NO SOY DUEÑO DE INUYASHA

GRACIAS A TODOS. AQUÍ LES MANDO MI AGRADECIMIENTO POR LA PACIENCIA Y LOS COMENTARIOS… ABRAZO!

CAPITULO 32

-"Miroku?"

Inuyasha no podía creer que el monje estuviera aquí, Kikyo lo observaba con rabia y curiosidad, los habían dejado por ir detrás de Sesshomaru?

"Qué traidores, y dónde estaba Sango?"

Sango estaba frente a ellos del otro lado del altar junto a Kouga y Shippo, se veía tan bella, parecía una hime de la más alta clase, no la habían reconocido…

-"Inuyasha ¿Qué es esto? ¿Qué está sucediendo aquí?"

-"No lo sé, no puedo imaginarlo…"

Sesshomaru no le respondería, Kouga tampoco, tal vez Rin…

-"Rin…"

-"No puedo decirte nada tío Inuyasha, pero es algo bueno, espera, ya lo verás"

El anciano mayor tomó su lugar en frente al altar ceremonial, y levantó los brazos, los youkai frenéticos, Miroku a la vista y subiendo las escaleras la mujer más hermosa que pudo haber visto jamás, a Sesshomaru le dio un vuelco el corazón cuando la vio llegar y tomar su lugar frente a él, jamás se imaginó que se sentiría tan feliz, su cara no decía nada pero sus ojos brillantes, dos brasas ardientes por la onna que estaba mirándolo, Miroku retrocedió, y se posicionó al lado de Sango, Kouga y Shippo pasaron al otro lado parándose junto a Rin, quedaron lado a lado con Inuyasha, que no podía articular palabra.

Era Kagome, era la mujer más perfecta que había visto, su belleza era increíble, no podía creer que ella se emparejara con su medio-hermano! No lo soportaría, no lo haría, la ira, los celos y la rabia descontrolada hacían sangrar sus ojos, fue a saltarles encima, Shippo gruñó y le saltó a Inuyasha, inmediatamente Danaka le colocó una daga en el costado, discretamente la clavó un poco para impedir que el Lord secundario de Occidente se moviera, Kouga hizo lo propio en el otro costado, inmovilizándolo

-"Mi Lord, quieto, no se mueva, sólo serán unos instantes"

-"Ahora serás un buen cachorro y no te moverás de tu lugar, aliento de perro… o sino…te mataré como la lacra que eres"

El ookami le susurraba al oído, Inuyasha rechinaba los dientes y se clavaba las garras en sus manos, sangraba a más no poder, Kagome, su Kagome, se entregaba a Sesshomaru, su peor enemigo…

D e pronto las imágenes de los golpes, patadas, insultos y malos tratos pasaron por su cabeza, el corazón se estrujaba en el pecho.

Él había causado esto, nadie más, era culpable sólo él.

Kikyo estaba pasmada, cómo podía ser que Sesshomaru, se fijara en Kagome?

Habiendo tantas hembras youkai y todas eran hermosas, se fijó en Kagome?

Tan desabrida y sencilla, una roca en bruto, torpe, y una Miko, unirse a un youkai?

No a un youkai ordinario, al Señor del Oeste, Sesshomaru Sama, el asesino perfecto, acaso no había intentado matarla? ¡ Y cuántas veces? ¿Tres, diez, veinte? Si tal vez unas veinte veces… El Señor de Occidente se veía como un dios, blanco brillante, su armadura de oro lo iluminaba, y ella, Kagome, tan desabrida, con su atuendo rojo y dorado y sus joyas… el oro y las piedras… Se veía hermosa, más que ella, muchísimo más que ella, no es justo, no era justo, desde que se fue, Kikyo había tenido que lavar, cocinar, coser, preparar los refugios, juntar leña, malnacida y se las da de Señora de occidente no lo permitirá no lo hará, ni muerta que estuviera…pero lo está, y mirando hacia el altar y luego a Inuyasha, vio que él tenía los ojos vidriosos, sangraban sus manos, aún deseaba a su reencarnación.

Idiota. Lo estaban sujetando para que no se mueva. Tendría que hacer algo

Ella lo liberaría, ésta ceremonia no tenía sentido, necesitaba de sus serpientes cazadoras, Inuyasha y ella deberían irse pronto, reunió reiki en sus manos y se dispuso a purificar a Danaka, pero el frio de un filo la detuvo en el momento,

-"Vas a alguna parte Kikyo?"

La voz de Sango entre dientes, le advertía de desistir con las agresiones

-"Te recomiendo tranquilidad, esto es una boda y le debes respeto a la casa de occidente, no te conviene hacerte odiar recién llegada"

Mientras se controlaban los problemas el anciano pronunciaba unas palabras, a los presentes declarando la unión de los humanos sagrados con los youkai, como una alianza poderosa y necesaria para fortalecer los vínculos entre las especies y eso propiciaría la protección y unificación de las casas en la empresa común de derrotar a Náraku, alzando los brazos invitó a los contrayentes a pararse frente a frente

-"¿Qué tipo de ceremonia eliges Sesshomaru Sama para unirte a esta Miko ningen?"

-"Éste Sesshomaru tomará la ceremonia de la sangre"

-"Y tu Kagome Sama estás de acuerdo con ello?"

-"Sí, lo estoy"

-"Bien, que así sea"

El anciano presentó la daga ceremonial, y la colocó en el altar, junto a la copa y a la botella de sake, pronunció unas palabras en un lenguaje youkai muy antiguo, sirvió sake en la copa y procedió a entregarle la daga al Daiyoukai del Oeste, Sesshomaru se paró frente a Kagome y le extendió la mano pidiendo la de ella

-"No temas Miko"

-"No temo Mi Lord"

Kagome le entregó la mano derecha con la palma hacia arriba, Sesshomaru deslizó el filo de la daga en la mano de la Joven que enseguida la ubicó sobre la copa permitiendo que su abundante sangre se mezclara con el sake dentro de la copa.

-"No, Kagome!"

Sesshomaru le entregó la daga a ella y le ofreció la mano derecha, ella lo miró por unos momentos, él le sonrió y La Miko deslizó la daga por la palma blanca del Señor del Oeste que sangraba profusamente dejando a su sangre caer dentro de la copa, el anciano tomó la copa la mezcló con la daga y se la ofreció a Sesshomaru, él bebió un gran sorbo y se la devolvió al anciano, que ahora se la entregó a Kagome, ella observó la copa, Inuyasha soportaba la daga clavada en su carne, pero no le importaba, tenía que detenerla…

-"NO! No bebas, detente Kagome, no bebas su sangre! Eres mía y solamente mia!"

Ella no hacía caso de los gritos del mestizo enloquecido de rabia y dolor, que se sacudía en los brazos del general, Kagome se dio vuelta hacia Inuyasha un instante, se quedó observándolo, le dio mucha tristeza verlo así,

-"No bebas... eres mía…"

Sesshomaru estaba tieso en su lugar, la mirada clavada en su Miko, ella estaba mirando a su hermano y olía a tristeza, no bebía… Kagome no bebía… Los youkai hicieron silencio, no se escuchaba nada más que las antorchas crepitando en la noche.

Lentamente Kagome regresó la mirada a Sesshomaru, sostenía la copa con ambas manos y con lágrimas en los ojos, llevó la copa a su boca y bebió, bebió con desesperación todo lo que había en ella.

La sangre mezclada con el licor, le corría por la comisura de la boca, ella bebía con avidez, como le había dicho el Risu youkai, cuando no quedó ni una gota le entregó la copa al anciano, este la depositó en el altar.

Luego procedió a unir las manos de ambos entrelazándoles los dedos y levantándolas para que se viera desde todos los puntos del palacio que La Miko y el Youkai ya eran una pareja, la aclamación de los presentes estalló, haciendo imposible escuchar nada más que gritos y elogios a la pareja de occidente, Inuyasha se dejó caer de rodillas con las manos al suelo ya estaba hecho, no había vuelta atrás.

Kikyo sentía que el mundo giraba a su alrededor, las serpientes cazadoras de almas no se acercaban a ella debido al tumulto, el youki la aplastaba, le flaqueaban las fuerzas, se le doblaban las piernas, caía irremediablemente…

-"Kikyo Sama, Kikyo Sama!"

Danaka ordenó a unos guardias que la llevaran a palacio, pero Sango y Miroku le explicaron que debían dejar la ventana abierta para que las serpientes le depositaran almas para su recuperación, no era que a ellos les afectara lo que a Kikyo le sucediera pero no tenían intención de cargar con su desaparición en sus hombros

-"Hagan lo que la tajiya les dijo, y quédense vigilando la habitación, que Kikyo Sama no salga, debe descansar"

-"Sí mi general"

Kouga levantó a Inuyasha del piso y lo instó a tomar su lugar al lado de su hermano frente al altar, debía rendirle respeto a la nueva Dama de Occidente.

-"Compórtate como un macho digno de tu sangre, debes rendirle tus respetos a la pareja de Sesshomaru Sama"

Sesshomaru recibía los elogios de todos de pie en su sitio, aún sostenía la mano de la Miko unida a la de él, no podía creer que ya estaba hecho, juntos para siempre… Su cara, no expresaba nada, pero su corazón estaba extasiado, siempre estaría con ella.

Kagome por su parte sonreía tímidamente, pero tampoco demostraba alegría, eso causó que lo Lores y los ancianos se regocijaran, habían anulado a los dos seres más poderosos que existían, ahora sería cuestión de convencer al hanyou rebelde a unirse a ellos, cuando Sesshomaru caiga y asuma Inuyasha, ellos pondrían las garras en Occidente, todo salió redondo, o eso pensaron.

Inuyasha visiblemente afectado se presentó ante Sesshomaru y Kagome, se inclinó ante la Miko y levantó la mirada hacia ella, sus ojos dorados estaban ahogándose en sangre y lágrimas

-"Mis respetos Mi Lady"

-"Gracias, Lord Inuyasha"

-"Hn."

Danaka se acercó a Sesshomaru y le susurró en el oído

Inuyasha se quedó mirando a la joven fijamente a los ojos, la había perdido…Pero estaba Kikyo, debía estar con Kikyo… no deseaba estar con Kikyo. Nunca había sido Kikyo.

Error, un error que pagaría toda su vida, no podía tocarla, a su Kagome ya no podría tocarla nunca más.

Se inclinó y se apartó quedándose de pie en su lugar frente a los youkai que celebraban el emparejamiento a su manera, a la manera youkai, de a poco comenzaba de nuevo la música, los bailes, las danzas, las hembras youkai, bailaban frente al segundo del Oeste, reconociéndolo, agasajándolo, por primera vez era tratado como un youkai pura sangre, pero eso ya no le importaba, estaba quebrado, y todo era su culpa.

Un centenar de sirviente aparecieron por las puertas de palacio con bandejas llenas de comida, carne tibia sangrante, recién faenada, fresca lo mejor de lo mejor.

Los Señores de occidente ahora permanecían sentados, junto a ellos, los miembros de la manada, saludaban y felicitaban a ambos, ellos reconocían los saludos, luego se acercaban los Lores y los ancianos, tomaron asiento cerca de la pareja, observaban los espectáculos muy interesados, ahora las danzas estaban destinadas a los dos contrayentes, se transformaban en danzas artísticas dejando de lado un poco, la parte erótica.

Los sirvientes alcanzaban comida a la manada de Sesshomaru, todo era delicioso, a partir de ahora, en el palacio de Occidente se servirían alimentos crudos preparados y cocidos para los humanos habitantes en el.

Pasada la medianoche, minutos antes del plenilunio, Sesshomaru se puso de pie, ofreciéndole la mano a Kagome, ésta respondió sonriendo levemente y apoyando la mano sobre la de él, pero manteniendo la seriedad en su rostro.

Realmente daba la impresión de que no se toleraban demasiado.

-"Te retiras tan pronto Sesshomaru Sama?"

-"Apurado tal vez?"

Lord Shintaro se burlaba del Daiyoukai del Oeste, los ancianos se reían

Kouga debía ser neutral, pero a la vez quería evitarle a la pareja, sobre todo a Kagome, el tener que soportar más situaciones inquietantes, ya había tenido demasiado con Inuyasha y sus gritos, el veneno de Kikyo, él sabía que su emparejamiento era real, y deseaba para ella lo mejor.

-" Señores, la mayoría de nosotros hemos pasado por esas urgencias, pero en este caso, la unión fue meramente política, no importunar a la Señora de la casa del Oeste sería una buena manera de mostrar respeto, ella desconoce las tradiciones youkai, hay demasiado que explicarle y lo mejor es dejar que Lord Sesshomaru se haga cargo de la situación no creen?"

Todos reían y asentían.

-"Daré por clausurada la reunión cardinal en el salón"

Imaginaban el martirio de ambos tratando de marcarse, ellos descartaban un apareamiento, pero la marca debía llevarse a cabo, de a uno le presentaron sus respetos a la Señora del Oeste y a Sesshomaru, les desearon buenaventura, la pareja comenzó a retirarse y los demás siguieron los festejos.

Sesshomaru tenía razón aún estaba la clausura de la reunión cardinal, todo esto se había presentado a causa de ella, según la costumbre, luego de la gran reunión, se ofrecía un enorme banquete en el salón principal, de los anfitriones, los leales a esa casa irían entrando y se ubicarían en un puesto de la mesa a continuar la celebración pero con moderación.

En este caso se pasaría por alto ya que los eventos afuera eran demasiado tentadores para que algunos youkai decidieran abandonar la diversión por una cena formal en el interior del castillo.

Los que huían del descontrol, eran los que se acercaban a cenar con la pareja y la manada. Inuyasha permanecía afuera.

Sesshomaru gruñía por lo bajo ante el conocimiento de que los ancianos y lores intentarían conspirar con el hanyou inexperto en contra de su casa y sus tierras.

Mantendría diez ojos en este asunto a futuro.

Todos se relajaban, mientras cenaban contaban anécdotas de sus aventuras, se reían de sí mismos, disfrutaban de estos momentos de paz y felicidad, algunos youkai iban entrando y tomando sus lugares, y comenzando a cenar prestaban atención a los relatos de los miembros humanos de la manada del Señor del Oeste, y tímidamente comenzaron a participar ellos también contando anécdotas, de batallas y enfrentamientos con Náraku y sus vasallos, entre risas y relatos cuando quisieron acordar, el salón estaba lleno, afuera no quedaba casi nadie, la lealtad a la casa de Occidente era absoluta, Inuyasha se levantó de su asiento, estaba cansado de oír a los ancianos hablar estupideces y criticar a los señores feudales, intentaban socavar desde abajo los cimientos de la casa del Oeste, pero el mestizo era bastante más cerrado de lo esperado, se parecía más a Sesshomaru de lo que jamás hubieran imaginado.

Con su paso lento y cansino, hizo su aparición en el salón.

Se hizo un momento de silencio y enseguida siguieron las charlas y las carcajadas el lugar destinado a él y a Kikyo estaban reservados y vacíos.

Se debatía entre sentarse y demostrarse leal, o buscar a Kikyo y desaparecer para siempre. Pero estaba cansado, ya estaba harto de tanta lucha y tanta barbarie causada por Náraku, abatido por los acontecimientos y los recuerdos, pero por lo menos estaba cerca de los que alguna vez fueron sus amigos.

Caminó hacia su lugar en la mesa y se sentó.

Sesshomaru no cabía en su asombro, Inuyasha era leal a la casa de Occidente, a pesar de todo. Eso era algo bueno, muy bueno, pero aún, las asperezas entre ellos, eran muy difíciles de limar.

Una vez establecido comenzó a comer un poco, en los relatos ya era incluido

-"Y cuando estaba a punto de caer, Inuyasha apareció con Tessaiga y lo cortó en dos y me pude sostener"

-"Sí, recuerdo eso…jajajaja"

Eran historias que habían compartido, momentos entra amigos y compañeros de manada, una manada que también había perdido.

Los lores y los ancianos debían aparentar así es que entraron al salón y se dispusieron a comer algo mezclándose entre los demás youkai.

Las miradas entre ellos y las señas apuntando a Inuyasha, sentado junto a Sesshomaru, aparentemente será un tanto difícil, convencerlo, es bastante testarudo.

Luego de unas horas Sesshomaru estaba harto, mientras cenaba con la manada estuvo bien, pero con todo este despliegue de youkai, leal y traidor, sentados en su mesa, la cena se había transformado en un circo, se puso de pie y miró a Kagome, sin decir ni hacer nada, ella se puso de pie también

-"Continúen celebrando, la casa del Oeste agradece por su asistencia y lealtad"

Los Lores cardinales se pusieron de pie, saludaron al anfitrión y con un brindis tradicional dieron por cerrada la gran reunión cardinal.

La celebración continuó, en el salón, afuera, en los jardines, el palacio del Oeste después de largos siglos de silencio, celebraba el comienzo de una nueva etapa, la pareja se levantó de sus asientos, saludó a los presentes y lentamente se retiró.

Inuyasha miraba a Kagome que seguía a su hermano, seguro irían a su habitación, no quería pensar, los ancianos le habían dicho que era un emparejamiento político pero ella caminaba sonrojada y podía oler su inquietud, no, no era político, ella amaba a Sesshomaru.

Con un fuerte golpe en la mesa se puso de pie, saludó y salió sin rumbo fijo.

Los humanos conversaban por lo bajo

-"Ya está hecho, ahora es cuestión de fortalecernos"

-"Si, hay que seguirles el juego a los traidores, por el momento lo mejor es tratar de continuar con nuestras vidas y mantenernos alerta"

-"Sí, se verán las soluciones, a medida que surjan las situaciones, es mejor permanecer en los dormitorios hasta que se acabe el sake y el ultimo youkai esté inconsciente en el suelo. Ahora son peligrosos y apenas están mareados, no debemos estar aquí cuando estén completamente ebrios"

-"No, hay que irnos"

El grupo se puso de pie ayudando a sus mujeres, saludaron levemente, nadie les prestó atención, se retiraron del salón.

Mientras caminaban hacia su habitación Sesshomaru llevaba a Kagome de la mano, se miraban sin decir una palabra, iban a través de los pasillos sin articular palabra, subieron las escaleras y llegaron a la gran habitación del Daiyoukai.

El aroma a inquietud de la joven, cosquilleaba la nariz de Sesshomaru, olía a pimienta y especias, él sabía que ella estaba preocupada, si la Miko hubiera sido youkai hubiera olido la inquietud de él también.

De pronto recordó la película que vieron en el tiempo de Kagome, la película había sido muy interesante, se trataba de una pareja de recién casados y su adaptación a la vida en común, en ella había visto una serie de costumbres humanas de las que no había hablado con Kagome por creerlas sin importancia.

Una en especial, pero preguntaría después.

Puso su brazo en la espalda de la joven y el otro por debajo de las rodillas, la alzó y entró en la habitación, cerró con el pie y avanzó con su pareja hacia la enorme cama llena de pétalos, suavemente depositó a su mujer en ella y se fue acercando a su boca para besarla… Kagome estaba confundida ¿Cómo supo de eso?

-"Es una costumbre de los humanos recién casados atravesar el umbral de la casa, entrar a la esposa en brazos, No comprendo…"

-"Te molestó Miko?"

-"No, para nada me gustó mucho…sólo que no entiendo"

No quería entrar en detalles, pero la inquietud de la joven era aún mayor

-"La película que vimos en el cine"

-"Oh! Es verdad, lo había olvidado"

Esa noche habían ido al mirador azul, Sesshomaru jamás olvidaría esa noche, en la que se dio cuenta de que su Miko era especial, y era para él

-"Recuerdas esa noche Miko?"

-"Sí, fue muy linda, romántica"

-"Ven. Cierra los ojos"

Le ofreció la mano para que lo acompañe, se puso de pie, ella cerró los ojos, Sesshomaru la llevó suavemente, caminó hacia el balcón, se detuvo

-"Ábrelos"

Era enorme, tenía un pequeño jardín en él y estaba decorado con pequeñas figuras de Inu en piedra luna de oriente azulado, todo se veía exótico teñido de azul, las plantas, las flores, los asientos, la fuente, todo, era su propio mirador azul, ella no lo podía creer, lo miró emocionada y lo abrazó dándole un beso dulce, muy dulce.

-"Debo concluir que es de tu agrado?"

-"Mmmm. sí! Gracias "

"Hn."

Más que satisfecho Sesshomaru le retribuyó el beso

-"No ha habido tiempo para el cortejo, debido a eso pensé en un regalo de emparejamiento apropiado para ti"

-"Gracias"

Se besaron suavemente, Sesshomaru sentía que el corazón le iba a estallar en el pecho, la bestia jadeaba y le chorreaba la saliva de la lengua, estaba muy excitado.

La joven sentía el corazón roto, las lágrimas corrían por los costados de los ojos, rompió el beso y lentamente se dio la vuelta y caminó hacia la habitación un vez más, el aire olía a… hierbas amargas? Triste, ella estaba triste, pero por qué?!"

-"Miko"

No hubo respuesta

-"Kagome"

Él la tomó del brazo

-"Kagome, qué pasa!"

Ella no respondió, solo agradeció

-"Gracias por el hermoso regalo, ahora llévame mi habitación por favor"

-"Ésta es tu habitación, tus cosas fueron traídas esta tarde, es aquí donde dormirás de ahora en más"

El Daiyoukai no entendía qué le sucedía

-"Háblame, dímelo, lo que sea Miko!"

Sesshomaru la abrazó contra su pecho, buscó la boca de Kagome y comenzó a besarla, con ternura, exploraba la boca de la joven saboreándola, con la lengua habilidosa paseaba por la garganta de la Miko robándole un suspiro

-"Sesshomaru…onegai. Déjame, soy un ser humano de carne y hueso, no me lleves a desearte aún más. Yo no puedo continuar con esto"

Ahá, eso era, tonto, tonto, mil veces tonto! La bestia indignada le reprochaba su boca afilada por dañar a su mujer,

"Le dijiste que no nos aparearíamos con ella, la heriste, querías que viera al hanyou? Ya lo vio, y a pesar de eso, bebió nuestra sangre sin dejar una gota, nos ama, y tú sólo la lastimas"

-"Kagome, yo… te amo"

Ella lo miró con lágrimas en los ojos, él le tomó las manos y las besó, besó su rostro, sus ojos

-"Te deseo tanto, Miko…"

-"Mentirme, no hará que me sienta mejor, no necesitas decir nada, ya sabíamos que esto sucedería"

-"Mentirte? Éste Sesshomaru no miente, y lo sabes, yo dije lo que dije porque estaba molesto. Inuyasha te vio desnuda, y también te tocó, quería ser el único en tu vida, no quería sentirme utilizado, quería ser amado."

El Daiyoukai llevó las manos de Kagome a su miembro, endurecido y palpitante, debajo de su hakama, estaba pasándola muy mal.

-"Estabas celoso?"

-"Hn. Piensas que mi cuerpo te mentiría Miko?"

Ella retiró las manos,

-"Lo siento, pero tu dijiste…"

-"Sé lo que dije, Kagome"

Sentados en un sillón en el balcón azul, se miraban sin decir palabra.

Estaban enamorados. Los miedos hacían mella en sus volubles corazones, tenían miedo de ser lastimados y abandonados, pero ya no podría ser, estaban unidos para siempre, la ley youkai era terminante en eso.

Lentamente Sesshomaru le acarició la mejilla con su mano, ella lo miraba, se acercó y la besó, ella correspondió el beso, su sabor era excitante delicioso, siempre quería más, se acercó más a ella, ahora abrazándola, trayéndola hacia él, la apretaba y le invadía la boca, luego se suavizaba, llevándola a la desesperación,

-"Kagome…mi Kagome"

La mano de ella acariciaba la mejilla del Lord, la otra mano en su pecho, el tajo de la mano le manchó la chaqueta del traje blanco, él se lo quitó, primero la armadura y luego la chaqueta, exhibiendo el pecho musculoso para ella, Kagome se acercó y lo besó muy tiernamente pero su beso era a la vez muy erótico, ella pasaba la punta de la lengua por los labios entreabiertos del Daiyoukai, y luego invadía su boca, suavemente, Sesshomaru se estaba volviendo loco, mientras lo besaba, él bajó lentamente los hombros del kimono exponiéndolos, se separó del beso de la Miko y comenzó él a besar las mejillas, detrás de la oreja, hacía pequeños toques con la lengua, continuaba el recorrido por el cuello de la Miko que jadeaba, y exponía su garganta a su macho, visiblemente excitado.

Él la observó un momento, era bella, tan bella era suya para disfrutar y para amar, la mujer más poderosa de todas, exponiendo su cuello a él, subyugándose a su alfa, ya no era una casualidad, ella sabía lo que significaba, ya se lo había explicado…

Ella lo seducía a la manera youkai, él había comenzado a relajarse un poco, era una situación tensa para ambos, se permitirían un poco más.

Quería que su mujer se sintiera libre de demostrar sus sentimientos a él.

Sesshomaru se fue recostando en el sillón, abandonado a la voluntad de la Miko.

Ella trepó sobre Sesshomaru que la observaba con los ojos brillantes y atentos a sus movimientos.

Él la besaba con desesperación.

Kagome besaba y lamía su cuello, sus hombros, su pecho, mordisqueaba y succionaba la piel pálida de su "marido" sacándole gemidos ahogados, la Miko continuó su viaje besando y dándole toques con la lengua sobre el abdomen trabajado y musculoso, Sesshomaru hacía la cabeza hacia atrás respiraba con dificultad, ella siguió bajando soltando lazos y nudos bajando el hakama liberando el miembro viril excitado del hermoso youkai de su prisión de seda, siguió besando la cadera, la ingle, el interior de los muslos, mordiendo su carne.

-"No sé bien lo que hago…"

-"No te detengas… sólo me das placer, Miko"

Pero ella quería atreverse a más, no sabía si le agradaría o no pero decidió que probar era la mejor manera de averiguar.

Nuevamente lo besó con pasión, arrancándole jadeos , con las manos pastoreaba el vientre de Sesshomaru, él la traía hacia su boca para besarla y morderle los labios, ella fue descendiendo con besos por todo el abdomen hasta llegar a su sexo.

Sin saber muy bien lo que hacía, o si lo hacía bien, la Miko tomó el miembro del Daiyoukai atribulado en sus manos, lo besó en toda su longitud, el Inu youkai echó la cabeza hacia atrás tomando una gran bocanada de aire, sus gemidos guturales le indicaron a la Miko que lo hacía más que bien.

-"Qué haces, eso… me hará enloquecer, Kagome"

Era realmente grande, se deleitaba besando y mordiendo suavemente la carne caliente que contenía la semilla del poderoso Señor occidental, la saliva corría por su barbilla Sesshomaru ahora la observaba lamer y succionar con hambre voraz, ella era de fuego y de miel, mirándolo a los ojos lamió la punta del miembro tieso y firme, abrió la boca y lo rodeó completamente con los labios, suavemente, se movía hacia arriba y hacia abajo lamiendo y mordiendo, quería devorarlo, el Lord se retorcía jadeando, era la primera vez que experimentaba una situación tan placentera, no podía soportar más la necesidad.

Gemía en voz alta el nombre de la sacerdotisa, deseaba dejarse ir, pero deseaba alcanzar el placer junto a ella.

Ésta era la primera experiencia de la joven, quería hacerla feliz, debía ser muy especial e inolvidable para Kagome.

Como youkai experimentado jamás se preocupó por darle placer a una hembra, siempre se iban satisfechas, si él no les brindaba lo que buscaban ellas mismas se lo procuraban, era sexo, sólo sexo.

Pero esto era muy distinto, la Miko humana que tenía por mujer, lo llevaba al borde del éxtasis con cada movimiento y atención que le dispensaba.

Sesshomaru se fue enderezando en el sillón, acomodó a la Miko sobre su regazo y la comenzó a besar detrás de la oreja y en la base del cuello, ella jadeaba, tomó su cabello trenzado, adornado con flores y joyas, maravilloso y tiró suavemente hacia atrás, exponiendo la garganta de Kagome, Sesshomaru lamió y mordisqueó a gusto, a la Miko que de a poco comenzaba a gemir en voz baja, buscando respirar, el aire se volvía mezquino, pero quería aún más, más caricias, besos y toques.

El Daiyoukai bajaba completamente la parte superior el kimono de Kagome exponiendo la ropa interior roja, esa que él había visto en el futuro, sexy, caliente, la boca llena de saliva, besaba sus hombros, su escote y finalmente sus pechos, a través de la tela de encaje, lamía sus amadas protuberancias, los pezones endurecidos que le sabían a gloria, retiró suavemente el erótico adminículo rojo, arrojándolo Kami sabe dónde, y recostando a la joven en el sillón, succionaba, lamía y mordisqueaba los pezones de la Miko que gemía retorciéndose en busca de aire, ella le tomó el cabello y lo mantenía sobre sus pechos, para él era maravilloso, ella le hacía saber qué le gustaba, se estaban descubriendo.

Las feromonas lo envolvían, aspiraba el aroma de la sacerdotisa extasiada.

-"Miko… me vuelves loco…"

Y de nuevo se hundía en sus montes trémulos para alimentarse de sus gemidos.

-"Sessh…mmmmaru, te amo"

Ya no pudo más, la levantó en brazos y la llevó dentro, depositándola tiernamente sobre la cama.

Se despojó de lo que quedaba de ropa, se montó a horcajadas de ella y lentamente le fue deshaciendo los moños, los nudos y quitando las capas del kimono entre besos y lamidas, ella lo ayudaba incorporándose un poco para facilitar el retiro de las prendas, cuando terminó de remover el kimono, se quedó observando el cuerpo desnudo de su Miko, era perfecta, la piel suave y los músculos tonificados, la pequeña ropa interior escondía de él los secretos de su misteriosa mujer humana, él sería el de develar esos secretos…

Suavemente se acercó a ella, aún a horcajadas, le fue besando el estómago, mordisqueaba las costillas y ella reía, siguió bajando hasta el ombligo, lo observó por unos instantes, lo besó, le hizo círculos con la lengua y continuó bajando, desviándose a mordisquear los huesos de la cadera haciendo que la joven tomara una bocanada de aire, iba por el camino correcto, siempre lamiendo y besando, mantenía la mirada en el rostro de Kagome para guiarse, era afortunado, su mujer no temía expresarse cuando algo le gustaba, hasta ahora le había sido de gran utilidad. Las manos pastaban en sus pechos jugando con sus pezones, tibios.

Llegando a la ropa interior la observó, era muy sexy, a través de ella, alcanzaba a vislumbrar algunos vellos muy cortos y las formas redondeadas de las extrañas partes que tanto deseaba saborear, su instinto Inu le demandaba lamer y saborear toda la extensión de la piel de la mujer que temblaba entre sus brazos.

Lentamente con una garra retiraba la ropa interior, deslizándola por las piernas, la joven inexperta y tímida mantenía las piernas cerradas.

Él regresó a besar la boca y a susurrarle al oído, entre besos y mordidas en el cuello y la oreja

-"No sé bien lo que estoy haciendo, déjame saber lo que te gusta… déjame hacerte saber si algo te gusta…"

Con su mano Sesshomaru fue bajando hasta tener la palma sobre las formas redondeadas del sexo de la Miko, los dedos tocaban y exploraban, mientras la besaba en la boca y la saboreaba, con la lengua invasora la excitaba hasta no poder respirar, la mano del Inu youkai vagaba entre las piernas de la mujer jadeante, que gemía dentro de su boca, Sesshomaru jamás había experimentado tanta pasión y entrega, por parte de una hembra, estaba sofocado de excitación, rayaba la desesperación y la locura.

Suavemente fue bajando con besos por todo su abdomen hasta llegar al lugar misterioso, besando todo lo que encontró a su paso la boca del Daiyoukai se encontró con el sabor de la excitación más deliciosa, separaba los labios carnosos y redondeados del sexo de su mujer exponiendo sus tesoros a él, solamente a él, la lengua exploradora vagaba por el valle entre los labios rodeando la pequeña abertura oculta, adentrándose suavemente, Kagome se arqueó sobre la cama gimiendo el nombre de su macho, él repitió el movimiento y ella respondió de manera similar, era bueno, continuó hacia el pequeño montículo protuberante que Miroku le dijo sería la puerta a la gloria, primero lo tocó, Kagome gimió y se tomó de las pieles que cubrían la cama, se llevó el dedo a la boca saboreó a su mujer, lo llenó de saliva, lo volvió a tocar esta vez en círculos y ella se arqueó con un estremecimiento, jadeaba y se retorcía a medida que él lo tocaba, tentado por el sabor y el aroma a feromonas, esta vez con la boca comenzó a succionarlo suavemente y a lamerlo, ya la mujer gemía su nombre tomándolo de los cabellos y separando las piernas, se retorcía desesperada, el macho fue golpeado por el aroma de la excitación feroz de la Miko y su reiki desatado cosquilleándole la piel.

Mientras disfrutaba de la gloria se preguntaba acerca de la pequeña abertura, acaso se pretendía que su miembro entrara por ese minúsculo pasaje? A medida que la Miko gemía decidió ver hasta dónde llegaba, con su dedo índice comenzó la exploración, se sentía caliente y resbaloso, delicioso, Kagome comenzó a gemir más fuerte y los tirones de cabello eran duros, estaba cerca de su placer, ya podía sentirse más seguro de qué hacer con ella, pero él estaba desesperado, sin darse cuenta gemía y jadeaba tanto o más que la Miko,

-"Sesshomaru…"

Sesshomaru se deslizó sobre ella hasta alcanzar su boca, besarla con su sabor era intoxicante, su miembro estaba rígido y enorme, ya no podía soportar la excitación, besaba sus pechos una vez más, los succionaba, mordía , Kagome gemía y le jalaba el cabello, lo besaba profundamente, él se colocó de rodillas entre las piernas de la joven, se inclinó para quedar frente a su rostro, ella lo miró, sonriendo, el momento más erótico, Sesshomaru separó las piernas de la joven, apoyado en un solo brazo, con el otro, tomó su miembro, lo colocó en la pequeña abertura, y mientras besaba profundamente a Kagome, lentamente empujaba dentro de ella, milímetro a milímetro, el dolor insoportable, el amor, la pasión , la entrega, disfrutaba tanto de este momento, estaba fascinado, nunca había experimentado el placer de esta magnitud, jamás se había sentido tan completo.

El dolor los desgarraba, Kagome jadeaba y trataba de respirar, hundía las uñas filosas en la carne de la cintura del macho que se controlaba con lo último que tenía para no lastimarla.

Él la besaba, lamía las lágrimas de su rostro, milímetro a milímetro entraba en el cuerpo de su amada, debía empujar con firmeza, muy lentamente, la sangre se olía en el aire provocando a la bestia que necesitaba tanto la liberación, se limitaba a cerrar los ojos y disfrutar de las sensaciones, estaba en el paraíso.

Sesshomaru, completamente dentro de la Miko, apartó unos cabellos del rostro lacrimoso y enrojecido de la diosa que lo atrapaba entre las piernas, permanecía muy quieto, la besaba con pasión absoluta y ella lo acariciaba, le recorría las marcas de las mejillas, y luego, bajaba a la espalda musculosa arrastrando las uñas arriba y abajo dejando marcas enrojecidas sobre la piel blanca del demonio enamorado.

Muy despacio comenzó a moverse, era un poco difícil aún pero ella se veía más relajada, completamente confiada, sus bocas estaban compenetradas en una lucha de pasión incontenible, el ritmo de los movimientos de los amantes iba incrementándose a medida que se acercaban al placer, el primero de tantos otros que tendrían, pero el más especial, quizás, entregados a lo desconocido de la mano los enamorados, se hundían en el deseo más poderoso, la bestia jadeaba desesperada, estaban haciendo el amor con su mujer, los ojos del Inu se teñían a medias, compartirían el amor de su Miko y recibirían el placer y la pasión, en partes iguales.

Los movimientos se volvían frenéticos y desesperados, ambos estaban al borde del abismo del placer absoluto, Sesshomaru tomó a Kagome y la abrazó muy fuerte de la cintura, él se hizo hacia atrás y la trajo a horcajadas sobre él, ayudándola en los movimientos, el clímax ya no se haría esperar más, mirándose a los ojos, los rostros inconfundibles de placer alcanzado, los cuerpos temblando con espasmos, las uñas clavadas en la espalda del macho Youkai, perdido en el placer, la Miko echó su cabeza hacia atrás gritando su nombre, Sesshomaru la trajo hacia él la boca abierta, la saliva goteando, la semilla, inundando la matriz virginal de la mujer, los colmillos hundidos en la carne hirviente, en éxtasis, la sangre brotando a chorros, bebía de ella con desesperación, la cara completamente ensangrentada, la boca unida al cuello de Kagome, ella alcanzaba el clímax junto a él, mientras sentía los colmillos hundirse en su carne, el hambre se hizo cargo de la Miko, deseaba la sangre de su macho, que acababa de marcarla, desesperada de necesidad, abrió la boca y mordió el cuello encima del hueso, hundía sus dientes en la carne del Daiyoukai, que gemía en su placer, la boca inundada de sangre, su vientre caliente, ella bebía avarienta la sangre de Sesshomaru como si su vida dependiera de ello, el macho estaba aturdido en éxtasis, su hembra se regocijaba en su sangre, su corazón le pertenecía solo a él.

Jadeando y gimiendo entre besos apasionados y abrazos desesperados, lamían la sangre del otro con deseo, youki y reiki reunidos en los cuerpos de los amantes, la marca se había hecho, no de la manera tradicional, pero ésta no era una pareja tradicional tampoco.

A pesar de todo, la marca se veía fuerte y profunda, la media luna occidental estaba en sus vidas, en sus almas y ahora en sus cuerpos.

Se fueron relajando frente a frente aún dentro de ella Sesshomaru apoyó la cabeza en el pecho de Kagome intentando recuperar el aliento, suavemente se recostaron en la cama, mirándose.

Kagome le acariciaba las marcas con la yema de los dedos, Sesshomaru cerraba los ojos, ella lo besaba en la frente, la nariz, la barbilla, él rozaba su brazo y la espalda con la punta de sus garras erizándole la piel, se relajaban al tiempo que deseaban continuar explorando, conociendo.

Las primeras luces del amanecer se vislumbraban a través de las cortinas, pronto saldría el sol y deberían levantarse, ninguno deseaba regresar a la realidad, pero al menos ahora esa realidad lo hallaría juntos…