La luz del sol brillaba sobre el territorio de Estados Unidos. Alfred despertó cuando el sol le dio de lleno en su cara. Se levantó de la cama y se estiró. Caminó hacia el baño para prepararse. Un par de horas después, salió de su casa rumbo a La Casa Blanca, el presidente lo había citado muy temprano para arreglar algunos asuntos nacionales.
-Good morning, sir-dijo la nación cuando el mandamás abrió la puerta y lo dejó pasar- ¿Qué era lo que quería hablar conmigo?
-Toma asiento, Alfred-dijo el presidente Andrew Jackson señalando la silla frente a su escritorio-¿Deseas algo de tomar?
-Ehm… no, Thanks-respondió el ojiazul- ¿What's wrong?
-Bueno, como sabrás, se han establecido miles de estadounidenses en Texas…-comenzó el gobernante- sin embargo tenemos un problema con México
-¿Problema?-repitió rápidamente el joven de 18 años poniéndose de pie-¿Qué pasó ella está bien?
-Sí, sí, el problema es que su gobernante quiere que Texas se una a Coahuila-explicó- además está convirtiendo a México en un gobierno centralista y esto no le está agradando a los texanos
-Bueno, pero ese no es mi problema, al fin y al cabo, están en su territorio…-comentó quitándole importancia- Aunque no entiendo por qué quiere disolver Texas…
-Nos pidieron ayuda para independizarse…-terminó de explicar Andrew
Alfred se quedó pensativo por un momento. Texas era una buena extensión de tierra sin embargo, él no ganaba nada si ellos se independizaban.
-No pienso meterme directamente-respondió finalmente- Si quieren su independencia, que les cueste, como a todos…
Estados Unidos envió dinero y voluntarios para apoyar a los texanos.
-¡Señorita María! ¡Señor presidente!-un hombre corría hacia Palacio Nacional donde la mexicana y su presidente, Antonio López de Santa Anna-Ha habido varias rebeliones en el norte
María puso los ojos en blanco y maldijo al español mentalmente por haberle dado sus tierras al estadounidense sin haberle preguntado. Esos extranjeros le estaban causando muchos problemas.
-Enviaré un ejército para reprimir las rebeliones-dijo Santa Anna firmemente.
En 1835, un pequeño destacamento armado se dirigió un pueblo llamado González. Exigieron a los colonos que les entregaran un cañón y éstos abrieron fuego. La revolución texana había comenzado.
Cuando la noticia llegó a la capital, Santa Anna estaba furioso. Por lo que dejó el poder a su vicepresidente José Justo Corro para ir a luchar con un ejército.
-Yo mismo aplastaré la rebelión-le dijo el presidente a la nación. La morena también iba a luchar para calmar a la gente del gringo.
Pequeños grupos de soldados viajaban al norte. Santa Anna quería un ejército numeroso para demostrar que era un gobernante poderoso. María viajó con el primer grupo rumbo a Texas para descubrir que los texanos estaban dispersos y desorganizados y eso les iba a costar caro.
En 1836 el ejército mexicano cruzó el río grande para dirigirse a San Antonio. Su objetivo: una fortaleza en ruinas, El Álamo.
Aproximadamente habían 200 texanos en El Álamo rodeados por miles de mexicanos pero ellos sólo tenían una idea en mente: obtener la victoria o morir ahí.
Uno de los comandantes de los texanos, William Travis desafió a Santa diciendo que no iba a retroceder ni a rendirse y estaba decidido a resistir tanto como pudiera y a morir como un soldado.
El presidente de México se burló de su amenaza y el 6 de marzo de 1836, comienza el ataque. María dirigió al primer grupo que ataco las murallas de la fortaleza. Los texanos se opusieron valientemente pero eran muy pocos para defender el fuerte.
-¿Uh?-un dolor pulsante atacó las sienes del estadounidense que se despertó por el dolor. Cada muerte de algún texano, era como una pequeña descarga de dolor en la cabeza de Estados Unidos-¿Ahora qué pasa?
María sentía pequeños golpes en su frente, estaba cansada de luchar, pero debía hacerlo si quería retomar lo que era suyo. Cerca de 2000 mexicanos entran en la fortaleza improvisada y Travis muere en batalla.
Uno tras otro, los texanos comenzaron a caer. México los eliminó a casi todos, sólo sobrevivieron tres: Una mujer, su niña y un esclavo negro. Pero la guerra no acabó ahí, Santa Anna recibió la noticia de que 365 texanos se habían rendido en EL Goliat y él los manda fusilar a todos.
Cuando esa noticia llegó hasta Estados Unidos, cambió totalmente la opinión que tenía la nación acerca de la guerra.
-¿Qué vamos a hacer?-le preguntó Jackson al ojiazul-Ya le ofrecí a Santa Anna una gran suma de dinero a cambio de Texas y no aceptó.
-Hay que apoyar a los texanos-dijo Alfred firmemente.
Cientos de voluntarios viajaron a Texas. Santa Anna llega a Austin y ahí divide al ejército dejando al mando al general Fisiola y él sigue hacia Harrisburgo para proteger el Río San Jacinto.
El 21 de abril de 1835, el ejército texano liderado por Samuel Houston realiza un ataque sorpresa al ejército mexicano. Santa Anna es capturado y Houston lo hace firmar "Los Tratados de Velasco" en los que se estipula que el ejército mexicano se retirará de Texas y que acabarán las hostilidades.
-No lo apruebo-dijo María cuando vio regresar a su presidente que había caído en desgracia- Texas no es independiente.
Sin embargo, el ejército mexicano estaba abatido y desmoralizado debido a la retirada. Texas había ganado aunque ella no quisiera aceptarlo. La derrota infringida por un grupo de desorganizados texanos había sido un duro golpe para el orgullo nacional.
Varios texanos viajaron a Washington para hablar con el presidente Andrew
-Señor, estamos aquí porque México no ha reconocido nuestra independencia-dijo uno de los representantes
-¿Y qué es lo que quiere que yo haga?-preguntó el presidente
-Queremos que asegure nuestra independencia. Que nos respalde- contestaron.
-Claro que lo haremos-dijo Jackson firmemente- ¿Verdad, Jones?
-Hablaré con ella-dijo Alfred levantándose de su silla y salió de La Casa Blanca rumbo a México
Éste era el inicio de una guerra por el control de Norteamérica.
Gracias por leer y no olviden comentar
