Segundo capítulo, la inspiración tarda en venir, y todavía estoy planeando cómo se van a conocer, por lo que tardará tiempo indefinido. Lo siento :(


Capitulo 2

Todos los días intentaba hacer, lo mejor posible, aquello que se me encomendaba en cada momento. Atendía en las clases, me relacionaba con mis compañeros, estudiaba y practicaba conjuros y hechizos…. Tras 6 años acostumbrada a no recibir notificaciones relacionadas con mi casi adoración por Malfoy y su persona en sí, logré dejar en segundo plano mis pensamientos, para centrarme en vivir el momento. Y a pesar de ello nunca abandoné la costumbre de que cada vez que escuchaba algo relacionado con él, o mismo lo veía en la lejanía, resurgía la parte de mi mente exclusivamente dedicada a él. Su sonrisa podía iluminar todo Hogwarts si se lo propusiese. Y su personalidad… era algo que me convertía en un ser totalmente inhumano, por sentirme principalmente atraída precisamente por esta característica suya.

Su ego era incalculable, su arrogancia era evidente, así como sus aires de superioridad influenciados por sus ideales de pureza en la sangre y por su condición del hijo heredero de una de las familias mejor asentadas y de más renombre. Solía menospreciar a todo aquel que considerase inferior, y por ello les dirigía insultos de toda clase, miradas de rechazo y algún que otro escarmiento por parte de sus "guardaespaldas" Crabbe y Goyle. Lo único que debías hacer para evitar estos incidentes era huir silenciosamente para no causar ninguna molestia al Slytherin. No sé cómo, pero lograba disimular muy bien mis a veces interminables miradas dirigidas a su persona desde mi asiento de la mesa Ravenclaw en el Gran Comedor, o desde cualquier otro lugar donde detectaba su obvia presencia. Adoraba ver cómo, hiciese lo que hiciese, parecía elegante en todo lo que hacía. Llamadme obsesiva, o ciega, pero debemos admitir todos que, cuando estás enamorado, no puedes evitar tener debilidad por esa persona. Y no es que estuviese ciega, sabía perfectamente que era cruel y estúpido en muchas ocasiones, e incluso estaba en desacuerdo con muchas de las cosas que hacía, pero lo que me importaba era que mi intuición me decía que en lo más fondo de su esencia era completamente distinto. No sólo era el odioso y repelente niñato de papá. Yo me detuve un poco más para, con mis mediocres métodos de observación, poder apreciar su inteligencia en algunas de las clases que compartíamos. La gente era consciente de ello, pero les costaba creerlo, y sobre todo admitirlo. En Quidditch era uno de los mejores buscadores. Y su astucia, mal utilizada para sus planes de destrucción de la autoestima de los indefensos, era digna de ser al menos reconocida.

El curso empezó rutinariamente, con el clásico discurso de Dumbledore, la gran cena de bienvenida, precedida por la llegada y nombramiento de los nuevos miembros de cada una de las casas… Mis amigos y yo estábamos muy contentos de haber vuelto, y en medio de la celebración, solo por un segundo aparté la vista para detectar que, Malfoy, parecía algo distanciado. Esa imagen era realmente insólita, acostumbrada a verlo rodeado de todo un séquito, y con la siempre fiel acompañante y representante oficial de todas las seguidoras/admiradoras de Draco Malfoy, Pansy Parkinson, a su lado. Y pese a todo lo que dije antes, cada vez tenía menos aprecio y devoción por él. Me acabé cansando de vivir día tras día entre sueños y cavilaciones que no llevaban a ninguna conclusión, y llegué al punto de parecerme estúpida mi actitud al creer en la posibilidad de haber una muy oculta bondad en el interior de alguien totalmente desconocido. Y esta fue una de mis más grandes frustraciones hasta la fecha. Tener que decir 'hasta aquí llegamos' cuando la culpa era sólo mía por haberme enamorado de alguien que incluso sin haberme conocido, me estaba destruyendo la vida. Así que traté de ignorar lo que acababa de presenciar y continué festejando la vuelta a casa, Hogwarts.

Hacía mucho, mucho tiempo que no me sentía tan libre, tan despejada, sin sentirme atrapada en un cuartel que era el de ser la admiradora secreta del peor ser humano de todo ese colegio, incluso el Profesor Snape me empezaba a parecer un poco más persona. Aunque notaba un vacío en mi interior bastante considerable, me obligué a tomar las riendas de mis sentimientos, pero lo hice de tal forma que acabé creándome una especie de acorazado con el que traté de distanciarme de todo indicio de sentimiento que surgía por alguna razón. Me estaba engañando a mí misma. Lo único que hice fue tratar de convencerme internamente de que tener sentimientos más que amistosos hacia cualquiera de mis compañeros, me haría daño. Y los tuve. Hubo un par de insinuaciones de dos de los chicos más sencillos, sosos y desaliñados que conviven en el mismo recinto estudiantil que yo. Debo reconocer que tengo un cierto tipo de preferencias en este ámbito, y 'el que estaba tratando de olvidar' los cumplía al milímetro, no podía negarlo, y esto me enfadaba aún más, creando aún más 'odio' hacia él por todo lo que me había hecho sin siquiera haberme dicho uno de sus recurrentes "Eh! Ten cuidado y mira por donde andas!".

Académicamente no me influyó, seguía siendo la estudiante mediocre tirando a regular que era antes de este drástico cambio. También mantuve a mis amigos de Ravenclaw, los cuales fuese como, cuando y donde fuese, siempre estaban allí. Se podía decir que vivía entre la amistad y felicidad de estar compartiendo muchas experiencias con personas entrañables, y el vacío interno rivalizado con la rabia y la frustración de un amor no correspondido de alguien que odiaba cada día más por haberme hecho gastar tiempo y espacio de mi mente en ese cretino.

De esta forma, pasé medio septiembre sumida en una continua lucha psicológica (se podría decir) para lograr mejorar mi autoestima y mejorar como persona. Y todo en vano, ya que nunca apreciaba diferencias ni mejoras con respecto a mi anterior estado, con lo cual seguía arrastrando las cadenas de la frustración y el dolor del vacío. No sé si era por echar de menos evadirme de mis preocupaciones durante las comidas observando a mi perdición, pero algo así intuía que podía ser, y este sentimiento me asustó, en el sentido de que no quería volver a la casilla del principio y despertar a ese demonio llamado 'amor no correspondido' o en mi caso: 'amor secreto hacia alguien que desconoce de tu existencia y a quien directamente consideras que sería amor no correspondido por causas evidentes'.