-Sangre estadounidense ha sido derramada en territorio estadounidense por los mexicanos-dijo el presidente Polk al congreso de Estados Unidos- Por eso pido que se le declare la guerra a México

Los miembros del congreso no les agradaba la idea de iniciar una guerra

-Disculpen…-dijo una voz en el fondo y todos voltearon la mirada- Creo que el presidente sería más fiel a la verdad si hubiera dicho que esa sangre fue derramada en un territorio en disputa

Toda la sala quedó en silencio ante la afirmación de Abraham Lincoln

-Territorio en disputa o no, debemos vengar a nuestros compatriotas-dijo Polk

La noticia de un futuro conflicto entre México y Estados Unidos llegó a Europa. Los países del viejo mundo comenzaron a hacer apuestas acerca del resultado de esa guerra

-¿Estás demente?-le dijo Inglaterra al estadounidense en una de sus visitas- ¡¿No llevas ni 100 años libre y ya te vas a meter en otra guerra?!

-Arthur calma, sé que podré ganar-dijo Alfred sonriente pero en el fondo sabía que tu ejército estaba conformado principalmente de novatos recién salidos de la academia y creía que el ejército mexicano era un gran oponente- ¿Has visto los uniformes de María? Son awesome

-¡Concéntrate!- le espetó el británico- si sigues con tus ensoñaciones, ella te va a ganar. No le tengas piedad o te tragará vivo…

En Estados Unidos se le tenía un gran respeto al ejército mexicano por lo que un grupo de caballería e infantería ocupó rápidamente Nuevo México y otro tomó California. En 1846, el ejército de Zachary Taylor expulsó a los pocos mexicanos de esa zona y después de un sitio de un día, capturó Monterrey. María estaba furiosa.

-¡Maldito gringo! ¡¿Qué se creé?! –exclamó ella mientras reunía a un ejército para luchar contra los estadounidenses

-Yo puedo combatir-dijo una voz al lado de ella.

-¡¿Y tú qué haces aquí?!-le espetó la mexicana a Santa Anna que había regresado de su exilio

-Déjeme combatir una vez más-le dijo él- Tengo un ejército de 20,000 hombres, le juro que expulsaré a Taylor del territorio.

-Bien, vamos a luchar-le dijo ella- y esta vez… no me decepcione…

Cuando la noticia de que México había logrado juntar un ejército de 20,000 hombres llegó a Estados Unidos, Alfred palideció.

-You are screwed-le dijo el británico a su ex colonia dándole unas suaves palmadas en el hombro- pero tenías que enfrentarte a la hija del spaniard…

-Relájate-le dijo el presidente a su asustada nación- Enviaré al general Scott a Veracruz. Ella no espera eso…

-Pero no hay suficientes hombres para hacer dos ejércitos-le dijo el estadounidense- que Scott se lleve a la mitad del ejército de Taylor y yo lo alcanzaré luego, ayudaré a Taylor con la primera batalla…

Esta decisión dejó a Taylor con tan solo 5,000 hombres los cuales eran inexpertos y sin entrenamiento. Debido a esto, Santa Anna le dijo que se rindiera, sin embargo Taylor se negó aunque estuviera en gran desventaja.

El 23 de febrero de 1847, México atacó Buenavista, el lugar donde Taylor tenía a todos sus soldados.

-Estamos en una desventaja de 3 a 1-le comentó el viejo general a Alfred cuando éste llegó a Buenavista- y la mayoría son cadetes inexpertos.

-Esto es malo-dijo el ojiazul mirando a los jóvenes soldados que parecía que no durarían ni un segundo en contra de los mexicanos.

De pronto, un estallido, un par de gritos y surgió el caos. Todos los cadetes y voluntarios comenzaron a correr. Santa Anna estaba atacando el lugar. Los estadounidenses caían uno a uno. Alfred disparaba a los hispanohablantes pero eran demasiados y el dolor de cada muerte era una punzada dolorosa en su cabeza.

María entró sobre un caballo matando estadounidenses a diestra y siniestra mientras buscaba a la nación. No encontraba el característico mechón rubio de Estados Unidos en ninguno de los presentes

-¿Dónde estás maldito gringo?-se preguntó molesta antes de dispararle a otro cadete que se atravesó en su camino cuando de pronto, lo vio. La mirada dorada se cruzó con la mirada azul. Él no dudó ni un segundo y le disparó al caballo de la chica el cual cayó- Alfred…-el rencor era casi tangible en esa simple palabra.

-¡Retirada!-exclamó una voz, probablemente era Taylor. La nación comenzó a movilizar a los cadetes para que huyeran del lugar. Los pocos sobrevivientes trataron de correr de regreso a suelo estadounidense, Santa Anna casi podía probar el sabor de la victoria.

-¡RUN!-gritó Alfred alejándose del lugar junto con sus hombres pero María no lo dejaría huir tan fácil. El ejército mexicano les pisaba los talones. Uno a uno, los sobrevivientes comenzaron a caer.

-Ya te tengo-murmuró la mexicana apuntando al rubio de ojos azules cuando de pronto, un pequeño ejército detuvo su avance, era el ejército de Mississippi comandado por Jefferson. Santa Anna gritó que se retiraran- ¡¿Qué?! ¡No!

Pero el ejército mexicano huía de regreso al territorio nacional. Las miradas de las dos naciones se cruzaron un segundo antes de que México se retirara. La guerra apenas estaba comenzando.

En el camino de regreso a México, miles de hombres abandonaron a Santa Anna porque les había arrebatado la victoria

-¡¿Por qué nos retiramos?!-le espetó María a Santa Anna completamente furiosa- ¡Ya lo tenía acorralado y me dejaste sola!

Mientras los pocos sobrevivientes regresaban a Estados Unidos proclamando una gran victoria, Alfred tomó un barco para viajar rápidamente hacia Veracruz. En Marzo de 1847, el ejército estadounidense al mando del general Scott llegó a Veracruz. Los hombres de Scott sitiaron la ciudad y dispararon sus cañones hasta que los veracruzanos se rindieron.

María acababa de regresar a la capital cuando un fuerte dolor en su costado le avisó de que algo había pasado.

-¡Están atacando Veracruz!-gritaban los mensajeros que traían las noticias desde la costa

-Maldición-gruñó la castaña furiosa y sin tener un minuto de descanso, se dirigió a la ventana. Estados Unidos se alzaba con la victoria reflejándolo en una sonrisa de superioridad- te odio…

Ahora por primera vez el ejército de Estados Unidos está cerca de sus ciudades más pobladas. Una vez que éste arrasó con Veracruz, el ejército se dirigió a la capital siguiendo la misma ruta que usaron los españoles.

-Gracias Antonio-pensó Alfred mientras avanzaban por un mapa que había trazado el mayor en su primera expedición en tierra americana.


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