SUFRIR O MORIR EN SOLEDAD

VIII. MANIKA Y VICTORIA

Sala de Juicios, Antenora, Inframundo

En la cabeza de Aiacos se revolvían los pensamientos. Si incluso Agatha había desaparecido, ¿eso significaba que Violate era inocente? ¿O si ambas eran culpables? Quizá la chica mortal estaba inmiscuida con los enemigos. Pronto desechó esa idea, no podía ser. Agatha llevaba años encerrada en Morphia, y desde que Hypnos la dejó salir, dos veces había evitado que Phobos y Deimos triunfaran, de hecho, una vez con ayuda de Violate. Y estaba locamente enamorada de Thanatos: eso no lo podía fingir, sus expresiones eran tan transparentes como las de…

Se interrumpió, y se detuvo la cabeza con ambas manos. ¿En que rayos estaba pasando? Por supuesto que Violate era inocente. ¿Cómo había podido dudar de ella? Inconscientemente se revolvió el cabello, pasándose los dedos por el cabello. Pensó en que sería mejor ir inmediatamente a la prisión de Giudecca y disculparse con ella. Minos tenía razón. Su Violate, su ala derecha, no sería capaz de traicionarlos así. Ella era fiel y orgullosa, jamás se rebajaría a ser un espía.

Cuando se puso de pie y se disponía a salir rumbo a Giudecca, alguien llamó a la puerta e interrumpió sus pensamientos. Una parte de Aiacos deseaba que fuera Violate quien apareciera tras abrirse la puerta, pero pronto se desengañó. Era Tokusa.

-Señor Aiacos- dijo el espectro recién llegado- disculpe que lo moleste, pero hay todavía un alma más en espera de juicio. ¿Desea que…?-

-Pásala- dijo Aiacos, desganado, volviéndose a dejar caer sobre su asiento- terminaré con esto y me iré inmediatamente a Giudecca, tengo algo que atender ahí-

Tokusa sonrió levemente. Él no se había perdido detalle de la interacción entre su amo y Violate, y también sospechaba que su compañera era inocente y la habían incriminado. El espectro asintió y salió para hacer pasar el alma que faltaba de juzgar. Una vez que hizo pasar el alma de una mujer, de edad similar a la del juez, le pasó los papeles a Aiacos.

Manika Pariyar.

Aiacos alzó las cejas al leer el nombre. ¡Manika había sido su amiga de la infancia! Cuando Tokusa hizo entrar a la mujer, el juez la reconoció de inmediato. Era ella, su amiga de la infancia, la última persona conocida que había visto antes de subir a la montaña y casi morir, de no haber sido recogido por Thanatos.

Manika había crecido y se había convertido en una mujer muy hermosa. Si bien se parecía a la niña mugrienta que había conocido cuando ambos vivían cerca de la base del Everest, la edad adulta le había sentado muy bien. Había crecido mucho, era muy alta, casi tanto como él. Tenía largos cabellos negros, y ojos del mismo color, así como ropas lujosas y un porte un poco arrogante.

-¿Manika?- dijo el juez con voz alto temblorosa.

-¿Sí?- dijo la chica, dudosa, sin reconocer al juez que tenía frente a ella.

-¿No me reconoces, Manika?- dijo el juez de Garuda- soy yo, Aiacos. Tú eras mi amiga cuando éramos niños. ¿No me recuerdas?-

Una chispa de reconocimiento surgió en sus ojos.

-¡Aiacos!- dijo la chica, llevándose las manos a la boca- ¿realmente eres tú? ¿pero cómo…?- sus ojos se humedecieron- recuerdo que moriste en la montaña ese día… el día que te dije que no fueras-

Aiacos bajó la mirada, un poco culpable.

-Lo sé, lo lamento mucho, Manika- dijo Aiacos, sintiéndose un poco culpable- pero no morí. El señor Thanatos, el dios de la muerte, fue por mí y me trajo al Inframundo para ser uno de los tres jueces-

Manika sonrió.

-Me da gusto por ti, Aiacos- dijo Manika en un tono un poco más coqueto de lo que uno habría esperado en una mujer que estaba a punto de ser juzgada por sus crímenes- y ahora, ¿me vas a juzgar tú?-

-Ah… sí- dijo el chico, sacudiendo la cabeza, un poco confundido por la actitud de su amiga de la infancia- pero antes que nada, dime una cosa, ¿cómo fue que moriste? Porque aquí se juzgan quienes traicionaron a su patria-

Manika bajó la mirada.

-Yo… fui ejecutada injustamente… cerca de nuestro hogar en Nepal- dijo la chica, bajando la mirada.

Aiacos alzó las cejas.

-¿De qué se te acusó?- preguntó el juez.

-De traición a la patria- le explicó Manika- mi familia estaba muriendo de hambre. Y unos extranjeros, un grupo proveniente de China, me pidió un mapa de… las rutas para entrar a Nepal por la ladera de la montaña. Yo… lo siento mucho, vendí el mapa por el dinero que necesitaba para ayudar a mi familia-

Aiacos se mordió el labio. Ese era un crimen que se tenía que castigar. Pero no quería condenar a su propia amiga. Bajó la mirada al libro que tenía enfrente. Sus crímenes no parecían tan simples o inocentes ahí escritos como ella los había contado. El juez entrecerró los ojos. No, quizá no habían sido reportados bien.

-Bueno, supongo que debo pasar juicio al respecto- dijo Aiacos, haciendo algunos apuntes en el expediente.

La mujer sonrió.

-Quizá… podrías mostrarme el Inframundo. Me gustaría saber que estás bien aquí- dijo Manika, haciendo otra expresión coqueta.

Aiacos se quedó pensativo por unos momentos.

-Por supuesto- dijo Aiacos por fin, sonriendo también. Se levantó de su sitio y, dejando el casco sobre la mesa donde estaban los libros de los juicios, le ofreció su brazo a Manika para acompañarla fuera de Antenora.

Por su parte Tokusa, quien estaba junto a la puerta por si Aiacos necesitaba algo, alzó las cejas preocupado. ¿Qué estaba sucediendo? Hacía unos breves instantes, el juez de Garuda iba a ir a Giudecca, seguramente a ver a Violate. Tokusa se cruzó de brazos, algo molesto. No le gustaba nada esa nueva alma que acababa de llegar.

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Orillas del Río Aqueronte, Inframundo

Thanatos estaba furioso. Entre él y varios de los espectros, ya habían revisado casi todo el Inframundo, y no podía encontrar a Agatha. Estaba muerto de preocupación. Ella no desaparecería así, sobre todo después de lo que había ocurrido la última vez que había salido sola y se había perdido. Era claro que alguien se la había llevado.

Había ido a hablar con Caronte para preguntar si había visto algo sospechoso.

-Lo lamento mucho, mi señor Thanatos- dijo Caronte, un poco apenado- ningún espectro ha cruzado en dirección contraria, hacia el mundo humano. Nadie, de hecho. Y sabe que solo yo puedo transportarlos de un lado a otro-

Thanatos apretó su puño, molesto. No había salido del Inframundo. ¿Entonces dónde estaba?

-Bueno, gracias- dijo Thanatos, en un tono resignado- por favor, avísame si llegas a verla, o si ves algo sospechoso-

-Por supuesto, señor Thanatos- dijo el barquero, inclinándose.

Thanatos comenzó a caminar a la primera prisión, pensativo y preocupado. Sabía que su chica era inteligente, y encontraría una manera de escapar o avisarle donde estaba. Una punzada de culpa lo corroía. ¿Porqué no la había hecho beber néctar y comer ambrosía lo más pronto posible? Si lo hubiera hecho, no solo sería inmortal y estaría fuera de peligro, sino que tendría un cosmo que sería fácilmente localizable en el Inframundo. Suspiró.

Thanatos cerró los ojos. ¡Tenía que encontrarla ya! Quizá sería buena idea regresar a Giudecca y hablar con Violate. Quizá ella reconoció algún cosmo en el hombre que se llevó a Agatha, o tendría alguna otra información.

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Lugar desconocido, Inframundo

Agatha puso los ojos en blanco. La mujer llamada Didrika y el desconocido aún discutían sobre que hacer con ella. La chica había predicho que la iban a implicar al igual que Violate, que no era el curso más inteligente pero el más práctico, y estaba tranquila por haber advertido a Thanatos que eso harían. Pero las otras opciones que les daban no eran tan agradables.

-Podemos matarla- sugirió de pronto la mujer- y hacerlo parecer como si Violate lo hubiera hecho. Thanatos la haría papilla antes de averiguar nada-

Agatha dejó escapar una carcajada ahogada, y los hombres se volvieron hacia ella.

-¿Qué es tan gracioso, mujer?- dijo el hombre.

-Que son unos tontos- dijo Agatha- si hacen eso, todo el mundo sabrá que Violate es inocente e intentan implicarla aún más, porque ella ya estaba encerrada cuando desaparecí, y no hay manera humanamente posible de que Violate pudiera hacerme eso-

El hombre se echó a reír, y Didrika frunció el entrecejo.

-Esta mocosa tiene razón- dijo el desconocido- es más lista que tú, Didrika-

-Pero no más lista que Victoria- dijo la mujer, cruzándose de brazos y pasándole una hoja de papel. El hombre la leyó y se echó a reír de nuevo.

-Esa chica es un genio- dijo el desconocido, señalando el papel- ve esta noche, Didrika, y asegúrate de que su respuesta es sí-

Didrika asintió y, cubriéndose con la capucha, salió de la cueva donde estaban escondidos. Cuando la puerta se abrió, Agatha vio que ya era de noche. Se volvió al hombre.

-¿Qué van a hacer?- dijo Agatha, preocupada.

El hombre sonrió bajo su capucha y, abriendo de nuevo la carta que habían recibido, comenzó a leerla. A cada palabra que pasaba, Agatha palidecía cada vez más. No podía creerlo: eso no se lo había esperado. Cuando el hombre se alejó unos pasos y se tumbó en la entrada de la cueva, Agatha volvió a tirar de la cadena que aprisionaba su tobillo, pero era en vano. Suspiró, frustrada. Su mente comenzó a buscar desesperadamente una manera de escapar. La encontraría. No podía quedarse ahí.

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Habitaciones de Perséfone, Giudecca, Inframundo

Elizabeth se dejó caer sobre su cama, cruzada de brazos, enfurruñada. Pandora suspiró y le puso una mano en el hombro. También para ellas había quedado claro, desde que Agatha desapareció también, que Violate era inocente, y no sabían porqué seguía encerrada. Y cuando Perséfone quiso bajar a la prisión a llevarle algunas cosas para su comodidad, Kagaho no la dejó salir siquiera de la habitación, aunque lo hizo entre mil disculpas y alegando que eran las órdenes del mismísimo Hades.

-Lo lamento, señora, por favor perdóneme- repetía Kagaho una y otra vez- no puede ir, el señor Hades está muy preocupado por usted desde que supo lo que sucedió con la señorita Agatha-

Perséfone estaba aún furiosa, pero Pandora fue quien respondió.

-Tú podrías acompañarnos y protegernos, Kagaho- le dijo Pandora.

-El señor Hades dijo que si decían eso, les dijera que no se hagan ideas- dijo Kagaho, ruborizándose levemente.

Perséfone suspiró. Adoraba a su esposo, pero a veces podía hacerla enfurecer como esta vez. Ya la escucharía, tan pronto como se apareciera frente a ella.

-¿Podrías enviar a alguien a llevar cosas a Violate?- preguntó Perséfone.

Kagaho sonrió levemente.

-Por supuesto, señora. El señor Minos bajará a visitarla en la mañana, y le llevará todo lo necesario- dijo el espectro de Bennu.

Las dos mujeres sonrieron, aliviadas. Perséfone se abrochó las cintillas de su bata y se levantó.

-Bueno, iré a la habitación de mi señor Hades- dijo la reina del Inframundo.

-Por supuesto, señora- dijo Kagaho- permítame escoltarla…-

Perséfone asintió, y los tres caminaron por los pasillos de Giudecca rumbo a las habitaciones del rey del Inframundo. Una vez que llegaron, Perséfone sonrió y entró donde se encontraba su esposo, y sus acompañantes regresaron a sus respectivas habitaciones.

Cuando la joven reina se quitó la bata, quedándose solo con su pijama, y se metió a la cama con él, Hades la atrajo hacia sí mismo y la besó en la frente.

-Buenas noches, mi amor- dijo Perséfone, un poco molesta por lo que había sucedido- no sé porqué mandaste a Kagaho de Bennu con Pandora y conmigo. Nadie se atrevería a subir a Giudecca, o acercarse a nosotros-

-No te enojes conmigo, mi amor, por favor- le dijo Hades en un tono calmado- viste lo que le sucedió a Agatha, y como Thanatos está muerto de preocupación, como la mayoría de nosotros. Pero no es nada, nada, si es que algo te pasara a ti. Y sabes lo que esos malnacidos son capaces de hacer-

La chica asintió. Lo recordaba muy bien. Hades sonrió y la abrazó con cariño. Juró para sí mismo que no dejaría que nada malo le sucediera a Perséfone

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Calabozo de Giudecca, Inframundo

Violate apoyó la espalda en la pared y se deslizó hasta el suelo. Abrazó contra su pecho la chamarra de Aiacos, aspirando su aroma, y cerró los ojos para contener sus lágrimas. Cada minuto que pasaba en el que Aiacos no iba a verla era más doloroso que el anterior.

De pronto, la chica escuchó pasos, y se puso de pie. No parecían ser los pasos de un espectro, mucho menos los de Aiacos. Levantó la mirada, y se encontró cara a cara con la persona encapuchada que había sustraído a Agatha esa mañana.

-Tú…- dijo Violate, apretando los puños, enfurecida- ¿dónde está Agatha? ¿qué hiciste con ella?-

La joven espectro vio a la persona encapuchada acercarse a ella, y sacar una mano de bajo su capa. La miró. La mano era delgada y fina, con uñas largas y bien cuidadas, claramente la mano de una mujer. Esta mano rodeó el cuello de la espectro y la empujó contra la pared.

-Ahora vas a guardar silencio y vas a escucharme atentamente, Violate, por tu propio bien y el de tu amiga- dijo la voz femenina bajo la capucha. Violate intento gritar, llamar la atención de los guardias, pero la mujer se lo impidió. Era demasiado fuerte.

-¿Qué… qué quieres?- dijo la espectro de Behemoth con mucha dificultad.

-Ya sabes que tenemos a tu amiga Agatha- dijo la mujer en un siseo- está bien, por ahora. Pero que eso siga depende de ti. Te voy a soltar para explicarte, pero déjame decirte que si gritas y me atrapan, mi compañero se encargará de que la encuentren trozos de ella por todo el Inframundo…-

Violate palideció, y la mujer la soltó.

-¿Qué quieres de mí?- dijo la espectro.

-Así está mejor. Quiero que admitas tu culpa y digas a todos que eres la espía que tanto están buscando- dijo la mujer- que tú fuiste quien planeó el secuestro de Agatha junto con un cómplice…-

-¿Y porqué haría eso?- dijo Violate, frunciendo el entrecejo.

La mujer sonrió y se retiró su capucha. Violate la miró con curiosidad. Era muy alta, rubia, de ojos verdes, pero con una mirada orgullosa y malvada. Sus delicadas manos estaban crispadas en forma de una garra. Era una mujer terrible, pero de otra naturaleza, muy distinta a la de Violate.

-Porque si no lo haces, tu amiga es quien va a sufrir las consecuencias- dijo la mujer- es una lástima que Thanatos no le haya dado ya la inmortalidad, ¿no lo crees?-

La espectro palideció de nuevo. No podía declararse culpable, pero tampoco podía dejar que lastimen a Agatha por su culpa, sobre todo porque se había metido en problemas intentando ayudarla en primer lugar. ¿Qué debía hacer?

-Tienes hasta mañana en la noche para admitir tu culpa en este asunto- dijo la mujer- si no lo haces, el día después de mañana, Agatha aparecerá en pedazos en algún sitio del Inframundo. Estás advertida-

-Por favor- dijo Violate, mientras la mujer se ponía la capucha de nuevo y le daba la espalda- no me hagas hacer esto. ¿Qué le voy a decir a Aiacos?-

-¿Aiacos?- dijo la mujer, echándose a reír en voz alta- tu amado Aiacos se ha olvidado de ti. Ha asumido ya que eres una traidora, y te ha cambiado por otra mujer…-

El corazón de la espectro se encogió.

-No es cierto- dijo Violate.

La mujer amplió su sonrisa.

-No me creas si no quieres- dijo la desconocida- si fuera tú, decidiría tomar mi oferta y terminar con mi vida antes de seguir sufriendo por ese malagradecido. Sobre todo después de todo lo que has hecho por él…- y se alejó, riendo.

Violate se dejó caer al suelo de nuevo y, abrazando la chamarra de Aiacos, apretó los puños para evitar llorar. Pero ya no podía ser fuerte por más tiempo: había perdido la única razón para serlo.

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Despacho de Radamanthys, Caína, Inframundo

El espectro de Wyvern gruñó molesto. Junto con Minos había ayudado a Thanatos todo el día, y no había rastro de Agatha en todo el Inframundo. No sabía que pensar. Primero encuentran cosas incriminatorias en la habitación de Violate, una de las persona que menos creerían que estuviera involucrada, y después Agatha desaparecía. Cada vez más Radamanthys pensaba que alguien estaba jugando con ellos, engañándolos con falsas suposiciones.

-Rufff… rufff…-

-Explícame, Dash, ¿qué es lo que está pasando?- dijo Radamanthys distraídamente.

Dash solamente ladró un par de veces. Radamanthys gruñó de nuevo, y se puso de pie, dejando caer su pluma sobre el escritorio. Ya era muy tarde, las horas pequeñas de la madrugada, muy pasada su hora habitual de dormir, y llevaba un par de noches sin descansar bien. Tomó su casco, que estaba en el escritorio, y lo puso bajo su brazo, para dirigirse a su habitación en Caína.

De pronto, sintió algo y se detuvo de golpe. El perro, que lo iba siguiendo, no pudo más que chocar contra sus pantorrillas. No podía ser. ¡Alguien había caído en la trampa!

Radamanthys, desde que habían comenzado a planear buscar al espía, había colocado por indicación de Hypnos algunos artefactos alrededor de las ruinas donde habían sellado a Thanatos hacía unos meses, por si los seguidores de Deimos regresaban a ese sitio. Y justo ahora, la alarma comenzó a sonar: alguien se había acercado a las ruinas.

Radamanthys sonrió, y se puso el casco.

-Quédate aquí, Dash- dijo Radamanthys- ahora regreso. Es hora de cazar a un espía-

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Ruinas en la entrada al Inframundo, Grecia

Al mismo tiempo

Victora había recorrido ya varios kilómetros desde que había salido del hotel en Atenas. Había tenido mucho cuidado de no ser captada por ninguna cámara de seguridad mientras huía. Ella misma había hackeado el sistema de seguridad para Fleur de Lys, y sabía que la francesa tenía acceso a todas las cámaras de seguridad en la ciudad. En un puesto callejero compró un sombrero amplio para parecer turista y pasar desapercibida, así como un mapa de la ciudad y los suburbios.

La chica era lista, y sabía que tenía que hacer. Sabía que, cuando descubrieran su escape, primero la buscarían en los aeropuertos o estaciones de trenes. Sabía que comprar un billete de tren o de avión requeriría que diera su nombre, y ahí la encontrarían. Tenía que esconderse en Grecia, lejos de la gran ciudad, al menos por un tiempo, y después regresaría a Londres, evitando pasar por Francia si era necesario. Quizá podría tomar el tren de Bruselas a Londres. Pero aún no.

Casi al anochecer encontró un puesto, a las afueras de Atenas, que vendía motocicletas y montoneras robadas, y que estuvieron contentos con venderle una motoneta en buenas condiciones sin hacer ninguna pregunta. Durante el intercambio, Victoria fingió ser española, hablando en perfecto español y con un fingido griego quebrado para no despertar sospechas.

Una vez que completaron la transacción, Victoria montó en la motoneta y comenzó a conducir lejos de Atenas, hacia uno de los suburbios. Durante su escape había comprado una mochila, ropa y algunas otras cosas. Pensó en esa noche pasar la noche en el campo, y en la mañana buscaría un sitio donde quedarse por unos días, o pensaría en dirigirse a otra ciudad.

Cuando llegó a un sitio a las afueras de la ciudad, que parecía un lugar lleno de ruinas, cuando se detuvo. Ese lugar sería ideal para esconderse. Fleur de Lys jamás sospecharía que estaba escondida ahí. Ocultó su motoneta detrás de una columna, y tomó su mochila. Miró las ruinas con un poco de tristeza, sobre todo porque eran tan hermosas y estaban todas cubiertas de horribles graffitis. Suspiró. ¿Porqué los griegos no eran más cuidadosos con su legado? Si un turista hubiera graffiteado alguna pared de la torre de Londres…

Victoria miró su reloj. Faltaba un par de horas para que amaneciera. La chica encontró algunas ramas y las amontonó en el suelo. Abrió su mochila y sacó un encendedor, para hacer una fogata. Una vez que estuvo encendida, la chica se dejó caer al suelo con una sonrisa satisfecha.

Su escape había salido a la perfección.

Pero su calma no duró mucho tiempo. Sin que se lo esperara, sintió el ruido de unas alas batir con fuerza. Victoria se levantó y dio unos pasos atrás. Miró al cielo, y vio lo que parecía ser una enorme ave, o un gran murciélago. El corazón de la chica se encogió en miedo. Con el batir de las alas, la fogata se apagó, y la chica quedó sumida en la oscuridad. Victoria escuchó un golpe en el suelo, como si alguien acabara de caer. La chica buscó a tientas en el suelo, y encontró una roca. La tomó, lista para defenderse con ella.

Una sombra se acercó a ella. La chica sintió como la sangre abandonaba su piel, y la roca que tenía en sus manos se le cayó, tanto que temblaban. Parecía un demonio.

-¿Qué estás haciendo aquí, muchacha?- dijo una voz masculina, proveniente del ser que acababa de llegar.

Victoria dio otro paso atrás, hasta que su espalda quedó contra una de las columnas. La sombra se acercó aún más a ella.

-¡Responde!- insistió el recién llegado en un tono autoritario.

-Yo…-comenzó Victoria- vengo huyendo de Atenas, y quise refugiarme aquí. Las personas que me persiguen tienen muchos recursos, y no pararán hasta que me encuentren…-

El espectro, que no era otro que Radamanthys, suavizó un poco su mirada.

-¿No eres un espía de Deimos?- dijo el juez de Wyvern.

Victoria abrió los ojos grandemente, traicionándose, tan asustada que estaba por el aspecto del recién llegado. Radamanthys frunció el entrecejo.

-¡Lo eres!- dijo el espectro, regresando a su previa agresividad.

-¡No!- dijo ella- no lo soy. No entiendes. Me esta persiguiendo porque huí de ellos, y…-

-¿Ah, sí?- dijo Radamanthys de manera agresiva- ya veremos si eso es cierto…-

Al decir eso, el juez de Wyvern encendió su cosmo, y la chica cayó de rodillas ante el peso del mismo. ¿Qué era esa fuerza que tenía ese desconocido? Victoria no entendía. Mientras tanto, el juez se acercó a ella y tomó su mochila, volteándola y vaciándola por completo.

-¿Qué me hiciste?- dijo Victoria, intentando en vano erguirse- ¿quién eres?-

-Eres una simple mortal, no puedes luchar con mi cosmo. Soy uno de los tres jueces del Inframundo, después de todo- dijo Radamanthys, revisando las cosas que habían caído de la mochila y, una vez que terminó, tomó una linterna que había sacado de la mochila, y abrió la bolsa de la chica.

-Hey- dijo ella, por primera vez levantando la voz, frunciendo el entrecejo- eso es mío. ¡No tienes derecho a estar husmeando ni revisando mis cosas!-

Radamanthys la ignoró, y revisó lo que tenía en su bolso. Una cartera llena de dinero, un teléfono celular apagado, una libreta y dos folios de papel cuidadosamente doblado. Radamanthys los abrió y los revisó, con la luz de la linterna que también tomó de las pertenencias de la chica. Sus reacciones fueron evidentes, y llenaron a Victoria de miedo. Uno de ellos era un mapa del Inframundo, demasiado detallado para su gusto. Y otro era una lista, escrita llena de garabatos y símbolos que no podía comprender. El juez, obviamente, entrecerró los ojos lleno de furia.

-¡Tú eres un espía de Deimos!- dijo el espectro, levantando la voz- ¡tú eres la que has causado tanto problema!-

-No, no, yo no…- comenzó a decir ella, intentando en vano levantarse.

-¡Calla!- dijo Radamanthys, alzando aún más la voz y el cosmo, haciendo que la chica se doblara hacia el suelo- ¡vas a pagar todos tus crímenes!-

Sin decir nada más, Radamanthys se guardó las hojas que acababa de encontrar. Después de ello, se inclinó hacia la chica y la levantó del suelo, echándosela sobre el hombro derecho como si fuera un costal de papas. Por más que ella intentó soltarse, era una chica pequeña y delgada, además de que Radamanthys era un hombre grande y poderoso.

-¡Suéltame!- gritó ella, pataleando y golpeándolo con todas sus fuerzas, sin poderle hacer ningún daño, ya que estaba cubierto por su sapuri- ¿a donde me llevas?-

-Vamos al Inframundo- dijo el juez- a que pagues por tu insolencia-

-¿Qué? ¡No!- gritó ella- no puedes hacer eso. ¡Déjame!-

No que pudiera hacer nada al respecto. Radamanthys abrió un portal hacia el Inframundo y se introdujo en él, llevando consigo a Victoria.

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¡Hola! Espero que les esté gustando esta historia. El capítulo de hoy me salió un poquito largo, pero era necesario. Les mando un abrazo enorme a todos. Muchas gracias por sus reviews.

Abby L.