-El día de hoy, 20 de noviembre, alas 6 de la tarde, todos los ciudadanos de la República tomarán las armas para arrojar a las autoridades que actualmente gobiernan- dijo el hombre a su lado y la multitud lo apoyó con vítores

La joven mexicana levantó un fusil en alto dando un grito de guerra que fue acompañado por el ensordecedor grito de la multitud presente. Al estadounidense se le fue el alma a los pies, se encontraba en medio de una revuelta.

-¡Hey güerito!-le gritó un hombre con un sombrero bastante grande y le entregó un rifle- prepárate para atacar, Díaz va a saber con quién se metió.

Se quedó completamente estupefacto y decidió que debía hablar con María. Cuando la multitud comenzó a dirigirse hacia el centro de la ciudad, pudo alcanzar a la mexicana

-Maria! What the hell is going on here?!-le gritó completamente confundido

-¡Alfred! ¡¿Qué haces aquí?!-le preguntó confundida al verlo en su territorio- Vamos a liberar a México de la dictadura de Porfirio Díaz…

-Así es…-dijo el hombre que iba a su lado. Tenía una barba negra a juego con su bigote, ese hombre se veía amable pero determinado- La dictadura de Díaz ha durado mucho, recuerda muchacho "Sufragio efectivo, no reelección"

Por una extraña razón, Francisco I. Madero le había simpatizado al estadounidense quien le brindó su apoyo ante el enojo de la morena pues ella no quería que él se entrometiera de nuevo en alguna de sus guerras.

-¡Ésta es mi guerra!-le espetó furiosa cuando el ojiazul estaba a punto de tomar el ferrocarril de regreso a la frontera- ¡No quiero que intervengas! ¡No necesito tu ayuda! ¿Entendiste?

-Digas lo que digas, tus rebeldes recibirán el apoyo de parte de Estados Unidos-comentó con una amplia sonrisa pues le gustaba exasperar a México- Mr. Madero es una buena persona, cuídalo…

La mexicana estaba que echaba chispas mientras el ferrocarril se alejaba de la estación y lo que más le molestaba era la sonrisa del norteamericano. Pero aunque odiara admitirlo, era bueno tenerlo de su lado.

Porfirio Díaz se encontraba en graves aprietos pues no solo debía enfrentarse a los diferentes levantamientos en su contra sino que Estados Unidos apoyaba a los revolucionarios debido a que su régimen no garantizaba la seguridad de los intereses norteamericanos.

En marzo de 1911 Díaz ordenó a José Yves Limantour que regresara de Europa para que mediara con los rebeldes y evitara la caída presidencial. Con éste cambio en el gabinete de Díaz, Madero dispuso que sus fuerzas se aproximaran a Ciudad Juárez con intenciones de atacarla.

-Bien, éste es el plan, atacaremos Ciudad Juárez para obligar a Díaz a rendirse-comentó Francisco Villa, uno de los líderes revolucionarios- No puede defenderla, por lo tanto caerá.

-Pero el comandante militar Juan Navarro quiere firmar un armisticio…-comentó Madero sintiéndose incómodo pues la revolución se le estaba escapando de las manos- Lo mejor es buscar la paz…

Pero las conversaciones de paz no tuvieron éxito porque los revolucionarios exigían la renuncia de Díaz. María no quería que su gente se echara para atrás aunque lo único que tenían en común con el gobierno era que se buscara la paz en medida de lo posible.

En los primeros días de mayo de 1911, las pláticas continuaban sin resultado por lo que Pascual Orozco y Francisco Villa atacaron Ciudad Juárez la cual no tardó en caer en sus manos. Con Ciudad Juárez y otras ciudades norteñas en manos de los rebeldes, a Díaz no le quedó más remedio que renunciar el 25 de mayo de 1911.

-¡La revolución ha triunfado!-dijo Madero muy alegre al enterarse de la noticia

-Aún no… falta que la paz regrese al país-dijo la mexicana mirando el caos que había arrasado con el país

Una vez que Díaz se fue al exilio en Francia, el puesto presidencial lo ocupó Francisco León de la Barra quien fue el presidente interino que iba a convocar a elecciones.

Mientras tanto, en el norte y en el centro del país se levantaron los indígenas y los campesinos explotados y despojados de sus tierras. Entre éstos estaba Emiliano Zapata, quien atacaba poblaciones del estado de Morelos y del sur de la Ciudad de México.

-Así que tu eres Emiliano Zapata ¿no es así?-lo saludó María cuando coincidieron en la Ciudad de México

-Es correcto -dijo el hombre- solo exijo que nos devuelvan lo que es nuestro…

A finales de octubre de 1911 se efectuaron las elecciones presidenciales ganando Francisco I. Madero como presidente y José María Pino Suarez como vicepresidente quienes asumieron el cargo el 6 de noviembre.

-Espero que ahora pueda darle paz al país-dijo México cuando Madero ocupó la presidencia.

-Haré todo lo que está en mi mano para ayudar-prometió el presidente sonriendo

Sin embargo, Madero no tenía la visión de los verdaderos problemas del país: la injusticia social, la desigualdad en el reparto de la riqueza y la miseria de gran parte de la población. Éstas fueron las causas principales que abrieron una brecha entre Madero y sus principales partidarios como Emiliano Zapata, Francisco Villa y Pascual Orozco.

María veía con frustración como la paz parecía no llegar, de manera interna, los jefes revolucionarios desconocieron al presidente y de manera externa, Alfred tenía un nuevo presidente, William H. Taft quien no veía con buenos ojos al presidente Madero.

Esto significó que Estados Unidos dejó de apoyar a los revolucionarios en quienes comenzó un sentimiento de rencor hacia el vecino norteño de México. Todos esos elementos juntos estaban a punto de causar un caos peor que el que había iniciado contra Díaz.

Zapata se levantó en armas con el Plan de Ayala que buscaba el cumplimiento del Plan de San Luis que había publicado Madero antes de iniciar la revolución donde prometía devolver las tierras robadas a sus dueños, entre otros puntos.

1912 inició con una inestabilidad política que alteraba a la mexicana quien buscaba resolver el conflicto pero por más que intentaba, los zapatistas, antiguos porfiristas y villistas estaban a punto de chocar unos contra otros. Y como si eso no fuera suficientemente malo, Pascual Orozco se levantó en armas con el Plan de la Empacadora desconociendo también a Madero.

Finalmente, como la gota que derramaría el vaso, Henry Lane Wilson, Embajador de Estados Unidos en México se alió con alguien que marcaría el próximo episodio en la historia de ese país.

-Madero no puede seguir en el poder…-dijo el estadounidense- Debemos hacer algo, está afectando los intereses de mi país…

-No te preocupes, yo ya tengo un plan-dijo Victoriano Huerta- Nosotros… mataremos a Madero y a Pino Suarez…


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