Como recompensa por mis tardanzas y mi falta de ideas, aquí viene un capítulo extra largo que espero disfrutéis tanto como yo escribiéndolo. Os va a sorprender, estoy segura. Pero no quiero decir nada. :D
Capítulo 6.
Desperté de golpe. Abrí los ojos tan rápido que la luz del día, que entraba por el ventanal de mi habitación, me dejó ciega por un momento. Había olvidado cerrar las cortinas, y ahí estaba mi recompensa. Eché un vistazo a mi alrededor y recordé dónde estaba. Me desperecé lentamente y salí del cuarto. Bajé las escaleras y, tras una breve búsqueda en la planta baja, encontré lo que parecía ser el comedor. Allí estaban mis padres charlando con Narcissa Malfoy. Parecía una agradable conversación, como ignorando los acontecimientos recientes.
"Buenos días, hija. Has descansado?" mi madre parecía algo preocupada.
"S-Si" vacilé al responder "se podría decir que si"
"Estupendo. Ven a comer algo, Elisabeth. Lo necesitas."
"Mmmm… preferiría darme un baño antes, eso me aclarará las ideas, creo…"
"Oh! Claro, sin problema. El mayordomo te mostrará la sala de baños. Allí tómate tu tiempo, querida."
"Muchas gracias, señora Ma-" me interrumpió una voz antes de terminar
"Narcissa, puedes llamarme Narcissa de ahora en adelante."
"De acuerdo, tomaré nota." sonreí y me di la vuelta para seguir al mayordomo.
Todos sentados alrededor de la mesa, esperando a que el Señor Tenebroso comenzase a hablar. Tras dos largos minutos inició su explicación:
"Como he dicho antes, necesito alcanzar mi objetivo satisfactoriamente. Para ello ya he adjudicado a Bellatrix y a estos dos descerebrados una misión de ataque. Mientras, los demás quedáis reservados para otro tipo de misiones. Y... bueno. Tengo más planes especiales." se pausó por un instante. "La pureza de la sangre. Sabemos todos los presentes que es esencial en mis objetivos para el futuro. Otra de mis prioridades es mantener una generación de magos de sangre pura y con determinación suficiente como para llevarlo a cabo." rió para sí mismo. Se levantó de su asiento y empezó a pasear lentamente por detrás de las sillas de cada uno. "Ahhh... la juventud... "dijo entre suspiros falsos "Como habreis podido apreciar, tenemos a dos jóvenes magos entre nosotros. Justo como yo planeé. Me metí en la mente de la compleja Elisabeth para comprobar que realmente era el alma que buscaba para este... experimento, consistente en traer a la vida a un mago con la sangre más pura posible combinada con un pensamiento oscuro y complejo, capaz de sustituirme en el futuro tras mi ausencia. Para ello, tengo un pequeño trabajo para nuestros benjamines..." se detuvo tras el asiento de Draco, quien tenía una mirada más bien asustada y confusa, como si viese venir lo que pasaría a continuación, exactamente igual que yo. "Draco, mi leal joven. Tu familia es conocida por ser la que mejor ha conservado la línea de sangre, generación tras generación, hasta llegar a tí, heredero de toda esa pureza, que..." el Señor Oscuro se dirigió a mí con una sonrisa "combinada con el espíritu y el determinado interior de la joven Elisabeth, formarían a mi perfecto sucesor."
Me quedé totalmente en blanco, sin respuesta. Incrédula tras haber escuchado todas esas palabras. No podían ser ciertas. Tenía que estar de broma. Cómo iba yo a interferir en la pureza de una de las familias más antiguas del mundo mágico? Es que estamos locos? Y lo que más resonaba en mi cabeza, que tenía que "fusionar" mi don con el suyo. Y que yo sepa... sólo... hay... una... forma... natural... de hacer eso... posible!
"En un plazo de dos días, os pido que cumpláis este especial y personal deseo que acabo de exponer. Para aclarar: engendrar a un digno heredero de mi poder." nos miró a ambos "podéis retiraros en este momento para... comenzar el proceso. Me encargaré de que no os permitan separaros de la misma estancia hasta que no hayáis completado vuestra... delicada e íntima misión."
Totalmente en shock, me levanté y me dirigí al pasillo, en el cual respiré hondo porfin. Empecé a dar pasos de un lado al otro, tratando de mentalizarme de que lo que acababa de ocurrir era cierto. Al minuto, Draco apareció y me buscó con la mirada. Hizo un gesto para indicarme que empezase a caminar y me limité a seguirle en silencio. Entró en su cuarto, dudé un poco, pero un movimiento perezoso en su brazo derecho en forma de invitación me empujó a entrar. Cerré la puerta de espaldas al cuarto, apoyé mi frente en la puerta ya cerrada, respiré y empecé a notar un aumento de mis pulsaciones, y un aumento en 'crescendo' de la temperatura de mis mejillas. En mi vida me había sentido más avergonzada que ahora. Vale a lo de ser obligada a sentarme frente a él para las reuniones de los Mortífagos... pero lo de ahora!? Seis años enteros de total adoración hacia él, de imaginarme situaciones como la que estaba ocurriendo (o iba a ocurrir de un momento a otro) en ese preciso instante. Eran solo pensamientos, y numerosas veces deseando que se cumpliesen, hasta que perdí la esperanza, para ahora ser sometida a una forzosa situación similar a esas. Increíble. Mi cabeza no paraba de darle vueltas a todo esto, estaba cada vez más nerviosa, con un constante aumento de mi ritmo cardíaco y de la temperatura de mis mejillas.
Eché un vistazo al cuarto. Decorado con tonos verdes, muy Slytherin, como no. Mucho más grande que el mío, aunque casi similar en mobiliario y ventanal. Un escritorio con dos montoncitos de libros, una pluma junto a su tinta, y unas cuantas hojas para escribir. Bastante acogedor para lo que esperaba. Como tampoco me esperaba que él estuviese estirado en su cama extra grande, con expresión pensativa y seria observando el techo. No sabía que hacer, así que me senté cuidadosamente en la silla del escritorio, situado a un lado de la cama. Tras unos incómodos minutos se percató de mi aburrimiento, mejor dicho, mi incomodidad tanto por la situación como por mi situación.
"No prefieres algo más cómodo? Ese sitio es más duro que una roca, odio sentarme ahí." dijo mirándome inexpresivamente. Asentí encogiéndome de hombros tímidamente, todavía sobrecogida por el hecho de estar donde estaba y con quien estaba.
"Puedes acercarte, al fin y al cabo tendremos que hacerlo en algún momento." Apartó sus piernas un poco dejando un espacio libre en su cama. Me levanté lentamente y de la misma forma me senté a los pies de la misma, sin querer ocupar mucho espacio.
"Así que Ravenclaw, eh? Bueno. Al menos no eres una Hufflepuff, o peor, una Gryffindor. Esos dichosos Gryffindor y su querido Potter." dijo con tono despectivo. "San Potter, siempre protegido por Dumbledore. Que vergüenza. Son los privilegiados por tener al 'elegido' entre ellos." gesticuló unas comillas en la palabra 'elegido'.
"Lo sé. He estado ahí seis años viendo todo eso igual que los demás." mi voz sonaba en un tono bajo por la timidez.
"Oh! No eres una simpatizante de Potter? Pocas personas en ese colegio piensan lo mismo."
"La verdad es que pasaba mucho de ese tema. No era muy de mi gusto todo aquello, y me acusaban de defensora del mal, aunque en realidad pensaban que lo decía en broma y no me guardaban rencor."
"A que te refieres con que no era muy de tu gusto?"
"Em... tenía otro tipo de gustos, bastantes distintos a los de los demás. Y digamos que... tambien del resto de mis compañeras." reí para mi, sin mantener contacto visual, sabiendo lo que acababa de decir.
"Elisabeth?" me dirigió una sonrisa amable.
"Ese es mi nombre, lo sé."
"Empiezas a caerme bien."
Estuvimos conversando así durante horas. Cada vez adquiriendo mayor confianza. Relajando la tensión que tenía, hasta llegar a olvidarme de ello. Inconscientemente, mi posición se fue relajando también, de forma que cada vez estábamos unos centímetros más cerca, debido a la conversación fluida y amena que manteníamos. Al final llegó un momento en que estaba justo a su lado. Tantas horas allí metida no sabía ni en que hora vivía, consulté el reloj y vi que habíamos estado así hasta las tres de la madrugada, por eso estaba tan cansada.
"Me muero de sueño." dije de golpe.
"La verdad es que yo también. Será mejor que descansemos, creo." se enjugó los ojos con las manos, que luego pasó por su pelo, lo que me pareció realmente adorable desde mi punto de vista de admiradora-adoradora-que trataba de olvidarlo y odiarlo aunque estaba siendo imposible.
Me acurruqué en un lado de la cama, de forma que, para evitar situaciones incómodas, me recosté con la cabeza en el pie de la cama, y los pies donde la almohada. Draco me miró con cara de 'qué demonios haces'.
"No hace falta que hagas eso. No eres un perro. Ven a este lado, todavía no como." sonrió amablemente.
"Está bien." y me recosté a su lado. Le dí la espalda, ya que no estaba preparada todavía para mentalizarme de que estaba durmiendo en la misma cama que el chico de mis sueños. No tardé mucho en quedarme dormida.
Cuando abrí los ojos, me encontré a milímetros de la cara de Draco, que todavía dormía. Casi sufro un ataque al corazón al verlo tan tan TAN cerca. Estaba adorable, tan lleno de paz, tan tranquilo, sin su característico gesto de superioridad, parecía el niño que una vez vi hacía seis años, libre de preocupaciones, solo él. Tan lleno de pureza. Su imagen era casi semidivina, un ángel caído todavía igual de perfecto. Estaba tan hipnotizada por ello, que no me dí cuenta de que se había despertado, y que me estaba mirando sonriendo para sí mismo, probablemente por mi cara de estúpida examinando detenidamente cada milímetro de su cara, así como su despeinado pelo, el flequillo tapando parte de su frente de una forma tan natural y a la vez tan estratégica que era digno de admirar hasta el fin de los tiempos. Tras percatarme de que había pasado casi un minuto, me levanté de golpe y me fui a sentar a la silla del escritorio.
Había un libro de Agatha Christie, como el que yo tenía en mi maleta. Lo abrí y busqué la página en la que me había quedado.
"También lees estos libros muggles? La verdad, merecen la pena, son buenísimos." se levantó y se acercó al escritorio, se paró tras el respaldo de la silla, a mis espaldas.
"Tengo este mismo libro en mi maleta. Lo he leído un montón de veces. Son geniales."
Noté el tacto de una mano en mi hombro, lo que me provocó un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo de arriba a abajo. Era cálido y firme. Al instante se fue desplazando hacia mi cuello, donde sí pude percibir la suavidad de su mano acariciando mi piel. Un escalofrío de mayor magnitud volvió a recorrer mi cuerpo, mis mejillas se sonrojaron. Se inclinó hasta que pude escuchar su respiración en mi oído. Mis pulsaciones se dispararon.
"Ahm. El capítulo donde empieza a sospechar quien lo había asesinado. Me encanta." comentó.
No obtuvo respuesta, ya que estaba paralizada por la situación en la que me encontraba. Él solo estaba comentando el libro, cuando yo me imaginaba que tenía otras intenciones. Todavía agarrándome suavemente por el hombro, giró la silla hacia él y se arrodilló frente a mí. Yo no era capaz de mirarle a los ojos, así que me quedé cabizbaja, sonrojada y a punto de sufrir un infarto. Posó su mano izquierda en una de mis rodillas, y con la otra mano alcanzó mi mentón, que delicadamente alzó para obligarme a mirarle.
"Es que eras invisible? Cómo es que hasta hace unos días no te había visto en Hogwarts? Te escondías o algo así?"
"No. Sólo que nunca nos encontramos, no estaba en tu entorno, no era de Slytherin, no era como todas aquellas que te rodeaban y que me superan en todo lo que a muchos importa, la imagen. Tú no me veías pero yo si. Día tras día. Seis años." dije de corrido y sin mirarle a los ojos.
"Te superan en... que?"
"Imagen. A todo el mundo le importa más la imagen. Por eso esas personas te rodeaban, mientras gente simple y poco agraciada como yo, pasamos desapercibidos ante vuestras miradas." Aparté su mano y me levanté para caminar hasta el lado opuesto del cuarto.
"Créeme, si te hubiese conocido antes, no pasarías desapercibida."
"Ya." mi tono se volvió seco y sarcástico.
"No me crees?" oí como se acercaba y se paraba frente a mi.
"Es que me resulta imposible pensar que en algún momento de nuestras vidas nos llegaríamos a encontrar. Gente como tu no se mezcla con gente como yo. No me molesta, solo que me parece poco creíble tu argumento de 'si te hubiese conocido no pasarías desapercibida', cuando en realidad es lo que ha pasado, de no ser por este incidente al que me han obligado a participar."
"Bien. Tú ganas, pero yo en eso no tengo culpa." endureció su tono.
"Claro que no! Quien te obliga a mirar más allá de tus narices!"
"Que!? Yo siempre he estado al tanto de todo y de todos. No solo estoy en mi entorno, también observo, para tu información."
"No te lo voy a negar. Pero he de decir que tu sentido de la observación no es muy efectivo, por lo que veo." elevé mi tono de voz.
"En serio? Desde cuando estas en mi mente para controlar lo que observo y lo que no?"
"No me hace falta, solo con escucharte se puede deducir."
"Deducir, no afirmar."
"Es que siempre tienes que ser el último en responder!?" estaba de los nervios y exploté "Soy Draco Malfoy y siempre tengo que ganar a todo porque soy" mi imitación sarcástica fue interrumpida por una acción inmediata que él provocó utilizando sus brazos para acercarme aún más, y chocando sus labios con los míos, impidiéndome hablar. El primer impulso que tuve fue rechazo, tratando de librarme de sus brazos sobre mí. El segundo, al ver que no era capaz, fue el de reflexionar. El chico que adoraba, que admiraba día tras día, que tanto tiempo llegué a dedicar, el chico de mis sueños, inalcanzable, estaba besándome. Siendo este mi primer beso, los demás no contaban por ser simples roces con duración de milisegundos. El tercer impulso, devolver el beso, permitiendo que él dominase mis labios con los suyos. Se intensificaba cada segundo. Relajé mi cuerpo y me dejé llevar, instintivamente mis manos fueron a parar a sus hombros, la diferencia de altura no me daba a más. Esto mismo debió notar él, porque al momento me cogió por la cintura permitiendo que mis piernas se entrelazaran en la suya. Así, mis brazos llegaron de lleno a sus hombros, rodearon su cuello y mis manos se deslizaron por su pelo desde la nuca. Otro impulso lo obligó a acercarse a la pared mas cercana y a empujar mi espalda contra ella, acentuando e intensificando todavía más la fuerza del beso. Cuando la falta de aire nos obligó a parar, separamos nuestros labios y con esto, al darme cuenta de lo que acababa de pasar, me sonrojé, me avergoncé y bajé la mirada sonriendo. Era tan irreal. Sobrepasaba mis expectativas. Mis sentimientos a flor de piel. Sentí cómo arrimaba su frente contra la mía, obligándome a mirar fijamente a esos inquietantes ojos gris azulados, que provocó un repentino cambio de mi estado de ánimo.
No sólo era esa imagen idealizada de lo que llegó a ser algo como un dios, que con solo mirar de lejos, lograba lo que nadie hacía. Aquel que nunca me había hablado, ni siquiera me había visto. Sentía que lo sabía todo de él, cuando él ni sabía que existía. Esa frustración me llevó a crear un odio hacia su persona, cuando sólo se trataba de un asunto entre mis sentimientos, mi mente y yo. Era como intocable, inalcanzable. En mi vida me esperaba que tras acabar los estudios allí lo volvería a ver. Como tampoco esperaba que en el año y medio que me quedaban hasta despedirme de Hogwarts, me ocurriría algun tipo de coincidencia que nos uniese a los dos porfín. Por ello, mi cabeza empezó a hacer memoria, recordando mis buenos y malos momentos provocados por este complicado sentimiento. Era una situación tan increíble que no me la podía creer, y por tanto, me cubrió una repentina tristeza visible por las lágrimas acumulándose en mis ojos.
En estos segundos, yo ya había apartado la vista de él, cabizbaja, ajena a lo que estaba sucediendo. Draco continuaba con lo que habíamos empezado hacía unos instantes, sus manos situadas en mi cadera, ahora comenzaban un recorrido ascendiente por mi camisa del uniforme de Ravenclaw que aún llevaba, y que lentamente iba descubriendo mi piel. Ahí fue cuando el pánico se apoderó de mí, así como os complejos que tenía y que estaban permanentemente recordándome mis carencias físicas. Me sentía muy avergonzada por ello, así que rápidamente me aparté de él empujándolo con todas las fuerzas que pude sacar en ese momento. Su cara de incredulidad lo decía todo.
"Qué... Pero qué pasa!?" alzando una ceja, preguntó desde el mismo lugar donde lo dejé tras mi movimiento brusco.
Yo me encontraba sin fuerzas para responder, sollozando frente a la puerta, tratando de abrila, aunque resultó inútil, porque nuestros padres se habían encargado de seguir las órdenes de Voldemort a rajatabla encerrándonos allí dentro durante dos días. Apoyé mi frente en la fría madera de la puerta, mis manos también sobre ella, como tratando de empujarla y tirarla abajo. Sin resultado, en esa posición me quedé, todavía llorando en silencio.
"Es que te vas a pasar ahí toda la eternidad sin explicarme por qué lo haces?" oí a mis espaldas el tono de protesta característico de Malfoy. No respondí. "No piensas responder? Estupendo." sacó su tono sarcástico.
Pasaron unos minutos silenciosos. Necesitaba descansar mi cuerpo, así que estando todavía en la misma posición, lentamente me senté en el suelo, apoyando mi espalda en un mueble situado a la derecha de la puerta y doblando mis rodillas, me abracé a ellas hundiendo mi cabeza en ellas. Tras otros tantos minutos en silencio, escuché cómo Draco se acercaba a mí, y a continuación ponerse de cuclillas a mi lado para estar a mi altura. Aunque estaba de perfil, pude percibir que no apartó la vista de mí en ningún momento.
"No voy a irme de aquí sin una explicación. Tengo todo el día." su voz era seria pero suave.
No tenía manera de librarme, así que respiré hondo y todavía con los ojos cerrados le contesté.
"Esta situación me supera. No puedo asumir que alguien como tú esté siendo obligado a hacer esto con alguien como yo. Prefiero que me ejecuten por negarme a ello. Pero esto no puede suceder porque no... no cumplo con... los requerimientos necesarios para realizar esta... tarea. Es muy difícil. Imposible."
"Alguien como yo? Alguien como tu? Requerimientos? Imposible? No lo capto, la verdad."
"Es que es tan difícil?"
"Tal como lo explicas, si."
"Que puede que mi interior sea lo que el Señor Oscuro busca, pero lo que no ha contado es el exterior."
"Exterior?"
"Tratas de hacérmelo difícil, eh?"
"Es que si no eres más explícita no logro adivinar tus pensamientos, por el momento no se hacerlo, lo llegaré a hacer, pero por ahora no." se rió para si mismo.
"Que mi interior es el correcto, pero mi exterior no. No puedo hacer esto porque no soy lo suficientemente buena en el exterior como lo soy en el interior."
"A eso te referías? A que tienes complejos? Que os pasa a todas con esos rollos? No logro entenderlo. Os pasáis la vida pensando que hay que mejorar esto y lo otro en vuestro cuerpo para nada. Hay cosas más importantes en la vida que andar preocupándose de esas estupideces. Es posible que no me creas, porque me imagino la opinión que tienes sobre mi forma de actuar, la que todos tienen. Pero déjame que te diga una cosa, no soy tan superficial como aparento. En Hogwarts doy esa imagen, pero en realidad no pienso así. Creo que una de las claves para alcanzar poder exitosamente es quererse a sí mismo. Si estás orgulloso de tu persona, tanto física como mentalmente, adquieres una seguridad y determinación muy necesarias para ser poderoso."
"Y si no te sientes orgulloso de tu exterior?"
"No estás orgullosa de tu exterior?"
"Creo que he dejado bien claro que no."
"Pues eso puedo arreglarlo."
E inmediatamente después de decir estas palabras, se acercó un poco hacia mí y me cogió en brazos al estilo nupcial y se acercó a la cama, donde me posó delicadamente sin apartar la vista de mis ojos llorosos y avergonzados. En ningún momento,desde que dijo esas cuatro palabras dejó de sonreír de la forma más bonita y adorable que jamás habría imaginado, ahí sentado al borde de la cama. Tras descalzarme, comenzó ascendiendo lentamente con sus suaves y firmes manos por mis piernas, hasta que se encontró con mi falda plisada, bajo la cual siguió su camino, decidiéndose a los dos segundos por hacer una pausa para alcanzar la cintura de la misma y a continuación bajarla a lo largo de mi cadera, pasando por mis muslos, las rodillas, los tobillos y finalmente desaparecer por mis pies, todavía cubiertos con las medias altas que me llegaban hasta justo debajo de la rodilla. Volvió a donde se detuvo, dejando cada una de sus manos agarrar firmemente cada lado de mis caderas, seguidamente se desplazaron hasta el último botón de mi blanca camisa, lo desabrochó, siguió con el de arriba, y el siguiente, hasta llegar a descubrir por completo mi vientre. Ahí se situaba mi punto conflictivo, odiaba esa parte de mi cuerpo, no quería que nadie lo viese, y la última persona que quería que la viese, era la misma que en ese momento la estaba viendo. Me miró, y al ver que me sonrojaba y que mi cara se tornaba de perpleja a preocupada, me dedicó una de esas famosas media sonrisas que tanto lo caracterizan. Sus manos se volvieron a posar en mi cadera, notaba como se agarraba fuertemente a ella, y prosiguió su camino hacia mi cintura y mis costillas, sin soltarse en ningún momento de mi cuerpo. Hizo otra pausa para volver a los botones restantes de la camisa, la cual estaba ahora solo cubriendo mis brazos. Manteniendo la caballerosidad que también poseía, esquivó mi busto para ir directamente a mi clavícula. Ahí se esmeró en acariciar de arriba a abajo, de derecha a izquierda toda esa zona, para llegar hasta mis hombros, desde los cuales metió sus manos por las mangas de mi camisa, deslizándolas hasta mis manos, por las que al final desaparecieron. En ese momento, solo mi ropa interior cubría mi cuerpo. Todavía perpleja y fascinada por el asombroso tacto de Draco, traté de memorizar todos y cada uno de esos movimientos. Decidí buscar su mirada, la cual nunca se había apartado de la mía. Ya no sentía aquella tristeza, y las ganas de llorar se habían desvanecido. Le sonreí. Me respondió con otra sonrisa encantadora que provocó que me echase a reír. Se inclinó hacia mí y me besó. Cuando se apartó, me incorporé sentándome en la cama, y como si se tratase de un acto reflejo, me lancé hacia él y presioné mis labios contra los suyos con tanta fuerza como pude. No quería separarnos ni un segundo, así que rodeé con mis brazos su cuello e intensifiqué el beso. Me volvió a coger entre sus brazos y me devolvió al lugar donde me había tumbado, esta vez él hizo lo mismo, y se acabó situando justo encima de mí, mirándome con esos preciosos ojos. Mis instintos me llevaron a empujarlo hacia mi lado, de forma que pude ser yo la que estaba sobre él, mientras se deshacía de la camisa que llevaba, destapando su pálido y bien construido torso. Cuántas veces me lo había imaginado, y ahí estaba, tan real como la luz del día. Mis sueños estaban haciéndose realidad, por fin. Pero de repente, mi vista se hacía borrosa, cada vez más, hasta que al final todo se hizo oscuro y...
Abrí los ojos tan rápido como un rayo para darme cuenta de que estaba metida en una de las enormes bañeras de la sala de baños de la mansión. Todo había sido un sueño. La reunión, la 'íntima' misión, los dos encerrados en su cuarto, las conversaciones, los besos... Todo fruto de mi subconsciente. Me odiaba a mi misma por existir. Hasta mi mente me traicionaba. Así no se podía vivir.
