SUFRIR O MORIR EN SOLEDAD
XII. SETH
Cocytos, Inframundo
Thanatos estaba más que furioso por lo que había pasado. Una parte de él estaba aliviado de que Agatha estuviera relativamente bien. La chica estaba apoyada en Minos, con la mirada baja, avergonzada de lo que había pasado. Thanatos adivinó muy bien lo que sucedió: le habían arrebatado la pulsera de estrellas negras, y la habían usado para revivir a algunos de los enemigos. El dios de la muerte la miró y, por un segundo, suavizó su mirada, para indicarle que todo estaba bien.
-Ahora lo entiendo- dijo Thanatos, mirando a los enemigos- necesitabas un objeto con mi cosmo para que sirviera de ancla y poder revertir la muerte. Y supongo que también debiste usar un cosmo muy poderoso para hacerlo-
-Ah, el dios de la muerte no es tan tonto como parece- dijo Didrika con una sonrisa llena de maldad- nos hiciste un favor haciendo ese regalo a la chica-
-¿Qué cosmo usaron?- dijo Thanatos, aún sin sonreír- porque tendría que ser uno muy poderoso, y casi consumir a su dueño. Se sintió como un santo de Athena-
-Un cosmo que robamos a un aprendiz del Santuario de Athena- dijo Didrika- ahora, basta de preguntas. Ahora que tenemos a ambos dioses gemelos, los dos podrían compartir un cofre-
Thanatos no respondió, y miró a su alrededor. Hypnos aún estaba de rodillas en el suelo, sintiendo que su cosmo estaba siendo inhibido por la trampa.
-Te agradecería que dejaras en paz también a mi gemelo- dijo Thanatos.
-Lo lamento, Thanatos- dijo Erebus- tenemos un trato-
-Y yo les propongo un nuevo trato- les dijo Thanatos- ríndanse de inmediato, y haré que su muerte y su castigo sea menos doloroso de lo que se merecen-
-Lo siento, no hay trato- dijo Erebus, encendiendo su cosmo y dirigiéndolo hacia ellos. Al sentir el cosmo del hombre, Agatha cayó al suelo por completo, y Minos no pudo evitar caer de rodillas, incapaz de usar su propio cosmo.
-¡Déjalos!- dijo Thanatos en un tono de advertencia.
-Oblígame- dijo Erebus.
Thanatos frunció el entrecejo, y estuvo a punto de dar un paso al frente, cuando un grito de Agatha se lo impidió.
-¡No lo hagas!- dijo la chica con dificultad- ¡no te acerques…!-
-Agatha tiene razón, señor Thanatos- dijo Minos, haciendo un gran esfuerzo por levantar la mirada- a unos pasos de donde está usted, es una trampa que debilita a los dioses… es lo que está manteniendo así al señor Hypnos-
Erebus hizo una mueca, decepcionado.
-Didrika- dijo Erebus, volviéndose a la chica alemana de una manera significativa- a nuestro aliado, llámalo para que abra un portal. Bellini y los demás tienen que irse, el señor Deimos los está esperando…-
La mujer alemana asintió. Un cosmo extraño, divino, se sintió a su alrededor, y un portal hacia el mundo humano apareció, distorsionando la realidad en el Inframundo. Los enemigos resucitados comenzaron a salir por él, empezando por Greta y seguida por los otros hombres, excepto Erebus, quien seguía sonriendo maléficamente y manteniendo su poder sobre el espectro de Grifo y la chica. Cuando solamente faltaban Didrika y Erebus para cruzar el portal, un fuerte golpe de cosmo cayó sobre éste, cerrándose y destruyéndose, sorprendiendo a todos, aliados y enemigos del Inframundo.
Todos los presentes se volvieron hacia el origen del cosmo que había hecho eso. Hypnos y Thanatos no pudieron evitar sonreír. Hades había llegado.
-Nadie más entrará o saldrá del Inframundo sin mi permiso a partir de ya- dijo el dios, encendiendo su cosmo con furia.
-¡No!- exclamó Didrika- ¿qué han hecho?¡Estamos atrapados aquí!-
Hades asintió gravemente, con una expresión que parecía que no perdonaría a ninguno de los enemigos. Al darse cuenta, Didrika salió huyendo de ahí, mientras que Erebus se preparó para pelear. Ante la sorpresa, Erebus dejó de usar su cosmo por un momento, por lo que la presión sobre Minos y Agatha desapareció, y por fin pudieron levantarse. No así Hypnos, que seguía de rodillas, intentando en vano ponerse en pie de nuevo. Agatha pasó sus ojos alrededor de Hypnos y vio tres piedras formadas en un triangulo en el suelo.
-Minos, las piedras- dijo Agatha- eso es lo que tiene así al señor Hypnos-
Minos observó las piedras, y asintió. Recordaba que un enviado de Poseidón les habían dicho algo parecido. El espectro de Grifo encendió su cosmo y, con su ataque COSMIC MARIONNETION, rodeó y deshizo las tres piedras que la chica le había señalado, liberando así al dios del Sueño, quien se sintió de inmediato aliviado. Thanatos se acercó y le ofreció la mano a su gemelo, quien la aceptó.
-Gracias, Thanatos- dijo Hypnos, respirando aliviado de sentirse libre y sonriendo levemente. Había sido como estar sellado en el cofre sagrado.
-No, yo soy quien tiene que agradecerte- dijo Thanatos sin sonreír. Realmente estaba furioso- gracias por llegar a tiempo por ella, y por…-
-Lo sé, hermano, no necesitas decir nada- dijo Hypnos, sonriendo.
Thanatos también sonrió, y se volvió furioso hacia los dos hombres.
-Creo que debo ser yo quien los destruya- dijo Thanatos, encendiendo su cosmo- sobre todo porque se atrevieron a volver a ponerle las manos encima a mi chica otra vez-
-Ya te sellé una vez, Thanatos, y la mujer tuvo que liberarte- dijo Erebus, recuperando la compostura y encendiendo su cosmo- te voy a herir de una manera que jamás podrás recuperarte-
Erebus atacó al mismo tiempo que Thanatos le lanzaba un ataque. El ataque del enemigo iba directamente hacia Agatha, pero ese mortal no eran rival para un dios. Rápidamente desapareció, y apareció delante de su chica, para detener el ataque con sus manos sin el mayor esfuerzo.
-Refúndete en lo más profundo del infierno, maldito- dijo Thanatos, encendiendo su cosmo y creando una esfera de cosmo para atacarlo con su TERRIBLE PROVIDENCE. El enemigo, siendo un simple mortal sin mayor poder, fue evaporado por completo por el ataque del dios de la muerte, y su alma regresó inmediatamente al Inframundo, de donde nunca debió haber salido.
Hades suspiró, aliviado.
-Solo nos falta una sola persona, esa mujer que se escapó- dijo Hades, cruzándose de brazos- y después, tendremos que avisar a Athena y a Poseidón lo que acaba de suceder. Minos- añadió el dios, volviéndose al juez- apresúrate a seguir a la mujer y detenla. No podemos dejar que siga causando daño al Inframundo-
Minos asintió y, tras dejar a Agatha seguramente junto a Thanatos, salió corriendo rápidamente a donde se encontraba.
-Deimos se pasó esta vez. El muy maldito me va a escuchar esta vez. Y también iré a hablar con Zeus: esto no puede seguir así- dijo Hades, con su cosmo encendido de furia, apretando los puños, pero suspiró aliviado- menos mal que ya terminó todo-
Los dioses gemelos asintieron gravemente, pues estaban muy preocupados. Thanatos pasó su brazo por la espalda de Agatha y la atrajo a sí mismo, aliviado de que estuviera sana y salva. Pero su alivio no duró por mucho tiempo.
-Lo lamento, dioses del Inframundo- dijo una voz masculina resonó donde estaban los tres dioses, haciéndolos dar un respingo de sorpresa- pero esto aún no se ha acabado-
Todos los presentes vieron la distorsión en el espacio, y sintieron un fuerte cosmo apareciendo en medio de ellos, a pesar de que Hades había usado su poder para evitar la entrada y salida de mortales del Inframundo. De la distorsión apareció un hombre emanando un gran y poderoso cosmo. Hades y los dos dioses dieron varios pasos atrás, Thanatos protegiendo a Agatha.
Era evidente para todos los presentes, que el recién llegado era un dios. Tenía la piel muy oscura, casi negra. Usaba una túnica blanca con dorado, y sandalias doradas. Llevaba puesto en su cabeza un tocado con líneas azules y doradas.
Era un dios egipcio. Los tres dioses lo supieron desde que lo vieron.
-¿Quién eres tú, extranjero?- dijo Hades, entrecerrando los ojos y encendiendo su cosmo de manera amenazadora- ¿qué haces en mi reino?
-Oh, que posesivo eres con el Inframundo, Hades- dijo el dios recién llegado, haciendo brillar algo en su mano. Una espada egipcia curva, con un mango de madera y una hoja de bronce- me llamo Seth, dios egipcio de las tinieblas, del terror y de todo lo que no es bueno. Ahora entienden porqué congenio tan bien con Deimos-
-¿Eres aliado de Deimos?- dijo Hades, haciendo aparecer su espada.
-Ambos tenemos un entendimiento- dijo Seth, sonriendo y encendiendo su cosmo. Con él, creó un campo de energía que los encerró a él y a Hades, dejando a los dioses gemelos fuera y sin posibilidades de ayudar. El rey del Inframundo frunció aún más el entrecejo, preparado a pelear.
-Ahora, Hades, no tengo mucho tiempo que perder aquí. Supe que tu linda reina está sola en Giudecca- dijo el dios con una sonrisa malvada que hizo que Hades palideciera de horror- te dejaré fuera de combate, junto a tus dioses sirvientes, e iré directamente por ella. ¡Cómo me voy a divertir!-
Hades inflamó su cosmo de furia, con lo que hizo aparecer su espada. La desenvainó, y lanzó una embestida con ella, que el dios egipcio evadió muy fácilmente. Por su parte, Seth arañó uno de los brazos del rey del Inframundo con la suya, sacando un poco de sangre. El dios egipcio se echó a reír.
-Dicen que tu reina es muy linda, de cabellos rojos y piel blanca como la nieve. Nada parecida a mi mujer- continuó Seth, mientras apuntaba su espada curva hacia Hades- particularmente me gusta su cabellera rojiza. Sería un buen trofeo cuando termine con ella-
El rey del Inframundo apretó los dientes. La idea de que ese infeliz estuviera tan cerca de su reina le provocó nauseas. Pero tenía que vencerlo.
-No te atrevas siquiera a pensar en ella, sucio infeliz- dijo Hades, encendiendo su cosmo con más fuerza y lanzando al enemigo hacia la el suelo. Cuando el rey del Inframundo lo iba a atravesar con su espada, Seth le dio otra estocada en el brazo con la suya, y ésta se manchó de sangre otra vez- arggg…-
-Dime algo, Hades, ¿qué tal es tu esposa en la cama?- dijo Seth, alzando las cejas y relamiéndose los labios, contribuyendo a la furia del dios- muero por probarla… no te importaría, ¿verdad?-
-¡No te atrevas a acercarte a ella!- dijo Hades, alzando la voz de nuevo- ¡ni siquiera la menciones, maldito pervertido!
Seth se echó a reír, lo cual no ayudaba al rey del Inframundo a concentrarse en la pelea. El dios egipcio lo sabía, y estaba decidido a enervar a Hades tanto como fuera posible, pues parecía saber que era la única manera en que iba a ganarle.
Pero Hades ya había tenido suficiente. Levantó su espada, dando un grito furioso, y la clavó en el costado del dios, quien desapareció dando un alarido. El campo de fuerza desapareció, e Hypnos se acercó a él, preocupado.
-¿Está bien, señor Hades?- preguntó el dios del Sueño.
-Estoy bien, son solo unos rasguños- dijo el rey del Inframundo, mirando los cortes que tenía- pero quisiera ir a Giudecca a asegurarme de que Perséfone está bien-
-Lo está- dijo Hypnos- siento su cosmo, y el de Seth desapareció por completo del Inframundo-
Hades asintió. No le hacía ninguna gracia que otro dios haya entrado al Inframundo sin autorización y con tan viles intenciones, aún más porque Deimos tenía un poderoso aliado. Tras asegurarse de que Perséfone estuviera a salvo, se apresuraría a avisar a Athena y Poseidón lo sucedido.
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Camino hacia la Séptima Prisión, Inframundo
Didrika había logrado escapar, y se dirigía a toda prisa a la salida del Inframundo. Si bien Hades había sellado todas las salidas en sus dominios, las salidas más allá del Aqueronte no se verían afectadas, y podría usar una.
La mujer sintió el cosmo de Erebus desaparecer. Que chasco que, después de todo su trabajo, uno de los seis que había logrado traer de regreso se habían perdido. Igual que Byaku, se había dado cuenta de que perdió su pelea contra Radamanthys y no logró silenciar a Victoria.
Un grupo de cosmos hizo que se detuviera de golpe. La mujer sonrió ampliamente.
-Oh, pero si es Violate- dijo la mujer en un tono sarcástico- que extraño que te hayan dejado salir. Se tardaron bastante en entender que no eras tú el problema- se echó a reír- los pobres espectros no podían ver lo que estaba frente a sus propias narices: que tú no eras capaz de ser el espía. Una espectro como tú no tiene la suficiente inteligencia ni ambición para serlo-
-Calla, mujer, estás en serios problemas- dijo Aiacos, visiblemente enojado por la manera en la que le hablaba a Violate, encendiendo su cosmo de manera agresiva, como si estuviera dispuesto a desmembrar al enemigo sin tentarse el corazón- vas a pagar por todo el daño que has hecho-
La mujer se echó a reír.
-Al parecer seré detenida por ustedes y no podré salir del Inframundo- dijo Didrika, cruzándose de brazos despreocupadamente, como si no le importara- bien, pero primero, haré todo el daño que pueda-
-No puedes dañarnos, mujer- dijo Radamanthys orgullosamente, con su cosmo encendido furiosamente- somos jueces del Inframundo-
-Quizá no, quizá sí- dijo Didrika con algo de malicia, encendiendo su cosmo también- no deberían subestimarme. Puedo ser una mujer, pero soy más poderosa que los otros como yo que han enfrentado-
Antes de que se lo esperaran, Didrika apuntó con su mano hacia Radamanthys. Varios aros de descargas eléctricas rodearon al juez de Wyvern, quien cayó al suelo, gritando de dolor, sin poder librarse de ellas. Los músculos de su abdomen se contrajeron dolorosamente, y herido como estaba, sintió la sangre volver a fluir de su herida en el costado.
-¡Radamanthys!- gritaron Aiacos y Violate al mismo tiempo, preocupados por su compañero.
La mujer alemana se echó a reír, encendiendo su cosmo de nuevo y mostrándoles una esfera de energía en sus manos-
-No se esperaban eso, ¿verdad?- dijo la mujer entre risas malvadas- ¿saben como lo hice? Tomé un poco del cosmo robado de un aprendiz de santo de Athena para volverme más fuerte. ¿Quien sigue? Ah, sí, mi estimada Violetita-
Violate frunció el entrecejo y se puso en guardia.
-Eres una mujer, y aún así sirves a Hades como si fueras un hombre- dijo Didrika con desprecio, haciendo que Aiacos apretara los puños lleno de furia- eres una aberración, y por ello te aborrezco, Violate-
-Haz lo peor que tengas, mujer- le dijo Violate con la sonrisa traviesa que mostraba cada vez que peleaba- a ver si esta aberración pelea mejor que tú-
La mujer asintió y golpeó el suelo con su puño, abriendo una grieta en la tierra y separando a Aiacos de Violate por un amplio abismo. Ambos se miraron fugazmente por un minuto, pero Violate borró su sonrisa cuando sus ojos se cruzaron con los del espectro de Garuda. La chica suspiró y se volvió a su oponente.
-¿Esto es lo peor que tienes?- dijo Violate, de nuevo regresando a su sonrisa socarrona, tomando uno de sus largos mechones de cabello y quitándolo de su camino, pasándoselo hacia la espalda, y cerrando sus puños.
-Que bueno que preguntas, querida- dijo ella, encendiendo su cosmo otra vez.
La mujer cerró su mano, y Radamanthys dejó escapar otro grito de dolor. Violate desvió sus ojos hacia ella, preocupada por el juez, pero esa era la distracción que Didrika quería. Y, de nuevo, tras apuntar con su mano, le disparó otro grupo de aros de electricidad. Violate, tomada por sorpresa por este ataque, no se movió: ¡no podía hacer nada para evitarlo! De pronto, la chica sintió un empujón a su lado, que la tumbó al suelo, quitándola del camino del ataque de Didrika, para después escuchar un grito de dolor de Aiacos.
La espectro de Behemoth levantó la vista.
Aiacos había cruzado el abismo creado entre ambos, la había empujado, quitándola del camino del ataque y, en consecuencia, lo había recibido todo él, de lleno. Aiacos cayó al suelo tan pronto como fue golpeado, al igual que Radamanthys, pálido y apretando los dientes, y se notaba que estaba sufriendo mucho.
Violate corrió al lado del espectro de Garuda y se arrodilló junto a él. Intentó tocarlo, aliviar su dolor de alguna manera. No pudo. Los aros de energía lo rodeaban y no dejaban siquiera que lo ayudara de alguna manera, o que lo tocara.
-Aiacos…- dijo Violate en voz baja, mirándolo con desesperación.
-No… no te preocupes por mí, Vi…- dijo Aiacos entre dientes, sin siquiera poder abrir los ojos: los estaba apretando involuntariamente por el dolor- tienes… tienes que vencerla tú… tú puedes-
-¡Detente!- gritó Violate, volviéndose a Didrika, teniendo una horrible sensación de dolor en su corazón al ver al juez de Garuda de esa manera- ¡detén este ataque! Por favor. Aiacos… está sufriendo-
La mujer se echó a reír de nuevo, burlándose de ella.
-Esa es la idea, querida- dijo Didrika, cruzándose de brazos con una expresión burlan en dirección a ella- ese hombre sí que te ama, para recibir ese ataque para morir por ti. Lástima que no le servirá de nada ni cambiará nada. Tú también sufrirás el mismo destino-
Violate encendió su cosmo, furiosa, y se volvió a Didrika.
-Realmente… vas a pagar por esto…- dijo la espectro, apretando los puños llena de furia. Sí, era cierto que estaba furiosa con Aiacos por sus metidas de mata, peor estaba consciente que no habían sido con malicia y, hubiera hecho lo que hubiera hecho, el juez no se merecía lo que estaba sucediendo. ¡Era una terrible tortura! Radamanthys no estaba mucho mejor tampoco, sus gritos se volvían cada vez más débiles. ¡Tenía que vencer a Didrika para poder liberarlos a ambos!
-¡Hagámoslo!- dijo Didrika.
Ambas encendieron sus cosmos. Didrika volvió a disparar contra ella, pero Violate evadió el ataque de un salto. Ya que lo había visto, le era mucho más sencillo, sobre todo porque su oponente tenía que hacer un gesto antes de disparar. Mientras saltaba, Violate vio el suelo y sonrió ampliamente. Estaban en la séptima prisión: era su oportunidad. Ahí podía pelear con todos sus poderes. Encendió su cosmo.
-SUTURA DE SOMBRAS-
La silueta de la bestia Behemoth apareció en el suelo, y los muertos emergieron de la sombra, atrapando a la mujer por las piernas, la cintura y los brazos.
-¡Aaarggg! ¿qué es esto?- gritó la mujer, horrorizada por lo que estaba sucediendo. Había un grupo de muertos tomándola de las piernas y de la cintura, y le impedían volver a atacar a Violate- ¡suéltame!-
-No- dijo Violate con firmeza, frunciendo el entrecejo con desprecio y cruzándose de brazos- hasta que me digas como liberar a Aiacos y a Radamanthys-
La mujer se echó a reír a pesar de su precaria situación.
-Los dos van a morir- dijo la mujer, con una sonrisa maligna- los rayos de energía solo se detienen hasta que sus víctimas mueren-
-No es verdad- dijo Violate, frunciendo el entrecejo.
La mujer frunció el entrecejo también y, sin previo aviso, encendió su cosmo para liberarse de las almas de los muertos y golpeó a Violate en la frente. Esa parte de su sapuri se quebró y cayó al suelo en pedazos, y la chica retrocedió, llevándose la mano al área golpeada, de la cual fluía un poco de sangre, pero no habías ido herida de gravedad.
-Tu amante y el otro juez morirán- dijo Didrika, sonriendo y encendiendo su cosmo otra vez, formando una esfera de energía en su mano- y tú los acompañarás, ¡así que prepárate!-
La espectro miró fijamente a su enemiga, y pronto lo comprendió. Si ella moría, el ataque se detendría. Violate dio unos pasos atrás, y encendió su cosmo con fuerza y agresividad. Apuntó hacia Didrika y, sin pensarlo dos veces la atacó, antes de que ésta terminara de formar su ataque.
-BRUTAL REAL-
El ataque completo golpeó a la mujer, y ésta desapareció dando un alarido, completamente vencida por el ataque de la espectro de Behemoth. Una vez que la hubo vencido, Violate se apresuró al lado de Aiacos, para asegurarse de que estuviera bien. La chica vio, para su alivio, que los aros de energía desaparecieron, y que tanto Radamanthys como Aiacos, si bien estaban heridos, aún estaban con vida.
Casi al mismo tiempo, Minos regresó de Cocytos, con la intención de ayudar a sus compañeros a pelear. Miró sorprendido la escena y, sonriendo disimuladamente, se acercó a ayudar a Radamanthys, haciendo que Violate no tuviera más opción que asistir a Aiacos.
-Vamos, Rada, volvamos a Caína- dijo Minos, ayudándolo a levantarse- me contó un pajarito que alguien está muy preocupada por ti-
Radamanthys frunció el entrecejo, mientras que Aiacos y Violate se volvieron hacia él. Si estaba rojo de vergüenza o de furia no se podía diferenciar.
-Cuidado con lo que dices, Minos, o alguien te va a desplumar si no cuidas tu lengua- le dijo Radamanthys. Minos, por su parte se echó a reír y ayudó a su compañero a levantare y lo acompañó a Caína. Antes de hacerlo, se volvió discretamente a mirar a Aiacos y a Violate, y suspiró, deseando de todo corazón que esos dos arreglaran sus diferencias. Violeta podría perdolarlo, pero después de tumbarle los dientes de un golpe por haber dudado de ella, claro.
-Aiacos, ¿estás bien?- dijo Violate en voz baja, ignorando a Minos y Radamanthys, quienes ya se encontraban lejos, en el camino hacia las esferas del Inframundo. El juez de Garuda no se veía nada bien.
-Lo estaré- dijo el espectro de Garuda, intentando en vano disimular una mueca de dolor- muchas gracias, Vi-
-Era mi deber vencerlo, como espectro de Hades- dijo Violate en un tono serio- pero debo agradecer el hecho de que me salvaste-
Aiacos acentuó su sonrisa.
-Te lo debía, Violate- dijo Aiacos en un susurro. Tragó saliva, y reprimió otra mueca de dolor. Vaya, hasta eso le dolía- además, creo que tú eras quien merecía vencer a esa horrenda mujer, sobre todo por todo lo que te hizo sufrir y preocuparte-
Violate sonrió y, aunque su sonrisa no llegó a sus ojos, le ofreció su mano para ayudarlo a levantarse. Aiacos aceptó, sonriendo. Ambos pudieron ver que Minos llevaba a Radamanthys de regreso a Caína, y que ya se habían adelantado bastante. Cuando Aiacos se levantó, Violate le permitió al juez apoyarse en ella.
-Vamos, señor Aiacos- dijo Violate, ayudando al juez a ponerse en pie, y regresando de pronto a su formalidad- en Antenora veré que alguien atienda sus heridas.
Aiacos asintió, un poco triste por que la chica había regresado a llamarlo "señor", pero el espectro supuso que se lo merecía. Bajó la mirada y se mordió la lengua para no decir nada que molestara a su ala derecha. Ambos comenzaron a caminar hacia las esferas del Inframundo.
-Gracias por salvarnos, Vi, además de vencer a esa horrenda mujer- dijo Aiacos de pronto, mientras caminaban de regreso a Antenora, el juez apoyado en ella- no debió decir lo que dijo, en todo caso-
-No iba a dejarlos morir- dijo Violate, restándole importancia.
-Creo que estuviste estupenda- dijo el chico, sonriendo de nuevo. Ella se sonrojó levemente- estuviste estupenda, en serio. -
-Exagera, señor Aiacos- dijo Violate. La sonrisa de Aiacos se borró inmediatamente. Ya iban varias veces que la chica lo llamaba así. Al parecer, a pesar de lo que pasó, Violate no pensaba perdonarlo.
-¿Señor Aiacos?- dijo el juez de Garuda, cabizbajo.
Violate no respondió, y ambos regresaron en silencio a Antenora. La espectro acompañó al joven juez a su habitación. Al pobre Aiacos le dolía todo su cuerpo, e incluso el roce de las sábanas le molestaba. Violate llamó a Tokusa, para que lo ayudara a desvestirse y tumbarse en la cama, e hizo lo posible para evitarle dolor.
-Violate, tengo una misión muy importante para ti… si crees estar a la altura- dijo Aiacos con seriedad. La espectro asintió- ve a Giudecca, y reporta lo sucedido al señor Hades y a los señores Hypnos y Thanatos lo que sucedió en la Séptima Prisión, y lo que fue de esa mujer, Didrika. Deben estar preocupados por ello-
-De acuerdo, señor Aiacos, iré enseguida- dijo Violate.
Ambos se miraron antes de que la chica saliera corriendo hacia Giudecca. Aiacos casi esperaba que la chica se inclinara a él y lo besara antes de irse, pero cuando la espectro salió de la habitación y dejó solo, el pobre se decepcionó. Suspiró y cerró los ojos. Se lo tenía bien merecido por haber dudado de ella. Con dificultad, Aiacos tiró de las sábanas y se cubrió con ellas.
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Caína, Inframundo
De igual manera, Minos llevó a Radamanthys a su habitación. Cuando Victoria supo que Radamanthys había regresado herido de un combate, se dirigió rápidamente a donde estaba él, seguida de Dash, quien corrió entre sus piernas y casi la hizo caer. El perro se lanzó sobre Radamanthys y se puso a lamerle la cara.
-Ya basta, peludo, estoy bien- dijo el juez de Wyvern.
Victoria llegó justo después de Dash, y miró con un gesto reprobatorio las heridas del juez. Suspiró, y volvió a darse a la tarea de limpiar y curar sus heridas.
-Ay, Rada, esto se ve muy feo- dijo Victoria tristemente, mientras vendaba una de las manos del juez, una vez que Minos le había ayudado a quitarse el sapuri.
-¿Y tú eres…?- comenzó a preguntar Minos lo más disimuladamente que pudo.
-Victoria- dijo ella.
-Ajá… Victoria- dijo Minos, sonriendo tanto que enseñaba los colmillos.
-Ella fue quien nos ayudó a encontrar a la señorita Agatha- le dijo Radamanthys en un tono seco- si no tienes nada mejor que hacer, Minos, será mejor que te vayas a…-
-Iré a Giudecca a reportar lo que sucedió, Rada- dijo Minos en un tono burlón, que hizo que el juez de Wyvern se pusiera rojo de furia.
-Cuidado con lo que dices, pedazo de…- comenzó Radamanthys.
-Hasta pronto- dijo Minos se despidió, guiñándole el ojo a su amigo y alegando de nuevo que iría a Giudecca a reportar lo ocurrido. Valentine y Gordon se retiraron también, y finalmente Victoria se quedó sola con el juez de Wyvern.
-Veo que ustedes, los espectros, tienen un talento natural para resultar heridos en batalla- observó Victoria al verlo, mientras ponía un nuevo parche en la herida en el costado de Radamanthys.
-Solos soldados, Victoria- dijo Radamanthys con un gruñido- es lo normal que pasa cuando peleas…-
Victoria sonrió levemente, y continuó curando las heridas del juez.
-No sabía que ustedes eran personas tan buenas- continuó la chica, tras un rato de estar en silencio- no puedo creer el daño que les causé…-
-No tenías opción, esos malnacidos te amenazaron, y a tu familia también- dijo Radamanthys- ojalá pudiera darles su merecido también a los que están en el mundo humano-
-Pero muchos de ustedes estuvieron a punto de perder cosas muy importantes, y todo por mi culpa- insistió ella, cabizbaja. Al ver esto, Radamanthys le puso una mano sobre la muñeca, en un gesto un poco brusco, que hizo que la chica diera un respingo de sorpresa.
-Tranquila- dijo el espectro, suavizando su mirada, cosa que Victoria no había visto antes- nadie te culpa. Y quien se atreva, tendrá que responder ante mí- añadió, frunciendo el entrecejo.
-Gracias, Rada- dijo la chica en voz baja.
Victoria sonrió y se inclinó para darle un beso en la mejilla. Al mismo tiempo, Radamanthys había querido hacer los mismo. Como resultado, y completamente por accidente, los labios de ambos se tocaron por unos segundos. Ambos se sonrojaron y se separaron.
-Lo lamento- dijo Victoria, bajando la mirada para ocultar su rostro enrojecido- lo lamento mucho, Radamanthys, fue un accidente-
-No… no hay problema- dijo Radamanthys, intentando mirar a otro lado para disimular su propio sonrojo- no pasa nada…-
Mientras tanto, en la puerta, fuera de la habitación estaban Queen, Gordon y Valentine, con las orejas bien pegadas a la puerta.
-Se los dije- dijo Queen, sonriendo en una expresión triunfal- ¡paguen!-
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CONTINUARÁ…
