Una vez que Inglaterra y España regresaron a Europa, el francés puso en marcha sus tropas rumbo a la ciudad de México, él no se iba a rendir tan fácil. A los militares franceses los rodeaba un aura de invencibilidad en combate dado que no habían sido derrotados desde Waterloo, casi 50 años antes.

La confianza de Francia no se debía sólo al aspecto militar, sino también a la fragilidad general de México y sus instituciones. Con una economía destruida por casi 50 años de guerras civiles, con un Estado débil y una población dividida por las pugnas entre facciones, la conquista del país parecía una empresa factible con un contingente reducido.

María se olvidó un momento del galo mientras despedía con una sonrisa al español y al inglés por lo que la noticia del movimiento del ejército francés la tomó por sorpresa.

-Señora, el ejército enemigo se está moviendo rápido-le dijo el general Ignacio Zaragoza

-¿Qué es lo que vamos a hacer?-preguntó la mexicana preocupada

-No tema, señora, tengo un plan –le dijo el joven de lentes

El plan de Zaragoza era crear un ejército para detenerlos en Puebla, sin embargo había enfrentado diversos problemas para conformar su ejército. Ante la falta de voluntarios y a que aún se mantenían hostilidades con grupos conservadores remanentes de la Guerra de Reforma, se había recurrido a la leva.

Aunque se contaba con un cuerpo de oficiales joven pero experimentado, la mayor parte de la tropa carecía de la disciplina mínima, y estaba mal equipada y alimentada.

Pero, aun con las dificultades, como el hecho de que no tenía dinero para alimentar a sus tropas así como la explosión de un polvorín que mató a los 1,322 soldados de la Brigada de Oaxaca enviados por el general Ignacio Mejía para incorporarse a su ejército, logró juntar un ejército de 4,000 soldados.

-¿Están tus tropas listas para el ataque?-preguntó María

-Uhm… eso creo, señora-respondió el joven ya que no confiaba mucho en su inestable ejército, sin embargo, el 8 de abril, el Ejército de Oriente se topó con la columna de Lorencez en un paso de montaña en las Cumbres de Acultzingo, en el límite entre Veracruz y Puebla, lo que representó el primer encuentro bélico formal.

Zaragoza no pretendía cortarle el paso a los invasores, sino más bien foguear a sus soldados, muchos de ellos faltos de experiencia, y al mismo tiempo causarle el máximo de pérdidas posible al enemigo.

Dado que el francés nunca se había enfrentado a la mexicana, no estaba seguro de qué tácticas usaría y pronto se demostró que su confianza excesiva era una piedra en su camino ya que en la llamada Batalla de Las Cumbres murieron 500 franceses, mientras las bajas mexicanas ascendieron sólo a 50.

-¡Sacre bleu!-lloriqueó el europeo mordiendo su pañuelo-es imposible, tú no puedes ganarme, ¡no puedes!

-Uff-dijo la mexicana con una amplia sonrisa-Buen trabajo, Zaragoza.

Pese a este saldo favorable, Zaragoza aún tenía desconfianza sobre el desempeño real de sus tropas en un combate en campo abierto. Luego de la retirada de los mexicanos, los franceses tomaron control del paso, con lo que aislaron al centro del país del principal puerto en el Golfo, y tuvieron la vía franca hacia Puebla.

-¿Uh? ¿Por qué nos retiramos, Ignacio?-preguntó la chica mientras ella y las tropas caminaban hacia Puebla

-Necesitamos resguardarnos, no podemos confiarnos solo porque hemos tenido una victoria-contestó el general muy incómodo y desconfiado.

Asegurado el paso de Acultzingo, el 2 de mayo de 1862 la columna principal del ejército expedicionario francés salió de Veracruz para dirigirse hacia Puebla, paso obligado para llegar a la capital del país y que era además uno de los bastiones del Partido Conservador, donde esperaban ser recibidos "con una lluvia de rosas" pero lo que recibieron fue todo lo contrario.

Zaragoza estableció su cuartel a unos cuantos metros de la línea de batalla, donde estableció el plan para la defensa de la plaza esperando evitar que los franceses alcanzaran al área urbana de Puebla.

Era el 5 de mayo de 1862 cuando el cañonazo desde el Fuerte de Guadalupe anunció el inicio de la batalla.

Francia sugirió que el ataque se dirigiera al ex Convento del Carmen, en el sur de la ciudad, tomando como antecedente lo que sucedió en el sitio durante la Guerra con Estados Unidos pero Lorencez, confiado en la superioridad de sus tropas, no aceptó el consejo y decidió concentrar el ataque en los fuertes, donde los mexicanos contaban con la ventaja.

La línea de batalla mexicana formó un ángulo que se extendió desde Guadalupe hasta un sitio conocido como Plaza de Román, frente a las posiciones enemigas. Zaragoza dispuso que el general Lamadrid defendiera con las tropas potosinas y dos piezas de artillería el camino que conectaba a la ciudad con la garita de Amozoc. La derecha de la línea de batalla mexicana la cerró Porfirio Díaz con la División de Oaxaca.

-¡Todos listos!-Gritó María a los cuatro vientos- ¡FUEGO!-y de pronto, todos los cañones y armas cobraron vida deteniendo el ataque francés en seco. Todos los ataques que lanzaban los franceses eran inútiles.

-¡Monsieur Bonnefoy!-lo llamó uno de sus hombres- Nuestro ejército no puede pasar las líneas enemigas…

El galo no sabía qué hacer por lo que tomó su bayoneta y se lanzó al ataque contra la mexicana que se encontraba en el centro de la línea enemiga

-¡No disparen!-ordenó ella- él es mío…

Ambas bayonetas se encontraron y el sonido que hicieron los dos aceros al chocar, retumbó en el aire. Ambos se atacaron ferozmente, ninguno iba a ceder con facilidad. Un ataque… y otro… y otro… y de pronto, un trueno rasgó el cielo y comenzó a llover.

La tierra se hundía alrededor de las tropas invasoras, el lodo se tragaba a los extranjeros. Por más que el ojiazul luchaba para no hundirse, la tierra no lo dejaba escapar. Fuertes punzadas de dolor atacaron su cabeza, las balas de cañón golpeaban a sus soldados indefensos que estaban demasiado ocupados luchando contra el lodo como para protegerse.

-¡Retirada!-gritó Francis y el ejército europeo huyó perseguido por los mexicanos. Mientras tanto, cuando la segunda columna llegó al Fuerte de Guadalupe protegida por una línea de tiradores, Porfirio Díaz acudió en auxilio de los Rifleros de San Luis Potosí, que estaban a punto de ser rodeados. Movió en columna al Batallón Guerrero y expulsó al enemigo de las cercanías. Éste éxito alentó a Díaz a un combate cuerpo a cuerpo que hizo retroceder a los atacantes. En aquel momento, luego de ser repelidos por última vez, los franceses empezaron a huir.

-¡Eso es! ¡Corre!-le gritó la chica con una sonrisa de triunfo mientras sus hombres gritaban victoriosos "¡Viva México! ¡Viva México!"

-No festejes mucho, esto aún no se acaba, mon petite…-dijo el europeo con una sonrisa mientras huían- volveré y tu capital será mía…


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