Capítulo 18.
Estaba cansada de tantos cambios bruscos de humor, de estar a punto de besarnos a recibir contestaciones bruscas y malhumoradas rechazando mi humilde ayuda. Trataba de comprenderlo al máximo, porque entendía, más y mejor que nadie, lo que sufría Draco. Estaba casi justificado su comportamiento extremista y bipolar. Pero a veces, una tiene límites, tiene paciencia, pero no es infinita. Yo por él haría cualquier cosa, de eso no tenía dudas, pero después de gritarme con la voz medio rota de llorar, me obligué a apartarme, a pesar de mi profunda necesidad de estar a su lado y protegerlo en todo momento.
Era un claro mediodía de abril, y yo, tras eliminar de forma voluntaria a mis 'compaňeros' de Ravenclaw, me encontraba comiendo relajadamente entre mis nuevos compañeros Slytherin. Goyle era ya como un amigo de toda la vida, y hablábamos casi todo el tiempo. Me acompañaba a todas las clases y si me miraban mal, él no dudaba en rugirles para asustarnos. Blaise era un gran bromista, pero también un gran amigo, muy leal y el mejor hombro en el que apoyarse si te caes. Draco los había seleccionado perfectamente, puede que a propósito, pero ellos me han dicho un millón de veces que desde niños han estado junto a él, y que aunque lo esconda tremendamente bien, saben que él les tiene un enorme aprecio.
Yo permanecía callada mientras charlaban entre bocado y bocado. Hasta que Zabini contó una anécdota muy graciosa sobre un desliz de Draco a los 10 aňos, lo cual me hizo explotar a carcajadas justo en el preciso momento en que el mismo aludido aparecía por la mesa de los Slytherin. Lo peor fue que sus ojos, grises y fríos de quedaron mirándome y su rostro parecía dolido, enfadado y algo apenado. Se dio la vuelta y se fue. Ese gesto me impactó como un cuchillo en mi pecho, y rompí a llorar cabizbaja y en silencio. Sus risas cesaron, y una mano me rodeó por la espalda en forma reconfortante.
-"Vamos, Elisabeth." - me susurró Gregory al oído.
-"No le durará mucho. Lo conozco. Es un imbécil, pero sabe lo que hace y lo arreglará." - dijo Blaise en un tono amable y sincero.
-"Disculpadme." - logré decir mientras me levantaba y me iba del Gran Comedor.
'¿Es que he dejado tan obvios mis sentimientos hacia Draco?'
'Todos lo saben y no deberían.'
'Me odio a mi misma.'
Eso pensamientos me rondaban por la cabeza mientras me acurrucaba en un rincón de la biblioteca, en estos momentos desierta.
-"¿Qué era eso que te hacía tanta gracia, eh?" - me espetó una voz sarcástica y demandante.
-"¿Q-qué?" - tartamudeé sorprendida y asustada.
-"Me has oído perfectamente, Hardy."
-"Lo siento. No fue culpa mía. Blaise... Blaise contó algo gracioso y... Lo siento." - supliqué sin alzar la cabeza. '¿Por qué demonios me disculpo?' pensé.
-"Aah, ya. Entiendo. Muy... bonito." - se burló.
-"Pero..."
-"¿A qué estás jugando, eh?"
-"Yo no... YO NO HE HECHO NADA MALO!" - grité enfadada mientras me ponía de pié.
-"Entonces explicame por qué haces todo esto porque no lo entiendo."
-"Maldita sea, Malfoy! Mis padres fueron amenazados y obligados a convertirse en mortifagos, fui prácticamente raptada por vosotros y me plantaron allí en vuestra casa, me marcaron en este maldito brazo y ahora estoy hundida en la oscuridad y el pozo de la depresión y la pena por ser recientemente huérfana. Encima tengo que convivir en una enorme mansión con una familia totalmente ajena en la cual, solo la madre parece tener cierto aprecio por mi existencia. Dado que ni el patriarca se ha dado cuenta de que me he instalado en su estúpida casa. Y luego está su hijo malcriado y maleducado que no aprecia ni el más mínimo detalle de amabilidad por mi parte. No duermo, no como, no puedo vivir con estos dolores de cabeza constantes, mis notas han descendido y amenazan con suspenderme y hacerme repetir este año. Me odio a mi misma y odio a todos por hacerme sentir mal conmigo. Me mareo cada vez que camino y no tengo fuerzas ni para gritarte" - grité aun más enfadada y dolida -"¿¡te parece suficiente!?"
-"¡Tenía que haberte dejado morir aquella noche!" - gritó furioso.
-"Te lo hubiese agradecido si pudiera." - contesté llorosa. Y escuché un portazo.
Pasaron días y días y no nos volvimos a dirigir la palabra, ni una mirada. De hecho, no volvió a mostrarse en público, como si hubiese desaparecido de la faz de la Tierra. La angustia en mi interior crecía, todo por su culpa. 'Lo odio, lo odio, lo odio. Ojalá se vaya con su padre de vuelta a Azkaban.' pensaba mientras iba por el pasillo hacía la clase de pociones. Veo a Goyle corriendo hacia mi muy preocupado.
-"Elisabeth! Elisabeth!" - gritaba entre respiraciones fuentes hasta que se detuvo frente a mi. Me agarró por los hombros y me miró detenidamente preocupado.
-"¿Qué...Qué ocurre?" - pregunté extraňada.
-"Draco."
-"¿Qué?"
-"Hospital."
-"Espera... ¿QUÉ?"
-"Estaba en el baňo y dicen que Potter le atacó y sangraba por todo el cuerpo, estaba a punto de... morir." - explicó apresurado y atropellado.
-"Oh... no. No. no. no. no. no." - repetía en voz baja mientras me sentía mareada y a punto de desvanecerme, gracias a Merlín, Goyle me abrazaba evitando que me cayese.
-"Te llevo." - me cogió en brazos y caminó rápido hasta la enfermería, donde la seňora Pomfrey caminaba de un lado al otro con cosas en las manos. Gregory caminó y yo me incorporé para buscar a Draco.
Sangre. Eso era lo que me llamó la atención. Mis ojos cayeron en el cuerpo delgado y todavía endemoniadamente perfecto de Draco Malfoy. Más muerto que vivo. Recostado en una de las camillas. Todavía llevaba el pantalón de su traje negro, y la blanca camisa estampada con manchas de color encarnado.
Gregory me permite ponerme de pié con cuidado. Tiene miedo de que me derrumbe alli mismo. Y estuve a punto, pero saqué fuerzas de donde no tenía y caminé despacio hasta la cama. Petrificada. Así me quedé al ver aún más de cerca su estado. Pálido en un tono tan claro que hasta parecía transparente, incoloro. Las ojeras que rodeaban a sus bonitos ojos ya no eran oscuras, eran rojizas, del esfuerzo y el dolor que sufrió en el ataque. Respiraba pero con dificultad y de forma muy intermitente. Su pelo estaba mojado, del agua del suelo del baňo inundado, y con algún rastro de su propia sangre mezclada en medio.
Una silla se acercó por mi espalda y me dejé caer sin apartar la vista de Draco. Durante un largo rato no me atreví a moverme, ni a hablar, ni siquiera a pestaňear.
'¿Y si se va?'
'No lo volveré a ver'
'No puedo vivir sin él.'
'No puede morir.'
Sin darme cuenta, de mis ojos brotaban lágrimas eternas y silenciosas. Su mano descolgaba de la cama, la cogí con mis manos y la posé a su lado, pero no la solté. Aunque estaba casi segura de que estaba inconsciente, yo le acaricié. Le aparté el pelo de su pacífica carita de ángel caído. Me dieron escalofríos. Como cada vez que tenía contacto directo con su cuerpo. Para mí era como tocar una obra de arte. Como si te permiten tocar 'La Piedad' de Miguel Angel.
Apretaba con fuerza su mano, porque no quería que se fuera y me abandonase en este mundo. Nunca sería capaz de seguir adelante sabiendo que él ya no existía. Como dije al principio, es la razón de mi vida. Suena muy desesperado, y puede que lo sea. Pero mi adoración es tal, que solo imaginarme un mundo en el que nunca más podría ver, admirar a Draco, me quita las ganas de vivir.
Gregory se había excusado para dejarme a solas, luego volvería. La seňora Pomfrey acababa de darle un jarabe reparador y también se fue a su despacho. En la enorme enfermería llena de camas, solo estaba el cuerpo inconsciente de Draco y una llorosa y destrozada servidora.
-"¿Sabes? Cada día te odio más. Deberías mirarte eso de la bipolaridad, porque me preocupa."
"Menuda estupidez acabo de decir. Claro que no eres bipolar, tienes tus razones. Estás llevando mucha carga sobre tus hombros, la presión... es comprensible. Pero tus ataques de mal humor dan miedo. En serio. Es por eso por lo que me voy cuando me gritas, porque no sé lo que podrías llegar a hacer. No es que piense que seas un monstruo. En absoluto. De hecho... eres un ángel. Un ángel caído que está siendo utilizado para hacer el trabajo sucio. Es lo más cruel que he visto jamás. No es justo que te obliguen a hacerlo. No mereces nada de esto."
"Todos en este colegio piensan que te va ese rollo de ir del lado de Voldemort, pero yo sé que no. No eres así. Finges ser alguien muy distinto a cómo tu eres en realidad. Lo sé porque a mi me pasa lo mismo. Te levantas una maňana y te preguntas '¿Quién soy yo?' y no sabes que responder porque te has pasado todos estos años tratando ser alguien que todos esperan que seas, no alguien que tu realmente eres. Yo lo hago por encajar, y tu por complacer y hacer sentirse orgullosos de ti a tus padres. Lo cual es realmente admirable."
"Yo nunca hago nada que valga la pena. Nunca lo he hecho ni nunca lo haré. Tengo miedo de lo que el Seňor Oscuro tiene pensado para mí. Pero no hay nadie a quien le preocupe más que a mi, así que tampoco tiene importancia."
"No puedes irte y dejar a tus padres abandonados. Te necesitan. Tu madre te adora como a un objeto preciado, porque eres el ser más preciado que pudo haber existido. Y ella lo ha visto nacer, crecer y convertirse en... ti. Tu padre está tan orgulloso de que seas su hijo que ni siquiera se atreve a decírtelo. Eso es obvio. Porque vamos! ¿Quién no querría tener un hijo como tú? Educado, estudioso, inteligente, con mucha determinación y ganas de mejorarse. Sé que el Malfoy que pasea por los pasillos de este colegio es un personaje que te has creado. Aunque ese Draco también es maravilloso. Te respetan, te tienen miedo porque te has encargado de ello. No estoy a favor de los gamberros que se burlan de los débiles e indefensos, pero admito que me gusta la gente con personalidad y algo pretenciosa. Que irrita a los demás con contestaciones de lo más ingeniosas aunque ofensivas en muchas ocasiones. Pero... ¡qué demonios! ¿Es que es ilegal creerse superior a los demás por su estatus?... Está bien... si. Tampoco estoy de acuerdo con eso de los sangre pura y sangre sucia. Todos somos magos a fin de cuentas."
"Me gustaría tener la fuerza sobrehumana que te hace continuar a pesar de todo esto. La verdad, si no fuera por ti, ahora mismo no estaría aquí echándote este discurso que ni estas escuchando ni vas a recordar. Pero prométeme una cosa. Solo una. No lo hagas por mi si no quieres, pero hazlo por Narcissa: Sobrevive. No puedo... No quiero vivir en un mundo sin ti. Sin tus sonrisas burlonas de medio lado. Sin ese sarcasmo tan... tan tuyo. Sin tus miradas fulminantes y esa cosa.. esa cosita tan graciosa que haces con las cejas cuando pones esa cara de asco a los demás. No puede haber un mundo sin Draco Malfoy."
"Eres como la luz que me ilumina el buen camino. El lado bueno de as cosas. Si te vas, no hay razones por las que sonreír. Yo no podría."
Y entre llantos silenciosos y pequeñas risas tristes cuando decía algo que me avergonzaba y me hacía gracia, como lo de sus cejas, pronuncié ese largo y sincero discurso recién salido de mi corazón. Me abracé a su todavía ensangrentado pecho y noté sus latidos con ritmo creciente, lo cual me hizo sonreír genuinamente. Su respiración mejorando a cada inspiración. Recorrí con mi mano desde la zona más cercana a su corazón, hasta su vientre. Se notaba aún la humedad de las manchas de sangre. Eché a un lado un poco de la camisa desabrochada y observé los cortes cicatrizados. Me dolía solo de verlo. Dejé la mano encima de uno estratégicamente situado en el centro de su pecho.
Y tras unos segundos, otra mano fría se posó sobre la mía. Me sobresaltó y me sorprendió ver que estaba despierto. Draco había vuelto. Y sonreía. Es tan contagiosa su sonrisa...
-"Hola" - dijo con una voz debilitada y algo ronca.
-"Hola" - sonreí.
-"Lo siento." - soltó de repente.
-"¿A qué te refieres?" - estaba perdida en su mirada.
-"El otro día. No quise..."
-"No importa. Estoy aquí, ¿no?"
-"No deberías. Pero tampoco te voy a echar." - le dio un apretón a la mano que entrelazaba con la suya.
-"No me iba a ir aunque me lo pidieses." - me levanté y aparté los mechones de pelo que le tapaban la frente -"¿que pasó?"
-"El estúpido de Potter. Creo que descubrió algo, estaba hablando con Bell y de repente me vió. Yo huí pero me siguió hasta el baňo, nos lanzamos maldiciones hasta que me alcanzó con uno que no conocía... algo como 'Sectumsempra'... empecé a esangrarme y aquí estoy inutilizado sin poder continuar con mi misión."
-"¡Está mal de la cabeza! ¿Cómo se le ocurre mandarte una maldición así? Pudiste haber muerto."
-"Lo sé. Estoy aquí." - dijo sarcástico.
-"Oh... cállate." - me reí.
-"Pero tengo que ir a continuar con el plan. Soy el único que debe hacerlo y lo haré. Como que me llamó Draco Lucius Malfoy que lo haré."
-"En serio estás decidido a... hacerlo hasta el final?. Quiero decir... todo... ¿todo?"
-"Claro! Fui elegido para esto. Puedo hacerlo. Vold-ÉL me eligió solo a mí. Seré mejor que todos ellos. Incluso que mi padre."
-"¿Estás loco? No sabes lo que dices. No puedes estar de acuerdo con el plan. Tú no eres así. No quieres hacerlo, lo sé."
-"Claro que voy a hacerlo, y tendré éxito. Me felicitará y seré su brazo derecho."
-"Creo que la fiebre te ha subido."
-"¡Y una mierda! ¡Estoy perfectamente!"
-"No, que va."
-"Tengo que hacerlo, ¿vale? Déjalo así." - dijo en un tono más bajo, con miedo y cabizbajo.
-"Descansa." - le acaricié la mejilla. Se recostó otro vez, se tumbó de lado dándome la espalda, lo tapé con las sábanas y esperé a que se quedase dormido.
Volvió Gregory y me pidió que le acompaňase a fuera.
-"¿Qué tal está?"
-"Mejor. Ha despertado y parece que su mal humor sigue intacto." - dije sonriente.
-"Elisabeth... lo sé." - dijo seriamente.
-"¿El qué?" - pregunté extraňada.
-"Sé cómo miras a Draco. Y sé cómo te sientes hacía él. Ese tipo de sentimientos no se pueden esconder cuando son tan fuentes. Estás totalmente entregada a él y lo entiendo. No te guardo rencor ni estoy enfadado contigo por ello, porque lo sabía desde el primer día. Estábamos cenando en su mansión, el día que fui a hablarte, y no apartabas la vista de él. Y no era la mima forma de admirar a alguien que solo te gusta. Es la forma de mirar a alguien a quien adoras profundamente. No me interesa el cómo ni el porqué. Solo quiero que sepas que aquí, tienes un amigo para toda la vida. Que siempre que me necesites estaré ahí. Porque de la misma forma en que lo miras a él, yo te miro a ti. Lo sé. Pero no es importa. Porque él es mi mejor amigo, y le tengo demasiado aprecio como para apartarte de él."
-"Me has hecho llorar. Gracias." - dije entre lágrimas y una leve risa.
-"Me lo he pensado durante todo este rato para que quedase bien." - confesó riéndose.
-"Te ha quedado precioso. Gracias." - le abracé fuertemente.
Nos despedimos y yo decidí ir a la escena del 'casi' crimen. El baňo de los chicos. Me aseguré de que no rondaba nadie y entré insegura. El suelo encharcado y una enorme mancha roja en el medio, allí había caído el pobre Draco. Espejos rotos y madera de los baňos individuales astillada. Escuché un pequeño ruido y al mirar de frente me encontré con una llorosa Myrtle la llorona.
-"Ehmmm... perdona... ¿Myrtle?"
-"Si! Esa soy yo! ¿Qué quieres?"
-"Tu...tu estabas cuando... Draco y Potter se pelearon... ¿no?"
-"Si. Fue horrible. Nunca había visto tanta sangre saliendo del cuerpo de alguien."
-"¿Me lo podrías explicar?"
-"¿El pobrecito Draco Malfoy está bien?"
-"S-si. Acabo de estar con él. ¿Le conoces?"
-"Lleva todo el curso viniendo aquí a llorar. Está destrozado. Yo le escuchaba. Es sensible, la gente lo intimida, también, él se siente solo y no tiene con quien hablar, ¡y él no tiene miedo de mostrar sus sentimientos y llorar!"
-"Entiendo."
-"A veces se enfadaba y rompía cosas. Una vez le dio un puňetazo a ese espejo de allí y lo estalló completamente."
-"¿Algo más?"
-"No. Que yo recuerde no."
-"Gracias Myrtle. Hasta la próxima."
'El muy estúpido no me decía nada, estando yo allí todos los días y ni me hablaba. ¡Será imbécil!' pensaba mientras volvía a la enfermería. Ya estaba despierto, se había incorporado en la cama y estaba comiendo algo.
-"¡Pero tu eres tonto o te lo haces!?" - exclamé.
-"¿Qué?"
-"He ido a ver a Myrtle. Me lo ha contado todo."
-"¿Y?"
-"¿Cómo que '¿Y?' !?"
-"..."
-"¡Me tenía todos los días allí aburrida, metida en ese cuartucho polvoriento, muerta de frío y sin hablarme durante horas y días, y luego ibas a contarle tus penas y a enfurecerte solo en aquel baňo inmundo con un maldito fantasma!"
-"Estás celosa... ¿a que si?" - dijo con una sonrisa burlona.
-"¿Quién, yo? JÁ!"
-"Venga, no seas tozuda, admítelo." - continuó riéndose.
-"Te odio." - dije tratando de sonar realista escondiendo una sonrisa.
-"Si... y yo. Anda... ven aquí." - abrió los brazos esperándome. Y no tarde ni dos segundos en levantarme y abrazos con mucha fuerza, ahora sí que sonreía.
