Siento haber tardado. El portátil se me estropeó y no pude continuar, así que lo intenté con el móvil y esto es lo que ha salido. Perdonadme si está mal distribuido en párrafos, cuando tenga en ordenador bien ya lo arreglaré. Espero que os guste :")


Capítulo 14.

Durante las dos semanas siguientes lo único que hice fue dejarme abrazar por mi nuevo 'amigo', ya que me hacía sentir protegida y sobre todo acompañada. Lo de 'amigo' es algo relativo, ya que no sueles besar a los amigos, ni sueles sentarte en su regazo. Pero desde una perspectiva del futuro, todo esto me hizo, digamos... mejorar, e incluso acostumbrarme a la compañía de un chico. A perderle el miedo a estar a poca distancia de alguien del otro sexo.

Una maňana de la última semana de enero, me dirigía a la mesa de los Slytherin, ya que, desde que estaba con Gregory (si, prefería llamarle por su nombre), me admitieron como a una más. Yo diría que más bien le tenían miedo a él, y por eso no se atrevían a poner alguna objeción sobre mi presencia. Realmente era como tener un guardaespaldas personal. Un guardaespaldas al que terminé cogiendo cariňo. Como decía, me senté a su lado y al momento me vi totalmente rodeada por su brazo en mi cintura. Sonreí, pero cuando me disponía a tomar mi desayuno, no pude evitar mirar a mi derecha. La sonrisa se convirtió en un gesto de pena. Era casi desolador ver a Draco allí sentado al lado más alejado y apartado de la mesa. Totalmente solo. Con la misma mirada perdida y gesto de tristeza que tenía el primer día del curso. Mi corazón se congeló y comenzó a doler.

-"No nos culpes a nosotros. Ha sido él quien nos dijo que lo dejásemos tranquilo. Está muy raro." - comentó Blaise Zabini desde el otro lado de la mesa, lo tenía de frente. Yo aparté la vista de Draco, aunque no quería, y de repente un sentimiento de culpa e incluso un malestar general se apoderaron de mí. Bajé la cabeza y sin querer, unas lágrimas empezaron a surgir en mis ojos. Noté que el brazo en mi cintura me rodeaba con más fuerza invitándome a acercarme.

-"No te preocupes, él sabe lo que hace." - dijo Gregory en voz baja. Entonces fue cuando me hundí en su abrazo, no queriendo mostrar mis lágrimas. En cierto modo, deduje que éste se había dado cuenta de que algo más fuerte que la pena me empujaba a preocuparme por Draco hasta el punto de llorar.

Ese fin de semana tuvimos que volver a la mansión para otra reunión con el Seňor Tenebroso. Narcissa nos había mandado una carta de aviso sobre aquello tanto a su hijo predilecto como a su hija adoptiva. La cosa fue medianamente bien hasta que comenzó a cargar directamente contra Draco. Prácticamente le estaba pisoteando con sus palabras. Frase tras frase, imponiendo más y más presión sobre los hombros de un agobiado y angustiado Draco. Se le notaba frustrado, pero sobre todo asustado por lo que podría ocurrir en cualquier momento. Lo peor, un castigo físico por parte de Voldemort. Y como si me hubiese leído el pensamiento, le ordenó levantarse y dirigirse al mismo lugar donde había matado a mis padres. Pude ver cómo Narcissa se ponía en tensión con una cara de preocupación terriblemente notable.

-"Me temo que necesitas que te dé un pequeño aviso para que seas consciente de la importancia de tu misión, Draco." - dijo el Seňor Oscuro con una voz suave pero escalofriante. Y al instante, una luz salió directamente de su varita y dio de pleno en la espalda del joven castigado, que se retorció de dolor. Una nueva luz se dirigió hacia su pecho, haciéndole caer de rodillas en el suelo soltando un fuerte quejido. Me dieron escalofríos, pero sobre todo, mi corazón comenzó a doler de forma creciente. El proceso continúo unos minutos más, con un sonriente Lord Voldemort y un semi consciente Draco tumbado en el suelo. Cuando se vio satisfecho, el Seňor Tenebroso bajó su varita.

-"Creo que ya tienes suficiente por hoy." - dijo mientras se retiraba de su lado.

Narcissa reaccionó al momento levantándose de su asiento tan rápido como un rayo, pero esta vez el Seňor Oscuro la detuvo con un gesto en su huesuda y pálida mano y negando con la cabeza. A continuación me miró a mi medio sonriente y asintió permitiéndome acudir en lugar de Narcissa. Al principio dudé pero un impulso me hizo reaccionar de inmediato.

Me acerqué muy despacio y cuando comprobé el estado de consciencia del herido, me arrodillé para inspeccionar signos vitales que me indicasen el grado de gravedad de sus heridas. Respiraba, así que decidí despertarlo lo suficiente como para poder sacarlo de allí por su propio pié.

-"Vamos. Despierta. Por favor. " - le dije en voz muy baja mientras le acariciaba la mejilla, como aquella vez en la Sala de los Menesteres. -" Por favor." - supliqué en un suspiro. Y justo después, le oí respirar profundamente, luego quejarse y finalmente toser. 'Lo conseguí', pensé aliviada. Le ayudé a levantarse y seguidamente a ponerse de pié, sujetándolo fuertemente por el brazo para evitar que perdiese el equilibrio. Lentamente salimos de la sala y, para evitar el largo trayecto hasta su cuarto, me arriesgué a aparecerme por primera vez con pasajero.

Lo dejé sentado en cama, y él mismo se tumbó casi sin fuerzas para arrastrar las sábanas, por lo que tuve que hacerlo yo por él. Me sentía como una madre cuidando de su hijo, aunque más bien era la hermana cuidando de su hermano pequeño. Utilicé un paño húmedo para tratar de bajar la fiebre que su frente ardiendo indicaba. Aunque no había más cuidados que realizar, decidí acompaňar al enfermo, como una buena enfermera haría. Cogí el libro de su mesilla de noche, 'Drácula' de Bram Stoker, y me pasé el resto de la noche en vela, enfrascada en la interesante lectura. No tenía ni idea de que aquellos libros muggles de la biblioteca de la mansión fuesen de su interés, pero cierto es que... ¿quién se resiste a este tipo de obras de arte?. En cuanto Narcissa tuvo permiso por parte de Lord Voldemort, no tardó ni un minuto en subir a ver a su tesoro. Me preguntó varias veces y cuando estuvo satisfecha se fue a dormir, no sin antes pedirme que por favor, lo cuidase, que aunque tiene un duro carácter, hay que insistir por su bien. Y que al menos ella, me lo agradecería personalmente y para siempre. Yo me aseguré de que mi respuesta fuese sincera, y lo fue. Ella ni se imaginaba el aprecio que le tenia a su hijo incluso desde antes de conocerla, pero nadie, excepto Lord Voldemort, sabía de aquel sentimiento tan profundo al que ni siquiera yo tenía explicación.

Por primera vez en mi corta vida fui testigo de un amanecer al completo, desde que el cielo empezaba a volverse más claro hasta que el sol asomaba por las copas de los altos y robustos árboles que protegían la edificación. Me moría de sueňo y los ojos me picaban, pero la sobrecogedora imagen de los primeros rayos de sol iluminando la pálida piel del rostro de Draco y el despeinado pelo rubio platino que también caía por su frente, me hicieron olvidar todo.

-"¿Quieres dejar de mirarme?" - comentó con voz adormilada, despertándome de mis pensamientos.

-"Lo siento." - dije sin pensar. -"Un momento... ¿cómo lo sabias? ¡Si todavía tienes los ojos cerrados!" - protesté.

-"Me pareció evidente. Nadie puede evitarlo. Estoy acostumbrado a ello." - alardeó.

-"Eres un maldito engreído, lo sabías? " - me quejé siendo consciente de que en realidad tenía razón.

-"Me lo dicen a menudo, si." - contestó en tono pasivo.

-"Ya." - dije sarcástica -"como parece que ya estás bien y te molesta la compañía me voy a dormir lo que no hice en toda la noche." -dije molesta y cansada mientras me dirigía a la puerta.

-"¿Toda la noche? ¿De verdad?" - preguntó asombrado.

-"Es lo menos que podía hacer." - contesté pasiva.

-"¿Por qué?" - dijo confuso.

-"Porque Voldemort impidió a tu madre ir a ayudarte, y en su lugar me mandó a mi. No me preguntes la razón, todavía no lo entiendo. Y no iba a dejarte allí tirado. Me considero una persona algo más humana." - expliqué desde la puerta -"en cuanto pudo, Narcissa vino como un rayo a verte. Te adora, lo sabías?" - continué.

-"Es mi madre, normal." - respondió sarcástico -"Aunque parece que a ti también te ha cogido cariňo, por lo que veo." - dijo en ese tono burlón que utiliza tan a menudo.

-"Yo también a ella, tienes mucha suerte de tenerla como madre. La mía no era tan protectora." - me entristeció confesar aquello.

-"Pero ahora compartimos, no? No es algo a lo que esté acostumbrado, pero puedo hacer una excepción. " - cambió a un tono algo más amable.

-"Eso parece." - dije cansada mientras abría la puerta para irme a mi cuarto.

-"Oye. ¿Me puedes acercar esa manta de allí?" - dijo apresuradamente seňalando al vestidor del fondo. Suspiré y fui a cogerla, a continuación me acerqué al lado de la cama y se la extendí.

-"Gracias. Por todo." - dijo sinceramente con un tono poco habitual.

-"No hay de qué." - sonreí al ver mi esfuerzo reconocido.

-"No, en serio. Después de lo del otro día en la Sala de los Menesteres y de todos estos días, todavía estás aquí. No entiendo cómo no me guardas rencor y no me dejaste allí abajo." - explicó sorprendido y asombrado.

-"No soy tan mala persona como para abandonar a alguien. Aunque ese alguien sea un bipolar engreído incapaz de controlar sus ataques de ira ni sus impulsos." - me expliqué liberada de haberlo soltado de una vez.

-"Lo sé. Pero tienes que entenderlo."

-"Si. Sé perfectamente cómo estás de agobiado y presionado, no hace falta que expliques nada." - interrumpí.

-"Y... lo de... los impulsos... era por lo del..." - dudó en terminar la frase, pero yo le volví a interrumpir.

-"Eso no importa. No significa nada. Un excesivo tiempo juntos en un espacio reducido sumado a la digamos... emoción y cercanía de la situación junto con el nulo contacto social con otras personas de ambos, dieron lugar a ese suceso sin importancia. Fin." - expliqué automáticamente en modo científico-filosófico-racional-culto como si de un discurso se tratase.

-"Entiendo." - se limitó a contestar. -"¿Puedo hacerte una pregunta?"

-"¿Es que esto es un interrogatorio? Quiero dormir!"- protesté en tono casi infantil.

-"Venga" - suplicó con cara de cordero degollado.

-"Oh, por Merlín! Está bien!" - protesté.

-"¿Goyle te ha pagado para que estuvieses con él, verdad?" - dijo en tono burlón con una media sonrisa.

-"No tengo por qué responder a eso." - solté enfadada mientras me iba.

-"¿Es que le vas a negar algo a un moribundo?"- suplicó.

-"Se te da bien manipular a la gente eh?"

-"Venga. No te pongas así. Era broma. Pero me gustaría escuchar tu explicación." - comentó arrepentido.

-"¿Por qué?"

-"Me aburriría aquí solo."

-"Te odio." - me quejé con una media sonrisa. No podía negarle nada, en realidad. Se rió para sí mismo y me invitó con un gesto de su mano indicando la silla de su escritorio al lado de la cama. Me acomodé y aclaré la voz.

-"¿Desde el principio?" - pregunté todavía dubitativa.

-"Por favor." - asintió mientras se acomodada para atender 'desde la primera fila' a mi explicación.

-"Como quieras." - dije asombrada de su interés. -"A ver... hace mucho tiempo, unos cuantos años, yo era gimnasta. Me encantaba. Lo llegué a considerar un posible futuro. Pero me lo tomé como un hobby y acabé abandonandolo. Llegó la pubertad y con todo eso de los cambios, mi físico atlético de gimnasta artística se fue destruyendo hasta que dos años atrás comenzó lo peor, el abandono y el sedentarismo hicieron que mi cuerpo ahora tenga la apariencia de una embarazada de dos meses, lo cual disimulo con ropa dos tallas más grande. Total, que entre que uno no se quiere y que no tiene tiempo, acaba convirtiéndose en un ser invisible al que todos ignoran. La gente es extremadamente superficial y bueno... él fue la primera persona que me hizo caso sin importarle mi apariencia. Si, ya sé que es porque él tampoco tiene muchas opciones y vió la oportunidad, pero la verdad es que estaba harta de todo y lo único que necesitaba era un hombro en el que llorar. Es como tener un guardaespaldas, ahora te entiendo cuando los escogiste a él y a Crabbe para protegerte las espaldas. Y... bueno. Eso. Creo que ya no me queda nada. ¿Contento?" - en ningún momento le miré a la cara, ya que estaba siendo demasiado sincera y ese tema me daba demasiado corte.

-"Es decir, que es un consuelo para ahogar tus necesidades, pero que en realidad no significa nada."

-"A ver, me trata muy bien y es muy bueno conmigo. Me llevo muy bien con él después de todos estos días. Pero..."

-"No es un proyecto a largo plazo."

-"No."

-"Lo suponía."

-"¿Me puedo ir ya?"

-"Espera. Puedo recompensarte por todo esto que has hecho por mí últimamente."

-"¿Cómo?"

-"Ser tu entrenador personal este verano para que vuelvas a estar en forma."

-"¿Qué? ¿Lo dices en serio?" - dije sorprendida.

-"Se supone que somos como familia ahora. Es lo menos que un hermano podría hacer, no?"

-"¿Pero estas seguro de que podrás con todo? No necesitas más lastre."

-"No subestimes mi poder." - sonrió orgulloso de si mismo.

-"Tu ganas."

-"¿Aceptas?" - dijo extendiendo la mano.

-"Acepto." - le di la mano y con un gesto firmamos el 'contrato'.

-"Bien."

-"¿Puedo irme de una vez?"

-"Necesito compañía." - puso cara de pena.

-"Eres un consentido." - protesté mientras me iba a acomodar en el sillón del lado opuesto de la enorme habitación, no sin antes arrebatarle la manta que anteriormente había extendido en su cama.

-"Lo sé. Y me va muy bien con ello, no creas que es una molestia tener todo lo que pido cuando y donde quiero." - volvió a presumir.

-"Cállate, quiero dormir." - me quejé con una media sonrisa recostándome en el citado sillón.

-"Gracias."

-"No hay de qué. Sólo déjame dormir."

-"Lo siento."

Y con esto caí en un profundo sueňo.