Era el año de 1920 y finalmente, la revolución mexicana llega a su fin pero un nuevo golpe de estado demostró que aun quedaba un cabo suelto. Después de eliminar a Villa y a Zapata del juego, Venustiano Carranza tomó el poder pero éste nunca hubiera imaginado que sería derrocado por su máximo jefe militar, el general Álvaro Obregón

María se había olvidado por completo de la política, no le importaba quien gobernara mientras lo hiciera bien y trajera paz al país. Conforme pasaba los días, no podía evitar mirar al norte, su país vecino estaba tan en calma, tan aburrido sin el ruidoso norteamericano el cual se encontraba en Europa.

-No debo pensar en él… no debo pensar en él…-se repetía ella una y otra vez- Espero que lo derroten para quitarle lo petulante y orgulloso.

Finalmente, tras varios años de lucha, el país había perdido 1.5 millones de habitantes pero la paz por fin había llegado. Obregón instaura un orden y una estabilidad que no se había disfrutado desde el Porfiriato. Todo parecía haber mejorado.

-¡María! ¡María!-gritaba una voz afuera de su casa- ¡I'm here! ¡I come back!

-Oh no, por Dios-se quejó la mexicana tratando de disimular su alivio pues el estadounidense parecía estar sano y salvo-¿Qué haces aquí? Espero que te hayan pateado el trasero en Europa

-¡Nada de eso! Me fue súper bien. El hero derrotó a los malos-exclamó Alfred con una sonrisa muy amplia al ver a la chica- Estoy viviendo la mejor época de todas, tengo dinero y soy el héroe de la Guerra Mundial ¿No es genial?

-Sí, es fantástico-gruñó molesta-Pero no te confíes, no todo dura para siempre

-Hahahaha ya verás como seguiré teniendo dinero por mucho tiempo más-le aseguró el rubio con una sonrisa burlona

Pero, como si fuera una predicción, la economía estadounidense comenzó a caer de manera alarmante. En 1929 millones de personas compraban casas a crédito pero pronto se dieron cuenta de que el 80% de los estadounidenses no tienen ahorros. Es una burbuja gigante lista para estallar.

Y de pronto… ocurre. La Bolsa de Valores de Nueva York perdió 12 veces más de lo que gasta el gobierno estadounidense en un año. Alfred observó horrorizado como los números descendían y la gente se volvía loca.

-¿Qué hice?-dijo cayendo en pánico. El gobierno trataba de hacer lo que podía pero la economía se tambaleaba al borde del abismo. Toda la población trató de sacar su dinero de los bancos movidos por la histeria-God… help us…

La confianza en los bancos de Estados Unidos cerró, uno tras otro. La histeria colectiva estaba destrozando al país. El rubio casi podía escuchar la voz de la mexicana diciendo "Te lo dije". Alfred trató en vano de pedir ayuda pero Arthur junto con otros países europeos apenas se estaba recuperando de la guerra mundial. Estaba solo.

Era el momento de tomar medidas desesperadas. La primera fue utilizar el rio Misisipi para crear energía hidroeléctrica. La construcción de la represa brindó empleo a cientos de hombres pues era el proyecto más grande del país. Alfred trabajó junto con sus habitantes dispuesto a ayudar a levantar la economía.

La construcción de la represa costó muchas vidas pero finalmente, tras largos años de duro trabajo donde se enfrentaron al hambre y a la enfermedad así como a trabajos riesgosos y peligrosos, lograron terminarla. La represa ayuda a que California provea comida para el país y crea un pueblo en auge que se vuelve el paraíso turístico de la época: Las Vegas.

Pero la crisis aun no había pasado. El país comenzaba a dividirse por lo que, en 1927 comienza la construcción del Monte Rushmore, lo cual era un plan para apoyar al país aumentando el nacionalismo.

Mientras Estados Unidos sobrevivía a la crisis, México había aprendido del pasado y se preparaba para tomar medidas para evitar que otra crisis azotara el país. En 1938, el gobierno tomó control de la industria petrolera y expulsó a los extranjeros. Los inversionistas extranjeros se indignaron profundamente.

-¡¿Qué crees que haces?!-le espetó el estadounidense que se encontraba demacrado por la crisis- Ves que me las estoy viendo negras y tú expulsas a mi gente de las refinadoras, no me ayudas María.

-No me interesa ayudarte, yo estoy haciendo lo que es correcto ¿ok?-le reclamó ella antes de cerrarle la puerta en la cara.

Los extranjeros hicieron caso omiso a las advertencias y amenazas del gobierno mexicano y no prestaron atención ni reconocieron al sindicato de petroleros, esto fue lo que llevó al presidente Lázaro Cárdenas a nacionalizar esa industria.

Pero pronto, esta idea no resultó ser más que una ilusión porque cayeron los precios al obligar al resto de los países a buscar otras fuentes y se despilfarró el dinero.

A pesar de que se exportaban cientos de barriles de petróleo al año, México siguió siendo un país con marcadas diferencias sociales.

-Todo salió mal, para ambos-dijo el rubio mientras tomaba un poco de café sentado en la casa de la mexicana- Debimos prever esto.

-Yo te dije que no te volvieras loco con el dinero, gringo-le reprochó ella- y ahora ambos estamos en problemas… y esto es tú culpa

-¡¿Mi culpa?!-exclamó el ojiazul molesto cruzándose de brazos- Claro, ahora es mi culpa, así que si el mundo vuelve a colapsar, ¿me echarás la culpa a mi?

-Sí-le respondió con una sonrisa

Y de pronto, como si el cielo o el infierno los hubiera escuchado, estalló la segunda guerra mundial en 1939. El mundo volvía a paralizarse de nuevo, Europa se había sumido una vez más en el caos.

Alemania comenzaba a alzarse de nuevo como potencia militar y el primer país que atacó fue Polonia. La noticia de que Feliks había sido atacado tomó por sorpresa a todos. Rápidamente Francia le declaró la guerra a los hermanos germanos pues realmente era buen amigo del polaco y casi en respuesta, Arthur entró a apoyar a su amigo-enemigo en la guerra.

-¡Siempre te metes en todos los conflictos!-le espetó el inglés furioso mientras preparaba su ejército- ¡¿No puedes esperar, bloody hell?!

-Non, Feliks está en peligro, hay que ayudarlo-le respondió el francés antes de comenzar a movilizar su ejército hacia la frontera con Alemania. El británico lo miró desfilar y suspiró

-Debo estar muy loco si lo voy a seguir de nuevo…-se lamentó- Move on! Group A, B and C with me!-el ejército británico se movilizó para seguir al francés.

Mientras tanto, Ludwig junto con Feliciano se preparaban para el ataque. Esta era su segunda oportunidad del pequeño italiano que actuó solo al elegir al rubio como compañero para la guerra.

-¿No me traicionarás esta vez?-preguntó el alemán firmemente mirando al castaño

-No… estaré siempre contigo… pase lo que pase-juró el italiano firmando el Pacto de Acero. Los dos países del eje estaban listos para enfrentar al mundo.

-Recuperaré lo que es mío… nadie vencerá al asombroso yo ksesesese~-rió el prusiano dispuesto a recuperar el territorio perdido- ¡Arrodíllense ante mí!


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