidiana- Ese es mi trabajo…-y dicho esto, le hizo un corte en el cuello. La sangre comenzó a escurrir por su cuello hacia sus hombros. Lamió levemente la sangre que quedó en su cuchillo- Adiós Hispania…-dirigió el cuchillo a su corazón

Antonio se movió en el último segundo y ella cortó sus cuerdas por error. Sabía que nunca la iba a vencer solo, por lo que se dio a la fuga. Salió corriendo del palacio y encontró el puente vacío porque todos estaban viendo los sacrificios.

Los españoles observaron horrorizados como sacrificaban a sus compañeros, les sacaban el corazón y los despellejaban. En modo de venganza reanudaron las batallas con más furia.

El 13 de agosto de 1521, Cuauhtémoc salió de Tenochtitlán en una canoa, con la intención de negociar la rendición, pero capturado mientras la ciudad caía en manos de los españoles y de sus Cuauhtémoc estuvo en presencia de Cortés, señaló el puñal que el conquistador llevaba al cinto y le pidió que lo matara, pues no había podido defender su ciudad y prefería morir.

Una vez que capturaron al Huey Tlatoani, no había nada que pudiera evitar que llegaran a la victoria ya que los habitantes de la ciudad flotante estaban confundidos y dispersos además de que más de la mitad de la población había muerto por el hambre y la enfermedad.

Entraron a la ciudad sin ninguna resistencia, una vez que el monarca se había rendido, el resto del pueblo lo hizo. Reinaba un silencio sepulcral en la ciudad destruida y en ruinas. Todos se dispersaron para buscar oro, después de todo, habían ganado, pero a Antonio aún le quedaba una batalla más que librar.

España subió por los restos de las escaleras hacia el destruido Templo Mayor

-¿Citlalli?-preguntó rompiendo ese silencio mientras caminaba hacia la habitación del Imperio Azteca. La encontró de pie al lado de la cama. Ella volteó y lo miró

-¿Qué es lo que quieres?-preguntó con rencor- Ya ganaste…

-Citlalli-dijo él sintiéndose increíblemente miserable, sabía que nunca podría reparar todo lo que había pasado- Yo… lo sien…

-¡No lo sientes! –exclamó ella y le lanzó un jarrón de oro que golpeó al español porque no se lo esperaba. La nación cayó al suelo y ella aprovechó para huir, no sin antes tomar un bulto de la cama. El ojiverde se puso de pie y la persiguió.

La morena corría por lo que quedaba de su destruido imperio, unos hombres la vieron y también comenzaron a perseguirla, ella salió corriendo hacia el bosque cercano apretando el bulto contra su pecho. Después de unos angustiosos momentos de persecución, ella cayó al suelo en un lodazal y no pudo levantarse

Antonio la había estado persiguiendo hasta que finalmente la encontró y sujetándola, tiró fuerte para sacarla de ahí. La miraba como cada vez le costaba más respirar y aun seguía con ese bulto en brazos que era la pequeña Meztli.

-Citlalli…-un nudo se había formado en su garganta- yo no quería esto…

-Antonio…-ella habló con dificultad y le entregó el bulto- Es mi último tesoro, mi tesoro más valioso, jura que lo cuidarás con tu vida.

-Yo… lo juro-dijo tomando a la bebé mientras las lágrimas aparecían en sus ojos

"-¿Sabes, Antonio… cuántas veces trataron de destruirme…? Desde que era una niña… siempre, siempre he conocido de guerra, pero… de amor… -y sus ojos, rojos como la sangre, miraron primero al bulto y luego, al conquistador, y Antonio sintió una brusca sacudida en el fondo de su pecho. –Tú… tú fuiste el único… que logró derrotarme, y… ¿sabes por qué, Antonio?

-No… yo no…

La azteca sonrió, con aquélla sonrisa deliciosamente seductora que él siempre soñó ver, que siempre anheló provocar.

-Porque… tú me conquistaste…

-Citlalli… -pero lo que él quería decirle, ella no lo escuchó jamás. Sus ojos se cerraron, apagándose su luz, y su cuerpo dejó de moverse. Atemorizado, el español puso su mano libre sobre el frío pecho de la mujer y se dio cuenta que su corazón se había detenido. Imperio Azteca había muerto. –Citlalli, yo… Te amo"

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FIN DEL PRÓLOGO NÚMERO DOS

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PD: Lo que se encuentra entre comillas es un fragmento del fic: El diario de Nueva España by Lady Loba que podía considerarse una secuela de éste prólogo.