Muchas gracias por las reviews, me encanta saber que os engancha y que esperáis con ganas los capítulos. Sigo poco convencida por cómo estoy desarrollando el personaje de Draco, es MUY complicado (y por eso es mi personaje favorito de la saga, pero bueh... xD) El caso es que esta parte no es de las mejores, en el sentido de argumento, pero dentro de poco ya pasarán cosas interesantes, cambios y sucesos para engrosar la historia. De momento estoy iniciando la "relación" entre Elisabeth y Draco. Si creéis que sobran todas estas 'sesiones' de besuqueos y rollos a mitad de camino de la cena y etc... sabed que quedan unos pocos más, junto con un importante acontecimiento en la vida de Elisabeth, y después ya empieza lo interesante. Paciencia, por favor. :")
Capítulo 24.
Esa noche dormí de un tirón. Sin preocupaciones ni quebraderos de cabeza. Desde que tuvimos esa larga conversación relajada y animada, me di cuenta de que no trataba de ignorarme, de hecho, nos llevábamos bastante bien. Solo deseaba que esto continuase así de bien por una larga temporada.
Al día siguiente, coincidimos a la hora de salir de la habitación para ir a desayunar, y caminamos en silencio parte del camino. Digo parte del camino porque cuando sólo quedaba un grupo de escaleras que bajar para llegar al salón comedor, me arrinconó contra la pared. ¿Que cómo lo hizo? Sencillo, acercándose cada vez más a mi, de forma que yo me pegaba más a la pared para cederle espacio. No puedo evitar bloquearme física y mentalmente cada vez que lo tengo cerca, es como una fuerza sobrenatural. Así que sin decir absolutamente nada, se acercó muy despacio hasta que no quedaba espacio entre los dos. Alzó mi cabeza poniendo su mano bajo mi mentón, y atacó sin más detenimientos. Mi mente ya no estaba completamente en blanco, estaba consciente para disfrutar de todas esas sensaciones tan nuevas y emocionantes que surgían cada vez que me besaba. Levanté mis brazos y acaricié sus mejillas con mis manos, en una tentativa para acercarlo todavía más a mí. Debió de notar mis intenciones y en cuestión de segundos agarró sus manos en ambos lados de mi cintura y la acercó a la suya. 'Maldita la diferencia de altura...'. Decidió optar por la misma estrategia del otro día, bajó sus manos hasta el inicio de mis muslos y con mi espalda completamente apoyada contra la pared, me alzó brevemente en el aire permitiéndome rodear su cintura con mis piernas. Definitivamente, esa era la mejor opción cuando decidiesemos encontrarnos de esta forma.
Si alguien nos viese, diría que prácticamente nos devorábamos mutuamente. No sé de dónde salía tanta pasión, ¿la tendría guardada en un cajón cerrado con una llave que Draco casualmente tenía?. El caso es que el desayuno ya no me importaba nada. Como si me quedaba hambrienta toda mi vida, si eso significaba estar eternamente aferrada a sus endemoniadamente deliciosos y apetitosos labios.
'¡Maldita sea la necesidad de respirar!' pensé cuando pausamos para tomar una bocanada de aire. '¿Azul cielo o gris tormenta?' me preguntaba al mirarle a los ojos. Aparté un mechón de pelo que le molestaba cerca del ojo, y sus facciones se suavizaron. '¿Por qué estaba tenso?'. Juntó su frente con la mía y no dejó de mantener contacto visual, como si intentase memorizar mi mirada. Finalmente alargué los brazos hasta que me abracé a él y reposé la cabeza en su hombro. Nunca en la vida me separaría de él. Sentí como que todo surgía de forma tan natural que cabía la posibilidad de que existiese el destino, y que éste decidiese juntarnos.
-"Buenos días." - susurró con una media sonrisa, al dejarme volver a ponerme sobre mis propios pies.
-"Y tan buenos..." - contesté mientras me sonrojaba mirando hacia otro lado.
Por la tarde bajé hasta el jardín trasero a dar un paseo. Necesitaba renovar el aire. Recorrí la zona de los árboles frutales, ahora mustios y sin vida, y al encontrar un lugar perfecto, me tumbé en la hierba, cerré los ojos y me sumí en un estado de relajación.
Al cabo de un rato, el sol se tapó, o al menos no llegaba hasta donde yo me encontraba. Abrí un ojo para inspeccionar mis alrededores y me encuentro a Draco agachado a mi lado mirándome. 'En serio, yo me rindo', pensé.
-"¿Hola?" - pregunté extraňada.
-"¿Puedo?" - dijo seňalando al espacio a mi derecha.
-"Claro." - contesté mientras me sentaba. 'Adios a mi siesta, prefiero esto', pensé. Se sacó la chaqueta, la extendió en la hierba y se sentó encima.
-"¿Qué hacías?" - preguntó casualmente la pregunta más estúpida de la historia ya que era obvio que me intentaba relajar.
-"Descansar de esa casa. Estoy sobrecargada, me aburro DEMASIADO." - decidí ser sincera y remarqué la última palabra.
-"Lo entiendo perfectamente. Llevo toda mi vida ahí metido."
-"Es desesperante."
-"Si."
Hubo un silencio incómodo mientras los dos miramos al horizonte.
-"¿Qué tal está Goyle?" - preguntó repentinamente.
-"¿Qué?" - exclamé sorprendida.
-"Ya me has respondido." - dijo con un tono pasivo.
-"Pero..."
-"Nah, curiosidad..."
-"Ehmm... el día en que sufriste el ataque en el baňo... vino a vernos, tú estabas dormido y me pidió que hablásemos fuera. Allí hablamos sobre la situación y sacamos la conclusión de que lo que teníamos era estúpido, con lo que decidimos dejarlo."
-"Ese Goyle... parecía un cabeza hueca..."
-"Cuando quiere puede llegar a ser muy listo."
-"Es decir, casi nunca."
-"Oh, no seas así. Es tu amigo."
-"Ya. Pero eso no quita de que sea un cabeza hueca."
-"Vale, como tu digas."
Otro silencio...
-"¿Y tus amigos?" - me preguntó.
-"¿Qué amigos?"
-"Los de Ravenclaw..."
-"Son compaňeros."
-"¿No tienes...amigos?"
-"Soy bastante antisocial. Me cuesta mucho integrarme. Y a eso súmale mi timidez y poca personalidad... Es lógico que nadie me hable."
-"¿Tú crees que si fueses antisocial me estarías hablando? Probablemente estarías huyendo para alejarte y evitar mantener una conversación."
-"Hago que la gente me evite, inconscientemente provoco el rechazo. No estoy hecha para estar rodeada de gente."
-"Pues no lo parecía esta mañana... eh?" - dijo en un tono burlón.
-"Mi espacio vital es lo mejor que tengo. Nunca permito que lo rebasen." - ignoré mis mejillas sonrojadas.
-"Creo que ya lo he invadido..."
-"Oh cállate!" - miré para la hierba bajo mis pies.
Y después de unos segundos de silencio...
-"Eso es que no has encontrado gente que valga la pena dejar entrar en tu espacio vital." - comentó mientras se relajaba y se tumbaba en la hierba.
-"Es posible..." - dije pensativa.
Me puse a recapitular mentalmente mi historial de amistades y conocidos, y efectivamente, nadie excepto mis padres habían rebasado mi línea de confort. Estaba centrada en mis pensamientos hasta que unos agudos dedos me pincharon en un lado, justo donde la zona de las costillas, y me desconcentré. Me giré de golpe a la izquierda pero no había nadie (solo había una persona más conmigo, y estaba a la derecha, obviamente). Miré a mi derecha y vi a un malamente disimulado Draco. Solo le faltaba silbar una melodía aleatoria, como en las películas.
-"Ay." - me quejé sarcásticamente mirándole con cara poco divertida, a lo que respondió levantando las manos frente a él con cara de inocente. Pero en cuanto me di la vuelta, volvió a atacar en el mismo lugar. Le miré sorprendida alzando una ceja a modo de pregunta, pero me ignoró y volvió a extender el brazo para atacar una tercera vez. Con una mano lo detuve, antes de que llegase a su objetivo, pero se resistió.
-"Deja. De. Hacer. Eso." - avisé mientras me intentaba librar de su mano inquieta. Conseguí inmovilizarla apretando su muňeca contra la hierba, pero me olvidaba de la otra mano. Me anticipé a sus primeros movimientos pero acabó ganándome y agarró mi muňeca.
'Genial, ¿ahora cuanto tiempo vamos a quedarnos así?' pensé mientras entornaba los ojos.
-"Vale, sí que es cierto lo que dices. No te gusta que te toquen." - confirmó a modo de diagnóstico.
-"¿Y esa era tu forma de comprobarlo? Muy profesional, si." - contesté con sarcasmo.
-"Tengo mis técnicas..." - presumió.
-"Ya veo..." - le miré con sospecha.
-"Te recuerdo que por la mañana no te quejarte en absoluto..." - comentó en tono ligeramente acusador.
-"Está bien, don sabelotodo." - jugué con el brazo que tenía en mi poder. Dejó la mano muerta, así que parecía un muňeco. De repente me sentía como una niňa pequeňa, y no me di cuenta de que me estaba riendo sola. El brazo cobró vida de nuevo y trató de liberarse, pero no le permití. Puse el brazo por encima de su cabeza y lo sujeté contra la hierba con fuerza. Caí en la cuenta de que estaba arrodillada justo a su lado, tan cerca que mis rodillas rozaban con sus costillas, con la tela de la camisa por medio, lógicamente. Debió de ser muy evidente mi cara de culpabilidad, porque aprovechando mi despiste, tiró de mi por el brazo que tenía agarrado, y me acercó a él, que permanecía tumbado. Cerró el escaso espacio que nos distanciaba y me besó. Inconscientemente lo solté y llevé mis manos a su rostro, mientras que él reposó las suyas en ambos lados de mis caderas. Tras un intenso minuto fue imprescindible respirar, momento que aprovechó para recostarme en la hierba, él encima de mi, apoyado sobre sus brazos a ambos lados de mis hombros. Yo dejé que mis piernas rodeasen su cuerpo, con lo que él se situó en medio para mayor comodidad.
Adicción. Esa es la palabra para explicar mis acciones. Una vez que probé sus labios, no podía dejar de desear tenerlos de nuevo sobre los míos, una y otra vez.
A partir de ese día nos vimos más a menudo. Hablábamos, soltaba una de sus típicas salidas de tema en mitad de la conversación, consiguiendo que me rindiese y finalmente caíamos en la tentación de besarnos hasta que ya no podíamos más. Realmente no sabía lo que había entre nosotros, pero fuese lo que fuese, no quería que acabase nunca.
