LO SIENTO! Siento mucho haber tardado tanto en actualizar. Estaba cansada y falta de inspiración, por lo que nunca me apetecía seguir escribiendo. Tengo ideas para el futuro de la historia, pero en cuanto me pongo manos a la obra, me encuentro sin recursos, sin argumento, y por eso me lío tanto con capítulos de relleno inútiles y aburridos. Me disculpo por haber bajado el nivel de calidad capítulo tras capítulo. Cada vez estoy menos conforme con mi trabajo, y hasta me he planteado en dejarlo, pero luego leo vuestras reviews y me veo con el deber de hacerlo por vosotros, aunque sé que también estáis aburridos y desanimados con los últimos capítulos, y lo entiendo.
La verdad es que, al ser mi primer fanfic, mi horrible forma de narrar y mi pésima organización del argumento, son muy evidentes. Pero por algo tendré que empezar, supongo. Además, el hecho de tener que trabajar con un personaje tan complicado como Draco Malfoy, no ayuda nada, pero ese era mi desafío, y la verdad es que me está costando mantenerlo dentro de su originalidad y no desviarme e irme fuera de su personalidad (su magnífica personalidad que tanto adoro *-*).
El caso es que me doy de cabezazos contra la pared cada vez que caigo en la tentación de hacerlo romántico y dulce, hablador y amable... ¡Pero es que no doy a más! Quiero decir, me esfuerzo en mantener el personaje como es, pero para la historia lo hago así por alguna razón. Una razón que todavía no tengo muy clara, pero que espero que más adelante funcione. He de decir que en realidad no lo estoy poniendo romanticón y vulnerable, sólo que tal como lo escribo, parece que se ha vuelto un blando de repente, pero mi argumento es:
Pese a ser un arrogante, frío, malcriado, maleducado y contestón que no se fía de nadie y que se cree superior a todos y bla bla bla (todos lo conocemos), sigue siendo un ser humano, y sobre todo, un adolescente, y por ello no deja de tener sentimientos (que siempre oculta para mantener su imagen). Y aunque lo dirá él mismo en un par de capítulos o así, os lo digo ya como aclaración: Draco se dio cuenta de que Elisabeth era como él, desde el momento en que la vio convertirse en Mortífago, la consideró una similar, luego, cuando se hablaron todo ese tiempo en la Sala de Requerimiento, la vio como una amiga, alguien que le entendía y en quien podía confiar, por eso no es que esté repentinamente enamorado, de momento solo se está dejando llevar, no existe nada de amor a primera vista incondicional eterno y pasional como en las películas, en absoluto.
Por último, con respecto a lo del tema "rating M", en el primer capítulo había avisado de que en otros capítulos posteriores habría escenas de ese tipo, pero eso era en mi primera idea, mucho más simple y corta, pero quiero dejar claro que no tengo pensado escribir nada "M", principalmente porque no sabría como hacerlo. Lo único parecido (y no habrá casi nada explícito) será en estos dos capítulos. De hecho, en el sueño de Elisabeth de uno de los primeros capítulos no llegaba a ocurrir nada.
Gracias a Zarina Hiddleston, senju luna, Shira-chan, Tamami-Chan y a esos anónimos que me regalais tantas reviews.
Capítulo 25.
Una semana después adquirimos un nivel de confianza bastante alto que además nos permitía momentos de 'recreo' en los que nuestros labios se volvían a encontrar, a veces de forma casual, y otras de forma intencionada. Todas las mañanas salía de mi cuarto y allí estaba él esperando, apoyado contra la pared de enfrente. Raro era el día en que no parábamos a mitad de camino porque literalmente, me asaltaba, me acorralaba, y al final hacía de mi una sirvienta a merced de sus besos interminables, a pesar de que, a diferencia de las primeras veces, ahora ya era totalmente consciente de lo que ocurría y no tenía la mente en blanco.
Las reuniones de Mortífagos no cesaban, pero lo mejor era que yo seguía librándome de acudir, lo que me parecía algo sospechoso. Acudían todos, incluido Draco, pero yo no. Empezaba a tener algo de miedo por lo que podría estar pasando, pero inmediatamente se me olvidaba toda preocupación en el momento en que, paseando por los exteriores de la mansión, unos brazos me cogían por detrás para darme la vuelta hacia su dueño, quien me obsequiaba uno de esos maravillosos momentos de regocijo y felicidad al besar al chico de mis sueños, mi fuente de luz y esperanza, por muy cursi o ñoño que suene.
Aunque parezca extraño, no solo nos dábamos 'amor' el uno al otro, también manteníamos largas conversaciones sobre cualquier tema. Sigue siendo algo increíble que Draco Malfoy, el único e inimitable Malfoy, fuese una persona tan agradable y leída. Sabía de muchas cosas, desde Quidditch hasta Historia de la Magia, pasando por literatura clásica muggle, así como de hechizos antiguos que le enseñaron desde pequeño. Me tengo descubierto a mí misma más de una vez mirándole embobada mientras hablaba de sus experiencias de la infancia con criaturas mágicas. El pobre tiene una especie de trauma con los centauros debido a un 'percance' a los seis años, y desde entonces no puede ni verlos, le dan escalofríos solo de pensarlo. 'Qué gracioso', pensé para mí mientras me aguantaba una carcajada, se le veía realmente afectado y no quería reírme en su cara, ni me atrevería.
En cuanto a mí, yo le conté cómo era mi vida antes de todo esto. Le expliqué mis veranos en medio de muggles, dado que nuestra casa estaba en un barrio no mágico. Al parecer, él ya conocía algunos conceptos sobre diversas cosas del mundo muggle, pero por poner un ejemplo, nunca había visto una televisión o un microondas, lo que me hizo reírme internamente. Le aclaré el por qué no hay más familia. Mis abuelos vivían demasiado lejos y principalmente, estaban más que muertos desde que yo era muy pequeña. Mis padres eran hijos únicos, así que nada de tíos o primos, y el resto estaban desaparecidos y eran desconocidos. También confesé algunas de mis manías y defectos, como que en realidad odiaba leer, siendo la Ravenclaw que era, pensaba que sería una deshonra para la casa y por eso nadie, excepto él, lo sabía. Mi gusto por el dibujo, algo que ya conocía, gracias a mi bloc abierto encima del mueble de la Sala de los Menesteres, aquella vez que me quedé dormida tras ayudarle en un trance causado por Voldemort. Mi deprimente adoración por la lluvia y el invierno, algo que calificó de 'interesante'. Y cosas banales como que mi color favorito era el verde; que no tenía ninguna flor favorita porque ninguna me gustaba en particular como para decir que era diferente a otras, todas me parecían flores al fin y al cabo; que me encantaban los misterios y los detectives, de ahí que Sherlock Holmes fuese mi personaje ficticio favorito y mi crush literario, algo que le produjo carcajadas hasta que le salían lágrimas de los ojos; que New York era la ciudad que deseaba visitar por encima de todo; que para mí, los felinos eran los animales más grandiosos de la Tierra; que sufría de dolores de cabeza frecuentes por razones hereditarias por parte de mi madre, así como mi asma, que en los últimos años había mejorado notoriamente, pero que a veces recaía en algún ataque leve; y que no me consideraba una persona creyente, sino que prefería pensar en lo lógico y la razón, que las cosas abstractas como la fe y el amor habían perdido su sentido en mi vida hacía un tiempo al desistir en la búsqueda de pruebas que demostrasen la existencia de ellas, una confesión realmente personal y profunda, fruto de una conversación muy intensa en la que nos sumergimos una tarde filosófica.
Evidentemente, todo esto creó un lazo de confianza que nos acercó aún más. Conocernos de una forma más personal ayudó a que una amistad invisible se forjara sin que nos diésemos cuenta. Un par de veces nos habíamos encontrado con Narcissa, o mejor dicho, ella nos 'encontraba' a nosotros de una forma 'casual', y nos cazaba en medio de carcajadas, algo que provocaba una sonrisa en su delicado rostro mientras daba media vuelta y volvía por su camino. Esa mujer se imaginaba algo, o sospechaba que ocurriese algo, yo estaba segura de ello.
La semana siguiente empezó terriblemente dolorosa, por culpa de una de esas visitas que todas padecemos una vez cada mes. Me desperté con una sensación de dolor y sobre todo, de fatiga, que ni me atreví a levantarme, simplemente me quedé allí acurrucada entre las sábanas con ganas de nada, y retomé el sueño, aún siendo las once y pico de la mañana. Volví a desvelarme sobre la una de la tarde y me sentía como un trapo viejo de cocina. Necesitaba una ducha y reposo, calor en el vientre y un entretenimiento. Me incorporé en la cama y tras un par de minutos allí sentada, tapada hasta la cintura, sentí unos golpecitos en la puerta.
-"Adelante" - dije al mismo tiempo que me preguntaba quién sería. Por la puerta asomó Draco con su inexpresivo rostro de todos los días. '¡Sorpresa!' pensé.
-"Me preguntaba por qué no bajaste a la hora de siempre y venía a comprobar si todo... bueno, si había algún problema, pero ya veo que no." - justificó en un tono neutro y decepcionado.
-"Ahm...no. Bueno, si, pero no hay nada que hacerle." - traté de explicar.
-"¿Eh?" - preguntó con cara de confusión.
-"Pues eso. Que no hay nada que hacer, es algo... normal." - intenté aclarar sin ser muy específica.
-"¿Normal?" - frunció el ceño aún más confundido.
-"¿Has estudiado anatomía humana y el funcionamiento del cuerpo femenino, verdad?" - pregunté sutilmente en un último intento para que captase la situación.
-"¡Claro! ¿Pero eso que tiene que..." - entonces se le iluminó el rostro -"¡Oh!"
-"Buen trabajo, Sherlock." - dije entre sonrojada y divertida.
-"Ya, ya..." - dijo sarcásticamente con cara de 'muy graciosa' haciendo un gesto con la mano que decía 'corramos un tupido velo'. Entonces se dio la vuelta con intención de irse.
-"¿Sabrás que no es contagioso, no?" - pregunté burlona.
-"¡Si! ¡No soy idiota! ¿Tú por qué clase de inútil me tienes? Estoy empezando a creer que piensas que soy una especie de Goyle. Aunque mejorado físicamente, obviamente..." - comentó al principio algo tímido, luego ofendido y finalmente presumido.
-"No, en absoluto, pero como veía que huías como si fuese a morder o algo así, pues..." - me defendí.
-"¿Tienes miedo de que huya?" - preguntó entre curioso y alagado.
-"N-no, no es... eso..." - evité el contacto visual.
-"No mientas, es cierto, ¿a que si?" - amenazó en modo 'te he cazado'.
-"No, es que me aburro..." - intenté salvarme.
-"Ya, si... 'te aburres'..." - comentó sarcástico.
-"Si no me crees puedes irte." - dije algo molesta, aunque ni siquiera lo estaba.
-"Oh, me siento dolido por tu crueldad... no podré soportarlo" - dramatizó exageradamente a modo de sarcasmo.
-"Como quieras, yo paso." - fingí estar enfadada y me recosté de nuevo escondiéndome bajo la colcha. Escuché unos pasos acercándose y una mano apartando dicha colcha bruscamente destapándome por completo, expuesta al frío inexistente en esta época del año, pero que me provocó escalofríos de arriba a abajo.
-"Deberías saber que como actriz eres malísima." - se rió.
-"Genial." - contesté secamente.
-"Oye, deja eso, lo odio."
-"¿El qué? Yo no estoy haciendo nada malo." - me quejé mirándole molesta.
-"Mejor me voy." - se dio media vuelta y caminó hacia la puerta.
-"¡Agh! Está bien. Lo siento." - dije arrepentida.
Volvió a entrar, se acercó al borde de la cama, puso un brazo bajo mis piernas y el otro bajo mi espalda rodeándome por la cintura, me levantó al estilo nupcial, y cuando logró tenerme lo suficientemente cerca de él, me besó. Así era nuestra rutina, nos 'odiábamos' mutuamente y luego nos besábamos, todo muy normal (nótese el sarcasmo). El momento se prolongó y yo ya me había abrazado a su cuello mezclando mis dedos por entre mechones de su pelo. Si, adoraba hacer eso. No os imagináis la cantidad de veces que me pregunté si sería tan liso y suave como parecía. Y lo frustrante es que tenía mejor pelo que yo, el muy presumido.
-"Tengo que ir a desayunar y ..." - dije falta de aire aprovechando un momento de respiro.
-"Como guste la señorita." - dijo casualmente separándonos y dejándome pisar tierra firme.
-"Gracias." - sonreí amablemente, como siguiéndole el rollo servicial.
Me dí una buena ducha refrescante, me vestí lo más cómoda posible, aunque evitando parecer un mendigo, y fui a desayunar tranquilamente. Después volví a mi cuarto, me senté en cama y me tapé hasta la cintura, no sin antes coger mi bloc y mis lápices. Estuve dibujando un buen rato, de hecho, casi había acabado el dibujo cuando Draco volvió a entrar.
-"¿De verdad os afecta tanto que tenéis que meteros en cama todo el día?" - se quejó levemente molesto, en un tono bastante infantil.
-"¿Tú que crees? No estoy aquí aburrida por gusto."
-"Puedo hacerte compañía... si quieres..." - sugirió, y en cuanto vio mi cara iluminarse como cuando recibes una buena noticia, se apresuró en decir -"pero con la condición de que no te pongas hecha un basilisco por estupideces, que puede que no sepa lo que duele, pero he comprobado unas cuantas veces a lo largo de mi vida, el efecto que produce en el estado de ánimo de mi madre, con lo que deduzco que es un efecto secundario... o algo parecido. Así que no quiero ataques de histeria repentinos, ¿entendido?" - advirtió señalando con el dedo a modo de amenaza. Yo asentí. -"Voy a buscar un libro y vuelvo." - dijo mientras salía por la puerta.
Volvió después de unos minutos con un libro de Sherlock Holmes bajo el brazo, lo que me hizo explotar a carcajadas. Cerró la puerta a sus espaldas mientras entornaba los ojos a modo de queja por mis momentos 'infantiloides', se sentó a mi lado apoyando la espalda en la madera del cabecero de la cama y estiró sus largas piernas encima de la colcha. Cuando se disponía a abrir la primera página, dirigió su atención a mi bloc, que reposaba en mi regazo. Se inclinó hacia mi lado para examinar la 'obra' de arte, y a continuación expulsó sonoramente aire por la nariz indicando una de esas risas internas que todos hacemos cuando leemos un chiste que nos hace gracia pero no tanta como para reírnos sonoramente.
-"¿Qué pasa? Ya sé que es malo, pero no hace falta que te rías en mi cara." - comenté fingiendo estar ligeramente ofendida.
-"¿Qué? ¡No! Está perfecto. Bueno, más bien, estoy perfecto. Lo que me hace gracia es que nunca me imaginé que de verdad me convertiría en un modelo para inspirar obras. Sé que tengo lo que se dice... clase y porte, pero nunca pensé en llegar a ser... eso, una obra de arte en todo su esplendor." - alardeó vanidoso y orgulloso.
-"Pues nunca es tarde, don perfecto." - aclaré con un tono de sarcasmo al final.
-"¿Don perfecto?" - frunció el ceño confundido.
-"Te acabas de auto calificar de obra de arte perfecta gracias a tu porte y tu clase potencialmente notables y evidentes a simple vista, ¿no?"
-"Yo nunca dije nada de que fueran potencialmente notables y evidentes a simple vista." - entrecerró los ojos a modo de amenaza.
-"Lo insinuaste."
-"¿Crees que son evidentes y notables? ¿De verdad?" - trató de sonsacarme.
-"¿No vas a leer el libro?" - evité el contacto visual.
-"Ahora no." - dejó caer el libro a los pies de la cama y se giró totalmente hacia mí, mirándome fijamente a propósito para fastidiarme. Yo evité el contacto visual, porque mirarle a los ojos sería mi auténtica perdición, y no pretendía rendirme tan pronto. Continué retocando el dibujo.
-"¿Sabes que tu estructura facial es casi única? Nunca dibujé a nadie con ese perfil. Enhorabuena." - dije sin levantar la vista.
-"Lo sé. Soy de alto linaje, mi sangre es superior, mi calidad es de primera. El único y genuino heredero de toda la línea dinástica de la familia Malfoy." - dijo con su típico tono presumido y ligeramente burgués.
-"Y ahí está el niño rico otra vez. Ya tardaba." - comenté con un notable sarcasmo.
-"¿Qué has dicho?" - preguntó algo molesto.
-"Nada." - me apresuré en responder algo amedrentada.
-"¿A qué viene eso del niño rico?" - inquirió ofendido.
-"No... A nada." - dije en voz algo más baja.
-"No, de verdad, ¿explícame a qué viene eso del niño rico?" - volvió a cuestionar -"y mírame cuando te hablo." - ordenó alzando la voz.
Yo me quedé inmóvil durante unos segundos. Cuando se ponía así me daba miedo, porque podía llegar a ser muy brusco tanto en su uso de los tonos de voz como en sus gestos corporales, además de ser hiriente con sus palabras, que escupía como veneno a la cara de aquel al que se dirigía. Finalmente recobré el dominio de mis acciones y decidí escapar. Me libré de las sábanas y bajé las piernas para sentarme al borde de la cama, pero una mano se aferró a mi muñeca.
-"No, ahora no te vas. Explícamelo." - amenazó seriamente. Yo intenté soltarme pero desistí sabiendo que me superaba en fuerza. Me volví a sentar, apoyé mi espalda contra el cabecero de la cama y cerré los ojos tratando de evadirme de esa situación.
-"¿De verdad quieres que te lo explique?" - espeté bruscamente.
-"Es lo que te llevo pidiendo estos últimos instantes, así que por favor, procede." - contestó igualmente molesto.
-"Tú lo has querido." - respiré hondo y expliqué intentando ser lo más clara posible -"¿Crees que no me he parado a pensar en este último año? ¿Crees que no me he estado comiendo la cabeza, dándole vueltas a todos y cada uno de los acontecimientos que me han sucedido este último año? ¡Pues resulta que si! ¿Y sabes qué? Que todo me parece una maldita pesadilla. Todo lo que me ha pasado ha sido mierda, seguida de más mierda. Estoy cansada de llorar por culpa de toda esta locura en la que me han metido. ¿Y sabes que es lo peor? Tú. Por tu culpa se ha complicado todo aún más. Desde que... desde aquel día, en mi cabeza surgió un problema más. ¿Desde cuanto una persona como tú besa a alguien como yo? ¡Nunca! Y eso es lo que me molesta. ¿Por qué no podías ser el de siempre e ignorarme? ¡No tiene sentido!" - respiré hondo, otra vez, y continué -"¡Oh, por favor! Mírate. Eres el Príncipe de Slytherin. Aquel que siempre tenía una sombra de estudiantes de género femenino siguiéndole a todas partes. Aquel que todo el mundo conoce, por las buenas o por las malas. El de la imagen impecable y el carácter implacable." - tragué saliva, respiré de nuevo y proseguí -"Y mírame a mí. Hasta hace un mes, mi cuerpo era nada atractivo. Y aún así qué queda, la tímida y callada, de sangre mestiza, Ravenclaw, antisocial, poco femenina y refinada, y sobre todo, poco agraciada. ¿Qué demonios pasa con mi acné, y el hecho de ser tan simple como una morena de ojos castaños? ¿Y lo poco interesante que es mi vida? ¿Y lo poco interesante que soy yo?"- solté aire por la boca exhausta - "¿Es que soy la única que se ha dado cuenta de que nada de esto tiene sentido?" - me revolví en mi asiento incómoda y dije en voz baja -"¿por qué yo? Ni siquiera merezco ser acogida en esta familia, como para que encima vengas tú y hagas que los sueños cobren vida. ¡Esto es el mundo al revés!".
-"Entiendo." - dijo secamente mientras se levantaba bruscamente y se iba dando un portazo. Parecía confuso y molesto, pero no comprendí por qué. La que estaba enfadada era yo.
Al día siguiente no nos encontramos, ni tampoco es que lo quisiere, porque la verdad es que no estaba de muy buen humor. Me recorrí los extensos campos de la parte de atrás, parando de vez en cuando a relajarme tumbada en la hierba. Fue realmente aburrido, al igual que las dos jornadas siguientes. Quizás necesitábamos un respiro de tanta cercanía repentina.
