SUFRIR O MORIR EN SOLEDAD

IV. EL SOSPECHOSO

FLASHBACK

El juez de Garuda ya había terminado de hacer todo su papeleo del día. Los juicios en Antenora, donde debían someterse los hombres y mujeres que habían traicionado su patria de alguna manera, eran a veces muy aburridos, salvo algunas excepciones. Hacía unos meses, cuando Hades recién los había resucitado, había muchísimos juicios pendientes. Ahora por fin se ponía al corriente. Radamanthys y Minos habían pasando por una situación similar.

Después de varias horas de estar trabajando, por fin el juez de Garuda se levantó.

"Necesito estirar las piernas por un rato", pensó Aiacos, dejando un rato los papeles y paseándose por su despacho.

Aiacos caminó hacia la ventana y se asomó, para observar a sus espectros entrenando. Kagaho y Tokusa eran buenos, pero tenía su atención más específicamente en Violate. Una sonrisa involuntaria se formó en los labios del juez de Garuda.

Aiacos o podía quitar sus ojos de Violate. Sus movimientos estaban llenos de gracia y elegancia, pero también de fuerza. Era, por mucho, el espectro más poderoso entre todos sus subordinados, y era casi tan poderosa como él mismo. Suspiró.

-¿Señor Aiacos?- una voz lo sacó de sus pensamientos, haciéndolo volverse con una mueca de fastidi hacia el recién llegado. Un espectro subordinado de Minos.

-¿Marchino?- dijo Aiacos, alzando las cejas, un poco molesto porque sus pensamientos fueron desviados de un sitio más agradable- ¿qué se te ofrece?-

-Señor, mi señor Hypnos acaba de regresar del Santuario de Athena- dijo Marchino, inclinándose ante el juez- dijo que se presentaron dificultades, y que mi señor Hades ordena que usted y el señor Radamanthys se apresuren al Santuario de Athena de inmediato-

Aiacos se cruzó de brazos y frunció el entrecejo, curioso. ¿Porqué Hades querría a los tres jueces en el Santuario de Athena, si tenía de su lado a Hypnos?

-¿Qué fue lo que sucedió allá?- preguntó el espectro de Garuda.

-No sabría decirle, señor- dijo Marchino- solo me pidió que le dijera que dejara a una persona capaz a cargo del juicio de las almas en Antenora, ya que estarán fuera por algunos días, así como el señor Minos dejó al señor Lune a cargo de los juicios en Ptolomea-

Aiacos sonrió ampliamente. Ya sabía a quien dejar a cargo.

-De acuerdo, Marchino, gracias por avisarme. Saldré tan pronto como dé instrucciones a mi ala derecha- dijo Aiacos, dejándose caer en su asiento- cuando salgas, pide a Violate que suba a verme-

Marchino se inclinó levemente y salió de Antenora. Aiacos miró su sapuri, que estaba frente a él, y sonrió. No le gustaba mucho salir del Inframundo, pero le emocionada la perspectiva de liarse a golpes de nuevo. No pudo seguir pensando en ello, pues la espectro de Behemoth llegó a su despacho.

-¿Me llamaba, señor Aiacos?- preguntó Violate, sonriendo y secándose el sudor de su frente con el dorso de su mano tras inclinarse.

Aiacos no pudo evitar sonreír al verla. Se veía hermosa sin su sapuri, sino con su ropa de entrenamiento. Era una mujer muy bella y fuerte. Sus mejillas estaban sonrojadas por el ejercicio reciente y el calor en el Inframundo, y la manera en la que la chica ponía sus manos en sus caderas mientras lo miraban lo hacían perder la cabeza.

-Sí, Violate- dijo el juez de Garuda, haciendo acopio de toda su voluntad para no seguir por esa línea de pensamiento- voy a salir del Inframundo a acompañar al señor Hades a una misión, y me pidió que dejara a la persona en quien más confío a cargo de los juicios de Antenora-

Violate parecía no poder creer lo que le iban a confiar.

-¿Yo?- dijo ella- ¿juzgar en Antenora en vez de usted, señor Aiacos?-

Aiacos se puso de pie y se acercó a ella. En un gesto que nunca había hecho, tomó la mano derecha de la chica con su mano izquierda, y con su mano libre recorrió los cabellos de la espectro, entrelazándolos entre sus dedos. Los suaves cabellos de Violate se deslizaron entre los dedos del juez. La chica sonrió y cerró los ojos, disfrutando la caricia de su superior sin ningún reparo o vergüenza. Una vez que los cabellos se separaron de los dedos del espectro, Violate abrió los ojos.

-Señor Aiacos- susurró la chica en voz baja.

-No hay nadie en quien tenga más confianza, Vi- le dijo Aiacos en un susurro.

-¿De verdad?- dijo ella, sonriendo.

-De verdad- dijo Aiacos, besándola en la mejilla, haciendo que se sonrojara, y esta vez su sonrojo no tenía nada que ver con el ejercicio- tienes mi palabra que nada en el mundo me hará perder mi confianza en ti-

FIN DEL FLASHBACK

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Despacho de Aiacos, Antenora, Inframundo

Aiacos sonrió levemente. Habían pasado varios meses desde aquel encuentro, que al juez le parecían varios años. Aquellas veces que tímidamente se había acercado a la espectro de Behemoth. Ahora que lo pensaba, parecía haber pasado una eternidad desde esa vez. Recordaba bastante bien la pesadilla que Phobos y Deimos le habían causado cuando fue atrapado por las sombras, amarrado a esa columna en la ciudad subterránea, mientras intentaba proteger a la reina Perséfone de los enemigos. Reprimió un escalofrío al recordarlo.

Había soñado que estaban en una pelea, él y Violate, peleado espalda con espalda, cuando un misterioso enemigo los separó. Y varios e indescriptibles horrores le habían sucedido desde que se habían separado. ¡Había sido tan real y tan horrible! Cuando Radamanthys y Kanon lo encontraron, él seguía murmurando repetidamente el nombre de Violate.

Sacudió la cabeza para sacudir esos horrendos recuerdos. Habían sido solamente una horrible pesadilla. Pero su Violate estaba bien, y estaba ahí con él, en el Inframundo. Todo había salido bien.

-¿Señor Aiacos?- una voz interrumpió sus pensamientos y lo regresó de golpe al mundo real.

-Buenas tardes, Violate- dijo el juez de Garuda, y ella levantó las cejas.

-¿Pasa algo malo, señor?- preguntó la espectro, mirándolo con curiosidad, sobre todo por su expresión preocupada.

Aiacos la miró. A diferencia de ese día, Violate no estaba llena de tierra y sudor por su entrenamiento, sino pulcramente vestida y limpia, aunque también ese día tenía sus ropas de entrenamiento. Había dejado su sapuri en su habitación.

-No, nada malo, Vi- dijo Aiacos, y la chica sonrió al escuchar su apodo cariñoso.

Violate sonrió, pero no era tonta. Sabía que algo estaba pasando, pues Aiacos no la llamaba a su despacho solo para saludarla.

-¿Porqué me mandó llamar, señor Aiacos?- preguntó ella-¿hay algo que requiera…?-

Aiacos no respondió. El juez de Garuda tomó con una mano uno de los largos mechones de cabello de la chica y los deslizó entre sus dedos. Violate cerró los ojos, mientras sonreía ampliamente, y puso una mano en el hombro de Aiacos. A diferencia de aquella vez, con su brazo libre, el juez la tomó por la cintura y la atrajo hacia sí.

-¿Aiacos…?- comenzó ella, olvidándose de las formalidades, como solían hacer cuando se encontraban solos y sin estar ocupándose de asuntos oficiales del Inframundo. El juez no respondió, acerco sus labios a ella y la besó.

-Vi- dijo el juez en voz baja, una vez que se separaron, mirándola con una enorme sonrisa.

-¿Qué pasa, Aiacos?- le preguntó Violate, confundida.

-Vi, dime algo- dijo Aiacos en voz baja.

-¿Qué cosa?- dijo ella.

-Puedo confiar en ti, ¿verdad?- dijo el juez de Garuda- porque confío en ti con mi vida-

Violate sonrió de nuevo.

-Sí, Aiacos, sabes que puedes confiar en mi- dijo ella.

Aiacos asintió suavemente y la atrajo hacia sí de nuevo. Estuvo a punto de besarla de nuevo, cuando la puerta de su despacho se abrió de golpe. Ambos se separaron, dando un respingo de sorpresa y ruborizándose, mirando hacia el suelo para evitar que quienquiera que hubiera llegado los viera así.

Cuando por fin se atrevieron a levantar la mirada, se dieron cuenta de que se trataba de Radamanthys y Kagaho, quienes entraron de golpe al despacho de Aiacos.

-¿Qué sucede, Radamanthys?- preguntó el juez de Garuda, sorprendido y algo molesto por la interrupción. Más les valía que fuera algo importante, o patearía el trasero de Kagaho y del juez de Wyvern.

-Siento muchísimo la interrupción y la molestia, señor Aiacos- dijo Kagaho, sus mejillas enrojecidas de vergüenza por lo que tenía que hacer, y mirando al suelo para disimular su mirada culpable- pero hemos venido a arrestar a Violate de Behemoth por alta traición contra el señor Hades-

Un escalofrío recorrió al juez de Garuda y a Violate mientras escuchaban aquella frase.

-¿Qué?- dijo Aiacos, sin poder creer lo que escuchaba. ¿Qué estaba diciendo el espectro de Bennu? Quizá se dio un golpe demasiado fuerte en esa cabeza dura que tenía. Pero, ¿porqué Radamanthys lo acompañaba?

-¿De qué hablan?- dijo Violate, igualmente sorprendida y un poco molesta, sin entender que era lo que estaba pasando- yo no he hecho nada contra mi señor Hades, ¿de qué me están acusando?-

-Kagaho y yo encontramos el cofre con el que sellaron al señor Thanatos en tu habitación- le dijo Radamanthys en un tono mucho más serio que su tono habitual- y encontramos una carta, dirigida a una Fleur de Lys y firmada por ti, donde envías la lista de personas que viven en cada una de las esferas del Inframundo. Las pruebas son contundentes, Violate. Por orden del señor Hades, irás al calabozo de Giudecca, por haberlo traicionado-

Violate se quedó helada.

-No, yo no tengo nada de eso en mi habitación- dijo Violate en un tono seguro, aunque no pudo evitar que la voz se le quebrara un poco al pronunciarlo- yo no… ¡no es cierto!-

-Lo lamento mucho, Behemoth, pero vendrás con nosotros- dijo Radamanthys en un tono que no admitía réplicas. Aiacos se enfureció, y encendió su cosmo a manera de advertencia.

-¿Cómo te atreves a hablarle a Violate así?- le dijo Aiacos, alzando la voz e interponiéndose entre Radamanthys y la chica- y de acusarla sin ninguna prueba-

-¡Tengo pruebas!- gritó Radamanthys, encendiendo su cosmo también e irguiéndose como si se estuviera midiendo con el otro juez. Inútil, pues ambos eran prácticamente de la misma estatura. El juez de Wyvern puso en manos de su compañero un papel- aquí está-

Aiacos miró la hoja, y se quedó helado de sorpresa. Era la firma de Violate en el papel, y detallaba algunos datos sensibles de la seguridad del Inframundo. El cosmo de Aiacos se apagó casi de inmediato, incluso sin que el juez lo hiciera conscientemente.

-Además, son las órdenes del señor Hades- añadió Radamanthys- ¿piensas desobedecer, Aiacos?- entrecerró los ojos- ¿o tú eres cómplice de esta mujer?-

Aiacos no respondió nada, sino que se quedó mirándolos, incrédulo, con el corazón en la mano. ¿Entonces Violate era quien los había traicionado? Pero… ¡si él había confiado en ella! No atinó más que mirar incrédulo a la chica, mientras Radamanthys y Kagaho la tomaban por los brazos y la arrastraban fuera del despacho de Aiacos.

-¡Aiacos!- exclamó la chica en voz alta, mientras era arrastrada fuera del despacho, aunque el espectro de Garuda no dijo ni una sola palabra, tan triste y traicionado que se sentía en esos momentos- ¡yo no lo hice! ¡Lo juro! Aiacos, tienes que creerme, por favor. Puedes confiar en mí-

Al ver la falta de respuesta del juez, Violate se soltó por un momento de Kagaho, y tomó la mano de Aiacos. Por unos segundos, ambos se miraron a los ojos.

-Aiacos, te juro que yo no soy el traidor…- le dijo Violate con convicción. Iba a decir algo más, pero la espectro se detuvo. Pudo ver en los ojos del juez de Garuda una expresión que hizo que a la chica se le cayera el alma a loso pies. Aiacos realmente la había creído culpable.

-Lo lamento, Violate- dijo Aiacos en voz baja, al ver la expresión dolida de su ala derecha.

Kagaho volvió a sujetarla, y entre él y Radamanthys la sacaron de Antenora. Una vez que Violate desapareció, arrastrada por los otros dos espectros, Aiacos se dejó caer en su silla, y sostuvo su cabeza con sus manos. Violate, su Vi, su ala derecha, era la espía que tanto daño había hecho en el Inframundo. Violate los había traicionado a todos.

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Giudecca, Inframundo

Poco después

Hades y Perséfone estaban comiendo con Pandora, los dioses gemelos, Agatha y Minos, cuando las noticias de que Violate era el espía en el Inframundo llegaron a sus oídos. Radamanthys llevó el informe mientras que Kagaho conducía a la espectro de Behemoth a los calabozos de Giudecca. Como traicionar a Hades se consideraba un crimen contra los dioses, estaría encerrada en la cuarta esfera del Inframundo a esperar juicio en su contra.

Cuando Radamanthys les contó lo que habían encontrado, Minos se sintió nauseoso, Hypnos alzó las cejas, incrédulo, y Agatha, Perséfone y Pandora se miraron entre sí, confundidas.

-Con todo respeto, ¿están seguros de la traición de Violate, Radamanthys?- dijo Perséfone, sin poder creer que ella haya sido quien los traicionó- ella ha sido en varias ocasiones el guardaespaldas de Hades, ha tenido miles de oportunidades de traicionarnos, y nunca lo ha hecho-

-Mi señora tiene razón- dijo Agatha, pensativa. Recordaba muy bien que, en una ocasión, Violate se escondió en su sombra, y salió a rescatarla.

-Yo tampoco lo podía creer, mi señora- dijo el espectro de Wyvern, volviéndose hacia Perséfone e inclinándose- Violate es una de los mejores espectros en el ejército del Inframundo. Pero ni Kagaho ni yo habríamos llegado tan lejos si no estuviéramos seguros de su culpabilidad-

-Por los dioses- dijo Perséfone tristemente. No le gustaba ni un poco lo que estaba pasando- ¿y cómo está Aiacos?-

Pregunta incómoda. Minos alzó las cejas, y el espectro de Wyvern bajó la mirada. Ninguno de los presentes respondió, aunque todos sabían perfectamente a que se refería la reina del Inframundo.

-Debo confesar que estoy muy sorprendido por esas afirmaciones, Radamanthys- dijo Thanatos en voz baja, tras un largo y muy incómodo silencio en el comedor de Giudecca.

-No lo entiendo- dijo Agatha por fin, quien se había mantenido en silencio y pensativa todo el tiempo mientras Radamanthys daba su explicación de los eventos- simplemente no puedo creer que Violate sea culpable-

-Señorita Agatha- dijo Radamanthys entre dientes, pero haciendo acopio de toda su paciencia para no ser grosero con la chica del dios de la muerte- como dije antes, si no estuviéramos seguros…-

-Pero no tiene sentido, Radamanthys- dijo Agatha, interrumpiendo al juez- Violate fue quien me encontró cuando Erebus intento secuestrarme para que avisara al señor Hades que Thanatos fue sellado. Si… si Violate trabajaba para ellos, en vez de traerme sana y salva a Giudecca, le hubiera sido mucho más fácil silenciarme, ¿no?-

Radamanthys se encogió de hombros, pero tanto Minos como los dioses gemelos sabían que ella tenía razón.

-También nos hubiera traicionado cuando fuimos a Esparta y se escondió en mi sombra- continuó Agatha- y aún así, ella salió a protegerme, y Erebus no la trató como una aliada, sino como otro de los enemigos-

Thanatos la besó en la frente, y le guiñó el ojo para decirle que no siguiera, pues Radamanthys comenzaba a molestarse. Ya después lo discutirían ampliamente en privado. Agatha, por su parte, tomó una decisión en su mente. Tan pronto como terminaran de comer, bajaría a la prisión de Giudecca a hablar con Violate. No podía creer que fuera culpable.

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Librería Shakespeare & Company, París, Francia

Victoria pasó sus dedos por los libros en la pequeña librería cerca de Notre Dame. Extrañaba pasar por las librerías en Kensington y Westminster, seguida de su fiel perro Dash, y elegir uno, comprarlo y sentarse a leer junto con una buena taza de té negro. Dash. Ojalá pudiera verlo una vez más.

Suspiró, y tomó uno de los libros que estaban en un enorme cofre, bajo una pequeña escalera de madera, dentro de la librería. Un libro de historias de Agatha Christie. Sonrió levemente. Eran historias de misterio. Tomó el libro y se sentó en la cafetería. Ordenó un té y comenzó a leer.

-¿Sabes? No te pagamos para que te sientes a leer en vez de ayudarnos- le dijo Fleur de Lys.

Victoria puso los ojos en blanco, y cerró el libro con un gesto de fastidio.

-¿Qué más quieres?- dijo Victoria- ya te di la estrategia. Es cuestión de que tus hombres la lleven a cabo el plan al pie de la letra. ¿O no los crees capaces?-

Fleur de Lys levantó la nariz, indignada.

-De acuerdo- dijo Fleur- pero se hace tarde. Mis hombres te escoltarán de regreso a les Champs Elysées.

Victoria asintió. No tenía nada más que decir. Apoyó los codos sobre la mesa, y se concentró en terminarse su taza de té.

FLASHBACK

Kensington Gardens, año 3 del nacimiento de Athena

Victoria estaba entrando estacionando su bicicleta en la entrada del edificio cuando escuchó el sonido de los frenos, el claxon y, finalmente, el golpe sordo en la calle, justo frente a su escuela. Curiosa, soltó los libros que llevaba cargando y se apresuró a ver de que se trataba. Cuando estuvo frente al sitio del accidente, se cubrió rápidamente los ojos, pero era demasiado tarde: había visto lo que había sucedido.

-No, por favor, no…- dijo la niña en voz baja, rogando a los dioses que fuera un error lo que estaba pasando frente a ella.

El niño que acababa de conocer, Radamanthys, quien había evitado que se lastimara al caer de su bicicleta con todo y Dash, acababa de ser atropellado por un auto. Los mirones comenzaron a rodear la escena, y Victoria, demasiado asustada por lo que había visto, dio unos pasos atrás mientras llegaba la ambulancia y los paramédicos comenzaban a revisar al chico.

-Está muerto- anunció uno de los paramédicos.

Victoria sollozó brevemente en voz baja y se cubrió la boca para evitar llamar la atención cuando vio a los paramédicos cubrir el cuerpo del chico con una sábana y subirlo a una ambulancia.

La chica no entró a su escuela ese día. Cruzó la calle y se internó de nuevo en los jardines de Kensington. Estaba demasiado entristecida por lo que acababa de ver. Se tumbó en la hierba, cerca del lago, y se echó a llorar amargamente, asustada. Dash se acercó a ella y lloriqueó, lamiendo su cara para intentar animarla. Victoria finalmente lo abrazó y siguió llorando.

FIN DEL FLASHBACK

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Victoria levantó la mirada una vez que se terminó el té, y vio a dos de los hombres de Fleur de Lys esperándola en la entrada de la cafetería, con una expresión nada amigable. La chica suspiró, y se puso de pie. No tenía mucha opción. Aún.

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Sala de Espera, Hospital de Atenas, Grecia

Saga y los otros esperaban noticias de Kanon. El gemelo mayor no podía sino estar nervioso, casi tanto como su hermano menor. Casandra también estaba algo nerviosa: sabía que era muy pronto para que la criatura naciera, y que podía llegar a tener problemas. Esperaba de corazón que todo saliera bien. Además de ellos, Milo y Cathy también estaban ahí, la chica llevaba una maleta con algunas cosas para Satu y para Kanon, sobre todo porque tendrían que pasar la noche en el hospital. Y Aioros, que había acompañado a Sofi al hospital.

-Ya tardaron mucho- dijo Saga, mirando aprensivamente la sala de espera- quizá algo no está bien. Quizá…-

-Saga, estas cosas toman tiempo- le dijo Casandra, tomándolo de la mano para intentar tranquilizarlo- estoy segura que todo va a estar bien-

El único que estaba feliz en esos momentos era Milo. Todos asumían que el bebé de Kanon nacería bajo el signo de Sagitario, pero como el nacimiento se adelantó casi un mes, el pequeño sería del signo de Escorpión, y Milo estaba ansioso por tener un aprendiz.

-Milo…-lo reprendió Cathy.

-Si no quitas esa sonrisa de tu cara, Milo, te la voy a quitar a golpes- dijo Saga. El gemelo mayor estaba tan estresado como seguramente estaría su hermano.

-Lo lamento, Saga…- dijo Milo haciendo una mueca en un intento de borrar su sonrisa.

El gemelo mayor iba a decir algo, pero de pronto volvió su vista a la puerta que daba hacia el quirófano. Unos segundos después, Kanon salió por la puerta, llevando un pequeño bulto de mantas en sus brazos, sin quitarle la vista de encima.

-¡Kanon!- dijo Saga, poniéndose de pie como si tuviera un resorte, seguido de Casandra, Milo, Cathy y Aioros- ¿que pasó?¿cómo está el bebé?¿cómo está Satu?¿porqué tardaron tanto?-

-Yo…bueno, yo…- comenzó Kanon, pero sonrió una gran sonrisa que le iluminó el rostro- Saga, soy padre, mira-

Saga bajó la mirada, y se quedó sorprendido al ver a la pequeña criatura durmiendo cómodamente entre los brazos de su gemelo. Le habían puesto una gorrita de color rosa, y el pobre Saga miró alternadamente a la pequeña y a su gemelo.

-¿Es una niña?- dijo Saga en voz baja- Kanon, ¿eres padre de una niña?-

Kanon asintió con una sonrisa que no podía ocultar su felicidad. Saga estaba tan atónito como su gemelo había estado. Kanon descubrió a la pequeña, quien sacó una de sus manitas de las mantas y tomó uno de los dedos de Saga, quien abrió los ojos desmesuradamente, para después sonreír.

-Te…tengo una sobrina- dijo Saga, sonriente. Casandra se llevó las manos a la boca en un gesto emocionado, y Cathy no pudo sino dar un par de brincos de alegría. Milo la abrazó, sonriente.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Disculpen la tardanza, el día de hoy estuve preparando (contra mi voluntad) una presentación que mi jefe super buena onda (not) me pidió muy amablemente (tampoco). Bueno, bueno, corajes de lado. Espero que les esté gustando esta historia. Les recomiendo mucho la librería Shakespeare and company si alguna vez están en París. Búsquenla en google, ¡es hermosa! Muchas gracias a todos por seguir leyendo, y por sus reviews. Nos leemos pronto. Ah, y pongan changueros para que no haga el ridículo hoy. Un abrazo a todos.

Abby L.