Alfred bajó de su caballo frente a la casa de la mexicana. Se arregló la corbata y se limpió el pantalón antes de tocar. La casa estaba muy descuidada, tenía una ventana rota, la pintura estaba desgastada y la puerta tenía un par de rasguños.
María abrió la puerta, se notaba que estaba cansada y débil por su reciente guerra de independencia contra España.
-Ah, eres tú, pasa-dijo haciéndose a un lado para que el estadounidense pasara. La casa de la chica estaba hecha un desastre.-Lamento esto…
-Uhm… no te preocupes-dijo con una débil sonrisa- Hubieras visto mi casa como quedó cuando me independicé de England.
-Bueno-dijo ella sentándose en un sillón- ¿A qué has venido? Estoy muy ocupada y cansada arreglando esto-hizo un gesto para abarcar toda su casa.
-Solo venía a decirte que yo, Estados Unidos de América, te reconozco como país-dijo el rubio con una sonrisa. En esa época se necesitaba el reconocimiento de varios países para que un territorio pudiera ser tomado como una nación.
México miró a su vecino del norte y una amplia sonrisa apareció en su boca
-Gracias-exclamó contenta
-Congratulations- le dijo con una sonrisa muy amplia y le dio una caja de regalo- la compré para ti, espero que te guste…
La morena tomó la caja muy confundida y la abrió. En su interior había una bonita pulsera de oro con el nombre de la chica, grabado.
-¿Te gustó?-preguntó con una sonrisa y cuando ella asintió, él añadió-¿Te la pongo?
Tomó la pulsera y con cuidado rodeó con ella la muñeca derecha de la chica.
-Sé que es difícil iniciar a manejar una nación por uno mismo-le dijo tomando su mano entre las suyas- pero quiero ayudarte…
-¿Y cómo harás eso?-preguntó la chica mirándolo.
-Tus gobernantes me ofrecieron de tus tierras para que yo invirtiera en ellas y ayudara a reactivar tu economía-le comentó
-¡¿Que ellos hicieron qué?!-exclamó horrorizada- ¿Y aceptaste?
-Yes-dijo mirando la pulsera- esta es mi inversión, espero que tu economía comience a fluir.
-¡¿Qué tierras te dieron?!-preguntó ella algo molesta
-Las que están más cerca de mi casa, un territorio que se llama Texas, creo-dijo él tratando de recordar- Si, Texas.
-Ah ya…-dijo ella tranquilizándose un poco, esas tierras estaban inhabitadas y no había nada de interesante ahí- Bien, dejaré que entre tu gente.
-Vaya, Thanks-le respondió con una sonrisa- Ahora que ya no estás bajo el dominio de Antonio, creo que nos veremos más seguido ¿no?
Sonaba esperanzado y no era para menos, había estado enamorado de la chica desde 1770 pero nunca había podido conversar bien con ella porque el español nunca le había permitido verla. Esperaba que eso cambiara.
-Pues… -comentó ella cuando de pronto una piedra rompió una de las ventanas dándole al estadounidense- ¡Alfredo! ¿Estás bien?
-Oh, I swear to drunk that I'm not god-balbuceó antes de sacudir la cabeza- ¡¿what happened?!
-Mi casa es muy peligrosa ahora-le dijo ayudándolo a sentarse en el sillón de nuevo- Lamento esto, pero aun están muy agitados por lo de la independencia.
-Bueno, no te preocupes-dijo mientras ella le revisaba la cabeza para checar que no estuviera sangrando- Solo espero que no haya problemas con mi gente en Texas ¿eh?
-¡¿Eso es una amenaza?!-le espetó ella cruzándose de brazos
-Solo trato de proteger a mi gente-dijo él mirándola firmemente-Bueno, debo irme, cuídate y felicidades de nuevo.
El estadounidense salió de la casa de la chica para darse cuenta de que habían robado su caballo. Suspiró y comenzó a caminar hacia su casa arrastrando los pies. Nada había salido como lo había planeado.
María lo vio partir antes de esquivar otra piedra, las guerras interinas por el poder la estaban volviendo loca.
-¡Ya compórtense!-les gritó enojada antes de entrar a su casa azotando la puerta.
El estadounidense llegó a su casa sumamente cansado y se tiró sobre su cama.
-¿Estás holgazaneando, Alfred?-preguntó una voz burlona y el ojiazul apretó los puños antes de incorporarse
- Miren quien tenemos aquí-dijo el menor incorporándose- Hi, Arthur
No había notado al inglés sentado en el sillón que estaba en un rincón de su habitación
-No puedo creer que hayas guardado nuestro sillón-dijo el ojiverde acariciando el mueble con algo de nostalgia- Hace más de 70 años que no venía aquí…
-¿Y a qué debo el honor que el Reino Unido de Inglaterra e Irlanda del norte me visite después de que juró no volver a verme?-comentó con una sonrisa burlona
-¡Bloody emancipated!-le espetó el mayor pero cerró los ojos y respiró profundo para no molestarse ni ponerse a llorar- solo venía a proponer comercio entre nuestras casa de nuevo.
-No quiero-dijo el americano acostándose de nuevo.
-¡Eres un… desconsiderado!-le espetó el ojiverde poniéndose de pie completamente furioso-¡Yo te di la vida y así me pagas!
El ojiazul lo miró confundido y el europeo se sonrojó al darse cuenta de lo que había dicho
-¿A qué te refieres? Yo ya había nacido antes de que tu llegaras en tu barco-comentó el americano mirando al mayor con una interrogante- Es imposible que tú me hayas "dado la vida"
Arthur desvió la mirada, se había jurado no decirle nada jamás al estadounidense, se llevaría su secreto a la tumba, el problema es que sabía que no iba a morir por lo tanto iba a tener que guardar ese secreto por mucho tiempo.
-Yes, you're right-le dijo el británico sonrojado- Fue una tontería de mi parte decir eso.
-Bien, solo porque aceptaste tu error, firmaré el tratado ese-le dijo el menor levantándose de la cama- Vamos al comedor a firmarlo
Inglaterra asintió, aliviado de que el americano se hubiera creído su mentira y bajó las escaleras detrás de él.
-¿Y qué hiciste hoy?-le preguntó el ojiverde- ¿De dónde venías?
-Fui a visitar a México-le respondió- Espero que ella y yo podamos ser amigos.
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