Siento mucho la tardanza, estoy falta de inspiración :(


Capítulo 5.

Cerré la puerta y me puse a ordenar mis cosas mientras le echaba un vistazo al cuarto, y miraba por la ventana, que daba al jardín delantero. Debo admitir que la decoración y el aspecto general de la mansión era bastante de mi agrado, los colores grises, negros y verdes oscuros… los largos pasillos… ventanales enormes y luminosos… altos techos en toda la construcción, que constaba de una planta baja, dos pisos con habitaciones, y una posible biblioteca de tamaño considerable, y un tercer piso donde se alzaban los tejados de las torres. Una cama de tamaño matrimonial con una colcha mullida y múltiples cojines encima, protegida con un bonito y elegante dosel de un color verdoso muy Slytherin. El mobiliario se limitaba a poco más que una mesita de noche de estilo romántico de puro roble, bastante antigua, y un armario tipo barroco en madera maciza de pino, aunque bastante oscuro por los años. Me acerqué a la ventana para encontrarme con el mayordomo que me acompañó hasta la sala de la dichosa reunión, hablando con el chofer que me había traído. La verdad, me sentía como una chica de alta sociedad, y esta sensación de grandeza y poder, me encantaba. Siempre decepcionada y frustrada porque, como dije al principio, en mi interior me sentía muy noble, en el sentido de que sabía que llevaba en mí el espíritu que suelen tener las personas ricas y poderosas, elegantes y con clase, que viven en mansiones y tienen criados, que se sienten superiores a otros, que disponen de un prestigio importante gracias a su apellido…

Yo era todo lo contrario, ni criados, ni patrimonio, ni elegancia, ni mansión, ni poder, y mucho menos apellido con prestigio. Ni en sueños me codearía con gente como esta familia. Sin embargo, allí estaba, por una razón u otra, logré pisar una mansión y ser atendida como una señorita de la 'nueva burguesía'.

Rondaban las ocho de la tarde, y mi intención era quedarme allí recluida hasta la mañana siguiente. No tenía ganas de nada. Ni de hablar con nadie, ni de ver a mis padres, de nada. Solo quería estar allí sentada en el borde de una cama ajena a la mía, y reflexionar sobre todo lo que había sucedido ese día: primero me sacan a prisa y corriendo de Hogwarts, después, me llevan a la mansión de los Malfoy, para encontrarme cara a cara con Draco, la persona que menos quería encontrarme, a quien estaba empezando a odiar por haberme hecho daño sin ni siquiera habernos conocido, cuando la culpa era solo mía por ser una estúpida niña con demasiadas esperanzas e imaginación, luego, acaban convirtiéndome a la fuerza en Mortífago, teniendo Lord Voldemort un inquietante interés en mi mente, cosa que todavía me daba escalofríos. Parecía una pesadilla. No merecía todo esto. ¿Por qué? ¿Por qué yo? Y unas tímidas lágrimas asomaron en mis ojos, que en cuestión de segundos se acabaron convirtiendo en un llanto desesperado y ahogado.

Empezaron a venirme pensamientos oscuros a la mente. Una profunda tristeza que aumentaba gradualmente mis lágrimas. Me sentía sola, vacía. Nadie me comprendería, porque no había persona humana que estuviese pasando por lo que yo sufría desde hacía unas horas. El mundo se me vino abajo. No tenía nada en lo que creer. ¿Qué me estaba pasando? ¿Iba a caer de nuevo en la depresión? O mejor dicho, ¿iba a subir un escalón más, camino a la depresión máxima? Si en ese momento decidiesen sacrificarme, no pondría ningún impedimento.

Alguien llamó a la puerta, dos breves golpes de nudillos y abrió lentamente la puerta. Definitivamente, ese no era mi día, porque no era otro que Draco, todavía ataviado con su traje negro que le sentaba tan perfectamente bien (cosa que volvió a pasar por mi cabeza en ese mismo momento).

"Am… Se me había olvidado lo de la reunión de mañana que mi madre me comentó antes…" pronunció de corrido en cuanto se asomó por la puerta, para detenerse en seco al encontrase sus ojos con la imagen de un río de lágrimas saliendo de los míos. Intenté secarlas en seguida, pero ya era demasiado tarde. Ya había caído en el ridículo y la vergüenza a la que me sometía a mí misma mostrándome con esa imagen ante él. Quería desaparecer. O volver atrás en el tiempo y evitar esta escena. Pero no era posible. Debía continuar. Pasaron unos segundos en los que ambos nos quedamos como petrificados. Él con cara de confusión, y yo avergonzada sin saber cómo salvarme de este mal trago.

"¿E-estás llorando? ¿En serio?" dijo casi en tono de sarcasmo.

Me esforcé para poder asentir con la cabeza en respuesta a su estúpida pregunta.

"Si…Si quieres me voy y vuelvo cuando estés más…" comentó un poco más serio mientras iba cerrando lentamente la puerta.

"No." Respondí casi apresuradamente. En realidad no quería que se fuera. Era la primera persona que veía desde hacía dos horas de pura agonía, y el hecho de que fuese él, incrementaba aún más el efecto curativo de la compañía, o de una breve visita a mi cuarto. Me enjugué los ojos de nuevo. "¿Decías?" me sorprendí a mí misma al tratarle con esa seguridad y sobre todo, por tratarlo como un igual y no como ese dios en lo alto del pedestal, como yo lo tenía idealizado.

Entró en la habitación y se detuvo a pocos metros de la puerta, manteniendo la distancia entre nosotros. Con las manos metidas en los bolsillos, y casi sin mantener contacto visual, comenzó:

"Em… Mi madre, me pidió que te avisase de una segunda reunión mañana por la tarde en la misma sala."

"Ah. Gracias. Algo… más?"

"Que-que yo sepa…. No."

"Bien." Me quedé mirando cabizbaja a mi antebrazo aún dolorido y algo rojizo.

"Bueno. Pues… no tengo nada más que hacer aquí, así que…" se dio la vuelta y caminó hacia la puerta, se detuvo antes de salir sin girarse hacia mí "y… se te pasará en una noche. Mañana ni lo notarás. Créeme. Hasta mañana… otra vez." Salió y cerró la puerta a sus espaldas.

Esta fue la primera vez que me habló sin su tono de superioridad e impertinencia. Era más bien como el hermano mayor que te da un consejo por su propia experiencia. Fue un momento bastante agradable y de gran ayuda, ya que después de esto, mi cabeza dejó de pensar en lo negativo y, tras tumbarme en la cama con la misma ropa que llevaba, me quedé plácidamente dormida.