Me siento horrible por haberos dejado tanto tiempo sin nuevos capítulos, pero vengo cargada de ideas. He estado pensando muchas cosas y ya tengo mucho planificado para continuar la historia. De momento, mis más sinceras disculpas :( ...y espero que os guste ^^
AAAAH! Y he decidido hacer un pequeño cambio temporal. Al principio dice que ya había pasado medio curso y que era febrero cuando llegó a la Mansión. Pues bien, para encajar mejor los hechos, ignoremos eso y hagamos como que todavía está en el inicio del curso, sobre los últimos días de septiembre.
Así que recordadlo. Estamos a principios del 6º curso en Hogwarts de Elisabeth Hardy.
Gracias :)
Capítulo 7.
Todavía me estaba recuperando de la extraña sensación que aquel sueño me había dejado. Parecía tan real. Podía sentir de nuevo todos los estímulos que afectaban a mi cuerpo provocando aquellas acciones en mí. Transcurrida la mañana, el mediodía y media tarde, pude comprobar que todo fue fruto de mi subconsciente.
Empezaba a oscurecer y la iluminación tornaba el cielo azulado con nubes y claros a un color tormentoso grisáceo similar al de los ojos de... Oh no. Otra vez no. Siempre aparecía su imagen en mi cabeza repentinamente. Así era imposible olvidarlo.
Tras recibir al resto de mortífagos, ambas familias pasamos a la misma sala del día anterior. Me senté en el mismo lugar. Los nervios, la intriga y el miedo aumentaban por momentos hasta que al cabo de unos largos diez minutos, el Señor Tenebroso hizo su entrada en nuestra presencia. En cuanto se sentó comenzó a hablar, con la introducción de sus metas, sus ideales y sus objetivos. A continuación ordenó a sus sicarios, los mortífagos menos valiosos intelectual y potencialmente cuya fuerza bruta, su apariencia aterradora y su carencia de valores, los convertía en unos simples matones. Su misión? Sembrar el terror y el caos allí donde Voldemort les indicaba cada día. El segundo tema parecía ser de nuevo un recordatorio. Su plan para librarse para siempre de Dumbledore. Lo cual me dejó helada, ya que él era símbolo de paz y la seguridad en Hogwarts, sin él, el colegio se vendría abajo. Pero más helada me dejó cuando nombró a Draco. Único encargado de tan horrible tarea de asesinar a nuestro director. Si existiesen palabras para describir su expresión facial, podría dar todos los detalles con total exactitud sin tener que recurrir a términos como: horrorizado, nervioso, confuso, asustado, resignado, e incluso diría que petrificado ante la idea de que a sus tempranos 17 años tenía que arrebatarle la vida a alguien. Aunque parecía algo ya comentado con anterioridad en reuniones previas a mi llegada, Draco seguía manteniendo esa cara de 'que alguien me saque de aquí, no quiero hacer esto'. Sorprendentemente, tragó saliva, aclaró la voz y con una tímida pero determinada voz dijo:
-"No le fallaré. Es mi misión y la cumpliré, mi señor."
-"Así lo espero mi joven Draco."
Tras unos segundos de silencio incómodo, Voldemort depositó su mirada hasta mi posición, mejor dicho, la de mis padres.
-"Jane. Oliver. Acercaos."
Con esto se levantaron los tres de sus asientos, no sin antes mi madre cogerme la mano fuertemente como si nunca más lo pudiese volver a hacer, mientras mi padre posaba una mano firme sobre mi hombro como aportándome seguridad. Esto no tenía buena pinta, pensé. Los tres se situaron en el espacio libre frente a la chimenea.
- "Ahora, Elisabeth, querida, acércate tu también."
Su voz provocaba escalofríos, pero no me negué. Intuyendo que algo malo iba a pasar, mientras me levantaba y me apartaba de la mesa, eché un ultimo vistazo a mi razón de sonreir. Porque, qué demonios! No podía negar que todavía era la luz de mis días.
-"Bien. Como he comprobado, necesitas un... impulso que te haga resurgir todo tu potencial para ser el mortífago poderoso que espero que seas, Elisabeth. Como te dije ayer, conozco todo acerca de tu debilidad, y de cómo puede llegar a cambiarte, pero también es cierto que esa debilidad me será útil por el momento e incluso en un futuro, así que pensé... qué es lo más importante en tu vida después de tu debilidad? Tus padres. Quieras o no, son los que te han criado, y los quieres. Cuando exploré tu interior, comprobé que, aunque ni siquiera tú misma lo sepas, tu corazón, tu alma sólo responde al nombre de una cosa, concretamente de una persona. Así que pensé en darte yo mismo ese... impulso."
Y sin dudarlo, apuntó con su varita a mi padre y le mandó una maldición cruciatus mortal. Lo mismo hizo a mi madre. Así los dos cayeron desplomados al instante en el frío suelo, a poca distancia de mis pies.
Una angustia incontrolada me hizo gritar desconsoladamente, mientras un arrebato de furia me llevó a practicamente a abalanzarme sobre Voldemort de no ser por unos brazos que me rodearon y me detuvieron al momento. Era Narcissa. Sin apartar la vista de los cuerpos sin vida de mis padres, ella me sacó casi a rastras del salón para llevarme hasta unos sillones situados en un amplio espacio del pasillo. Allí permanecí sentada, con la mirada perdida, sin saber si llorar o gritar. De todas formas, mi cuerpo era incapaz de reaccionar. No sé cuanto tiempo estuve así, pero recuerdo que Narcissa se portó muy bien conmigo. Sentándose a mi lado y cogiendome de la mano. Diciéndome palabras consoladoras y acariciándome las mejillas. Su lado maternal volvió a resurgir.
-"Elisabeth, querida, deberías subir a tu cuarto y dormir un poco. Necesitas descansar y recuperarte. No crees?"
No recordaba cómo se hablaba, así que simplemente asentí.
-"Draco, amor, haz el favor de acompañarla. Y estate alerta por si acaso..."
-"Bien, madre. Buenas noches."
Saqué fuerzas de donde pude y me levanté, Narcissa me abrazó tiernamente y me acarició de nuevo la mejilla con una sonrisa triste. Esta vez, el camino hacia nuestras habitaciones fue menos distanciado ya que, incapaz de sentir nada en ese momento, seguía inmóvil, callada, con la mirada en la nada y sin fuerzas, no me percaté en absoluto de que caminábamos a la par el uno del otro. Como el ser insensible que era, no se molestó en dar ánimos ni muestras de preocupación. Eso si que no lo pasé por alto.
Sentada sobre mis piernas en la cama, mi cabeza no paraba de recordar el reciente suceso. La pérdida. El odio. La pena. La angustia. Memorias de momentos felices de mi infancia con mis padres aparecían de repente en mi mente, provocándo un profundo dolor imposible de medir. Ya nadie se haría cargo de mi. No tenía más familia que mis padres. No tenía a nadie más en mi vida que ellos. Y ahora se habían ido. Estaban muertos. Y yo estaba sola. Tendría que afrontar todo este calvario, toda esta horrible pesadilla de ser seguidora de Lord Voldemort, a la fuerza, pero lo era. La horrible pesadilla de no poder escapar de ese oscuro pozo en el que me había metido sin querer. Como dije al principio, sufría de una leve depresión provocada por las frustraciones de mi día a día. Hubo algún día muy muy malo en que la palabra 'suicidio' flotaba por mi cabeza, pero mi cobardía era superior a las ganas de irme de este mundo. En este momento, estaba en tal nivel de depresión y desesperación que esa palabra volvió a surgir. Y la idea empezaba a hacerse fuerte, hasta que me decidí. La última vez que iba a ver llover desde la ventana. La última vez que iba a ver este mundo. Un mundo que ya carecía de sentido para mi, como para tener el privilegio de vivir.
Cogí mi varita y pronuncié unas palabras que la convertían en un objeto cortante en su punta. Respiré hondo y ahí fue cuando rompí a llorar por primera vez después de lo sucedido. No podía soportar tanta presión, tanto dolor. Llanto angustioso y desesperado que iba en ascenso, incontrolable. Decidí acabar con él cuanto antes. Levanté la manga izquierda de mi camisa y allí estaba en mi antebrazo la marca que lo comenzó todo. Apunté con mi varita en mi muñeca y sin pensármelo dos veces, empecé a eliminar mi vida poco a poco. Me dí cuenta de que mis manos tenían unas venas bastante visibles y que posiblemente allí sería más efectivo. Exacto. De allí salía más sangre. Empecé a presionar. La rabia cubriendo mis entrañas. Dolía. Mucho. Pero más dolía seguir viviendo.
-"Mierda! Lo sabía! Es que lo sabía!" -una voz que al instante reconocí como la de Draco, gritaba desde la puerta de mi cuarto. Tras decir esto, se apresuró a venir hasta mi situación, y como un rayo, me agarró de la muñeca, sacó bruscamente mi varita de mi mano temblorosa y la arrojó al suelo lo más lejos posible. Yo no pude evitar revelarme y tratar de recuperarla, pero siendo él superior en fuerza, logró retenerme. Protesté sin hablar llorando como si mi vida dependiese de ello, pero no funcionó. Pasaron unos minutos y sorprendentemente, logré calmarme hasta que mi llanto desconsolado se convirtió en lágrimas y respiraciones fuertes cada minuto acompañadas de pequeños pucheros, rastro de mi anterior estado. La escena era bastante dramática. No dramática, pero si emotiva. Draco acabó sentándose en el lado de la cama, con su espalda hacia mí, para que no tuviese opción de revelarme, con su brazo derecho apoyado en su pierna, su mano en su mejilla. Con el otro simplemente trataba de evitar que yo moviese mi brazo derecho. Al final me rendí. Pasó un breve instante hasta que se sobresaltó y lo soltó, solo para alcanzar, echando la mano tras de sí, mi otro brazo cuidadosamente y llevárselo hasta adelante. Por encima de su hombro vi como lo examinaba, sacaba su varita y empezó a pasarla por encima de todos los cortes. Debía estar utilizando un hechizo no verbal curativo que en segundos cerraba todas las heridas. No pude evitar quejarme un poco al notar como se cerraban. Ya no lloraba.
-"Y encima te quejas? Encima que te trato de curar estas atrocidades... "- utilizó un tono menos exigente y altivo que el que normalmente tenía su voz. Sarcástico, pero amable. - "¿Por qué estabas tratando de... hacer esto?"- No respondí. Todavía no podía sacar fuerzas como para hablar. - "Bueno, no sé para qué hago una pregunta tan estúpida. La respuesta es evidente." - mentalmente agradecí que se autocontestase, ya que, si estuviese en mejor estado, le soltaría cualquier barbaridad ante semejante tontería.
Pasó un rato muy largo en que ninguno dijo nada ni hizo nada. Yo ya notaba cansancio en mi cuerpo, y mis párpados se cerraban. Mi estado de poca lucidez y de total desolación no me hizo retroceder cuando simplemente me dejé caer hacia delante, hundiendo mi cabeza en mis brazos apoyados en su espalda, que para ser sinceros, era realmente cómoda, ya que estaba inclinada hacia delante, al estar sus dos brazos apoyados en sus piernas, y sus manos posadas en ambos lados de su cara. Creo que también estaba medio dormido. Solo sé que de ahí a unos minutos mis ojos se cerraron por completo, dejándome sumida en un profundo sueño. No una pesadilla, sino un placentero sueño, gracias a la presencia de la persona que acababa de evitar mi desaparición de la faz de la Tierra.
