Capítulo 22.

Y de vuelta a la monotonía, tras ese 'incidente' a mitad de camino hacia el salón-comedor, interrumpido por Narcissa en el preciso momento antes de que pudiese pasar algo (o no). Al día siguiente ni siquiera lo vi en las comidas. Pasó la semana entera y apenas lo había visto un par de veces y siempre saliendo del despacho de Lucius. Las reuniones continuaban como mínimo una vez por semana, aunque la mayoría de ellas eran sólo para 'los Mortifagos adultos' por decirlo de alguna forma. Con lo cual, me escabullía antes de que cambiasen de opinión. Estaba harta de mi habitación, la tenía demasiado vista, me consumía en el aburrimiento. Al final, lo único que hacía era dormir, comer y leer de vez en cuando una novela de la biblioteca, pero me desinteresaba del argumento al cabo de una hora.

Debo admitir que eché algo de menos a Draco, y no sabía por qué. En mi cabeza rondaba la pequeña idea de que había algo, pero de vuelta a la realidad, esa idea se esfumaba porque simplemente, me parecía estúpido pensar que alguien como él llegaría a estar con alguien como yo. Era una locura, una locura irreal e imposible. Pero entonces... ¿qué significaron esos dos besos en un mismo día? No parecieron en absoluto algo fingido, de hecho, tras el primero recuerdo que se había sonrojado levemente, y el segundo fue increíblemente apasionado, como necesitado y ansiado. ¿O es que solo eran impresiones mías? Seguía confusa. Me sentía tontamente confusa.

Mi yo de hace un año se habría vuelto loca, se habría puesto roja como un tomate e incluso se podría haber puesto a chillar en el momento en que Draco estuviese así de cerca de mí. Y posiblemente se hubiese desmayado tras el primer beso. Pero ahora que lo pensaba detenidamente, nada de eso me ocurrió. De hecho, todo fue tan natural que ni me dio tiempo a reflexionar sobre ello. No parecían ser algo malo, al contrario, todo parecía correcto, en el momento perfecto, sin signos de arrepentimiento. Pero al mismo tiempo en mi interior había una vocecita que me repetía 'desconfía, no te dejes llevar tan fácilmente, puedes salir mal de todo esto'. Y por eso, no deseché la idea de que sus acciones tuviesen como propósito autodemostrarse que todavía conservaba su título de conquistador rompecorazones que no se enamora, solo se autocomplace, y se entretiene y disfruta con la compañía de aquellas que él mismo seleccionaba. Un escalofrío recorrió mi espalda. Esa era la teoría que mejor encajaba, y tenía miedo. Porque caí en la trampa. Me dejé llevar por mi inexplicable, irracional e inevitable debilidad por Draco Malfoy. Y no hay que ser un genio para darse cuenta de que el hecho de convivir en un mismo espacio los dos, es lo más peligroso que me podría ocurrir: el agua y la esponja, la debilidad y el débil, Draco y yo. Lo realmente sorprendente es que aún no estando en su mejor momento, física y psicológicamente agotado y exhausto, todavía ha sido capaz de aprovecharse de la situación y salirse con la suya. Aunque por otra parte, no podía decir que me disgustaron aquellos 'deslices'. De hecho, son parte de mi mayor deseo, como vengo diciendo desde el principio.

A lo mejor las cosas debían seguir así, cada uno por un lado, sin contacto, sin ningún tipo de relación, como desconocidos. Pero... y esos dos urgentes e impacientes besos en un mismo día... ¿tendrían algún significado de verdad? ¿un significado que ninguno de los dos logramos entender? ¡Aaah, por Merlín! ¡Qué quebradero de cabeza!

Dos semanas después de todo ello, la situación era la misma. Apenas me lo encontraba por la mansión. Y cuando lo hacía, ni nos mirábamos. Los libros me servían de objetos para disimular, ya que, repito, estaba consumida por el aburrimiento y sus argumentos me cansaban al poco tiempo. Necesitaba vida. Algo interesante que hacer, estaba recluida en este enorme 'amago' de castillo. En cualquier momento iba a explotar, seguro. El sábado por la tarde, me senté en uno de los sillones de la planta baja en una especie de ensanchamiento del pasillo entre el salón-comedor y la sala de visitas, con un libro escogido al azar apoyado sobre mis piernas, que dejé que colgasen por uno de los reposabrazos, mientras mi espalda se acomodaba en un cojín también apoyado contra el otro reposabrazos. Cuando estaba acabando el quinto capítulo, el ruido de una puerta abrirse, luego cerrarse y a continuación unos pasos, me desconcentraron. Por la esquina del fondo apareció Draco, con otro de sus elegantes y caros trajes negros, que desde este año parecían su uniforme. Apostaría por que alguien le había enseñado a caminar de esa forma tan típica de los modelos, pero recuerdo que es así desde que lo conozco, con lo cual, parece que le sale naturalmente. Así de lejos estaba tan... perfecto. Ahora su pelo había crecido, y ¿es posible que pareciese más alto que la última vez? En fin, que pasó de largo sin apenas mirarme. Eso me recordó que un día tenía que agradecerle de alguna forma todo lo que hizo como entrenador, desde entonces nunca tuve oportunidad.

Volví a retomar la lectura donde lo había dejado pero una mano apareció de la nada y me arrancó el libro de las manos. Sorprendida, miré hacia arriba para encontrarme a Draco con el ejemplar en su mano, dejándolo caer en la mesa de al lado. Miró repetidas veces a su alrededor, no había nadie, y volvió a mí. Sus ojos brillaban con la luz de la ventana tras de mi, el azul cielo ahora predominaba sobre el gris tormenta. Y sus pupilas... ¿estaban dilatadas? En un libro había leído que ese era uno de los síntomas que indicaban cuando alguien se sentía atraído por aquella a la que estaba... mirando...

Se inclinó hacia mí, me agarró por las muňecas para impedir que me moviese, y su cara se quedó a dos centímetros de la mía. Me miró fijamente a los ojos, ninguna sonrisa, solo una mirada fría, sin aparentes muestras de sentimiento. Y finalmente, atrapó mis labios con los suyos, otra vez. Respondí de inmediato, porque siendo sincera, me encantaba el sabor, el calor y la textura de sus labios. Me incliné más hacia delante para acercarme a él y sólo conseguí que el beso se profundizase. Por fin me dejó libre, y pude apoyar mis manos sobre sus hombros. Esta vez el beso no fue apasionado pero si con sentimiento, lento y profundo.

Poco a poco me fui incorporando de modo que acabé de rodillas sobre el reposabrazos, a la altura perfecta para que estuviésemos frente a frente. Terminó dejando sus manos sujetas a ambos lados de mis caderas, mientras yo acabé con su sedoso pelo entrelazado por entre mis dedos. Pero de repente, se paró en seco, se separó de mi, me miró inexpresivamente y se fue a paso ligero en la misma dirección a la que se dirigió antes de volver atrás y cogerme por sorpresa, para luego dejarme allí sin saber qué hacer ni qué decir, ni siquiera si moverme o quedarme en el mismo sitio como si nada.

¡Pero qué odioso el muy desgraciado! ¿Qué pretende con todo esto? ¿Matarme de desesperación? ¿Confundirme? ¿Por qué a mí? Si de verdad significan algo me gustaría saberlo, y si no, también querría saber que soy una simple diversión. Me sentía ofendida, utilizada. ¿De verdad valía la pena dejar que se saliese con la suya y ceder sólo porque es mi supuesta 'debilidad'? ¡Vamos! Que sea débil vale, pero dejar que me utilice y se aproveche de ello, no. No me ha demostrado nada para dejar que me tratase de esta forma. Necesito respuestas.

A partir de ese día evité a toda costa salir de mi cuarto. Las cuatro paredes cada vez se hacían más pequeňas y en cualquier momento estaba segura de que me acorralarían. Por un lado deseaba con toda mi alma dejarme llevar otra vez por los encantos de mi vecino de habitación, pero por otro, solo quería estar lo más lejos posible de él, sin darle oportunidades para volver a atacar. Pero en realidad me importaba poco que me atacase, siempre que fuese de esa forma tan maravillosa. ¡NO! No me puedo rendir. Debo enfrentarme a mi debilidad.

Y así era mi mente, día tras día, consumiéndose con pensamientos de todo tipo, contradiciéndose. '¡Que alguien me rescate ya!' pensaba cada segundo. Una tarde escuché unos golpecitos en mi puerta.

-"Adelante." - contesté en voz alta y clara. Era Narcissa. Se sentó a mi lado en la cama.

-"¿Qué tal estás, Elisabeth?"

-"Ehmmm... bien. Supongo. ¿Por?"

-"Te noto algo... huidiza. Apenas vienes a comer o al salón. Llevas unos días encerrada aquí. ¿Te ocurre algo?"

-"No. Estoy... bien. Tranquila." - decidí no preocuparle más.

-"¿Segura?"

-"S-si."

-"Está bien." - se levantó y comenzó a caminar hacia la puerta, se detuvo -"Sé de otra persona que está pasando por lo mismo que tú, y no está muy lejos. Sé que es difícil todo esto, pero todo ayuda. Y cuando te surgen oportunidades, buenas oportunidades que te pueden ayudar a mejorar tu día a día en momentos duros como los que estamos pasando, no las dejes escapar. A veces hay que... arriesgar para saber si estábamos en lo cierto. Todos desconfiamos ante algo sorprendente y que nos coge por sorpresa, pero repito, hay ocasiones en las que vale la pena arriesgar." - dijo solemnemente antes de irse.

'¿Se referirá a eso que tanto me preocupa en los últimos días?' pensé.