NO SOY DUEÑO DE INUYASHA
MUCHAS GRACIAS POR SUS COMENTARIOS. ME ILUMINAN LAS IDEAS.
CAPITULO 67
Cada embestida, cada gota de sudor, los sumergía en el maravilloso mundo de la pasión.
Y un cachorro más que satisfecho lleno de youki, se desarrollaba oculto dentro de su mundo secreto de energías místicas.
Nadie sabía, ni siquiera intuía la tremenda realidad dentro del vientre de la Miko del Oeste.
Apoyada sobre manos y rodillas, sostenida firmemente disfrutaba ahora de una postura que relajaba sus músculos mientras Kagome recibía el placer más que bienvenido, los dientes del Daiyoukai hundidos de nuevo en el hombro inundando de gozo a su hembra, que callaba sus gritos hundiendo sus propios dientes en el antebrazo del poderoso Inu youkai.
Fluyendo la semilla plena de youki, a chorros en el interior de la Miko, fortalecía al precioso inquilino, escurridizo. Ambos devastados de pasión se derrumbaron en la cama y abrazados intentaban conciliar un poco de sueño.
-"Estás bien Kagome?"
-"Muy bien mi amor, tú cómo te sientes?"
-"Feliz"
Las manos del Daiyoukai se apoyaban suavemente, abrazando el vientre de Kagome acercándola a él. El cachorro protestaba moviéndose empujando las manos de su padre.
-"¿Sentiste eso?"
-"Hn. El cachorro me golpeó las manos"
-"Es emocionante saber que pronto estará fuera y podremos abrazarlo y besarlo…"
-"Hn."
Kagome miraba los movimientos de su hijo y poniendo las manos cerca de las de Sesshomaru acariciaba su vientre haciendo círculos.
-"Eleva levemente tu reiki Kagome"
-"Mmmm? Sí...Así?"
El youki le hizo retirar las manos
-"Hey! Cuidado con mamá"
Sesshomaru sonreía, elevó un poco su youki apenas perceptible, enseguida el reiki de su hijo le picaba los dedos
-"Me haces cosquillas Sesshomaru, qué intentas hacer?"
El Daiyoukai se sentó en la cama y puso ambas manos sobre la panza redonda y elevó su youki otra vez. La respuesta no se hizo esperar, esta vez el reiki le quemó las yemas de los dedos, provocando un poco de dolor.
-"Medir la potencia de la energía de nuestro cachorro"
-"Eso para qué?"
Podría hacer una conjetura acerca de la madurez del pequeño a partir de la potencia de sus energías
-"Y? Cómo va hasta ahora?"
-"Conforme a las respuestas a nuestras energías, yo diría que estará con nosotros antes de lo que esperábamos"
Kagome se enderezó mirándolo muy seriamente
-"De verdad? Oh, pero se supone que es un hanyou, debería nacer dentro de dos meses y medio, dijo el doctor Kènko, acaso se equivocó?"
-"Lo ignoro saiai, pero no debes preocuparte, yo estaré a tu lado a todo lo largo del camino"
-"Te amo, Sesshomaru, tanto…"
-"Kagome, watashi no saiai…"
Abrazados se recostaban mirándose en la penumbra, intercambiando ideas, pensamientos y caricias. En el resto de la casa solo el sonido de la calma.
*******************************En el Oeste**********************************
-"Bueno amigo perro, mejor me voy en busca de mi mujer"
-"Keh! Quién te viera enamorado como un adolescente de la dulce Rin"
-"Si, quien lo diría y tú, que siempre sostuviste que los Ookami teníamos un olor nauseabundo, hueles exactamente como toda una manada de lobos, me enorgulleces"
-"Acaso me dices sucio?"
-"No, te digo hermano, no te olvides del Norte, que hay alguien que de seguro piensa en ti, día y noche"
Tomados de los antebrazos Inuyasha y Kouga se despedían.
-"Buen viaje, Lobo loco"
-"Gracias aliento de perro"
Con una amplia sonrisa Kouga se retiraba a gran velocidad, los fragmentos de shikon de sus piernas, le ayudaban a atravesar la barrera sólo con leves quemaduras. Su corazón no lo dejaba tranquilo, su instinto le gritaba que había peligro cerca en alguna parte, corría y corría intentando atravesar los caminos que llevaban al Norte a gran velocidad, deseaba encontrarse con Rin, lo más rápido que se pueda.
"A ésta velocidad llegaré para mañana al amanecer, Rin princesa, espérame ya voy"
***********************En el Norte**************************************
Los esbirros de Náraku se adentraban en las tierras del clan Ookami, avanzaban ocupando todos los espacios, azolando las aldeas en busca de la sacerdotisa de arcilla.
Las filas del Norte se enfrentaban a ellos a la entrada de la aldea principal y el castillo.
Los aullidos, gritos y el revuelo de los youkai se hacían oír por todo el lugar. Rin observaba desde su habitación. Las lágrimas corrían por su rostro, la impotencia la inundaba, estaba encerrada en su dormitorio sin poder salir. Deseaba ayudar, su gente moría y ella necesitaba protegerlos. Los guardias apostados en la puerta real, le coartaban la salida.
Eran órdenes del gran sabio y el general Kìbo. Proteger a la Dama del Norte, era la premisa, nada era más importante. Pero para Rin, su pueblo era lo más importante.
Mientras para otros ella estaba segura y protegida, para ella, era inútil y se sentía presa. Su padre le había enseñado a luchar, a defenderse y defender a los que amaba.
Cambiando sus ropas por unas de entrenamiento que Kagome le regaló, tomó un par de Katanas que estaban sobre la chimenea y se asomó a la ventana terraza y comenzó a descender de terraza en terraza.
Hasta que se encontró de pie en el suelo. Levantó la mirada al cielo que estaba manchado de youkai que arremetían enloquecidos contra los lobos del Norte.
Hakudoshi y Byakuya de los sueños lideraban la horda de demonios invasores, desde lo alto lograban ver todo. Náraku luego de no encontrar a Kikyo en Edo envió a sus extensiones a los distintos puntos cardinales, ésta vez sumó a la búsqueda a Moryomaru, el implacable, si bien lo había absorbido, ahora lo necesitaba afuera, además Akago aún necesitaba protección. Ellos iban rumbo al Sur, a la tierra de los Dragones. Kagura por su parte iba con Kanna al Este a pagarle una breve visita al Lord Águila Shintaro y luego partiría hacia el Oeste donde todos confluirían para enfrentar a los Taisho.
-"Allá va la mocosa de Sesshomaru"
-"¿Qué pretende hacer? Acaso cree que va a escapar de nosotros?"
Los niños llorando en el suelo, junto a sus madres inertes, sin vida. Las madres junto a sus hijos.
La Dama del Norte ayudaba a llevar a los niños y a los heridos, a las cuevas de apareamiento, allí estarían seguros, con suficiente agua y alimento para semanas.
-"Mi Lady, Por favor quédese con nosotros no se arriesgue. No podemos soportar otra pérdida. No podemos perder otra Señora del Norte, no nos recuperaríamos jamás!"
-"Cierren! Protejan las crías y a los heridos, yo estaré bien."
Les tomaba las manos a los Ookami que le suplicaban
-"Estaré bien. Yo misma los vendré a buscar a las cuevas, una vez que esto acabe, lo prometo."
-"Nooo, Mi Lady Rin, Noooooo!"
Cerradas las puertas de las cuevas, Rin se daba vuelta y desenvainaba sus katanas, una garra le tomó el hombro desde atrás, ella giró y acomodó los filos de las espadas en la garganta de su agresor.
-"Keiken Sama! Me sorprendiste, casi te corto la cabeza"
-"Mi Lady Rin, debes entrar a las cuevas, no te debes arriesgar!"
-"No. Debo defender a mi pueblo, usted entre, debe proteger a las crías, yo pelearé junto a Kìbo, los cachorros y los heridos lo necesitan"
-"Pero Tú eres más importante!"
-"No, tú sabrás cómo organizarlos, ellos no sabrán qué hacer, onegai!"
El anciano temía por la Señora del Norte, pero sabía que ella tenía razón, los cachorros y los heridos, las mujeres y ancianos, estaban desesperados, no sabrían qué hacer, Rin era la hija del Señor del Oeste, heredera de Inu no Taisho, debía confiar en ella.
A los gritos, por el ruido ensordecedor que producían los youkai, que luchaban y atacaban una y otra vez, el anciano y la joven intentaban comunicarse y ponerse de acuerdo.
-"Está bien, mi Señora cuídese por favor…"
Los ojos llenos de lágrimas y un fuerte abrazo. Rin se dio la vuelta y blandiendo sus katanas comenzó su camino en torno al remolino de bestias que asolaba su casa... la defendería hasta morir.
