Trató de hablar con el americano en los días siguientes pero la policía siempre la atrapaba tratando de cruzar la frontera por lo que decidió hablar con el ojiazul en la próxima reunión de países.
Se había despertado temprano el día de la junta que convenientemente se llevaría en casa de su vecino. Le habían dado una especie de identificación para que pudiera cruzar la frontera a caballo dirigiéndose rápidamente a California.
El sol brillaba en San Francisco. Su vecino había comenzado a implementar los primero autos de combustión interna, quizás ella debía hacer lo mismo. Llegó al edificio de reunión y entró caminando tranquilamente por los pasillos hacia la habitación principal cuando escuchó un par de voces dentro de una pequeña oficina.
-Sigo pensando que no está bien que salgamos-comentaba una voz con acento británico
-¿Por qué no? –Preguntó Alfred confundido- Nos hemos estado divirtiendo mucho and… I love you… You don't love me?
-Ahm… -se escuchó cómo se aclaraba la garganta- ehm… Yo creí que… bueno, estabas enamorado de México…
El corazón de la chica dio un brinco al escuchar eso y pegó más la oreja a la puerta tratando de escuchar mejor lo que comentaban. Se oyó que alguien arrastraba una silla y luego varios pasos
-No, I'm not in love with Mexico…-dijo el americano y el aliento escapó del pecho de la joven que se separó completamente atónita. Él ya no la quería. Había dejado ir su oportunidad por no haber podido ver antes lo que el norteamericano sentía por ella.
Sin embargo, María no iba a llorarle, claro que no, ella iba a demostrarle que era fuerte y que podía sobrevivir sin él, pero ¿para qué hacerlo sola si podía hacerlo con la ayuda de alguien más? La pregunta era ¿Quién?
Y, como un rayo de sol caído del cielo… o una tentación proveniente del infierno, escuchó un par de pasos que se acercaban y una voz alegre la saludó desde el otro lado del pasillo.
-Hola María-el español caminaba hacia ella mientras mordía un tomate- ¿Llego tarde a la junta?-preguntó con una amplia sonrisa
-Antonio…-murmuró ella corriendo hacia los brazos del castaño que le devolvió el abrazo- En realidad es todo lo contrario, es muy temprano, no ha llegado nadie…
-Oh ya veo, genial-dijo terminándose el tomate- Entonces vamos a la sala a ocupar nuestros lugares
-Claro-dijo la joven tomando la mano del mayor para caminar por el corredor con una sonrisa calculadora en los labios- Toño, ¿tú me quieres?
-Claro que si, princesa-dijo el ibérico abrazando a la morena con una amplia sonrisa-¿Por qué lo preguntas?
-Bueno, es que… uhm… -la joven puso su carita más tierna- yo tengo curiosidad por hacer un experimento… pero no sé si quieras ayudarme…
-¿Un experimento?-preguntó confundido- Claro que quiero ayudarte, nena… dime en que puedo ayudarte y con gusto lo haré…
Entonces la joven se acercó al mayor acorralándolo contra la pared más cercana. Un suave sonrojo tiñó las mejillas del europeo que comenzaba a sentirse nervioso y acalorado. Trataba de hablar pero tenía la garganta seca.
Una sonrisa más amplia apareció en la boca de la menor al ver el nerviosismo del ojiverde. Le acarició el cabello y se puso de puntitas para besar suavemente los labios ajenos
España se quedó estática. No respiraba, no pensaba, no sabía ni donde estaba, lo único que sentía eran los cálidos labios de la menor sobre los suyos moviéndose dulcemente buscando algún tipo de reacción. Lentamente ésta llegó. Antonio entendió lo que quería hacer y correspondió tímidamente.
México estaba eufórica, su plan había funcionado mejor de lo que había pensado mientras enredaba sus dedos en los cabellos castaños del ibérico. El beso se volvió más apasionado conforme el aturdimiento dejaba espacio al deseo dentro de la mente del mayor.
Esto iba a demostrarle a Estados Unidos que él no era la única opción para la mexicana.
Algo estaba mal, lo presentía. Dirigió su mirada azul por todos los presentes buscando lo que estuviera fuera de lugar. Mientras el francés daba su informe económico anual, Arthur apretaba suavemente su mano mientras le lanzaba miradas de odio al galo. Pero, aun teniendo la diestra del inglés sobre su mano, no se sentía a gusto y una rápida mirada al otro extremo de la mesa le demostró qué era.
La mexicana reía alegremente con el español pero eso no era lo raro, él conocía toda la historia que envolvía a ambos países y sabía la relación que tenían actualmente, pero al parecer, esa relación había cambiado de alguna manera.
Y lo que le mostró eso era un suave sonrojo en las mejillas de la chica y una seductora risa en la boca del ibérico. Eso era lo que estaba mal. No podía ser que ella prefiriera a una nación que había perdido la supremacía mundial hace mucho si lo tuvo a él desde que se volvió independiente.
-¿Alfred? ¿Qué ocurre?—preguntó el inglés en voz baja que había notado como el menor apretaba los puños tratando de contener su ira y sus ganas de lanzarse sobre el español para volverlo puré- ¿Estás bien?
-Yes, I'm ok…-respondió el ojiazul mirando a la nueva pareja al otro lado de la mesa.
De pronto las miradas de ambas naciones se encontraron. María sonreía suavemente mientras acariciaba el cabello del europeo cosa que hizo enojar al estadounidense. Él, por su parte, decidió no quedarse atrás por lo que rodeó la cintura del británico para atraerlo más hacía él.
-¡¿Qué haces, bloody hell?!-murmuró el ojiverde sonrojándose escandalosamente ante el sencillo movimiento de su novio- Te he dicho que nada propasarse en las juntas-lo regañó
Pero a Alfred eso no podía importarle menos cuando México se inclinó para besar la mejilla de Antonio antes de sonreírle con satisfacción. Ya para este punto, muchos de los presentes comenzaban a darse cuenta de lo que pasaba entre las dos jóvenes naciones.
Una oleada de celos atacó al estadounidense que tomó suavemente las mejillas sonrojadas de Arthur quien lo observaba completamente atónito y avergonzado. El ojiazul se inclinó y depositó un tierno beso en los labios del inglés provocando que su sonrojo se volviera aun más pronunciado.
-No… stop you idiot… -se quejaba el inglés tratando de apartar al americano- nos están viendo… Please… good god… -su sonrojo iba en aumento conforme el beso se volvía más apasionado
-Así que quieres guerra ¿no es así?-pensó María al ver a los dos angloparlantes besándose- Pues guerra es lo que tendrás…
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