SUFRIR O MORIR EN SOLEDAD

IX. EL PLAN

FLASHBACK

Después de reprender a Violate por haberse ido con Minos y Agatha a intentar liberar a Thanatos sin avisarle, Aiacos había regresado junto con ella a Antenora. El juez estaba muy aliviando de ver a su chica con nada más que una herida. La chica, por el contrario, estaba feliz de la pelea que acababa de dar, y de la nueva cicatriz que había obtenido en el proceso.

Cuando ambos salieron de Giudecca, Aiacos extendió su brazo y rodeó con él a Violate, atrayéndola hacia sí mismo. Violate se ruborizó. pero el juez de Garuda la besó cariñosamente en la mejilla y, removiendo su brazo, la tomó de la mano con sumo cariño.

-Nos van a ver, Aiacos- dijo la chica.

-No me importa, Vi- le dijo Aiacos sin dejar de sonreír.

Ambos llegaron a Antenora, y Aiacos insistió en acompañar a Violate a su habitación. La chica sonrió, sonrojada, y ambos caminaron por los pasillos del palacio de Aiacos. Se detuvieron frente a la puerta, y Violate se volvió hacia él.

-Gracias por acompañarme, Aiacos- le dijo Violate.

-No fue nada- dijo el juez, extendiendo sus brazos hacia ella y abrazándola. Violate lo abrazó de vuelta, pero de pronto se retiró, haciendo una suave exclamación de dolor- Vi, estás herida. Primero déjame curarte-

-Estoy bien, Aiacos- dijo la chica- no es para tanto. He tenido peores-

El juez miró la herida, y puso su dedo en la zona enrojecida en la piel de la espectro, haciendo que la chica diera un respingo.

-Insisto- dijo él, empujándola suavemente hacia dentro, y entrando también en su habitación. La hizo sentarse sobre la cama, y tomó una bandeja con agua, vendas y otras cosas.

Aiacos quitó descubrió con cuidado la herida en el hombro de la chica. Tomo un paño humedecido en agua, y con cuidado comenzó a limpiar la herida. Violate hizo un gesto de dolor cada vez que el paño tocaba su herida, que el juez mitigó besándola en la mejilla. Una vez que la herida estuvo limpia, Aiacos la vendó con cuidado y, cuando terminó, la besó en los labios con un poco menos de ternura y un poco más de pasión. La chica hizo otro tanto. Cuando los besos eran cada vez más demandantes, ambos se dieron cuenta y se separaron.

-Lo lamento- dijeron ambos al mismo tiempo, y se sonrojaron.

Ambos permanecieron en silencio unos momentos, mirando el suelo, sin saber que decir por lo que acababa de pasar.

-Hasta mañana, Vi- dijo Aiacos por fin, levantándose- duerme bien…-

-Tú también, Aiacos- respondió ella.

Violate sonrió mientras el chico salía y, una vez que se quedó sola, se dejó caer en la cama con una sonrisa, aún intentando recuperar el aliento. Mientras tanto, Aiacos se apresuró hacia su propia habitación, poniendo sus dedos indice y medio sobre sus labios, sin poder creer que la había besado, y con una sonrisa que iba a durar por mucho tiempo.

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Habitación de Aiacos, Antenora

Aiacos no podía dormir. La culpa lo estaba corroyendo. Desde la media mañana que había visto de nuevo a Manika, su antigua amiga, se había olvidado por completo de Violate, y de que debía ir a Giudecca a disculparse con ella. Cierto, hacía muchos años había sido su amiga, pero jamás debió haber dejado que la presencia de Manika lo distrajera de visitar a Violate y pedirle perdón por haber dudado de ella. Decidió que sería lo primero que haría tan pronto como saliera el sol.

El joven juez cerró los ojos y suspiró. Violate llevaba ya dos días encerrada, y él la extrañaba mucho. La necesitaba. No solo para los asuntos de manejar Antenora y los juicios, la necesitaba para acompañarlo, para aconsejarlo, vaya, para su salud mental. Estos casi dos días sin ella lo habían vuelto triste y deprimido, y el número de tonterías que hacía había crecido exponencialmente.

Pero Aiacos sabía lo que tenía que hacer. En la mañana, juzgaría a Manika. Como favor especial, la enviaría al campo de flores fuera de la segunda prisión. Incluso podría hacerse amiga de Pharaoh. Y una vez que pasara eso, iría de inmediato con Violate y le pediría que la perdone por haber dudado de ella.

Aiacos se volvió sobre la cama y cerró los ojos. Se mordió el labio, ansioso por volver a ver a Violate.

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Calabozo de Giudecca, Inframundo

Tan pronto como abrió los ojos a la mañana siguiente, Minos se vistió a toda prisa, se puso su sapuri y se apresuró hacia el calabozo de Giudecca, ansioso de encontrarse con Violate y ver como se encontraba. Había visto el día anterior a Aiacos con esa amiga suya, y poco faltó para que el espectro de Grifo le tumbara los dientes de un golpe, pero se contuvo: Hypnos les había prohibido pelearse, y no era sabio hacer enojar al dios del Sueño. Aunque, en esta situación, Mino tenía atenuantes.

El juez de Grifo suspiró. Al menos él era un buen amigo, y se aseguraría de que Violate estuviera bien, en lo que su estúpido compañero dejaba de hacer el ridículo y recobrara su buen juicio.

Desde que entró al calabozo, Minos se dio cuenta de que algo no estaba bien.

Para empezar, Violate siempre había estado erguida y orgullosa, a pesar de haber sido falsamente acusada, y a pesar de que Aiacos había dudado de ella. Jamás se imaginó que se la encontraría tumbada en una esquina de la celda, ovillada y abrazando una chamarra que el espectro reconoció inmediatamente. No lloraba, pero tenía las manos crispadas y una posición tensa.

-Violate…- dijo Minos en voz alta tan pronto como entró a la celda, haciendo que la chica levantara la vista- ¿que fue lo que te hizo ese malnacido de Aiacos ahora? Si hizo una nueva estupidez, juro por todo el chocolate que le voy a dar una sopa de dientes- añadió, mostrando su mano cerrada en un puño.

Violate, avergonzada por que Minos la viera así, se irguió rápidamente y dejó la chamarra a un lado.

-No es nada, señor Minos- dijo Violate, haciendo un esfuerzo por mantener la compostura- el señor Aiacos no tiene nada que ver, no lo he visto desde… desde que estoy aquí-

Minos suavizó la mirada, pero sabía que algo más estaba molestándola.

-Violate, ¿qué sucede?- dijo el juez.

-Nada, señor Minos- dijo ella, mirando de reojo a los guardias de la prisión.

-No me vengas con tonterías- dijo Minos.

La chica levantó los ojos hacia él, evaluándolo con la mirada. Después pasó su mirada de nuevo a los dos guardias que estaban fuera de la celda. Minos comprendió que no quería a esos dos ahí, y con un gesto de su mano, les ordenó que se fueran.

-Señor Minos, ¿puedo confiar en usted?- dijo la chica en voz baja, una vez que se quedaron solos.

-Violate, Aiacos es, junto con Radamanthys, mi mejor amigo- dijo Minos, sentándose en el suelo frente a ella- y por extensión, soy tu amigo también. Puedes confiar en mí, primero moriría antes de traicionarte. Excepto si es algo que pudiera poner el peligro al señor Hades. Tienes mi palabra-

Violate suspiró. Aiacos la había abandonado, Agatha no estaba, y no tenía otra opción más que aceptar la ayuda de Minos. Sabía que era fiel y leal a Hades, y que también era benévolo con sus sirvientes, aunque no lo aceptara. Decidió confiar en él. Tras cerciorarse de nuevo que estuvieran solos, la chica le explicó lo que había sucedido la noche previa, sobre la mujer y la amenaza que había hecho a la vida de Agatha. Minos la escuchó atentamente con creciente enojo.

Una vez que Violate hubo terminado su relato, Minos se quedó pensativo por unos segundos. Después de un momento se le ocurrió una idea y sonrió ampliamente. Agatha no había logrado prever que eso pasaría, pero sin saberlo le había dado una solución a la mitad del problema.

-Violate, Agatha nos dijo que debíamos fingir que te creíamos culpables, para hacer que el espía se revele a sí mismo- dijo Minos, al ver la expresión sorprendida de la espectro al verlo sonreír- podemos añadir a ello el hecho de que te declares culpable-

-¿Qué dice, señor Minos?- dijo ella, escandalizada, frunciendo el entrecejo como si estuviera ofendida al escuchar a Minos sugerirle esa idea-¿cómo podría…?-

-Piénsalo bien, Violate- dijo el juez en su emoción por el plan que se le había ocurrido- si haces eso, por un lado proteges a Agatha de esa mujer que vino anoche, y por otro lado haces pensar a los espías que todos estamos ocupados pensando que tú eres culpable, que estamos preparando un juicio en tu contra, y entonces ellos cometerán un error y se expondrán. Comunicaré esto al señor Hades y a los dioses gemelos. Sobre todo al señor Thanatos, que debe estar muy preocupado-

Violate asintió levemente.

-No te preocupes, confía en mí- le dijo Minos, dándole un golpe amistoso en el hombro- yo me encargaré de que todo salga bien. Fingiremos todo lo necesario-

-De acuerdo, confío en usted, señor Minos- dijo Violate, suspirando y relajándose levemente.

Minos se levantó lentamente del suelo, donde se había sentado con ella.

-Bueno, me iré a preparar todo- dijo Minos, volviéndose hacia la salida del calabozo- iré a avisar también a Radamanthys y a Aiacos-

-¡No!- dijo Violate de pronto, levantándose también, haciendo que Minos alzara las cejas- no, señor Minos. ¿No podría… guardar el secreto de los otros dos jueces? Entre menos personas sepan de ello, menos probabilidades de que los espías descubran lo que intentamos hacer, ¿no lo cree?-

Minos la evaluó con la mirada. Entendía muy bien lo que Violate quería: no quería que Aiacos supera de su plan. ¿Qué sucedía, ahora ella no confiaba en él? Vaya, ambos necesitan un empujoncito en la dirección correcta. Suspiró.

-De acuerdo- dijo Minos, aunque no le gustaba mucho su idea- una vez que avise al señor Hades y a los dioses gemelos, les pediré que envíen a Kagaho a hacerte compañía y a protegerte. Usaremos de excusa que, por lo que le pasó a Agatha, necesitamos vigilarte más de cerca-

-De acuerdo- dijo Violate- gracias de nuevo, señor Minos-

-Bien, nos veremos pronto- dijo el juez de Grifo- no desesperes, Violate-

Y, sin más, salió apresuradamente del calabozo rumbo a las habitaciones de Hades. Tenía que contarle urgentemente lo que había pasado.

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Despacho de Radamanthys, Caína, Inframundo

Radamanthys estaba frente a su escritorio, cruzado de brazos sin dejar de mirar a la chica que había traído con él la noche anterior. Victoria se había desmayado en el trayecto hacia el Inframundo, ya que no estaba acostumbrada al fuerte cosmo que emanaba en el reino de los muertos, aunado al agotamiento del día anterior. Radamanthys la había dejado tumbada en un sillón, apoyando su cabeza en el descanzabrazos.

El espectro de Wyvern la miraba con atención, esperando pacientemente a que despertara. La chica le parecía terriblemente conocida, aunque estaba seguro de que no era posible. Victoria tenía un gran moretón en una de sus rodillas, y Radamanthys hizo una mueca de preocupación. Ese se lo había hecho ella misma, intentando librarse de él.

-Ruff… ruff… ruff…-

Radamanthys alzó las cejas. Dash había entrado a su despacho como todos los días, pero en vez de acercarse a él, había corrido a toda la velocidad que sus patas cortas le daban y había llegado junto a Victora, brincando a su alrededor intentando subir al regado de la chica.

-¿Dash?¿qué te pasa?- pregunto el espectro.

Dash ladro otro par de veces, y corrió a toda velocidad a donde estaba Radamanthys, mordisqueando la orilla de la manga de su camisa y tirando de ella, y luego corriendo junto a la chica y ladrando un par de veces.

-No entiendo que es lo que quieres, Dash- dijo el espectro, pero Dash repitió esa rutina un par de veces, y Radamanthys decidió ignorarlo.

El juez suspiró. ¿De donde había salido esa chica? No parecía griega, pero Radamanthys sabía que los seguidores de Deimos no eran todos griegos. No tenía ninguna apariencia malvada, como la había tenido Greta, la mujer que había osado secuestrar a la reina Perséfone. Y Aioros y Milo le habían contado de otra mujer, Fleur de Lys, que también tenía una apariencia malvada. Suspiró, y levantó la vista.

La chica comenzó a despertar, y Radamanthys se irguió en su asiento. Dash ladró de nuevo, y brincó a su alrededor.

Cuando Victoria abrió los ojos, primero se llevó la mano a la cabeza y se quitó los cabellos de su rostro. Se irguió sobre el asiento y miró a su alrededor, asustada. Lo primero que pensó fue que Fleur de Lys y sus secuaces la habían atrapado de nuevo. Pero pronto vio a Radamanthys y pensó que era mil veces peor. Dejó escapar un grito ahogado, que hizo que el espectro de Wyvern dejara escapar una risita.

-¿Qué estoy haciendo aquí?- dijo la chica, sin levantarse de su asiento- ¿quién eres tú?-

-Ya te lo dije hace un rato- dijo Radamanthys, sonriendo tanto que se le veían los colmillos- estás en el Inframundo, y yo soy uno de los tres jueces-

Victoria se llevó las manos a la cabeza, un poco temblorosa.

-¿Estoy muerta?- dijo la chica.

-Aún no- dijo Radamanthys, sin dejar de sonreír, con esa sonrisa medio maligna que tenía- pero eso se puede arreglar-

-Bloody hell- dijo la chica- you made my blood run cold-

El espectro se echó a reír, poniendo más nerviosa a la chica.

-Bueno, ¿qué van a hacer al respecto?- dijo la chica, sintiéndose muy nerviosa, pero también no pensaba caer sin dar pelea- habla ya. ¿O es que acaso disfrutas causándome temor?-

Radamanthys iba a responderle que sí, pero se contuvo. Primero necesitaba averiguar exactamente quien era ella, que papel jugaba entre los espías y sirvientes de Deimos, y si lo que tenía en su poder era el plan del enemigo, tenía que convencerla de traducirlo.

-¿Cuál es tu nombre, madam?- dijo Radamanthys, quitándose el casco de su sapuri y poniéndolo sobre su escritorio.

Al verlo así, sin ese horrendo casco que la llenaba de miedo, Victoria se sintió mucho más tranquila, como si antes pensara que el juez fuera un demonio, y ahora podía ver que era un hombre. La chica relajó sus facciones.

-Me llamo Victoria- dijo la chica- Victoria Hammond-

Fue entonces cuando Radamanthys tuvo ese chispazo de reconocimiento. Se dio cuenta de que esa chica, esa Victoria, era la misma chica que había conocido en un día muy significativo para él: el día en que casi muere, el día que Thanatos lo recogió y lo llevó al Inframundo. Lo recordaba perfectamente. La chica en la bicicleta cargada de libros y un perro regordete. Un perro como…

-Rufff… rufff…-

-¡Dash!- dijeron los dos al mismo tiempo, Radamanthys llamando al corgi mientras que Victoria lo reconocía.

-¿Dash?¿eres tú?- dijo Victoria, inclinandose al suelo y levantando al perro en sus brazos. Éste comenzó a lamer su rostro de emoción- ¡sí eres tú!¿Cómo es posible? Si estás…-

-Muerto- completó Radamanthys- te lo dije, estamos en el Inframundo. Victoria-

-¿Sí?- dijo ella, alzando las cejas, confundida por el cambio de expresión del espectro y la manera que dijo su nombre.

Dash brincó de su regazo, y corrió a los pies de Radamanthys, ladrando alegremente y pidiéndole caricias. Radamanthys se inclinó y lo acarició detrás de las orejas, haciéndolo sacar la lengua de contento. Victoria bajó la mirada tristemente, recordando que Dash había muerto, y había encontrado ese camino hacia el Inframundo. Cuando Radamanthys lo soltó, levantó la mirada.

-Victoria, tú y yo nos habíamos conocido antes. Soy Radamanthys- dijo el espectro, levantándose y rodeando el escritorio para quedar justo frente a ella- quizá no recuerdas pero te conocí en los jardines de Kensington cuando…-

-¡Radamanthys!- exclamó la chica, reconociéndolo también- ¡sí eres tú! Pero…-

-¿Pero?- dijo él.

-Pero te vi morir- dijo Victoria, cubriéndose la boca con su mano nerviosamente, y después entrelazó sus dedos- vi cuando el auto te golpeó. Vi la sangre… vi a los paramédicos cubrirte con una sábana. ¡Cómo lloré cuando…!-

Radamanthys se puso la mano en la boca para callarla, de una manera un poco más ruda de la que era su intención. Victoria lo dejó pasar, y sonrió.

-Radamanthys, estoy muy aliviada de saber que estás vivo- dijo Victoria- pero, ¿cómo sucedió?-

-El señor Thanatos, dios de la muerte, pasó por mí y me ayudó a enfrentar mi destino de servir a Hades como juez del Inframundo en Caína- explicó Radamanthys. El espectro sabía que tenía que formular sus preguntas con cuidado y, ahora que conocía a Victoria, sabía que quizá con su antigua amistad la chica hablaría más- y tú, ¿que hacías en Grecia?-

-Yo…- comenzó Victoria, pero bajó la mirada y no continuó.

Radamanthys frunció el entrecejo levemente. ¿Sería verdad que Victoria era uno de los enemigos? Tomó los dos papeles que había confiscado de su escritorio y se los mostró.

-¿Cómo es que tienes esto en tu poder?- dijo el espectro- dime la verdad-

La chica estaba aún más nerviosa que antes.

-Yo…Radamanthys, esto es… largo de contar- dijo Victoria.

-¿Eres un espía de Deimos?- dijo Radamanthys, perdiendo la paciencia un poco. Victoria frunció el entrecejo y sacudió la cabeza.

-¡No!- exclamó ella, ofendida. ¿Ella, espía de Deimos?¿Pertenecer al grupo de Fleur de Lys y los demás? La sola idea le daba asco- ¡claro que no! ¡Ellos me secuestraron, y me forzaron a ayudarlos! Yo no quería, pero me obligaron a trazar la estrategia para atacar el Inframundo-

Radamanthys se quedó helado. No se espera esa respuesta. ¿Ella era el estratega del enemigo, quien les había causado tantos problemas? De hecho, ¿cómo sabía que podía confiar en ella? Con todas las cosas extrañas que estaban pasando, no podía saberlo. Sí recordaba haberla encontrado una vez en su pasado, pero no la conocía bien. No podía confiar en ella. No aún.

El espectro se levantó y la tomó del brazo para hacerla levantarse.

-¡Oye!- dijo ella, asustada por el repentino cambio del espectro- ¿qué te sucede?-

-Tengo que ir a reportar todo esto con mi señor Hades- dijo Radamanthys, arrastrándola fuera del despacho y hacia una de las habitaciones vacías del castillo de Caína.

-Espera, ¿qué haces?- dijo Victoria, justo antes de que el espectro la empujara dentro.

-Dejándote en un lugar seguro- dijo el juez, de pie junto a la puerta- te quedarás aquí hasta que haya hablado con el rey del Inframundo y los dioses gemelos. Y no pienses en escapar- añadió, al ver que la chica miraba a su alrededor- si saltas por la ventana, morirás, y estará de vuelta justo aquí-

Victoria frunció en entrecejo, furiosa.

-¡No te atrevas a dejarme encerrada, Radamanthys!- gritó ella.

El juez la ignoró, salió de la habitación y cerró la puerta detrás de él. El juez sonrió con un poco de malicia al escuchar a la chica golpeando la puerta y maldiciendo en inglés en voz alta. Antes de irse, llamó a Queen.

-Vigílala- dijo Radamanthys- no dejes que escape. No le digas a nadie que ella está aquí. Y Queen…- añadió- no la lastimes-

Queen asintió y se inclinó. El juez de Wyvern sonrió levemente y se apresuró hacia Giudecca, para hablar con Hades, Hypnos y Thanatos de lo que acababa de suceder. Dash ladró un par de veces, y siguió rápidamente a Radamanthys. Bueno, tan rápido como sus patas cortas le permitían.

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Antenora, Inframundo

Aiacos suspiró ante la mirada retadora de Manika. La chica no podía creer lo que el juez de Garuda le había dicho. Cuando llegó, ella había creído que se había salvado de su juicio al encontrarse a su antiguo amigo.

-¿Cómo puedes hacerme esto?- le preguntó Manika, molesta- ¡yo soy tu amiga!-

-Lo lamento, Manika- dijo Aiacos en voz baja, pero en un tono que no admitía réplica- te enviaré a un lugar donde estarás tranquila y feliz-

-Pero…- comenzó ella.

-¿Pero?- dijo el juez.

-¿No podría… quedarme aquí contigo?- dijo Manika, nuevamente con un gesto demasiado coqueto, que hizo que Aiacos se ruborizara levemente. Fue entonces cuando el juez vio todo su juego: se quería salvar del juicio. Suspiró.

-Lo…lo lamento, Manika- repitió Aiacos, nuevamente sin aceptar ninguna réplica de ella- no puedes quedarte aquí. En atención a que fuiste mi amiga, te enviaré a un sitio donde creo que la pasarás bien y serás feliz. Es lo mejor que puedo ofrecerte-

Manika lo miró con furia, pero asintió cabizbaja. No tenía nada mejor que decir.

-De acuerdo- dijo la chica.

-Prometo visitarte- dijo Aiacos, sintiéndose culpable.

-Te lo agradezco, Aiacos- dijo Manika, suavizando su mirada- sé que has hecho lo que has podido por mí-

Aiacos asintió, impaciente, y pidió a Tokusa que la acompañara a la segunda prisión. El juez de Garuda estaba tan ansioso porque quería llegar al calabozo de Giudecca y ver a Violate. Disculparse con ella lo más pronto posible. Tan pronto como Tokusa desapareció hacia la segunda prisión con Manika, el espectro de Garuda se apresuró hacia Giudecca.

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Sala de Estar, Giudecca, Inframundo

Minos había llegado muy temprano a Giudecca, y había pedido hablar con Hades y los dioses gemelos en privado, y de manera urgente. Les contó lo que había pasado, y lo que Violate le había confiado. Les dijo que él confiaba completamente en la espectro de Behemoth, y lo que Agatha le había dicho antes de desaparecer: que lo mejor era fingir que creían que Violate era culpable para engañar al enemigo.

Cuando Minos terminó de contarles eso, todos estuvieron de acuerdo con su plan.

-Yo iré al calabozo, a tomar la supuesta confesión de Violate- dijo Thanatos, cruzado de brazos- será una oportunidad de ver alrededor si hay algo o alguien sospechoso ahí abajo-

-Recuerda jugar bien tu papel, Thanatos- le dijo Hypnos. Sabía que su gemelo era ideal para hacerlo: su fama de impulsivo lo precedía, y aunque ya había aprendido su lección y se controlaba mejor, era lo que se esperaría del dios de la muerte después de la desaparición de Agatha.

-¿No les diremos a los demás?- preguntó Hades- Perséfone y Pandora pueden llegar a alterarse si Violate confiesa y no saben sobre nuestro arreglo-

-Podemos decirles a ellas- dijo Minos- pero insisto que nadie más debe saberlo. Ni siquiera Radamanthys o Aiacos. Es vital que nadie más lo sepa-

Los tres dioses se miraron entre sí, pero asintieron.

-De acuerdo, Minos- dijo Hypnos, cruzándose de brazos- debo admitir que tu estrategia es muy buena. Mientras ustedes hacen eso, yo buscaré de nuevo a Agatha en sitios que no hemos buscado, en el río helado de Cocytos y en la cascada de sangre. Quizá, con algo de suerte, los espías estarán entretenidos siguiendo a Thanatos y no me prestarán mucha atención-

Hades asintió, cruzado de brazos. Se levantó, con la idea de ir con su esposa y con Pandora para comunicarles los planes que tenían. Los dioses gemelos se pusieron manos a la obra, y Minos los siguió. Cuando estaban a punto de salir de Giudecca, se encontraron con Radamanthys.

-Señor Hypnos, señor Thanatos- dijo el espectro de Wyvern al verlos- les tengo graves noticias. Creo… creo que capturé a la estratega del enemigo-

Los dioses gemelos se miraron entre sí, y Minos alzó las cejas.

-Radamanthys, ¿estás seguro?- dijo Thanatos.

-Sí- dijo Radamanthys- la encontré en las ruinas donde sellaron al señor Thanatos. Tenía entre sus cosas un plan y algunos objetos sospechosos-

Los dioses gemelos se miraron entre sí, y Minos los miró con expectación.

-Seguiremos adelante con el plan- dijo Hypnos, tras deliberar un minuto sobre lo que había pasado- Thanatos, ve con Minos a la prisión. Yo iré con Radamanthys a averiguar lo que pueda de esa supuesta estratega-

Thanatos y Minos asintieron, y se apresuraron a bajar a los calabozos, mientras que Hypnos siguió a Radamanthys hacia Caína.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Esta actualización (muy) temprano fue por motivos de fuerza mayor. Crucen los dedos para que me vaya bien en mi trabajo hoy. Espero que les esté gustando hasta ahora. Muchas gracias a todos por seguir leyendo. Les mando un abrazo enorme. Nos leemos pronto.

Abby L.