SUFRIR O MORIR EN SOLEDAD

VI. SOSPECHA

Habitación de Violate, Antenora, Inframundo

Al mismo tiempo

Verónica hizo una mueca de aburrimiento y se cubrió la nariz con la manga de su túnica mientras seguía a Agatha, quien se adentraba en la segunda esfera del Inframundo. Su amo, Thanatos, le había encargado que la acompañara y la asistiera en lo que necesitara. A la chica, Verónica no le caía muy bien, pero era un espectro leal a Thanatos, y sabía que podía confiar en él.

-¿Qué estamos haciendo aquí, señorita Agatha?- le dijo Verónica, cubriéndose la mitad de la cara con la manga de su túnica y moviendo los ojos de un lado a otro- vaya, para ser la habitación de un espectro, no está tan desordenado como pensé-

-Buscando algún signo de que forzaron la entrada- dijo Agatha, mirando a su alrededor- o alguna señal de que hubieran plantado el cofre sagrado y la lista de espectros. Algo que esté fuera de lugar-

Verónica asintió, y se puso manos a la obra. No pasó mucho tiempo cuando la chica se dio cuenta de que la manija de la puerta tenia varias marcas: había sido forzada, pues había algunas marcas en el metal de la cerradura, y algunas astillas de madera sueltas en el marco de la puerta.

-Ahora lo entiendo todo- dijo Agatha, señalando la cerradura- mira, Veronica, alguien abrió la puerta de la habitación a la fuerza. Seguramente fue para dejar el cofre-

-Eso no prueba la inocencia de Violate, señorita- le respondió el espectro.

-No, quizá no- dijo ella, pensativa, pero sonriendo- pero es algo-

Su mente no estaba solo en comprobar que era inocente, sino que Aiacos lo viera y fuera a ella. Sabía que, si Aiacos le creía y la visitaba, los ánimos de Violate mejorarían considerablemente, aunque todos los demás desconfiaran de ella.

Agatha continuó buscando en la habitación junto con Verónica, hasta que entendió algo. Dejó caer lo que tenía en la mano y dejó escapar un grito ahogado, ante lo cual el espectro que la acompañaba se alarmó.

-Señorita Agatha, ¿se encuentra bien?- dijo Verónica con una expresión preocupada.

-Sí. No- se corrigió- Veronica, acabo de comprender algo…-

Era cierto, Agatha había comprendido la táctica del enemigo. Era toda una táctica para herir a los líderes del Inframundo de una manera suficiente en la que no pudieran pelear razonablemente. Sembrar falsas acusaciones entre las personas que eran importantes o de mayor confianza para ellos. Violate solo fue la primera. Las siguientes en ser acusadas serían Perséfone para Hades, o ella para Thanatos. Ella sería la siguiente, seguramente. Inconscientemente se llevó su mano a la pulsera que tenía la pulsera que el dios de la muerte le había dado.

En ese momento escucharon golpes algunos pisos arriba, y ambos miraron hacia el techo. Veronica sintió los cosmos de los tres jueces, peleando entre ellos, y puso los ojos en blanco.

-Creo que deríamos irnos de aquí, Veronica- dijo Agatha- quisiera hablar de esto con Thanatos-

Verona asintió, aliviado de salir de ahí, y la acompañó a la salida de Antenora. Ahí se encontraron a Minos, quien tenía una mejilla morada y un poco de sangre fluyendo de una de las comisuras de los labios.

-Señorita Agatha- dijo Minos, inclinándose- como siempre, un gusto verla-

-Minos, ¿cómo estás?- dijo Agatha, alzando las cejas, sorprendida y preocupada- ¿qué te sucedió?-

Minos puso los ojos en blanco.

-Tuve que intentar que Aiacos entrara en razón y fuera a pedirle perdón a Violate, a golpes si era necesario- dijo el juez, sonriendo- pero nuestro compañero tiene la cabeza más dura de lo que creía-

Agatha sonrió tristemente, pero dentro de las malas noticias, había una buena. Entonces el juez de Grifo estaba también convencido de que Violate era inocente. Quizá podía confiar en él y contarle lo que había descubierto. Veronica, por su parte, miró con una expresión de molestia al juez, poniéndole particular atención a las manchas de sangre.

-Minos, Veronica y yo estábamos en la habitación de Violate- dijo Agatha, y le contó lo que habían visto. Minos alzó las cejas.

-Si eso es cierto, Violate ha sido acusada falsamente- dijo Minos, ampliando su sonrisa e ignorando el hecho de que aún tenía una mejilla manchada de sangre. Se preparó para dar la vuelta y regresar a Antenora- debemos ir con Aiacos a restregárselo en la cara y…-

-No- lo interrumpió Agatha- no, Minos, tengo una mejor idea, para probar su inocencia y con ello descubrir al culpable de incriminarla y de espiar para nuestros enemigos-

El juez la miró, sorprendido, pero sonrió y asintió. Ya una vez, en la batalla contra el complejo de Esparta, Minos había aprendido a confiar en los planes de Agatha.

-Dime, ¿qué es lo que debemos hacer?- dijo Minos con una sonrisa traviesa. La oportunidad de atrapar al espía, probar la inocencia de Violate y luego restregárselo en la cara a Aiacos era demasiado tentadora, y seguramente sería divertido.

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Librería Shakespeare & Co., París, Francia

Uno de los hombres de Deimos se acercó a la mesa donde Victoria trazaba sus planes, quien estaba tomando una taza de té y afinando detalles de su estrategia, y dejó en su escritorio un folio de papel. La chica lo tomó y comenzó a leer. Frunció el entrecejo.

-¿Qué sucede, Victoria?- dijo Fleur de Lys, quien estaba frente a ella- ¿alguna novedad?-

-El plan funcionó- dijo Victoria sin mucha emoción- tu espía ha hecho bien. Están cerca del objetivo. Y lograron quebrar la voluntad de algunos de los espectros con ello. They are all gutted about it-

-¿Pero…?- dijo la francesa.

Victoria suspiró y releyó la carta.

-Pero hay algunas personas que no fueron persuadidas por la trampa que diseñé- dijo Victoria en voz baja- y que están intentando probar la inocencia de la espectro que fue acusada-

-¿Quienes son los que sospechan?- preguntó Fleur de Lys.

-No importa- dijo Victoria, arrugando la carta tras un momento de silencio, tomando una nueva hoja de papel y una pluma y poniéndose a escribir- cambiaremos nuestra estrategia un poco, y con un poco de suerte, ustedes obtendrán lo que necesitan-

Fleur de Lys no había entendido nada, pero esperó en silencio y dejó que Victoria siguiera escribiendo la carta que contenía todas las instrucciones para los espías en el Inframundo. Mientras escribía, la chica inglesa revisaba algunos apuntes que el espía había mandado. Una vez que terminó de escribir, pasó el folio a manos de Fleur de Lys. Cuando la chica francesa lo leyó, sonrió ampliamente.

-¡Excelente! Veré que nuestro agente en el Inframundo lo reciba- dijo la mujer, y se volvió a Victoria- si sigues así de bien, te dejaremos ir muy pronto a reunirte con tu familia-

Victoria se quitó un mechón de su cabello rojizo de la cara con un gesto de exasperación. Cada vez le gustaba menos ayudar a esas personas. Sirvió una taza de té negro y dejó caer una rodaja de limón dentro de la taza. Suspiró y le dio un sorbo.

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Despacho de Radamanthys, Caína, Inframundo

Radamanthys suspiró y le dio un sorbo a su vaso de whisky escocés, para después revolver los hielos con suavidad, y ponerse el vaso de vidrio, con hielos y todo, sobre el tremendo chichón que tenía en la frente, cortesía de Minos o Aiacos, nunca supo de quién fue el puño que lo golpeó. No podía creer aquel día. Gruñó en voz baja. Pobre Aiacos. Normalmente pensaba que todas esas cosas eran ñoñerías, pero le causaba pesar ver a su amigo sufriendo por amor.

Se quedó pensativo sobre lo que habían encontrado. ¿Realmente las cosas eran como parecían? Ahora que lo pensaba, fue demasiado fácil encontrar esas evidencias contra Violate, ¿no? Había piezas que no encajaban.

El espectro dejó el vaso sobre la mesa con un gesto de fastidio.

-Señor Radamanthys- escuchó una voz.

-Zeros, te dije que quería estar solo- le dijo el juez de Wyvern con un gesto de fastidio.

El espectro se inclinó.

-Lo lamento, señor Radamanthys- dijo Zeros en tono de disculpa- el señor Minos me pidió que hablara con usted. Me ordenó que le dijera que necesita hablar con usted en la mañana-

Radamanthys gruñó. No sabía que tramaba su compañero, pero no tuvo mucha opción.

-De acuerdo- dijo el juez. Zeros se inclinó de nuevo y se retiró.

El juez de Wyvern volvió a beber del vaso de whisky, apurándolo todo hasta que se lo terminó. Hizo una mueca y dejó el vaso en la mesa. Gruñó por lo bajo. Quizá sería buena idea irse a dormir.

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Palacio de Thanatos, Elysion, Inframundo

El dios de la muerte había pasado toda la tarde aburrido cuando su chica regresó a Elysion y a su palacio. Una vez que llegaron, Thanatos escuchó atentamente el relato de Agatha y Veronica. Cada minuto que pasaba y cada cosa que escuchaba, también se daba cuenta de que todo había sido un engaño del enemigo.

-Bueno, y ahora ¿que vamos a hacer?- dijo Thanatos.

-Tengo un plan- dijo Agatha- estuve hablando con Minos, y estuvo de acuerdo en ayudar. Vamos a… fingir que creemos que Violate es culpable. Piénsalo- continuó cuando vio a Thanatos alzando las cejas y abriendo la boca para decir algo- es una manera de despistar al enemigo-

Eso sorprendió al dios de la muerte. Entonces, Agatha sonrió esa sonrisa astuta que el dios de la muerte adoraba, y Thanatos también sonrió.

-Continúa, por favor- dijo Thanatos.

-Les seguiremos el juego- continuó la chica- y esperaremos a que cometan un error. La ventaja es que el espía no sabe que nosotros sabemos que todo es un engaño-

El dios de la muerte lo pensó por unos minutos, pero después sonrió.

-De acuerdo- dijo Thanatos, ofreciéndole su brazo, el cual ella tomó, y ambos caminaron hacia la habitación de Agatha- pero ten cuidado. Recuerda que, a pesar de que estamos en el Inframundo, hay un espía de Deimos aquí-

-Lo tendré- dijo ella, deteniéndose en la puerta de su habitación.

-Buenas noches, mi amor- dijo Thanatos, abrazándola con cariño- duerme bien-

-Buenas noches, Thanatos- dijo Agatha, recibiendo contenta el abrazo del dios. Una vez que se despidieron, Thanatos se retiró a su habitación, y Agatha cerró la puerta de la suya, y se tumbó sobre la cama. Suspiró. Por el bien de Violate, tendrían que encontrar pronto al espía.

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Calabozo, Giudecca, Inframundo

Violate estaba tumbada en el suelo. Agradecía de corazón la ropa y las mantas que Agatha le había llevado, pues en las noches en el Inframundo eran frías en esa época del año. El invierno se acercaba en la superficie del reino de Hades, y también hacía frío en el calabozo. Como pudo, se cubrió con las mantas y apoyó su espalda contra la pared. Cerró los ojos, tratando de descansar.

No pudo. Sus ojos se llenaron de lágrimas, y cerró su mano. Golpeó el piso con su puño cerrado, haciendo tintinear las cadenas que la aprisionaban.

-Aiacos…- murmuró la chica, abrazando sus piernas y ocultando su rostro entre sus brazos. Nunca, nunca había mostrado ese lado suyo a nadie. Creía que las mujeres que lloraban por un chico eran débiles, pero nunca había sentido algo así. Dolor, pero de un tipo distinto. Siempre había creído que Aiacos confiaba en ella, que era su ala derecha y su más grande ayuda, que todos podían dudar de ella y Aiacos siempre le creería: se había desengañado cruelmente. Había sentido como si su corazón se hubiera partido en dos.

La chica solo derramó una lágrima en silencio hasta que se quedó dormida del agotamiento, tumbándose sobre su costado en el suelo.

No sabía que no estaba sola. Desde las sobras, y a una distancia prudente, Aiacos la miraba con tristeza y adoración en partes iguales. Su corazón también estaba roto por la mitad. Violate, su Violate, lo había traicionado. Bueno, al menos en su mente. Sentía que había traicionado su confianza.

-Lo lamento mucho, Vi- dijo Aiacos en voz baja, poniéndose la mano en el pecho. El joven espectro la miró con tristeza. Le estrujaba el corazón verla ahí tumbada en el suelo, temblando de frío mientras dormía. Se quitó la chamarra que estaba usando, y la cubrió con ella.

Aiacos estaba tentado a despertarla y besarla. Pedirle que le dijera la verdad sobre todo ese asunto. Decirle que lo sentía, que no había podido evitar dudar ante las contundentes pruebas que habían sido descubiertas en su habitación.

Pero se detuvo. No supo porqué, pero no se atrevió a despertarla. Frotó suavemente el hombro de la chica con su mano, con cuidado de no despertarla, y salió de la celda, dejándola sola.

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Palacio de Thanatos, Elysion, Inframundo

Agatha se revolvía en la cama de un lado al otro. No podía dormir. Había tenido un horrible presentimiento. Un terrible pensamiento. Tenía la impresión de que ya sabía cual sería el siguiente paso del enemigo, el siguiente paso del espía de Deimos. Acusaría a alguien más. Plantarían falsas evidencias en alguien más.

Y ya sabía porque no podía dormir. Porque temía que ella fuera la siguiente incriminada.

¿Que pasaría si le sucedía lo mismo que a Violate? ¿Thanatos le creería? ¿O sería como Aiacos, que dudó de la mujer que amaba?

No pudo más. Agatha se levantó de su cama. Se calzó sus pantuflas y se puso una bata sobre su pijama. Salió de su habitación y, con pasos dudosos, caminó hacia la habitación de Thanatos. Se detuvo frente a la puerta. Dudó unos segundos, antes de extender su mano hacia el pomo de la puerta y girarlo.

El dios de la muerte despertó de golpe al escuchar el sonido. Se volvió hacia la puerta y miró a su chica con curiosidad, pero con una expresión somnolienta.

-¿Agatha?- dijo Thanatos, incorporándose sobre la cama y frotándose los ojos- ¿qué sucedió?¿te sientes bien?-

-Yo… no podía dormir- le dijo Agatha en voz baja.

Thanatos sonrió levemente y deshizo su cama, invitándola a acostarse junto a él. La chica dudó unos segundos, pero asintió y se metió a la cama también. El dios le pasó el brazo por la espalda y la atrajo hacia sí mismo. La besó en la frente.

-¿Qué te está preocupando, mi amor?- le dijo Thanatos.

-Me… me di cuenta de algo horrible- dijo Agatha, mirándolo a los ojos- ¿confías en mí?-

-Por supuesto- le dijo Thanatos sin dudar.

-Creo que ya sé cual será el siguiente paso del enemigo- dijo Agatha- va a… intentar acusar falsamente a alguien más. Y si yo fuera el estratega enemigo, creo que incriminaría a la persona que diseñó nuestra estrategia, o a la persona más débil. Me incriminaría a mí o a la señora Perséfone-

Thanatos la estrechó con cariño.

-Tal vez ese es el plan del enemigo- dijo el dios de la muerte- pero puedes estar segura de que jamás creería que tú estás aliada con ellos. Sería una locura, sobre todo después de verte arruinar los planes de esos locos en dos ocasiones. Confío en ti, Agatha-

La chica sonrió ampliamente, y apoyó su cabeza en el hombro del dios.

-Gracias, realmente necesitaba escuchar eso- dijo la chica.

-¿Lo dudabas, mi amor?- dijo Thanatos, besándola en la frente. No esperó su respuesta- yo confío en ti. Nunca dejaré de confiar en ti, mi amada, pase lo que pase, sin importar la evidencia que puedan fabricar en tu contra. Ahora cierra los ojos y duerme. Es ridículamente tarde-

Agatha asintió y se dejó abrazar por el dios, quien cerró ojos ojos con una enorme sonrisa.

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Champs Elysées, París, Francia

Victora se levantó temprano la mañana siguiente para continuar con su estrategia, pero no pudo hacerlo, pues Fleur de Lys llegó a su habitación.

-¿Otra visita, Fleur?- dijo Victoria, poniendo los ojos en blanco- you're so bothersome-

-Deberías cuidar esa lengua, Victoria- le dijo Fleur de Lys- empaca tus cosas. Nos iremos a Atenas inmediatamente-

-¿Atenas? No, por favor- dijo la chica inglesa, haciendo un gesto de preocupación- no me hagas ir alla. Yo ya cumplí con mi parte del trato-

-No has cumplido- dijo Fleur, cruzándose de brazos- te dije que te dejaremos ir cuando hayas tenido éxito y hayamos cumplido nuestro objetivo. Mientras tanto, tendrás que acompañarnos. Prepara tus cosas-

Victoria iba a intentar pedir de nuevo que la dejaran regresar a Londres, pero Fleur cerró la puerta en su cara. La chica se dejó caer en el suelo, sosteniendo su cabeza con sus manos con una expresión desolada. Suspiró, y tomó su teléfono celular. Abrió una de las aplicaciones y esperó pacientemente. Después de introducir tres o cuatro contraseñas, abrió una ventana para enviar un mensaje. Tenía que mandar un mensaje encriptado a una amiga suya en Inglaterra.

Evelyn: estoy en problemas. Mis padres están en peligro. Ayúdalos, y avísame cuando estén a salvo para poder moverme. Victoria.

Victoria tocó el botón de enviar, y respiró por fin cuando se envió. Se guardó el celular en su bolso, y comenzó a empacar sus cosas. Miró el reloj, y suspiró. Ahora, solo tenía que esperar la confirmación de su amiga, y tendría que desaparecer en Atenas. Y ya tenía una buena idea de como hacerlo.

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Calabozo, Giudecca, Inframundo

Violate despertó con dolor en todos sus músculos, entumida y con frío. Se llevó una mano la cabeza, y al hacerlo, las mantas que la cubrían resbalaron hasta el suelo. Las mantas y una chamarra que no recordaba haberse puesto encima.

-¿Qué es esto?- dijo la chica para sí misma. Extendió la mano y tomó la chamarra. La reconoció enseguida. Era la chamarra favorita de Aiacos. La recordaba perfectamente. Violate sonrió levemente, recordando lo apuesto que se veía el espectro de Garuda cuando la usaba. La chica abrazó la prenda contra su pecho, y aspiró el familiar aroma de Aiacos. Sus ojos se humedecieron levemente, pero parpadeó para deshacerse de las lágrimas.

Abrió la mochila y encontró sus cosas, incluyendo su chocolate favorito. Violate volvió a parpadear para evitar que las lágrimas brotaran de sus ojos. No lo estaba imaginando. Aiacos había estado ahí cuando ella dormía. ¿Eso significaba que confiaba en ella?¿Que no la había abandonado?

-Aiacos…- dijo en voz baja, sin soltar la chamarra- Aiacos, ¿dónde estás?-

El eco de su voz resonó por el calabozo, pero nadie le respondió.

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Palacio de Thanatos, Elysion, Inframundo

Esa noche, Thanatos había dormido mucho mejor que nunca. No había entendido que había pasado la noche anterior. Solo sabía que su chica lo había buscado y estaba muy preocupada de que él pudiera dudar de ella como Aiacos había dudado de Violate. ¡Por supuesto que jamás dudaría de ella! ¿Qué estaba pensando? ¡Por los dioses, si Agatha había arriesgado su vida, su tercera y última oportunidad de vivir, para sacarlo del cofre donde lo habían sellado!

El dios miró a la chica que estaba en sus brazos y sonrió como nunca había sonreído en su vida. No estaba acostumbrado al contacto tan cercano con cualquier ser humano, ni siquiera su chica, pues ella siempre había parecido estar renuente a tener más contacto que el necesario con todo el mundo, incluyéndolo a él, aunque aún no podía entender porqué. Pero esta vez ella había sido quien lo buscó, y Thanatos no se estaba quejando.

Agatha despertó lentamente, y sonrió al encontrarse en los brazos del dios.

-Buenos días, Agatha- dijo Thanatos.

-Hola- dijo la chica en un tono somnoliento- ¿ya amaneció?-

-Sí, apenas- dijo el dios de la muerte- ¿te sientes bien?-

-No sé exactamente- dijo ella, incorporándose, haciendo que Thanatos se mordiera el labio, decepcionado. Agatha no pareció notarlo, porque se volvió hacia él con una expresión preocupada- anoche, estaba muy asustada, tenía miedo de que me pasara lo mismo que Violate y que me odiaras, y…-

-Shhh…- le dijo Thanatos, poniendo su dedo índice sobre los labios de la chica- ya te lo dije ayer, jamás voy a desconfiar de ti, tienes mi palabra-

Agatha bajó la mirada, pero el dios la atrajo hacia sí mismo y la besó. Agatha sonrió mientras eso sucedía, disfrutando el beso y las caricias de Thanatos. Cuando éste puso las manos en las caderas de la chica, y sus besos se volvieron un poco más exigentes, Agatha se separó bruscamente de él, algo asustada.

-Lo siento, lo siento- dijo ella, cubriéndose la boca con una mano y con una mirada torturada- Thanatos, lo lamento-

-No lo lamentes- dijo Thanatos, sonriendo tristemente- lo entiendo muy bien, necesitas más tiempo. Y gracias a esto- añadió, señalando la pulsera que tenía la chica en su mano- tenemos todo el tiempo del mundo. Te amo, Agatha, y solo quiero que seas feliz-

La chica sonrió.

-Gracias, Thanatos- dijo ella, mientras el dios la besaba en la frente con cariño- yo también te amo. No lo olvides nunca-

Thanatos alzó las cejas, pero la chica lo besó de nuevo antes de que pudiera preguntar.

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Hospital, Atenas, Grecia

Kanon gruñó por lo bajo. No pasó mucho tiempo cuando el cuarto de Satu se llenó de visitantes del Santuario. Riguroso en que todos los que se acercaran a su niña se lavaran las manos varias veces antes de tocarla, aunque lo hacían el gemelo se mostraban renuente a dejar que la sostengan.

Saga, por su parte, lo veía con un poco de envidia. Él se había perdido de todo eso cuando nació Kostas. El gemelo mayor bajó la cabeza, un poco entristecido. Todo había sido culpa de Ares, quien lo había privado de estar con Casandra cuando nació Kostas. Miró a su alrededor, preguntándose quien la había acompañado en todo eso. Sintió la mano de su chica en a suya, y se volvió hacia ella, encontrándola sonriéndole para tranquilizarlo. Saga sonrió levemente, aunque con su corazón aún lleno de pesar.

-Tío Kanon, ya me lavé las manos- dijo Kostas, mostrándole sus manos escurriendo de agua- ¿ya puedo ver a mi primita?-

Kanon lo evaluó con la mirada, y asintió. Se sentó en una silla y descubrió a la pequeña. Kostas se acercó a ella y la miró. Tan pronto como sus ojos se posaron en ella, el niño sonrió ampliamente. La niña tenía los cabellos del mismo tono que los de Kanon, su pequeños ojos de color verde olivo, aunque Sofi les había dicho que cambiarían de color.

-Hola, Elsita- dijo Kostas en voz baja, abstraído en la pequeña y olvidándose de los demás que estaban alrededor- yo soy tu primo. Y le voy a ayudar a mi tío a cuidarte-

Kanon sonrió y revolvió los cabellos de su sobrino. Kostas se inclinó y besó la cabecita de su primita, para después sonreír y apresurarse a regresar con Saga, algo avergonzado por la atención. Que le prestaban. Éste sonrió ampliamente y abrazó a su pequeño.

-¿Cuándo te dejarán ir, Satu?- preguntó Casandra.

-Mañana- respondió ella, sin quitar la mirada de Kanon, quien seguía arrullando a Elsita en sus brazos- no puedo esperar para regresar al Santuario-

-La señorita Athena muere por conocer a Elsita- dijo Milo casualmente, cruzado de brazos y sonriendo- el pobre maestro Shion no puede permitir que salga del Santuario para conocerla, así que tiene que esperar-

Kanon sonrió, y se volvió a mirar a la pequeña.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias por seguir leyendo, y por sus reviews. Les mando un abrazo enorme.

Abby L.