Aquí estoy de nuevo. El portátil sigue esperando a ser arreglado, así que me conformo con el editor de textos del móvil. Espero que os guste :")


Capítulo 15.

Estaba totalmente inmersa en un maravilloso sueňo, mientras recuperaba el descanso perdido durante la noche. Un bonito escenario imaginario creado por mi subconsciente completamente igual a los que tenía antes de meterme en todo este 'mundo oscuro'. Cómo no, Draco era el centro de todo, y yo era la co-protagonista. Esta era la única ocasión que tenía de estar tan cerca de él. Nunca llegaría a ser realidad. Pero al menos, a diferencia de unos meses atrás, podría verlo en ámbito familiar (si las cosas seguían como ahora).

El caso es que ese sueño llegó a su fin cuando ambos nos besábamos. Más bien, él me abrazaba fuertemente acercándome a él con rudeza y caballerosidad al mismo tiempo para luego plantar sus labios en los míos con ansias de dominarlos. Fue tan realista que hasta notaba peso en mis labios, pude percibir el calor y la suavidad de unos labios que ya había conocido anteriormente. Me desperté en ese mismo instante abriendo los ojos como los gatos cuando se sorprenden para escuchar la puerta cerrarse dejándome sola en el mismo cuarto donde me dormí. Me dejó extrañada y confusa, pero lo dejé pasar y decidí levantarme. Era sábado por la tarde, había dormido toda la mañana y parte de la tarde, pero me sentía aliviada y descansada.

Tras tomarme alguna cosa que me prepararon amablemente los elfos domésticos de la cocina, fui a visitar a Narcissa al salón donde siempre leía y reposaba. Le expliqué todo lo de anoche y luego le pregunté dónde podría conseguir ropa cómoda para estar en casa. Ella no dudó ni un minuto cuando se levantó y me hizo un gesto con la mano para que la siguiese. Entramos en el cuarto de Draco, del cual acababa de salir hacía poco más de media hora, y en el vestidor rebuscó hasta encontrar una sudadera verde con el escudo de Slytherin y una chaqueta de punto de apariencia prácticamente nueva.

-"Toma, cariño. Draco hace mucho que no usa esto, y no le va a importar en absoluto perderlas de vista. De hecho, la sudadera es de hace tres años y ya no le sirve."

-"Aw, muchas gracias. Parecen muy calientes para contrarrestar el frío, justo lo que necesitaba."- dije agradecida.

-"No hace falta que agradezcas nada, eres parte de la familia ahora. Al menos para mí."- aclaró medio sonriente.

-"Me siento una extraña todavía. Siento la necesidad de ayudar y hacer ver que no estoy aquí estorbando y metiéndome en una familia nueva como si nada."- confesé entristecida.

-"Oh, Elisabeth. No pienses en ello. Yo te aprecio, y comprendo perfectamente tu situación. Has sido obligada a meterte aquí a la fuerza porque tus padres..."- pausó al ver que todavía estaba fresco el acontecimiento -"necesitabas una familia y yo no podía dejarte allí sin preocuparme. Además, ésta casa es lo suficientemente grande para un miembro más. Y he de confesar que desde que estás entre nosotros todo ha adquirido cierto tono de luz y vitalidad, a pesar de estar casi tan triste y deprimida como mi pobre Draco."- acabó la frase con un tono de angustia y preocupación notable.

-"Gracias, Narcissa."- nada más decir la frase, me abracé a ella con mucha fuerza, dándole un beso en la mejilla después.

Quince minutos después me encontraba totalmente absorbida por la biblioteca. Desde aquel día de las vacaciones de Navidad, la curiosidad de saber más sobre aquella palabra que dijo Draco a Goyle para denominarme. Obviamente sabía sobre la existencia de las leyendas e historias de las amazonas, pero quería indagar algo más. Me encontraba en el piso superior de la enorme habitación, subida en la delgada y alta escalera desplazable que se deslizaba por todo lo largo de la estantería. Me dispuse a extraer un ejemplar sobre el tema totalmente ajena a lo que sucedía a mi alrededor.

-"¿Sabes que pareces una empollona con ese estilismo? Solo te faltan una gafas como las de Potter y ya estaría el disfraz completo." - dijo una voz sarcástica totalmente reconocible que me sobresaltó de tal forma que perdí el equilibrio desde la considerable altura en la que me encontraba. Por suerte, no llegué a tocar el suelo. Abrí los ojos para verme literalmente suspendida en el aire a medio metro de la moqueta. Confusa, miré a la distracción que provocó todo esto, siendo no otro que Draco, que sostenía su varita con la mano derecha, dirigiéndola a mi. Utilizó un hechizo sin palabras para levitar. '¿Otra vez en el rol del salvador?', pensé.

-"De nada." - dijo con un tono algo antipático mientras yo me ponía de pié y me recomponía del susto.

-"Gracias." -murmuré a la vez que echaba un vistazo a mi indumentaria. Tenía razón, parecía un despojo. El pelo recogido en un moňo alto sujeto con un lápiz, la sudadera amplia pero eso si, abrigosa, un pantalón viejo y mis inseparables y cómodas 'converse'.

-"No te acostumbres a esto de que siempre que estés a punto de morir llegue a tiempo para salvarte. No creas que es algo que me entusiasme." - comentó de forma pasiva y monótona.

-"Ya." - me limité a contestar cabizbaja.

-"Es curioso lo rápido que cambias de estado. Estabas ahí tan tranquila hablando tu sola, pero llego yo y de repente te pones más nerviosa y patosa que uno de esos patéticos Hufflepuff." - dijo a modo de burla, riéndose para el mismo. Debió de notar mi cara de culpabilidad y humillación porque al momento dejó de soltar carcajadas.- "eh! esa sudadera me suena!" - utilizó un tono más amigable y suave.

-"Narcissa me la ha prestado hace un momento. Dijo que no la usabas y que podía quedármela. Pero si la quieres de vuelta, dentro de diez minutos acabo aquí y la encontrarás impecable de vuelta en tu cuarto." - evité su mirada y empecé a escalar de nuevo para alcanzar aquel libro.

-"No... Si ya no me... No la... Ya no me sirve. Es tuya." - dijo entrecortado.

-"Bien." - contesté poco entusiasmada.

-"¿Se puede saber que buscas?" -preguntó con mucha curiosidad en su tono.

-"Nada."

-"Lo dudo."

-"Nada."

-"No me lo creo. Venga. Dímelo."

No dije nada ni me inmuté, ignorándolo por su actitud y su comportamiento.

-"Odio cuando te haces la muda, lo sabías?" - dijo molesto. Tampoco contesté.

-"Haz lo que quieras." - soltó enfadado antes de marcharse.

Tras oír la puerta, solté el aire que llevaba aguantando desde hacía un buen rato, tratando de evitar contestarle. Realmente me era muy difícil ignorarle. Apenas podría decirle que no a algo. Pero tenía que hacerlo por mi propio bien. O al menos eso creía. De hecho, hasta me empezaba a sentir culpable por tratarle así sabiendo por todo lo que estaba pasando. También es cierto que él siempre se ha comportado así con los demás, y esto era un poco de su propia medicina. Pero bastaba con mirarle para darse cuenta de su estado tanto físico como psicológico. Personalmente, había perdido la cuenta de las veces en las que me daban unas ganas irresistibles de abalanzarme sobre él y abrazarlo con tanta fuerza como lo hacía su madre. Parecía un niño asustado, perdido, confuso e incomprendido. Era hasta lógico que sufriese esos repentinos cambios de humor que lo hacían parecer bipolar.

Mi estado de ánimo era neutro. Ni siquiera yo sabría describir con exactitud cómo me sentía. A veces triste, melancólica. Normalmente depresiva pero siempre algo emocionada por ver de nuevo a Draco. Me engaňaba a mi misma pensando que no lo necesitaba. Pues claro que lo necesitaba! Por alguna razón sería que, cuando no me conocía, lo buscase desesperadamente para alegrarme el día con su existencia. Para mí es como un rayo de luz, como una bendición, una razón por la que sonreír. Y ahora no tenía sentido alguno seguir adelante con mi plan para olvidarle, porque además de ser materialmente imposible dado que vivía en su misma casa, estaba claro que sea como fuese, se comportarse como se comportarse, me hacía sentir viva, y un foco de luz y esperanza surgía en mi interior con tan sólo mirarle. Al contrario que a la mayoría de la gente, su forma de ser, su complejo y complicado carácter, su arrogancia, su permanente gesto de superioridad, su forma de caminar, e incluso sus miradas fulminantes, todo ello no hacía más que alimentar y engrandecer mi, no se si podría llamar amor pero si adoración por Draco Malfoy.

No sé si sonaré como un monstruo al decirlo, pero no hay duda de que me sentía afortunada por haber sido metida en este infierno. Era una servidora del Seňor Tenebroso, a la fuerza, pero lo era. Pero gracias a ello, estoy aquí, viviendo en una enorme mansión con la familia del chico de mis sueños. Y siguiendo las palabras de Narcissa, ahora formaba parte de ellos, con lo que desde ahora y hasta siempre (mientras todo continúe como está ahora) podría ver a Draco convertirse en un hombre, crecer y envejecer. Puede que no a su lado, pero sí desde un rol de hermana adoptiva a la que odia y repele. Sinceramente, en este punto de mi vida, me traería sin cuidado que Lord Voldemort me matase, porque ya no tenía a nadie en este mundo, y porque ya había cumplido mi sueño: Draco sabía que existía y aquella tarde de un frio y lluvioso lunes de septiembre me había mirado a mí, y solo a mí, por primera vez en mi vida. Y más sorprendente aún, ese inexplicable e irracional beso que me robó en la Sala de los Menesteres a pocos días de Navidad. Nunca me había imaginado que eso llegase a ocurrir. Ya era bastante suerte el tener la oportunidad de conocerlo y de pasar tiempo a solas con él, como para pensar en el hecho de que, tal y como deseaba, se hizo dueňo y seňor de mi primer y legítimo beso. Estaba segura de que no significó nada para él, que solo fue un desliz, un impulso poco razonado, un simple momento de disfrute y satisfacción para autodemostrarse a sí mismo que todavía tenía ese irremediable e irresistible efecto sobre las mujeres, que hacía que cayesen rendidas en sus brazos con tan sólo acercarse por el simple magnetismo que desprendía con sus maneras, sus movimientos corporales tan naturales como elegantes, su perfilado rostro decorado con los más delicados rasgos que nadie más podría tener, sus múltiples sonrisas de tantos y tan variados estilos como grados de encanto y atractivo que éstas poseían. El color grisáceo azulado de sus grandes y expresivos ojos eran el arma definitiva para que perdieses todo uso de razón y que tú misma te perdieses en ellos como un náufrago en el descomunal y profundo océano. Su precioso cabello rubio platino que se amoldaba armoniosamente a su cabeza siempre impecablemente peinado y cuidado, caía con dulzura sobre su frente en forma de flequillo naturalmente, sin necesidad de obligarlo a ello. Había gente que decía que tenía una apariencia siniestra y de mala fe (tal y como su apellido indicaba). Pero yo no lograba encontrar algo malo en eso.

Finalmente, tras media hora de frustrada búsqueda, salí de la biblioteca con tan sólo un par de libros que raspaban por encima el tema de las dichosas amazonas. Cuando iba a entrar en mi cuarto, me detuve a reflexionar y decidí ir a disculparme con Draco. Llamé a su puerta con dos golpecitos, pero no obtuve respuesta, así que abrí la puerta despacio. A medio camino, estaba lo suficientemente abierta como para mostrar en su interior algo que me provocó un inmediato sobresalto, acompañado de unas altamente sonrojadas mejillas y un aumento de pulsaciones. Cerré la puerta de golpe y entré en mi habitación avergonzada. ¡¿Cómo iba a saber yo que se estaba cambiando?! ¡Si al menos hubiese respondido! La imagen de su cuerpo semidesnudo no salía de mi mente, impidiendo que me calmase. Lo cierto es que tampoco estaba arrepentida de lo sucedido, a decir verdad, superaba con creces mis expectativas sobre su constitución física. Oh Merlín! Menudo regalo a la vista. Solo podía dar gracias a Narcissa y a Lucius Malfoy por haber creado semejante criatura. Tan bien construido, tan bien esculpido e incluso, a pesar de su delgadez extrema causada por este terrible aňo, todavía se mantenía en forma. No cabía duda de que se trataba del ser más perfecto sobre la faz de la Tierra.

Al día siguiente, un frío y húmedo domingo, todo siguió su curso como si nada. Sobre media tarde, bajé a la planta baja y llevando la chaqueta de punto que Narcissa me había dado, salí al jardín trasero, donde se encontraban las tumbas de mis padres. Me detuve un minuto y empecé a recordar cosas sobre ellos, mi vida...

-"Os echo de menos. Hasta que desaparecisteis no supe apreciar vuestra presencia, pero ahora lo hago. Es verdad que nunca mostraba mis sentimientos, al igual que vosotros, pero los tres éramos conscientes del cariño que nos teníamos mutuamente. Llegué a odiaros. Llegué a desear no tener padres. Y ahora me arrepiento tanto..." - confesé entre sollozos - "Sé que no teníamos la mejor relación como familia, pero éramos una familia. Al menos sabía que todavía dos personas en el mundo me ayudarían y me protegerían. Ahora no tengo a nadie. Vivo aquí en una casa enorme desconocida y ajena por no vivir bajo un puente. Gracias a la seňora Malfoy... bueno, Narcissa, me siento algo más arropada, pero todavía me siento huérfana y... sola." - rompí a llorar arrodillada en la húmeda y fría hierba - "Necesito saber si todavía hay alguien en el mundo que, cuando yo desaparezca, me eche de menos. Alguien que... alguien que me aprecie. Alguien que me proteja y me ceda su hombro para llorar cuando lo necesite. No existe. Lo sé. Nadie en este planeta notaría mi ausencia. Pero... eso es lo que más necesito y lo he perdido junto con vosotros. Sólo saber que encajo en algún lugar, en un hogar. Sólo eso... sólo eso." - susurré la última frase cómo pidiendo un deseo, cabizbaja y sollozando ligeramente.

-"Hace frío." - dijo una voz suave a mis espaldas - "y está empezando a llover" - continuó con ese tono amable y familiar - "Vamos, entra, la cena está a punto de servirse." - comentó algo más cerca de mí. Me giré lentamente y alcé la cabeza para ver que, en efecto, se trataba de Draco.

-"Si, claro." - me atreví a decir pese a mi escasez de voz todavía temblorosa.

-"Vamos. Te acompaňo." - de ofreció todavía conservando esa amabilidad en su voz mientras extendía su mano para ayudarme. Dudé un instante, para cerciorarme de que no estaba soňando. Debió de notarse en mi expresión, porque antes de que reaccionase, se arrodilló junto a mí, me cogió de la mano y se levantó de nuevo invitándome a hacer lo mismo. Totalmente sorprendida por su poco habitual muestra de simpatía o de amabilidad con cualquiera que no fuese su madre, decidí hacerle caso. '¿Estará empezando a darse cuenta de que no soy una invasora que apareció de repente en sus propiedades?' pensé mientras me dejaba llevar hacia el comedor por un desconocido Draco Malfoy.