NO SOY DUEÑO DE INUYASHA
GRACIAS POR LOS COMENTARIOS. A VER COMO ME SALE ÉSTE CAPÍTULO. COMO VOY DESARROLLANDO EL FIC., HAY DOS PAREJAS SECUNDARIAS MÁS, ME GUSTARÍA SABER SI DESEAN HUSMEAR EN LAS ACTIVIDADES DE ALCOBA DE ELLAS TAMBIÉN O SÓLO LES INTERESA, LAS DE LOS PROTAGONISTAS.
CAPITULO 38
-"Tú eliges hanyou, o te emparejas o se va"
-"No puedo dejarla, a pesar de todo la amo…voy a emparejarme con Kikyo"
-"Qué bueno por ti Inuyasha"
-"Tu emparejamiento será tradicional a rajatabla, la marcarás en público, tu youki no la envolverá y se mezclará, si no que la dominará, y tú también la controlarás a través del vínculo. No quiero una miko enajenada, con su reiki oscuro, deambulando por palacio descontroladamente"
-"No voy a aparearme frente a todos, es humillante, no lo haré"
-"No dije aparearte nadie quiere ver como tú y la mujer de arcilla efectúan sus actividades sexuales, sería un espectáculo repugnante, sólo la marcarás en público lo que implica su absoluta sumisión o su muerte, ella elige."
Inuyasha estaba poco más que preocupado, no había sido criado según las normas youkai, poco entendía de lo que Sesshomaru le estaba demandando, pero si esa era la consigna para que Kikyo pudiera quedarse con él, eso se haría.
Por Inuyasha el sometimiento de la Miko estaba bien, la idea de controlar la maldad de la sacerdotisa revivida, era aceptable, después de todo él era un Lord y las hembras se someten a sus machos, o Kagome no había moderado bastante su potente genio? O eso pensaba él...
-"Está bien, se lo diré hoy mismo"
-"Hn. Retírate"
Inuyasha se retiró, la pareja de Señores se quedo en el dormitorio, Sesshomaru comenzó a quitarse la ropa de entrenamiento y fue a darse un baño.
Kagome se desnudó y fue detrás de él.
Sesshomaru relajado en el agua caliente la escuchó entrar y sonrió, ella se metió al agua.
-"Te ayudaré a bañarte Mi Lord"
El Daiyoukai se enderezó para que ella pudiera enjabonarlo bien, pretendía disfrutar de las atenciones de su Miko todo lo que pudiera.
Mientras Kagome enjabonaba y pasaba la esponja por la espalda de su esposo, el macho orgulloso cerraba los ojos y se dejaba mimar, con deleite.
Jamás se había sentido tan feliz y tan completo.
-"Sesshomaru… ¿Cómo es el emparejamiento tradicional?"
-"¿Por qué te interesa, saiai?..."
-¿Por curiosidad, es tanto lo que desconozco del mundo youkai, tengo tanto que aprender…"
-"El hanyou no te enseñó nada?"
-"Muy poco, él se crió sólo, recuerda…"
-"Hn."
Kagome masajeaba ahora el pecho de su amado y con la esponja recorría el abdomen y pectorales, cubriéndolos de espuma, Sesshomaru mantenía los ojos cerrados, estaba en éxtasis
-"Ya lo has perdonado"
-"No, sólo que yo estuve a su lado parte de sus años solitarios, a él le dolía tu rechazo…Aunque jamás lo admitiría, eres la única familia que le queda"
-"Tú crees? Siempre pensé que el mestizo me odiaba"
-"Al principio parecía ser así, pero con el tiempo, comencé a ver cambios en él, me di cuenta de que sus insultos se debían más al dolor que al odio"
-"Hn."
La Miko lavaba el cabello plateado y sedoso, rasguñaba el cuero cabelludo, sacando los sonidos más placenteros y agradables del Inu que ya no tenía más que felicidad absoluta.
-"Tal vez pueda instruirlo un poco con la cultura youkai"
-"Eso sería bueno"
Ahora él aseaba a su esposa con el mismo ahínco que ella le brindó, disfrutando del aroma dulce de la piel mojada de Kagome.
-"¿Qué me decías del emparejamiento, no comprendo las diferencias, aparte de la marca en público, y lo del youki… A qué se debe?"
-"El emparejamiento tradicional se realiza cuando las partes no están completamente de acuerdo en algunos asuntos, la hembra no es del todo receptiva o mantienen fuertes diferencias entre sí, es un emparejamiento beneficioso para el macho ya que somete a la hembra a los deberes básicos de las hembras youkai, y las exime de los derechos concedidos a lo largo de la evolución de las leyes, la unión tradicional youkai se realizaba para que los machos tuvieran todos los beneficios de un emparejamiento, una hembra en la cama cada vez que lo desearan, las atenciones y cuidados, la ayuda para vestirse y desvestirse, la asistencia en el aseo personal, la alimentación, la producción de cachorros, sin derecho a quejas, reprimendas, sin derecho a negarse o a resistirse a ninguno de sus deberes, en sencillas palabras, somete a las hembras a la servidumbre en favor de su pareja."
-"Eso es horroroso, Inuyasha no lo aceptará"
Sesshomaru rascaba la cabeza de Kagome con las garras largas enjabonando los negros cabellos de su sacerdotisa, que gemía y casi ronroneaba de satisfacción, el Daiyoukai, lamía las mejillas de la joven de vez en cuando, era un momento muy íntimo y personal, que la pareja estaba disfrutando enormemente.
La bestia relajada descansaba, escuchando la conversación muy interesada.
-"Sí lo hará, o tendrá que aceptar las consecuencias"
-"¿Consecuencias?"
-"Hn. Enjuágate"
Ella hizo lo que él le dijo y se enjuagó bien el cabello, Sesshomaru salió primero, se secó, se colocó una yukata negra, Kagome hizo lo mismo, se colocó una yukata roja, caminaron hasta la cama, el Daiyoukai preparó dos tazas de té y mientras ella se metía a la cama, él le alcanzó una taza.
Sesshomaru se quitó la yukata y se metió bajo las sábanas junto a Kagome y mientras bebían su té continuaron conversando
-"La Miko de arcilla deberá abandonar el Oeste, si Inuyasha no la empareja. No deseo que ande merodeando por allí. Si él no me obedece, también abandonará el castillo antes de la luna de la siembra."
-"Ah. Sí, bueno eso sería una pena, ahora que ya se han puesto un poco de acuerdo, tal vez se podrían llevar mejor, y él podría aprender mucho de Ti, si no fuera…"
-"Exacto, si no fuera por la sacerdotisa de barro"
-"Sí Kikyo puede ser muy cruel y caprichosa…"
-"Hn."
Kagome llevó las tazas a la mesa y volvió a la cama
-"Miko"
-"¿Youkai?
-"Quítate la yukata, quiero dormir en contacto con tu piel"
Ella sonrió se quitó la yukata y se acomodó entre los brazos de Sesshomaru, consumidos por el deseo y el cansancio el abrazo muy cerrado, el calor de los cuerpos, se entregaron al descanso con una sonrisa en los labios y la dulce calma en su corazón.
Inuyasha caminaba hacia el balcón de su dormitorio.
Mañana le diría a Kikyo la decisión que había tomado, si ella no aceptaba debería abandonar Occidente, ¿Acaso él la seguirá en ese caso? No estaba seguro, siempre pensó que eso deseaba pero ahora que era una posibilidad muy grande, parecía no ser lo que él pensaba que sería, una buena cosa pensó hubiera sido que el carácter de la Miko legendaria, fuese más afable y llevadero, él también estaba cansado en el fondo…
Parecía ser que Sesshomaru pretendía que sometiera esa maldad y volubilidad a ser una esposa sumisa y obediente.
Tal vez sería una solución a sus problemas.
Por el momento descansaría, debía hacer más o menos siete años que no dormía más de dos horas, y mucho menos en una cama o futón.
Primero un baño y después a dormir…
En el castillo en general reinaba la calma, en las habitaciones de los Lores, los sonidos de actividades sexuales se hacían eco, las hembras del antiguo harem, ya no estaban obligadas a quedarse en palacio, hace muchos años Sesshomaru las había liberado de sus "obligaciones" para con el Lord de la casa, ya que no tenía mayor interés ni agrado por ninguna en particular y la bestia dormía totalmente ajena a lo que fuera que sucedía en el harem, ocasionando que el Daiyoukai, perdiera el interés en tener sexo con cualquiera de ellas.
Si lo hacía era debido a la época de celo de las hembras, las feromonas siempre le ocasionaron dolores de cabeza, cada vez que tenía relaciones sexuales con alguna de las hembras, tenía que despedirla de la peor manera, todas y cada una de ellas pensaba que debido a que su Señor había hecho uso de sus servicios por sobre otras hembras, las facultaba para anidar en la almohada del Lord cardinal, dar órdenes o darse aires de grandeza, lo único que ganaban era una temporada en las mazmorras y la inmediata devolución a su antigua aldea, con la orden de no hablar del palacio.
Habían sido muy bien tratadas, muchas de ellas decidieron quedarse de todos modos, a todas se les había asignado una tarea específica para trabajar, y estaban muy conformes con sus puestos y labores, la mayoría estaban emparejadas con algunos de los miembros del ejército de Sesshomaru, unas pocas permanecían sin pareja, el Lord se había encargado que las labores de cada una de ellas se realizaran lejos de él.
No tendría contacto alguno con ellas, el mero pensamiento le traía malos recuerdos…
La búsqueda incansable de descendencia, los fracasos uno tras otro, lo habían llevado a traer más hembras al harem de las que hubiera pensado jamás.
Luego de unos años desistió.
A algunas de ellas les agradaba entretener a los invitados, de ese tipo eran las acompañantes de Los Señores cardinales del Este y del Sur.
Las esculturas de piedra luna le daban al palacio, un aspecto místico y extravagante, los habitantes del mismo, descansaban ignorantes de los ojos indiscretos que los acechaba, entre las sombras Kanna le abría una ventana a los ojos de Náraku, que se asomaba buscando algo… o alguien…
-"Kanna, acaso puedes ver dentro de las habitaciones?"
-"Sí de todas excepto... de cinco de ellas, a esas no puedo penetrarlas con mi espejo, parecen estar demasiado protegidas, todas las demás ya las has visto, Náraku"
-"Tal vez, pero deseo encontrar a Shintaro Sama y tú me ayudarás Kanna!"
Kanna hizo lo que su amo le ordenó, con su espejo logró presenciar el espectáculo sexual del Daiyoukai del Este con una youkai Cuervo muy atractiva, Náraku observaba desde el espejo de Kanna, disfrutaba como quien mira una película condicionada a escondidas de sus padres.
-"Hummm. Creo que yo podría enseñarle un par de cositas a ese inútil"
-"Seguramente que sí, yo mismo tengo un par de trucos bajo la manga si he de decir algo"
-"Nadie te preguntó Byacuya, ¡Kagura, ven!"
-"Dime Náraku"
-"¿Qué averiguaste del sarnoso de Inuyasha, dónde está?"
-"Lo he buscado por los cuatro puntos del horizonte, parece que se lo ha tragado la tierra"
-"Mmmm. Eso es extraño"
Náraku estaba desorientado, hacía ya una semana que buscaba a Inuyasha y no lo encontraba.
-"Ese maldito…¿Dónde mierda se metióoo!"
Todos en el salón de estremecieron por el grito agudo y penetrante de un hanyou marcadamente enfurecido, volteaba las mesas, pateaba los muebles, insultaba a los cuatro vientos, deseaba asesinar a Inuyasha, él tenía consigo a Kikyo, no soportaba la presión que Onigumo ejercía sobre su alma, los celos y la ambición lo desbordaban, el bandido le presentaba en la mente, escenas eróticas entre el mestizo de Occidente y la Miko, sus más íntimos deseos los realizaba con ella frente a sus ojos y eso le hacía hervir la sangre, ya se había desquitado con la mayoría de sus súbditos, ahora le quedaba destrozar el mobiliario, el palacio de Oriente le estaba quedando chico, el encierro y el hastío lo habían desquiciado, No perdería de nuevo a Kikyo por nada ni por nadie.
Deseaba destrozarla lentamente y disfrutando de cada grito y cada gota de sangre que lograra sacarle a la sacerdotisa con su tortura.
-"Kanna, qué más, Qué más!"
-"Solo eso Náraku, y el vacío"
-"¡Salgan a buscarlo y no vuelvan hasta que tengan una noticia positiva, o los reabsorberé!"
Byakuya, Kagura y Hakudoshi, salieron volando por las ventana hacia los distintos puntos del horizonte, ninguno deseaba volverá ser parte de Náraku otra vez, encontrarían a Inuyasha y a la Miko a como diera lugar.
-"Kanna, sigue buscando…"
Kanna, con el correr de los años se había enamorado de Náraku, el hermoso rostro del hanyou maldito le robaba el sueño por las noches.
Sus silencios al mirarlo decían más que mil palabras.
Era una pena, ella estaba atrapada en un mundo sin color, sin vida y con el cuerpo de una jovencita apenas comenzando su adolescencia.
Kanna conocía la perversión de Náraku y a pesar de ello no podía evitar esos sentimientos que la llevaban al vacío.
Ella no encontraría a Kikyo para él, prefería morir reabsorbida, ser una con él una vez más.
-"Sí…"
La madrugada transcurría para el Sengoku Jidai, de manera tranquila, las primeras luces del alba se vislumbraban más allá de las montañas, augurando un hermoso día soleado en el Oeste.
En el palacio, sus habitantes descansaban cálidamente, Sango disfrutaba de su dormitorio personal, descansaba envuelta en sus sábanas de seda suaves, por primera vez en mucho tiempo, lograba dormir una noche completa y en un castillo plagado de youkai, no se había percatado de lo cansada que estaba, soñaba con días de alegría en su aldea añorada.
Jamás hubiera imaginado que la calma la arrebataría rodeada de demonios, ella una exterminadora, y encontraba la serenidad en compañía de sus más acérrimos enemigos los youkai.
Suspiraba y se daba vueltas para continuar descansando.
Por su parte Miroku se encontraba meditando ya, la misma calma que sentía Sango lo inundaba suavemente.
Él había nacido con dotes de sacerdote igual que sus antepasados, desde pequeño, había sido entrenado en las disciplinas del espíritu, compartía con su amiga Kagome, una misma línea de realización, el apoyo espiritual, los exorcismos, la veneración, la oración, y la purificación en líneas generales todo lo concerniente a lo sagrado.
Pero como el universo se basa en el equilibrio, para equilibrar todo lo sagrado el monje le daba rienda suelta a las perversiones de la carne, cada vez que pudo y así fue, hasta que la tajiya Sango entró en su vida.
Vivió a gran velocidad, temiendo que el agujero negro de su mano lo absorbiera y desapareciera si dejar su legado en el mundo.
Deseaba cambiar eso, destruyendo a Náraku, su Kaazana desaparecería y podría hacer una vida normal…
¿Normal? ¿Pero quién desea ser normal? ¿Qué tiene de normal un monje, una tajiya y una Miko viviendo bajo el mismo techo que el Daiyoukai más poderoso que había conocido, una Miko emparejada a un Demonio y antes había viajado aliándose con el medio hermano de ese poderoso youkai, Inuyasha.?
Nada, no tiene nada de normal.
Se encontró que deseaba compartir la vida con la Tajiya aunque esa vida sólo durara un día, todo dependería de la calidad de ese día, y de calidad él sabía.
Sí, estaba decidido, pediría la mano de Sango a Sesshomaru el día de hoy, Sesshomaru como alfa de la manada era el que decidía acerca de los destinos de los miembros de ésa manada, sabía que no se negaría, pero cumpliría honrando a su nuevo alfa y amigo.
Rin, Shippo y Kouga dormían a pie suelto, cada uno en su habitación, el lobo pronto debería retornar al Norte pero deseaba hacerlo acompañado, aún así su cortejo se tomaba su tiempo, no apresuraría a Rin.
Esperaría lo que hubiera que esperar.
Estaba emocionado, los besos de la pequeña humana eran deliciosos, nunca había experimentado una cosa semejante, ni siquiera con su amada Ayame.
Con Rin todo era nuevo y atractivo, no se atrevería a preguntarle a nadie al respecto, no deseaba avergonzar a Rin, ni morir en manos del padre de la joven antes del emparejamiento…
Tal vez Kagome le evacúe algunas dudas…
Pero muy pocas, él se desarmaba de vergüenza y sabía que la Miko no estaría en mejores condiciones, el círculo se le cerraba con él adentro y no encontraba una salida.
Tal vez el monje...
El Daiyoukai se movía en la cama, estaba muy cómodo y caliente, sus amaneceres eran siempre iguales, pero desde el día anterior, desde su apareamiento, eran maravillosos, ahora había algo deferente, observaba a la Miko dormida entre sus brazos, se sentía satisfecho con la elección de su corazón.
"Padre te reirás de mí verdad?"
Encontraba que su padre había sido más que inteligente a la hora de decidirse por una hembra, ambas eran muy hermosas, eligió la más poderosa, a pesar de no gozar del afecto de ella, para procrear su linaje de poder, al decidir Kimi alejarse del Oeste, Inu Taisho eligió la más noble y cariñosa mujer humana, y con ella obtuvo todo el amor que deseaba, se aseguró de tener descendencia, siempre demostró afición por los ningen incorporando a Occidente la calidez de la que carecía.
Cuando era un cachorro, se encontraba mirando a las pinturas del salón principal, adoraba el rostro de su madre, se parecía tanto a ella que estaba orgulloso, su padre majestuoso con su pelaje largo y brillante, recordaba otro cuadro, era de una mujer humana, era Izayoi, a su mente llegaban las imágenes de su cabello largo y negro como la noche y su piel pálida, sus rasgos eran hermosos, pero lo más hermoso de Izayoi eran sus ojos, no recordaba el color, solo que eran muy bellos y su mirada penetrante estaba llena de ternura, ella le recordaba un poco si se quería al rostro de la pequeña ningen que dormía a su lado, por Kami, cuánto la amaba. Buscaría ese cuadro ni bien se levantara, el Oeste ya había tenido una humana como Señora y él se había encargado de ocultarla de los ojos indiscretos, ya no más, algún día sus hijos y los hijos de éstos mirarían sus propios cuadros en la sala, haría pintar sólo uno para los dos, Kagome y él, juntos siempre juntos, presidiendo la gran sala, a los ojos de todo el mundo youkai, el Oeste mostraría a las mujeres humanas que con su amor los hicieron la fuerza youkai más poderosa de todas.
Kagome suspiraba, relajada, profundamente dormida, la bestia olfateaba la piel de su hembra adormeciéndose de placer, tenía todo lo que sin saber, había deseado, la Miko había llenado un vacío que ni él mismo sabía que tenía… Al menos gran parte del vacío…
Sesshomaru sentía la inquietud de su bestia, se relajó en meditación para intentar calmarla y descansar un poco más.
"Duérmete"
"Eso intento, pero pienso..."
"Entonces no pienses, déjame descansar"
"Es tan cálida, no quiero dormir y perderme nada"
"Hn."
Los minutos transcurrían y Sesshomaru sin poder dormir.
La bestia continuaba con sus inquietudes.
"BASTA!"
"Solo estoy pensando"
"Sé en lo que piensas, sólo tú tienes la respuesta, así que DÉJAME DORMIR"
Era verdad, sólo la bestia podría solucionar su sensación de soledad, estaba acompañado, muy bien acompañado pero se sentía un poco solo, algo le faltaba, algo deseaba, no sabía cómo conseguirlo, pero lo necesitaba…
