Aquí está el nuevo capítulo. Sé que a muchos no os va a gustar, es posible que nadie esté de acuerdo con mi elección del nuevo personaje, pero no se me ocurrió nadie más. Y bueno, la verdad es que el otro día viendo una de las últimas películas de HP, me dí cuenta de que este personaje (o mejor dicho, el actor) me parecía aceptable, no dudé en utilizarlo. Repito: lo siento mucho si es el que no esperabais, o si no os gusta. Pero no tenía otra opción. Disculpadme :(
Capítulo 13.
No pude aguantar las lágrimas. Justo después de pasar los mejores minutos de mi vida, la misma persona que hizo aquello posible me desecha como a la basura acusándome de ser nada más que un estorbo. Las metafóricas mariposas en mi estómago habían sido exterminadas instantes después de aparecer. El primer beso de mi vida ya pertenecía a Draco Malfoy. Y en realidad, seguía siendo el único que esperaba y deseaba que fuese dueño de tal privilegio. Nunca creí que llegase a ocurrir de verdad dadas las claras diferencias entre nosotros, los entornos en los que nos relacionábamos y sobre todo el estatus social: el Príncipe de Slytherin y una inútil, tímida y simplona Ravenclaw.
Primero me hace sentir la persona más afortunada de la historia y segundos más tarde me hace sentir la persona más miserable de la Tierra. Era realmente cruel. Primero caigo yo sola en sus garras durante casi seis años, luego me obliga a odiarlo por ello, para después volver a morder el anzuelo y acabar así, llorando en mitad del pasillo.
La semana y media restante fue triste y sobre todo aburrida. Echaba de menos ir a la Sala de los Menesteres, y también echaba de menos verlo a él. Es curioso cómo puedes llegar a volverte adicto a una persona, y eso es lo que a mi me pasa. Aunque traté de convencerme de que tenía que tomarme en serio lo de bloquear y eliminar mis sentimientos hacia Draco, no parecía funcionar, otra vez. De hecho, una noche caí de nuevo en la tentación de utilizar mi varita como objeto cortante, pero esta vez conseguí recapacitar a tiempo, y en lugar de hacerme daño, la utilicé para, simbólicamente, cortar con mi pasado. Recogí mi melena en una mano y de un solo movimiento de derecha a izquierda, mi pelo quedó a la altura de mis hombros.
Llegaron las Navidades y volvimos a la mansión. Narcissa nos recibió cariñosamente a ambos, parecía habernos echado de menos, principalmente a su tesoro más preciado, su único hijo. Lo cubrió de besos y lo envolvió en un buen número de abrazos, lo que me hizo sonreír frente a una imagen tan tierna. También notaron mi nuevo aspecto, que pareció sorprender al momento, pero resultó ser una buena decisión.
Al día siguiente me enteré de que tendríamos visita. Los padres de Vincent Crabbe y Gregory Goyle, que resultaban ser unos mortífagos de 'segunda clase', obviamente acompañados de sus hijos. Al menos Draco, a diferencia de mí, tendría con quien pasar el rato, ya que eran dos de sus mejores amigos desde siempre, algo que nunca entendí, viendo cómo los trataba.
Por supuesto, tuvimos una especie de reunión, y en ella se habló del primer intento de Draco para asesinar a Dumbledore. Un colgante maldito que haría llegar al mismo gracias a un intermediario. A partir de ahí omití todo tipo de información y decidí ir a tomar el aire a la parte trasera de la casa.
Era casi de noche, y hacía bastante frío, pero no me importó. Adoraba el frío. Me hacía sentir menos viva y a la vez me daba una sensación de pureza que penetraba en mis pulmones y me limpiaba de toda la suciedad en la que vivía. Me acomodé en el sillón del porche y traté de relajarme y eliminar todo tipo de pensamientos de mi cabeza por un momento. Había pasado más de media hora y ya me estaba adormilando.
-"Oh! Wow! Draco no me había dicho que tenía más invitados!" - dijo una voz grave desde la puerta. Desperté de mi estado de relax y miré hacia la puerta para ver de quién se trataba. Goyle? En serio? Me quedé unos segundos examinándolo y me dí cuenta de que sí, era él. La verdad es que había dado un cambio considerable con respecto a los primeros años. Antes era el otro chico gordito que servía de guardaespaldas a Draco Malfoy, pero la pubertad fue algo generosa y convirtió ese exceso de peso en altura, con lo cual, ahora era un alto y corpulento joven bastante más agraciado que su compañero. Y para ser sincera, parecía ser una persona agradable, a pesar de todo, cosa que el imbécil de Crabbe no compartía en absoluto. El caso es que mientras razonaba esto, él se acercó tranquilamente con una sonrisa tímida. - "¿Puedo?" - señaló el espacio libre que quedaba en el sillón. Yo asentí y sonreí agradecida de que al menos alguien en esa maldita casa me iba a dar un poco de conversación. Pasaron unos segundos incómodos y entonces habló.
-"Y... me preguntaba... si... ¿por qué estás aquí? En medio de todo esto... nunca te he visto por ahí..." - parecía algo asustado y muy tímido. En realidad la imagen de duro que daba en Hogwarts era solo para intimidar a aquellos que molestaban a su amigo, pero cuando se trata de hablar con una chica se corta y duda de cada palabra antes de pronunciarla.
-"Elisabeth Hardy" - extendí mi mano y el procedió a dar el saludo de respuesta.
-"Gregory Goyle" - sonrió aliviado.
-"Entonces... no eres familia..." - dijo confuso. A lo que yo inmediatamente respondí subiendo la manga de mi brazo izquierdo y le mostré la Marca Tenebrosa. Al principio se quedó sorprendido, pero luego consiguió procesar lo que acababa de ver y asintió dándose por enterado. -"y tus padres..." - dudó temeroso de meter la pata y yo le respondí con una negación de cabeza y la mirada dirigida al suelo. -"oh, lo siento mucho."
Y a partir de ese momento la conversación cambió de rumbo y nos pasamos un bien rato conociéndonos. Resultó ser una persona bastante agradable con la que hablar e incluso me hizo reír alguna vez, cosa que agradecí bastante. Lo que necesitaba en este momento era alguien con quien desahogarme, y alguien que me distrajese de los pensamientos sobre mi nueva vida y sobre Draco Malfoy.
-"Y... me preguntaba... si... estás con alguien..." - después de adquirir cierta confianza se aventuró a preguntar. Se le notaba un poco nervioso, ya que casi no le salían las palabras.
-"Sinceramente, quien lo haría?" - dije como si se tratase de algo obvio, pero al ver su cara de confusión decidí continuar -"En fin.. sola basta con mirarme para darse cuenta de que aquí no hay nada interesante. Y más sabiendo lo superficial que es la gente. A mi no me importa, la verdad, pero a veces es un poco frustrante." - confesé. Esperé una respuesta, pero en vez de eso él se levantó y me ofreció su mano, me ayudó a ponerme de pié y se puso frente a mí sin soltarme la mano. Sentí un poco de vergüenza y a la vez unas nuevas mariposas en mi estómago, como presintiendo lo que iba a venir.
-"Pues... yo no veo nada mal. Al contrario, diría yo." - dijo rotundamente, a lo cual yo sonreí, ya que se trataba de la primera vez que recibía un cumplido de alguien que no fuese alguno de mis padres.
-"Gracias" - respondí vergonzosamente.
-"Con que ibas al lavabo, eh Goyle..." - dijo en un tono muy sarcástico una voz muy reconocible que hizo que mi corazón diese un vuelco.
-"Eh... si... iba a ir.. pero..." - tartamudeó un avergonzado Goyle. Yo me limité a evitar contacto visual con ambos, tratando de permanecer invisible.
-"Déjate de excusas, grandullón, y vente adentro a aprovechar mejor el tiempo." - soltó en un tono muy ofensivo y despreciable, mirándolo primero a él con repugnancia y luego a mi con un gesto serio y de rechazo.
Yo me quedé algo dividida entre la ilusión de haber recibido un cumplido por parte de un chico, y el disgusto de haber sido tratada como basura nuevamente por la persona que todavía reinaba en mi mente. Los siguientes días consistieron en sonrisas cómplices cuando nos encontrábamos por los pasillos, o en las comidas. El día de Nochebuena, tras la cena, me retiré a la salita al lado opuesto del comedor, pero al rato vinieron los tres a pasar un rato antes de que las familias de ambos se marchasen a pasar el día de Navidad en sus casas, para luego volver por la tarde noche a la mansión. Yo me dispuse a dejarles el cuarto en silencio, pero Goyle me pidió que me quedase. Draco se negó en rotundo, pero después de pensárselo unos segundos cedió a regañadientes. Al fin y al cabo, seguía siendo su mejor amigo, y yo era una especie de hermana adoptiva. Me senté al lado de quien me invitó a quedarme, y a lo largo que pasaron los minutos se fue acercando a mi para al final acabar rodeándome con su brazo por mi espalda. Tuve una sensación de protección y seguridad que me hizo recapacitar: tal como estaban las cosas, Draco ya no era una opción, ni siquiera lo era antes, pero después del beso, que todavía podía sentir en mis labios aquella maravillosa sensación , me llegué a plantear la posibilidad de que algún día lejano pudiese ocurrir algo más. Sus palabras de desprecio posteriores rompieron con todas esas esperanzas de inmediato, y su actitud todos estos días demostraba una y otra vez que yo no le causaba más que estorbos, molestias y repulsión. Ahora aparecía Gregory Goyle en escena. Alguien con quien nunca había mantenido una conversación ni ningún tipo de contacto, pero que había demostrado cierta cortesía y aprecio por mí, y que parecía obvio que esperaba algo entre nosotros. Entonces, aquí estaba la cuestión. ¿Esperar por el príncipe azul en el corcel blanco, el chico de mis sueños, inalcanzable y que no sentía nada por mí? ¿O seguir el curso de la vida y aprovechar las oportunidades que se me ofrecían? La decisión fue clara, estaba convencida de que nunca podría llegar a la altura de tener a alguien como Draco Malfoy, por lo que tendría que bajar el listón hasta llegar a alguien como Goyle, sencillo, menos agraciado, menos perfecto, menos inteligente y menos atractivo tanto física como psicológicamente, pero que parecía mostrar más respeto por mi persona y que al menos, me proporcionaría el apoyo y seguridad que en esos precisos momento precisaba. Decidida, respiré hondo y me dejé abrazar por la persona recién aparecida en la escena de mi vida.
El día de Navidad estuvimos Narcissa, Draco y yo solos en casa. Lucius permanecía ausente en la vida familiar, lo cual no me preocupó ni lo más mínimo. Cuando llegó el momento de los regalos, la situación empeoró. Yo había regalado a Narcissa un bonito y elegante foulard con flores estampadas. Obligada a cumplir con las formalidades, el regalo que escogí para Draco fue un libro sobre los dragones en la cultura asiática, acordándome de su nombre. Narcissa me regaló una pulsera de plata con mi nombre grabado en letras caligráficas, pero el problema vino cuando abrí el regalo de Draco. Se trataba de un bonito vestido verde Slytherin estilo años 50 con vuelo. Pero al verlo extendido me dí cuenta de que no era la talla correcta. Vale que era un regalo, pero me sentí mal, no ofendida pero algo molesta. Antes de montar una escena, me excusé rápidamente y me fui a mi cuarto. En medio del pasillo escuché pasos que me seguían.
-"¿Y ahora qué demonios ocurre!?"- preguntó enfadado.
-"Nada."
-"No me vale esa respuesta." - dijo desafiante.
-"No es nada." - dije desganada.
-"Quiero una explicación razonable inmediatamente de por qué te marchas tan dramáticamente cuando viste el regalo."
-"¿De verdad la quieres?"
-"Es lo que acabo de pedir."
-"La talla. Yo no entro aquí! Me has visto perfectamente y sabes que no puedo llevar esto! Lo has hecho a propósito!" - grité.
-"Aaah! Con que era eso, no? Tus complejitos de niña estúpida." - dijo en tono de burla, como el que utilizaba con todos aquellos a los que insultaba en Hogwarts. Dolió. - "Es por eso por lo que te has ido con el primero que te tira los tejos, a que si? Ridículo." - dijo en tono ofensivo y con un gesto de desprecio en su rostro. Yo no respondí y me metí en mi cuarto, del que no salí en horas. Me sentía mal, e incluso lloré por culpa de esas palabras hirientes pero que decían la verdad. No bajé a comer. A media tarde volvieron las dos familias invitadas.
Debían ser las ocho de la tarde cuando escuché unos pasos que se detuvieron en la puerta de al lado. Llamó y abrió.
-"Oh! Lo siento, Draco. Buscaba... y pensé que era aquí..." - reconocí la voz grave de Goyle, con algo de temor frente a su amigo, aparentemente de mal humor.
-"Pues claro que no! Imbécil!" - aprecié la voz de un tremendamente enfadado Draco.
-"Emmm... entonces... voy a..." - tartamudeó el de voz grave.
-"Oh! Si, claro! Vete a consolar a tu amazona furiosa!" - gritó Draco sarcásticamente con su tono de ofensa característico.
Oí cerrarse la puerta y a los dos segundos unos golpes en la mía.
-"Adelante."
-"Puedo..." - dudó si podía acercarse a mi cama, donde yo estaba recostada.
-"Si, ven." - dije mientras me sentaba.
-"Narcissa me ha dicho que estabas mal y... bueno... venía a preguntar..." - dijo tímidamente.
-"Ah. Nada. Un pequeño percance. Pero no tiene importancia. Gracias por preguntar." - traté de disimular fingiendo como que no me había causado ningún tipo de dolor el 'pequeño' percance, mejor dicho, discusión tensa entre Draco y yo.
-"No hay de qué." - sonrió orgulloso de haber logrado su objetivo de consolarme, aunque no fuese así, al menos lo intentó. - "Y si alguna vez... bueno... necesitas ayuda... aquí me tienes. A tu servicio." - dijo algo vergonzoso, pero decidido.
Yo no pude evitar sentirme bien a su lado. Como dije antes, me daba la sensación de estar protegida, así que decidí actuar. No sé si fue una buena decisión o no, pero al menos me sirvió para un futuro. Me senté a su lado y le di la mano. Nos sonreímos mutuamente y al cabo de unos instantes nos besamos. No fue en absoluto igual de magnífico que mi primer beso, ni nunca nadie llegaría a ese nivel. Sólo sé que ese fue el inicio de nuestra relación, sin ningún tipo de propuesta surgió de la nada. Como si ya estuviese preparado con anterioridad. La explicación de todo esto era muy clara: ambos éramos de ese tipo gente que por su físico, nunca podría llegar a tener a alguien a la altura de sus expectativas. Ninguno de los dos había tenido pareja anteriormente, y... digamos que las hormonas estaban revolucionadas. No le hacíamos daño a nadie y sólo nos ayudábamos mutuamente.
