Capítulo 10.
Solo pretendía que en mi mente quedase un poco más adornado. Un poco demasiado adornado, para ser sinceros. Lo que sucedió en realidad fue que, tras haberme ofrecido para acompañarle mientras realizaba su tarea en la Sala de los Menesteres, él dijo cosas algo distintas a lo que me estaba imaginando mientras volvía a mi cuarto a preparar mis cosas para volver a Hogwarts esa misma noche de domingo.
-"Pero... no tienes por qué cargar tu solo. Quiero decir... tienes que arreglar el armario tú solo, pero nadie dijo nada de que tuvieses que estar sólo mientras lo haces."
-"Si te estás refiriendo a venir a molestarme mientras estoy trabajando, prefiero que no. No necesito a nadie que se preocupe por mí, sé cuidarme yo solo. Y además, no necesito estorbos, creo que ya tengo suficiente con mi misión como para tener que cargar con lastre como tú."
Su habitual tono de desprecio se manifestó mientras pronunciaba esas palabras. No me sorprendió, estaba acostumbrada a ver cómo hablaba a todo el mundo de la misma forma. Pero esta vez sentí en mis propias entrañas cómo todas y cada una de esas palabras se clavaban como espadas en mi cuerpo. La forma en que hablaba era más que hiriente, desagradable. Sin saber cómo reaccionar ni qué pronunciar, me puse de pié e inmediatamente le dí la espalda a ese ser despreciable mientras salía apresuradamente de la biblioteca con una mezcla entre dolor e ira.
No iba a soltar ni una lágrima por esto. Ni hablar. Me tragué las ganas de llorar y las cubrí con una capa más de odio hacia Draco. Cuando llegué aquí a principios de la semana, creí que al tener que convivir con él, me sería más difícil tratar de olvidar los sentimientos que tenía hacia él, pero me he dado cuenta de que lo que ocurrió fue todo lo contrario, su comportamiento desagradable e hiriente no hizo más que alimentar mi odio, y en parte, le estaba agradecida.
Cogí mi maleta y bajé las escaleras hasta la planta baja para despedirme de Narcissa, quien nos esperaba en el recibidor con una media sonrisa triste. Primero abrazó a Draco con toda su alma, yo diría que pretendía dejarlo sin aire por la fuerza con la que se agarró a su más que adorado hijo. Eso si que no lo podía negar. La relación materno-filial que mantenían ambos era realmente adorable. Mientras ella lo mimaba como un niño pequeño, él le regalaba abrazos y muestras de cariño cuando su madre los demandaba. Era un buen hijo a pesar de todo.
Luego de despegarse de su perfecto hijo, me miró a mí. Dudó unos segundos antes de hacer prácticamente lo mismo conmigo, no con la misma intensidad, ya que, aunque me había adoptado de muy buena gana y ya casi me trataba como a una hija, hacía tan solo una semana que nos conocíamos. Pude percibir el amor maternal que esta mujer desprendía en cuanto te acercabas a ella. Y por primera vez no quise soltarla, era como abrazar a mi madre una vez más. Nos despedimos una vez más y ambos desaparecimos en el acto para volver a aparecer en las mismísimas entradas de Hogwarts. Sí, había aprendido a aparecer gracias a Narcissa.
Sin siquiera mirarnos ni despedirnos, ambos nos dirigimos uno por cada lado a nuestras salas comunes. Allí me encontré con mis compañeros, quienes me recibieron con muchas preguntas y sobre todo con muchas dudas sobre mi ausencia a lo largo de una semana entera. Sin saber qué responder, los esquivé poniendo la excusa de que necesitaba descansar y que por la mañana se lo explicaría. Ahora me tenía que inventar una coartada creíble para justificarme, ya que no pensaba contarle a nadie la verdadera causa de mi falta.
-"Venga Elisabeth. Cuéntanos de una vez lo que hiciste esta semana. Vacaciones?"
-"No, nada de eso. La verdad es que... mis padres querían saber que opinaba sobre el tema... antes de... mudarse. Pero luego la cosa fue tan rápida que decidimos hacerla cuanto antes posible y esta semana fue un frenesí. Me explico: ya lo tenían más que decidido, y me querían dar la sorpresa, para eso me pidieron opinión un día antes de empezar. Dijese lo que dijese lo íbamos a hacer igual, pero ya sabes como son mis padres."
-"Solo eso? Yo me imaginaba algo más... emocionante. Y que tal tu nueva casa?"
La verdad, ni me había percatado de la coincidencia hasta que me hicieron esa pregunta. No les estaba mintiendo demasiado, ya que ahora vivía en una nueva casa.
-"Oh! Es preciosa. Muy elegante y espaciosa. Es enorme. No sé como han podido permitírsela con sus sueldos, pero no me quejo para nada. Es maravillosa." - estaba siendo totalmente sincera. La mansión me tenía enamorada desde el primer día. Era mi sueño hecho realidad.
El resto de la mañana fue bastante normal, no me interrogaron más, cosa que agradecí mucho. El tener que pensar en las clases, en los deberes pendientes y en las novedades que me perdí durante esta semana, me hizo olvidar completamente todo el tema de los Mortífagos, el Señor Tenebroso y Draco Malfoy. Y durante las dos siguientes semanas ocurrió exactamente lo mismo. Me alejé de todo ese mal que me rodeaba y me centré en mis estudios, no me podía permitir el más mínimo bajón, ya que era una estudiante mediocre tirando a baja que sacaba aprobados justos.
Un día de casi mediados de octubre, estaba en el Gran Comedor, casi sin tocar la cena, no porque no tuviese apetito, sino porque... simplemente no quería comer. Aburrida de mirar el plato eché un vistazo al frente, justo donde se situaba la mesa de los Slytherin, para encontrarme con cierto personaje en la misma actitud que yo, algo que me llamó la atención. Luego recordé que ambos estábamos prácticamente en la misma situación, siendo la suya algo más crítica. Me dio pena y recordé la charla en la biblioteca. Odiaba ser tan buena persona, pero sentía como que debía cumplir la promesa que le dije. Aunque él no la consideró como tal, yo la tomé como un deber. Conociendo su situación no podía dejarlo solo.
Al cabo de unos minutos vi que se levantaba de su asiento y mientras lo vi despedirse casi sin ganas de sus amigos, de los pocos amigos de verdad que le quedaban, decidí seguirlo. Me despedí de mis compañeros y apuré el paso para alcanzarlo. Subió la primera, la segunda, la tercera, la cuarta... continuó por la sexta planta del colegio, que a esas horas estaba desierta, y de repente, cuando estaba a punto de llegar a la séptima, desapareció.
-"Creo recordar haberte dicho que no necesitaba estorbos." - escuché una voz muy familiar justo detrás de mí, provocándome un paro cardíaco del susto. Me dí la vuelta en seguida y allí estaba mirándome con una expresión amenazante, seria y diría que algo molesto. - "No quieres contestar? Estupendo. Volvemos a hacernos los mudos, no?"
-"Lo que dije el otro día era una promesa, y la voy a cumplir, quieras o no. Mi conciencia no me permite ignorar algo que he dicho que haría." -dije claramente, sin dudar ni un momento. Estaba harta de su tono exigente desafiante.
-"He dicho que no quiero lastres. Ni hablar."
-"Voy a seguir intentándolo hasta que lo consiga."
-"En serio? A mi nadie me supera siendo cabezota. No vienes, y punto final. Adiós."
Pero no me fui. Allí me quedé de pié frente a él. No iba a ceder. Estaba cansada de su actitud, lo odiaba hasta un punto en que, si no fuese por mi timidez, ya le habría dado al menos una bofetada en esa cara tan perfecta suya. No sé si fueron segundos o minutos lo que pasó mientras tanto, pero decidí sentarme a un lado del pasillo a esperar una respuesta.
-"Cuanto tiempo piensas quedarte ahí? No voy a ceder." - y aquí estaba de nuevo su tono sarcástico desagradable.
-"El necesario." - ni le miré siquiera.
-"Bien, tu lo has querido." - miré de reojo lo que hacía para ver cómo sacaba su varita y la apuntaba en mi dirección.
-"Me da igual. Prefiero morir a tener que vivir este infierno, así que sólo me harías un favor." - era cierto. Seguía deseando liberarme de esta horrible pesadilla.
Para mi sorpresa, su gesto cambió rotundamente convirtiéndose en una mezcla de dolor, comprensión y finalmente rendición. Guardó la varita y me dio la espalda. Yo me levanté y me acerqué a su posición. Tenía los ojos cerrados, como concentrado en algo, cuando de repente unas puertas aparecieron de la nada en la pared. Abrió los ojos, me miró seriamente y entró. Yo le seguí para descubrir una enorme habitación llena de objetos de todos los tamaños y formas amontonados como si fuesen basura. Despistada al mirar a mi alrededor, no me dí cuenta de que, en el medio del cuarto había un bulto tremendamente alto y ancho tapado con una sábana blanca. Mi mirada lo recorrió de arriba a abajo, para ver a Draco justo frente a él. Mantuve cierta distancia mientras observaba extrañada cómo destapaba aquel ostentoso objeto.
-"Es..." -no me dí cuenta de que estaba diciéndolo en alto.
-"El Armario Evanescente." -respondió sin apartar la vista del armario.
Desde ese momento no volvió a pronunciar ni una palabra y yo me limité a ser una espectadora mientras trabajaba. Esto no pintaba mal.
