María llevaba poco más cinco meses saliendo con Antonio. Esto definitivamente había causando revuelo en el mundo, muchos decían que era otro de los conocidos intentos del castaño por reconquistar para detener la creciente decadencia del imperio español debido a las continuas independencias de sus colonias en América. Unos pocos más los ignoraban olímpicamente. Pero sólo uno observaba cada detalle, cada palabra, cada mirada, cada latido del corazón de ella. Estaba obsesionado como un maldito acosador.

Arthur lo sabía. Conocía a ese niño de ojos azules como la palma de su mano. Podía jactarse al decir que lo conocía mejor que él mismo y sin embargo, estaba ciego. El británico prefería engañarse y dejar que el absoluto amor que sentía por el menor le vendara los ojos con gusto. Cada vez que lo descubría mirando al español como si deseara volarle la cabeza con el mero pensamiento, se vendaba los ojos con amor y se distraía con algo más.

El país de la pasión sabía que su relación era muy rara y claro que ésta agregaba una nueva y pesada carga a la conciencia ya atormentada del ibérico, pero no le importaba, pasaría todas las noches en vela, con pesadillas y gritos con tal de mantener a sus preciosa y adorada hija contenta y feliz. Su princesa, la misma que pasaba cada noche maldiciendo la existencia de su vecino del norte.

Sabía que debía disculparse por haber sido tan ciega pero no lo haría… México nunca le pediría disculpas a Estados Unidos, no con todo el antecedente histórico que tenían. El gringo podía seguir en los brazos del británico todo lo que quisiera porque ella no pensaba sacarlo de ahí nunca. Estaba muy contenta con España, le podía atención, la cuidaba, la mimaba, la trataba de nuevo como su princesa y la miraba como si aún tuviera 6 años… esa mirada de ternura y protección… la misma que había visto en varias ocasiones en los ojos verdes del cejón… los cuatro se estaban mintiendo descaradamente unos a otros y el primero en confesar, sería el primero en perder. Y ella no pensaba perder

Además de la atención del ibérico, éste siempre la visitaba con sus dos mejores amigos, casi se podía decir que ella ya formaba parte del Bad Trio, aunque el albino se empeñara en negarlo. Pero quien más la frecuentaba era el francés que comenzaba a tener cierta influencia en ella y en su población

Sin embargo, la paz mundial se desvaneció de nuevo. Inglaterra le declaró la guerra al francés motivado por las renovadas ideas expansionistas europeas en Asia y África además, se desató la guerra germano-portuguesa.

Con Europa sumida en batallas, Estados Unidos recobró sus ideas expansionistas y además pensó hacerlo con la última colonia española. Así mataría dos pájaros de un solo tiro ya que lograría extender sus dominios y acabaría de una vez por todas con el Imperio Español.

Había pretendido comprarle Cuba a España en más de una ocasión pero el ibérico había rechazado todas las ofertas y ahora lo pagaría con creces. Alfred sabía que Carlos había observado su revolución con interés y que su espíritu de libertad lo hacía desear la independencia del castaño. Hubo varias revueltas en Cuba en ese tiempo y Antonio sabía perfectamente quién estaba detrás de todo eso y sabía que el hecho de que él saliera con María hacía arder de celos al estadounidense.

Cada vez parecía más inminente el desencadenamiento del conflicto entre dos potencias que parecían "de segunda": una impetuosa, joven y todavía en desarrollo que buscaba hacerse un hueco en la política mundial a través de su economía creciente y otra vieja que intentaba mantener la influencia que le quedaba de sus antiguos años de gloria.

Los presidentes estadounidenses no hacían más que aumentar el ego del ojiazul diciendo que debía aprovechar la crisis económica española para mostrarse como la nueva potencia mundial y además, lograría atraer la atención de México.

-Bien Antonio…-dijo Alfred- Que comience el juego- dio la orden de que el acorazado Maine embarcara hacia Cuba para intimidar al europeo. La noticia no fue bien recibida en el país ibérico.

-¿Qué hace este niño?-preguntó al recibir el reporte- Bien, si quiere jugar, estoy listo… envíen el crucero Vizcaya al puerto de Nueva York, rápido…

Carlos observó curioso el acorazado estadounidense en sus costas mientras las autoridades españolas observaban con malos ojos a la embarcación cuando de pronto, una explosión iluminó el puerto de La Habana. El Maine había saltado por los aires. El cubano no podía creerlo, y supuso que fue el español.

-Antonio… ¿por qué destruiste el barco de Alfred?-preguntó Carlos confundido cuando España llegó al puerto para ver el desastre

-¡Yo no fui!-exclamó el europeo- ¡Esa cosa estalló sola!

-¿Mintiendo Antonio?-preguntó de pronto una voz gélida y la mirada esmeralda chocó contra la celeste- Esto es una declaración de guerra que con gusto aceptaré pues nadie derrama sangre estadounidense y sale impune

-¡Yo no tuve nada que ver, coño!-gritó cruzándose de brazos- Y te declararé la guerra en serio si te atreves a ocupar alguno de mis territorios o de mis colonias

-No puedes contra mí, old man…-dijo Estados Unidos y con una orden, la flota estadounidense se desplegó en el puerto de Cuba. Antonio perdió la paciencia y se lanzó sobre el rubio. Cuba observaba sin poder creerlo pero sin intervenir.

La isla de Cuba no fue la única afectada por la guerra Hispano-Estadounidense pues la flota estadounidense también había sitiado Filipinas y la Isla de Guam. España veía impotente como el país americano arrasaba con su ejército en el mar aunque lo compensaba un poco con las diferentes batallas en tierra donde su experiencia daba sus frutos sobre las tácticas del joven estadounidense.

-¡¿Qué le declaraste la guerra al spaniard?!-exclamó el inglés cuando se lo encontró en Filipinas-¡¿Qué no te dije que no te metieras en guerras europeas?!

-Arthur, calm down…-dijo contento- España caerá, no puede conmigo, ganaré esta guerra… y todos verán lo poderoso que soy, en especial México.

Y efectivamente, las tropas españolas en Cuba se rindieron el 25 de julio de 1898. Alfred, animado por la victoria, atacó Puerto Rico, sin embargo, a pesar de que venció a España, la joven puertorriqueña no lo dejó apropiarse de su isla. A esta rendición española le siguieron las derrotas en Filipinas.

-¡Te odio… te odio y espero que te pudras en lo más profundo del averno!-le espetó Antonio, herido y completamente derrotado mientras firmaba el tratado de País donde se concordaba la independencia de Cuba así como el tener que ceder Filipinas, Puerto Rico y Guam al estadounidense el cual sonreía satisfecho.

Carlos había visto todo el conflicto y había luchado casi al final de la guerra en contra del ibérico. Ahora era libre, tendría la soberanía que tanto había deseado. Pero en cambio, la joven filipina se mostraba recelosa a pasar del dominio español al estadounidense.

-Bien pequeña Meli, te concederé un autogobierno limitado, ok?-preguntó el rubio en 1907. La filipina lo aceptó y disminuyeron las revueltas en ese país- Great! Ahora debo mostrarle mi victoria a México…

Sin embargo, cuando visitó a su vecina del norte en 1910, algo estaba mal, se sentía un ambiente muy tenso por lo que, confundido, empezó a buscarla entre las multitudes que ocupaban el país mexicano. Todos estaban armados ¿por qué?

La respuesta le llegó al verla montada en un caballo junto a un hombre que incitaba a la multitud con un grito de guerra: "Sufragio efectivo, No reelección"


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