Capítulo 8.
Desperté con una sensación de descanso en mi cuerpo, algo bastante increíble debido a todo lo ocurrido. Las sábanas y una colcha bien mullida me tapaban por completo hasta mis hombros. No recordaba haberme dormido así, pero lo dejé pasar. Una claridad cegadora se colaba por las grandes cortinas del ventanal. Por un momento ignoraba todos mis problemas, como si fuese un día normal. Me estiré tranquilamente en mi cómoda cama extra grande y comprobé la hora. Había dormido hasta las tres de la tarde. Ahí fue cuando me di cuenta de por qué había estado tan cansada como para dormir más de doce horas. No podría volver a ver a mis padres. No más sonrisas cómplices con papá. No más charlas con mamá. No más abrazos.
Salí de cama, me cambié a mi clásico uniforme de Ravenclaw y lentamente me dirigí al comedor de la planta baja. Tímidamente y medio avergonzada por el incidente de la noche anterior, me asomé por el marco de la puerta y recibir un efusivo abrazo de Narcissa, quien casi suelta alguna lágrima al verme allí de pié por mí misma. Me ofreció algo de comer mientras seguía con su interrogatorio sobre cómo me encontraba físicamente y sobre todo, emocionalmente. Sinceramente, estaba totalmente vacía. Qué iba a ser de mí ahora? Dónde iba a vivir? Pero esas cuestiones se aclararon cuando después de un largo rato, Narcissa comentó:
-"Elisabeth, cariño. Tienes algun otro... familiar cercano? Alguien con quien... quedarte."
Hice memoria, pero no encontré a nadie más en mi vida que mis difuntos padres. Abuelos fallecidos. Tios desaparecidos. Amigos de la familia? Ni loca me iba a quedar con esa gente desconocida. Me limité a negar con la cabeza.
-"Me lo imaginaba. Tu.. madre me lo había comentado alguna vez. Lo siento mucho, cariño. Sé como te debes sentir."- hizo una breve pausa y me miró apenada - "puedes quedarte aquí todo el tiempo que necesites. Esta semana Draco va a permanecer aquí para... preparar... lo de su tarea, así que puedes, si quieres, volver con él el domingo a Hogwarts. Y despues... lo dejo a tu elección. Si encuentras a alguien que te acoja, vete con él. Si no... yo te ofrezco mi casa y mi apoyo. Cuando te decidas avísame. Mientras tanto descansa y trata de recuperarte de esto. Es dificil, pero debes seguir adelante. Cuando necesites algo, no dudes en buscarme."- sonrió tiernamente y yo no pude evitar levantarme y abrazarla. Estaba siendo demasiado buena conmigo, y apenas me conocía.
-"Creo que le puedo responder hoy mismo, Narcissa. No tengo a nadie más, y no creo que encuentre a nadie tan protectora y amable como usted."- sonreí. -"sinceramente, es la primera persona que se muestra así conmigo aparte de mis padres. Me gustaría mucho."
-"Si es así como deseas, así será. Es un placer para mí acogerte como a una hija. Y de ahora en adelante tratémonos de 'tú', vale?"
-"Claro, Narcissa." - y le volví a abrazar. Presentí que esta mujer era maravillosa desde el primer instante, pero desde ese momento, no hizo más que demostrarme que estaba en lo cierto.
Era tarde noche cuando, en mi cama, recordé mi abandonado hobby pensando en una forma de evadirme de los malos pensamientos. Busqué en mi maleta y ahí estaba. Mi bloc de dibujo y mis lápices. Metí mis piernas heladas, por la baja temperatura de mi cuerpo, entre las sábanas y apoyé la espalda en el respaldo de la cama. Sin pensar comencé a dibujar durante no sé cuanto tiempo, pero ya había oscurecido. Mientras daba los últimos retoques a mi obra, oí abrir y cerrarse la puerta de al lado. Alcé la vista en el preciso instante en que 'mi salvador' pasaba por delante de mi puerta abierta. Pasó de largo, y yo simplemente suspiré desanimada, devolví mi mirada a mi creación y oí unos pasos acercándose. Volví a alzar la vista para ver a Draco con su clásica expresión seria pero relajada mirando hacia dentro de mi cuarto. Me sentía incómoda. Y el que entrase y se acercase hasta donde yo me hallaba, no me ayudaba. En un acto reflejo, escondí el bloc entre las sábanas a mi izquierda, porque lo cierto era que la persona que se acercaba a mi, era la misma que estaba dibujando. En cuanto se detuvo, no dudó en coger mi brazo izquierdo y examinarlo de cerca, para comprobar la curación de las heridas, supongo.
-"Sigues muda o ya puedes contestar?" - me miró desafiante. Pero qué gracia le debía de hacer tratar de intimidar a la gente así?
-"Qué pasa?"- usé mi tono pasivo, para dar a entender que no estaba de humor para sus tonterías.
-"Ah! Veo que ya puedes!" - se rió para sí, como si acabase de contarle un chiste -"Me podrías explicar por qué demonios te estabas haciendo esto? Y no me refiero a la razón, sé perfectamente por qué querías tirar tu vida por la borda. Pero... de verdad!?" -alzó una ceja, típico gesto suyo, esperando una respuesta.
-"No entiendo en absoluto a lo que te refieres." -estaba un poco harta de sus sutilezas y de que no hablase claro. No estaba para cuentos en ese momento.
-"Hay miles de formas para quitarte la vida que esa tan... insignificante y estúpida. Los muggles no tienen otras formas, pero nosotros... numerosos hechizos capaces eliminar todo rastro de vida de tu cuerpo en cuestión de segundos." -dijo como si fuese algo que se hablase todos los días. Como si no tuviese la menor importancia el querer suicidarse.
-"Te estás quedando conmigo, verdad? No se si lo sabrás, pero no es la mejor forma de animar a alguien." -la verdad, me estaba cabreando un poco. Es que no tenía el menor signo de empatía en su maravillosa cabeza?
-"Pues claro que lo sé! Sólo que me parece una forma muy estúpida de desmejorar algo así" -y puso mi mano frente a sus ojos, la examinó detenidamente como si fuese una prueba de una escena de un crimen, y su expresión facial delataba aprobación y agrado. Que les pasa a mis manos? Eso pensé mientras ponía una cara de extrañada que debió percibir por lo que dijo después - "que estas manos no pueden ser tratadas de ese modo. Es un cumplido para compensar lo de las formas de suicidio que parece no haber tenido la gracia que esperaba que tuviese."
-"Gracias?" -qué le pasa en la cabezota a este chico?, pensé.
-"Déjame ver eso que tenías ahí..." -dijo mientras alcanzaba el bloc mal escondido a mi lado. Me estaba empezando a sentir muy muy incómoda. Se iba a ver a sí mismo, y eso no era una buena idea. -"oh! Wow! Esto es tuyo?" -preguntó curioso alzando las cejas, también marca de su propia cosecha, por incredulidad.
-"Diría que sí. Es mi forma de dar las gracias por lo de... ayer." -traté de evitar caer en la vergüenza poniendo esa excusa, que pareció funcionar. Le quité de las manos el bloc, arranqué la hoja y se la ofrecí.
-"No, gracias. Sólo lo hice por mi madre, que me pidió que evitase que mancharas el cuarto con tu sangre. Así que, puedes guardártelo." -cambió repentinamente su tono de voz normal a uno más típico al que utilizaba a menudo en Hogwarts. Despectivo. Como escupiendo cada palabra. Ofendido. Mientras se levantaba efusivamente del lado de la cama y a paso ligero se metió de nuevo en su cuarto.
No podía creer lo cruel que llegaba a ser. Lo había visto de lejos comportarse así con los demás, y nunca me afectó hasta ahora, porque esta vez era yo la que recibía los balazos de su difícil carácter. Casi me pongo a llorar, pero recordé que lo odiaba, que lo que tenía que hacer era tomar eso como un incentivo para alimentar mi odio hacia él. Y funcionó. Dejé el retrato en mi mesilla, me calcé y fui a buscar a Narcissa para disfrutar de su compañía. Qué poco se parecía Draco a su madre, increíble.
Estuve cerca de dos horas acompañando a mi nueva... a mi madre adoptiva en una salita al lado opuesto de donde se situaba la odiosa sala donde nos reunimos con Voldemort ayer. Era una habitación acogedora con sillones y una mesa de té, un gran ventanal que daba al jardín trasero. Era preciosa esa casa, y estaba deseando conocer cada rincón de mi nueva residencia. Iba a vivir en una mansión! Uno de mis sueños cumplido! Una pequeña alegría en medio de tanta oscuridad repentina invadiendo mi vida.
Nos dimos las buenas noches, me volvió a abrazar maternalmente, me acarició la mejilla, sonrió y nos separamos. Cuando volví a mi cuarto cerré la puerta con un golpe lo suficiente fuerte como para mostrar mi enfado, pero sin llegar a ser un portazo. Me estaba metiendo en cama tal y como iba vestida con el uniforme, y justo cuando me iba a acomodar en la mullida almohada, me dí cuenta de que el dibujo ya no estaba en la mesilla.
