Ranted: M


El sexo no es suficiente para desahogar las penas que lleva en el alma. Anita ha sido la primera y única mujer que le ha satisfecho hasta el último deseo caprichoso que a su cuerpo se le ofrece.

Las adicciones tuvieron que ser el segundo camino para liberarlo de aquella prisión, no quiere sumergirse en rutinas donde las mujeres le hacen caso y al final, sabe que terminarán en sexo seguro. Es una vida bastante cómoda, según voces ajenas. Pero hay algo que a Marian no le termina de gustar.

Será el tercer bar en donde tenga que desahogar penas, beber en compañía de mujeres que no se acercan ni a la Diosa, Anita. La extraña, pero no puede decirlo en voz alta, sería caer bajo, muy bajo.

La noche avanza y va mujeres por todas partes, algunas con acompañantes y otras muchas que le echan miradas lujuriosas, no pierde detalle de los cuerpos y en descaro examina desde los pies a la cabeza, se detiene en el escote y se relame los labios. Escogió a una de tantas que será la diversión momentánea.

Algunas, desilusionadas, suspiran. Ven al hombre de cabellera rojiza caminar por el bar y acercarse a la rubia, vaya suerte le toca. Envidia les ha de corroer por lo pronto.

— Preciosa. — Le habla, manteniendo ese toque cordial y picaresco. Una mezcla extraña que seduce a las mujeres. La imaginación del interlocutor ha volado a ya a la parte donde tienen sexo: Marian se ve mordiendo el pecho, lamiendo los pezones para arrrancarle uno que otro grito a la rubia bonita. La desviste con la mirada y se imagina las piernas a cada lado de las caderas mientras sube y baja en un vaivén escandaloso.

Sus fantasías tienen final antes de empezar siquiera, ha visto acercar otra figura, una más esbelta. ¿Otra mujer? Acepta tríos, sería una nueva experiencia.

— Alma. — La voz es gruesa, no corresponde a la misma del cuerpo que hace unos momentos vio acercarse. No puede ver el rostro entre tanta oscuridad y luz que dejaría a cualquiera ciego.

La pareja, ahora sabe que eso son, se retira. La mujer ebria mientras él la lleva, luce molesto.

Sin concluir sus labores del futuro, bufa, tiene que buscar otra presa, una más fácil. Sus ojos recorren nuevamente el local y ve aquella figura que tanto extrañaba: Anita. Está a punto de acercarse cuando la ve besar a alguien más, perderse en los labios de una figura masculina.

— Felicidades por tu nuevo oficio, mi estimada. — Una reverencia hacia la antes vista, lo sabe desde que la ve, ella ha mostrado la verdadera naturaleza. Ella, Anita, no era más que una dama de compañía.


Bien, esto se va a rumbos que ni siquiera estaba esperando que se fuera. Al final, creo que… la idea se distorsionó. Es como, ni siquiera tenía pensado mencionar a Alma. Y que Kanda Yuu apareciera en el tercer capítulo. O al final.